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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 367

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  4. Capítulo 367 - 367 Puertas Nuevas Caminos Antiguos
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367: Puertas Nuevas, Caminos Antiguos 367: Puertas Nuevas, Caminos Antiguos La tarde en Villa Loriana se sentía inusualmente tranquila, un respiro momentáneo entre tormentas.

Sholan estaba sentado junto a Harley en la terraza, con una taza de té en la mano y el sol acariciando sus rostros.

—He estado pensando —dijo él con tono casual, mirando hacia el horizonte—.

Quiero que tengas algo más… algo tuyo.

Harley lo miró arqueando una ceja, juguetona.

—¿Me vas a dar un Playstation 5?

Porque eso sí sería un compromiso serio.

Sholan soltó una risa suave.

—No, algo más útil.

¿Recuerdas la casa adosada en Riverside Drive?

Esa antigua propiedad de los Rand que quedó abandonada hace unos años y que miraste junto con Evie y Mal por Internet.

—¿La que parece salida de un catálogo de lujo y que seguro tiene más baños que una mansión de narcos?

Sí, la recuerdo.

—Bueno, la puse a mi nombre hace unos días.

Quiero que sea tu nuevo hogar… y tu consultorio.

Tony ya se ofreció a equiparlo con todo lo que necesites: tecnología de punta, privacidad total, redes cerradas.

Podrás trabajar como la doctora Harley Quinzel sin que nadie moleste.

—¿Y el loquito de Wade?

—Será tu guardaespaldas personal.

Y no me preguntes qué significa “personal”, porque a estas alturas ya están actuando como pareja disfuncional.

Harley fingió ofenderse.

—¡Oh!

¿Acaso crees que por unos cuantos coqueteos y amenazas de muerte suaves entre nosotros ya hay amor?

—Solo te digo que ambos se comporten.

No quiero explosivos en la cocina ni fiestas de disfraces con armas reales.

¿Entendido?

Harley levantó las manos en rendición, justo cuando el celular de Sholan vibró sobre la mesa.

Lo tomó, miró la pantalla y arqueó una ceja.

Stephen Strange.

Respondió.

—¿Stephen?

La voz del antiguo neurocirujano sonaba seca, agotada.

—Necesito ayuda… Hace meses tuve un accidente.

Mis manos… no responden.

Ya probé todo.

He gastado casi todo lo que tenía, pero nada sirve.

Recordé que me diste tu tarjeta y que te contactara cuando necesitara ayuda.

Sholan se enderezó, alerta.

—Dame tu dirección.

Te veo en cinco minutos.

— Greenwich Village.

El lugar parecía haberse detenido en el tiempo, como una versión sombría de su antigua gloria.

Sholan tocó la puerta, y Stephen la abrió con dificultad.

Tenía el rostro demacrado y las manos vendadas, con los dedos inmóviles.

El interior del departamento era aún peor: frascos de medicamentos vacíos, informes médicos abiertos, papeles amontonados y un departamento casi vacío.

Sholan miró alrededor en silencio.

—¿Qué ves cuando te miras al espejo, Stephen?

—preguntó finalmente, rompiendo el silencio.

—Solo veo lo que he perdido —respondió Strange, sin mirarlo.

—Entonces es hora de mirar a otro lugar.

Si realmente quieres una solución… ve a Nepal.

Busca el lugar llamado Kamar-Taj.

Allí encontrarás respuestas.

Y si tienes el valor… tu propósito.

Stephen lo miró, dudando.

—¿Nepal?

¿Una solución?

¿No crees que ya probé todo?

Sholan caminó hacia el balcón y se detuvo, dándole la espalda.

—No te hablo de algo que “ya probaste”.

Hablo de cosas que todavía no puedes comprender.

Además, si ya tocaste fondo, solo te queda subir ¿No?

Stephen soltó una risa amarga.

—¿Y tú cómo sabes que no hay otro abismo esperándome?

—Porque yo ya he estado en ese lugar que acabas de llamar abismo.

Y entonces lo hizo.

Se elevó del suelo lentamente, flotando sobre el balcón.

Su Ki emergió como fuego blanco, arremolinándose a su alrededor como una llama viva.

El viento se alteró en el entorno, los papeles temblaron, y Strange retrocedió un paso involuntario.

—El mundo está lleno de cosas que aún no conoces —dijo Sholan, mirándolo desde lo alto—.

Pero si estás dispuesto a ver, puedes aprender.

Tu historia no ha terminado, Stephen.

Pero depende de ti decidir si esto es el fin o solo el comienzo.

Y con un estallido súbito de energía blanca, Sholan se impulsó en el aire y desapareció a una velocidad increíble.

Stephen lo observó hasta que no quedó ni el rastro de su estela.

Miró sus manos.

Luego miró su mesa, donde había quedado su pasaporte arrugado entre una pila de papeles.

—Nepal, entonces… —susurró, por primera vez en semanas, con un destello de esperanza en los ojos.

— Sholan volaba sobre las nubes, el viento silbando a su alrededor mientras sus pensamientos se dirigían al verdadero desafío que se avecinaba.

Mephisto.

—Todo está por comenzar —susurró para sí, mirando al cielo estrellado—, necesitaremos toda la ayuda posible.

Y desapareció entre el firmamento, como una flecha de luz blanca atravesando la noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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