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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 363

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  4. Capítulo 363 - 363 Un Nuevo Inicio
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363: Un Nuevo Inicio 363: Un Nuevo Inicio La batalla había terminado.

El Régimen, con todos sus horrores, había caído.

En las ruinas aún humeantes de Metrópolis, Harley caminaba a paso lento por lo que una vez fue la Plaza Central.

Ahora solo quedaban escombros y una silueta esperándola con los brazos cruzados.

Sholan.

Harley se detuvo frente a él.

Tenía los ojos hinchados, pero no lloraba.

Apretaba la mandíbula.

Cuando habló, su voz salió más firme de lo esperado: —Gracias… por todo.

Por Clover.

Por mi hermana.

Por patearle el trasero a ese monstruo y hacerlo de la forma más humillante posible.

Gracias por darle un cierre a todo esto…

por vengar a mi bebita.

Me hiciste justicia.

Sholan bajó la mirada un momento.

—No fue justicia.

Fue consecuencia.

Él no fue derrotado por mí… sino por su propia mano.

Por negarse a mirar su dolor de frente.

Por no aceptar que el luto no le daba derecho a convertirse en verdugo.

Harley asintió con una sonrisa amarga.

—Sabes… eso mismo decía mi terapeuta… cuando todavía era yo.

Un breve silencio.

—Un trato es un trato —añadió, levantando la barbilla—.

Me voy contigo.

Sholan asintió.

—Entonces, empecemos.

Levantó una mano y con un gesto suave, Cortana proyectó un círculo holográfico a su alrededor.

Harley fue envuelta por una luz dorada y convertida en una carta especial, con la palabra “Alma de Confianza” sellada al frente.

Sholan la guardó cuidadosamente en su inventario, como si fuera un tesoro.

—Cortana —dijo con tono firme—.

Copia toda la información, estudios y publicaciones de la Dra.

Harleen Quinzel.

Vamos a necesitar su cerebro… tanto como su corazón.

—Hecho —respondió Cortana—.

La tengo ya integrada a la base de datos de MIT, Columbia, Yale y Oxford.

Nadie cuestionará sus credenciales.

Con una última mirada al mundo que dejaban atrás, Sholan giró hacia sus compañeros: Felicia, Mal, Evie, Carlos, Jay y Peter.

—Hora de volver a casa.

Antes de partir, se acercó al Batman de Injustice.

—Te encargo este mundo.

Protégelo.

Guía bien a Kara.

Ella puede ser mejor de lo que Kal-El fue.

El murciélago asintió en silencio.

—Además ciudad Gorila ya no existe.

Usé a los Soldados Sombra de Raven, Shazam y Black Adam para aniquilarla por completo.

No quedó nadie.

Sus cuerpos están almacenados en mi sombra por ahora.

—¿Y qué harás con los cuerpos?

—Lo justo: una eternidad de sumisión, sirviendo como guardianes de mi voluntad.

Un destino mil veces más severo que la muerte.

Sin más palabras, activó el portal de regreso.

— El cielo sobre Villa Loriana estaba despejado, como si el universo respirara en calma tras la caída del régimen de Superman.

Ya de vuelta en el mundo Marvel, Sholan se reunió con Cortana en la sala principal.

Ella ya había hackeado los principales centros educativos y gubernamentales para establecer un “rastro oficial” que permitiría a Harley ejercer como psicóloga legalmente.

—Enviando mensaje a Nick Fury —informó Cortana—.

Ofrecemos acceso a información apocalíptica a cambio de papeles legales para Harley Quinzel.

Un minuto después llegó la respuesta: “No sé qué rayos estás tramando esta vez, pero si me estás ofreciendo algo que puede destruir al mundo a cambio de papeles para una loca… Te escucho.

Te veo en 24 horas.” —Fury Sholan sonrió.

—Ese es Fury.

Activó la carta y Harley apareció luciendo su característico cabello rubio en dos coletas altas teñidas de rosa y azul, con su maquillaje intenso que resalta sus ojos grandes y labios rojos en una expresión confiada y traviesa; viste un corset ajustado mitad rojo y mitad azul, un cinturón decorativo dorado con rombos rojos en sus pantalones de vinilo negro, y encima lleva una bata blanca de doctora.

Harley apareció en medio de la sala.

Su mirada estaba enfocada, serena.

Había algo distinto en su forma de caminar.

