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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 353

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  4. Capítulo 353 - 353 Llave DNGN-XR-01
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353: Llave DNGN-XR-01 353: Llave DNGN-XR-01 Era casi medianoche.

Villa Loriana dormía en calma.

El viento rozaba las copas de los árboles y apenas se escuchaba el canto lejano de un grillo.

En la habitación principal de la mansión, el ambiente era cálido y tranquilo.

Sholan estaba en la cama, acostado junto a Wanda.

Ella dormía profundamente, abrazada a él con confianza absoluta.

Pero él no podía dormir.

Su mente no dejaba de girar, dándole vueltas a lo mismo una y otra vez.

El muro mental.

Esa barrera dentro de sí que no podía romper por la fuerza, ni atravesar con sabiduría.

Una parte de él estaba encerrada… sellada.

Y lo peor de todo era que sabía que debía derrumbarlo.

No podía esperar más.

Con sumo cuidado, sin despertarla, Sholan se deslizó fuera de la cama.

Wanda murmuró algo entre sueños y giró ligeramente.

Él le acarició el rostro con suavidad, con una ternura que contrastaba con la tormenta que llevaba dentro.

Minutos después, caminaba en silencio por los pasillos de la mansión.

Las luces estaban apagadas, excepto por una, tenue y persistente, en la biblioteca oculta bajo la piscina.

Allí, en ese santuario secreto que solo Cortana y Wanda podían abrir, Sholan se sentó frente al punto de meditación.

Había pasado días intentando cruzar el muro.

Una barrera invisible, pero sólida.

Una herida que no sanaba.

Algo sellado en lo profundo de su mente.

Ni siquiera sus Ojos del Infinito podían verlo claramente.

En la mañana de un nuevo día un destello azul interrumpió el silencio.

—Otra noche sin descanso —dijo Cortana suavemente, tomando forma física a su lado—.

No es saludable ni para un saiyan como tú.

—Es la única forma… —murmuró Sholan sin abrir los ojos—.

Pero no basta.

Cortana se sentó junto a él.

—He estado monitoreando tu actividad cerebral durante la meditación.

El patrón se repite: cuando intentas cruzar cierta región de tu mente, se activa un mecanismo de defensa.

Uno que no construiste conscientemente.

Sholan asintió.

Ya lo sabía.

Lo había sentido.

Ese muro… era más que un bloqueo.

Era una cicatriz viviente.

—Lo que necesitas —dijo Cortana— no es poder ni sabiduría.

Y ahora que lo pienso, no dijeron los señores del orden y el caos que una grieta en un muro tiene forma de una conversación, si es así entonces lo que necesitas es un terapeuta.

Pero no uno cualquiera.

Alguien lo suficientemente brillante para analizarte, y lo suficientemente desequilibrado como para entender tu historia sin quebrarse.

Sholan abrió los ojos.

En ellos, ya había decisión.

—Ok, ya lo hemos intentado todo y sabes que, tengo a alguien en mente.

—¿Quién?

Sholan se puso de pie y abrió su inventario.

Sacó un objeto cubierto de runas oscuras.

Una llave dungeon, sellada y olvidada desde hacía años.

Era negra como el vacío.

Sus relieves dorados parecían moverse por sí solos.

Una energía densa palpitaba en ella como un corazón sombrío.

En la parte posterior brillaba el código: DNGN-XR-01 “Fragmento de Realidad Archivado – Acceso Limitado” Cortana frunció el ceño.

—Esa llave… estaba clasificada como inestable.

La archivamos.

No tenía registros limpios.

Solo ecos fragmentados.

Ruinas.

Control autoritario.

Psicología colapsada… —Precisamente —dijo Sholan, observando el filo de la llave—.

Si alguien sobrevivió allí, puede ayudarme a entender lo que yo mismo he olvidado.

Cortana suspiró… pero sonrió con picardía.

—¿Vas a abrirla tú o quieres que lo haga yo con alguna frase dramática?

Sholan la miró de reojo.

—Conociéndote, seguro le pusiste un nombre ridículo.

—¡Por favor!

¿Yo?

¿Dramática?

Sholan esperó en silencio.

—…Está bien.

La llamé Puerta del destino al mundo Inquebrantable.

Tiene estilo, ¿no?

Sholan rodó los ojos con una sonrisa cansada.

—Tú y tus códigos… —Tú y tus traumas —respondió ella con dulzura.

Pero justo antes de activarla, Sholan dijo en voz baja: —Cortana… llama a Felicia, Peter, Evie, Mal, Carlos y Jay.

Ellos también deben venir.

Cortana alzó la ceja, sorprendida.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Ellos están involucrados más de lo que creen.

Este viaje… podría darnos respuestas para todos y será buena experiencia de batalla para todos ellos.

Pocos minutos después, los seis jóvenes aparecieron en la sala, alertados por Cortana.

—¿A dónde vamos?

—preguntó Jay.

—A un lugar que no debería existir —respondió Sholan—.

Pero que necesitamos explorar.

Cuando la llave giró, el mundo vibró.

La temperatura bajó.

La luz parpadeó.

Y en un suspiro, todos desaparecieron.

— Tierra Clasificada – DNGN-XR-01 Era mediodía.

Pero el cielo era gris.

Gris como ceniza, como acero.

Las calles estaban semivacías.

Los edificios, reforzados con barricadas.

Pantallas gigantes colgaban en las esquinas… apagadas.

Algunas tenían marcas de disparos.

Otras, rajaduras como si un puño sobrehumano las hubiese atravesado.

Cortana revisó sus sensores.

—La densidad emocional de este lugar es… densa.

Este mundo ha visto guerra.

No entre países… entre dioses.

Sholan no respondió.

Caminaba por una avenida destruida, con Peter, Evie, Mal, Carlos y Jay siguiéndolo en silencio.

A los lados, carteles propagandísticos se deshacían por la lluvia.

Algunos decían cosas como: “Obedece para vivir.” “La paz tiene un precio.” “La justicia es una orden, no una opción.” En murales semiborrados… siluetas familiares: Una figura con una gran capa roja.

Ojos encendidos.

Mandíbula rígida.

Otra, con orejas puntiagudas, esposado en el suelo.

—¿Esto es…?

—preguntó Peter, casi en un susurro.

Pero Sholan lo detuvo con un gesto.

Un niño pasó corriendo frente a ellos.

Se detuvo, miró a Sholan con los ojos muy abiertos.

—Usted… ¡usted se parece a los de antes!

¿Viene a salvarnos?

Sholan guardó silencio.

El niño sonrió con una mezcla de esperanza y desesperación… y luego salió corriendo, sin esperar respuesta.

Cortana bajó la mirada.

—Este lugar tiene cicatrices… y su gente también.

Siguieron caminando hasta llegar a una estatua caída, en medio de una plaza destruida.

Era un monumento.

O lo había sido.

En el suelo, partidas en dos, las palabras: “Verdad”, “Justicia” y “Esperanza.” Al borde del pedestal, alguien había rayado con pintura roja una frase temblorosa: “Los tiranos también sangran.” El viento soplaba.

Una bandera negra colgaba a media asta.

Ninguna estrella.

Ningún símbolo.

Solo silencio.

Sholan se detuvo.

Cerró los ojos un momento.

Y en un susurro casi inaudible, dijo: —…el Régimen.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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