Ya no era solo Harley.

También era Harleen.

Una mujer completa, no una máscara.

Sholan sonrió.

—Ven, hay alguien que quiero que conozcas.

Ella apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una explosión de risas la envolviera.

Seis niñas pequeñas corrieron hacia ella como una estampida caótica de dulzura.

Cada una distinta: expresiones únicas, personalidades brillando a través de sus movimientos.

—¿¡Tú eres amiga de papá!?

—¿¡Por qué tienes coletas!?

—¿Te gustan las galletas?

—¡Tienes una cara divertida!

Harley tembló.

Y de pronto, cayó de rodillas entre ellas.

Lloró.

No fue un llanto escandaloso, sino uno callado, tembloroso…

como el de alguien que por primera vez en años sentía calor en el alma.

—Clover… —susurró con voz quebrada—.

Estas niñas… me recuerdan tanto a ti… Sholan se agachó a su lado, apoyando una mano en su hombro con suavidad.

Harley entre sollozos les dijo a las niñas que es amiga de su papá y saludó a las niñas abrazándolas una a una como si cada una fuera una parte de algo que había perdido…

y ahora recuperado en otra forma.

Más tarde, en el jardín, Harley conoció al resto de la familia.

Cammy, silenciosa pero protectora.

Bucky, simpático, aunque algo torpe en esos momentos.

Ella los miró un segundo…

y detectó al instante lo que había entre ellos.

—¿Desde cuándo son pareja ustedes dos?

—preguntó con una ceja alzada.

Ambos se ruborizaron al instante.

Bucky esbozó una sonrisa tonta.

—Pues…

—empezó a decir, pero recibió un codazo firme en las costillas por parte de Cammy, quien murmuró algo y se marchó con expresión avergonzada.

—Lo tomaré como un “sí” —dijo Harley, divertida.

Un poco después, apareció Evie cargando a Stitch.

—¿Quién es esa preciosura?

—dijo Harley.

—¡Es Stitch!

—contestó Evie con orgullo.

Harley se acercó con ojos brillantes.

—¡Pero qué cosita tan fea y adorable a la vez!

¡Ven acá, monstruo azul!

Stitch la olfateó, parpadeó…

y le dio un lengüetazo en la mejilla.

Stitch gruñó y mostró los dientes.

Harley lo miró.

Él la miró.

Segundos después, ambos estaban haciendo muecas y gruñidos raros uno frente al otro.

La escena era tan caótica como alegre.

Minutos después, Wanda apareció, elegante, acompañando a las niñas, Evie, Mal y Peter, quien cargaba una montaña de bolsas de compras.

Al ver a Harley, frunció ligeramente el ceño.

Sholan se acercó.

—Wanda, ella es la Dra.

Harley Quinzel.

Wanda la miró.

Por un momento, sus ojos brillaron.

Era la madre de seis hijas, una diosa de la creación…

y una bruja que no perdonaba fácilmente.

—Mucho gusto —dijo finalmente, y luego, más bajo pero sin suavidad—: Sholan es muy especial.

Y sé que muchas mujeres tienden a enamorarse de él… Pero él es mío.

Harley levantó las manos.

—Oye, oye… tranquila.

¡Solo soy su empleada!

Wanda la miró por unos segundos más… y luego siguió su camino con las niñas.

Harley esperó a que se alejara.

—Dios… es hermosa.

Pero más aterradora que una pesadilla Lovecraftiana.

—Bienvenida a mi mundo —respondió Sholan con media sonrisa.

— Harley lo miró con seriedad por primera vez.

—Y dime… ¿quién es el paciente?

—¿Paciente?

—Sholan, por todo lo que me dijiste… por lo que hiciste… por cómo planeaste todo.

Es obvio que alguien necesita terapia.

Pero no necesita a alguien común.

Necesita a alguien que haya vivido entre locura y tragedia, y que aun así haya salido viva.

Él no dijo nada al principio.

Luego, con una leve sonrisa…

—Correcto.

El paciente…

soy yo.

Harley se cruzó de brazos, sonriendo de lado.

—Demonios.

Esto sí que va a ser divertido.

Harley miraba el lugar que Sholan le había prometido como nuevo hogar.

No había multitudes, ni juicios, ni sangre.

Solo silencio, brisa suave y…

paz.

Algo que no sentía desde hace años.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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