Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 371
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- Capítulo 371 - 371 Cuando los Santuarios Caen
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371: Cuando los Santuarios Caen 371: Cuando los Santuarios Caen La noche en Londres era espesa, como si el aire supiera que algo se avecinaba.
El Santuario de Londres vibró con un estremecimiento místico que erizó la piel de todos dentro.
Pero no fue un aviso…
fue el primer golpe.
Un círculo de fuego carmesí estalló en medio del salón principal, y de él emergió Kaecillius, flanqueado por dos de sus fanáticos.
Sus ojos estaban vacíos de humanidad, poseídos por la promesa de la eternidad en la Dimensión Oscura.
—La era de la ilusión ha terminado —declaró con voz baja, contenida…
y peligrosa.
Una ráfaga psíquica golpeó el Santuario antes de que los maestros pudieran reaccionar.
El protector del lugar, un hombre de sabiduría y templanza intentó alzar su escudo, pero Kaecillius fue más rápido.
Su hechizo, oscuro y brutal, atravesó las defensas del anciano como si fueran papel.
El protector cayó…
y el Santuario comenzó a desmoronarse.
Desde una azotea cercana, Logan ya estaba corriendo con las garras afuera, acompañado por Xavier, Erik y Psylocke.
—¡Vamos, bub!
¡No los dejaremos tomar este lugar!
El choque fue feroz.
Psylocke cortó con precisión quirúrgica, mientras Erik detenía con brutal elegancia una lluvia de dagas místicas.
Xavier, conectado a todos mentalmente, coordinaba movimientos, leyendo intenciones antes de que fueran ejecutadas.
A pesar de sus esfuerzos y de diezmar a la mayoría de los fanáticos, Kaecillius logró su cometido: con una risa espeluznante y la sangre del protector todavía en sus manos, arrojó una gema negra al núcleo del Santuario.
Una explosión oscura lo envolvió todo.
Desde la biblioteca de Kamar-Taj, una onda mágica resonó con violencia.
Stephen Strange, que estaba estudiando el ojo de Agamotto junto a Mordo, fue arrastrado por un remolino de energía que lo teletransportó accidentalmente…
directo al Santuario de Nueva York.
Apenas cayó al suelo, jadeando, sintió el caos.
Fanáticos oscuros ya habían invadido el lugar.
El protector de este Santuario fue empalado por una lanza mística antes de siquiera terminar un hechizo.
Strange, aún inexperto pero terco, alzó sus manos…
pero no estaba solo.
—¡Atrás!
—gritó Natasha, lanzando un disco explosivo al pecho de uno de los atacantes.
Los Vengadores llegaron con fuerza: Natasha, Rhodey, Tony y Sam se abrieron paso en la batalla.
Pero los hechiceros oscuros eran impredecibles, deformaban el espacio, creaban portales en el aire para esquivar ataques.
La Capa de Levitación, guardada en una vitrina sellada, rompió su encierro voluntariamente y se deslizó hasta Strange, envolviéndolo con decisión.
Él la miró incrédulo, pero supo lo que significaba.
Ahora era suya.
Una explosión de magia carmesí sacudió la habitación.
Natasha, sin perder tiempo, mató a uno de los fanáticos con un disparo entre los ojos, pero el segundo logró atravesar el costado de Strange con una daga espiritual.
Herido y sin otra opción, se teletransportó al hospital donde trabajaba Christine Palmer.
En su ausencia, Magik emergió de un portal y sin perder el tiempo, decapitó al fanático restante con su Espada del Alma, sus ojos brillando de rabia.
Extrañada por la herida, Christine intentó estabilizar a Stephen entre manos temblorosas.
—¿Qué demonios te pasó?
—Magos…
locos… destrucción…
tengo que volver… Mientras tanto, Mordo y la Ancestro llegaron al Santuario de Nueva York.
Al volver Strange después que Christine lo curara, todos se reagruparon.
Sin perder tiempo, la Ancestro creó un portal a la Dimensión Espejo, donde podrían enfrentar a Kaecillius sin dañar el mundo físico.
Pero fue una trampa.
Dentro de la Dimensión Espejo, Kaecillius retorció las leyes del espacio.
Se enfrentó uno a uno contra la Ancestro y en un movimiento certero usando al último fanático que quedaba como escudo, hirió mortalmente a la Ancestro.
—¡NO!
—gritó Mordo, cayendo de rodillas mientras su maestra caía lentamente por un portal.
Kaecillius estaba por escapar cuando Magik de forma inesperada y en un movimiento no menos que genial se apareció detrás de él, y en un solo tajo le arrancó la cabeza, su cuerpo aún con energía cayendo pesadamente al vacío ilusorio.
La Ancestro fue trasladada al hospital.
Extrañamente lúcida, tomó la mano de Strange.
—Stephen…
hay momentos donde debes romper las reglas…
si quieres tener una oportunidad de salvar este mundo…
Las máquinas marcaron su último latido.
Cuando los médicos se preparaban para trasladar el cuerpo de la Ancestro a la morgue un soldado sombra apareció en el momento exacto y antes de que el alma escapara del todo, teletransportó el cuerpo a una sala de Villa Loriana.
Allí, un tiquete de resurrección brilló como una estrella…
y la Ancestro volvió a la vida, aunque débil, casi irreconocible de tan frágil.
Estaba viva.
Pero no podría ayudar en lo que venía.
En Hong Kong, Strange y Mordo llegaron entre portales chispeantes.
Frente a ellos, estaban Wong, Sholan, Wanda y el resto del equipo.
Un rugido demoníaco rasgó el cielo.
Mephisto descendió, rodeado de un aura oscura.
A su lado, Dark Wanda se presentó con frialdad.
Junto a ella, las marionetas oscuras de Tommy y Billy Maximoff flotaban como espectros.
Wanda retrocedió un paso.
—Esos son…
son imitaciones de personas.
Marionetas oscuras…
Pero Dark Wanda, con una mirada maternal llena de locura, abrazó a las falsificaciones con dulzura inquietante.
—¿Ves, Wanda?
Yo sí cuido de mis hijos… El combate comenzó de inmediato.
Strange, Wanda y Mordo se lanzaron contra Dark Wanda, cuyos hechizos distorsionaban la realidad.
Peter, Evie y Mal enfrentaron al oscuro Tommy.
Mal activó sus flechas como Papillon Ohger; Evie usando su guadaña de energía como Kamakiri Ohger; Peter, furioso, no se contuvo.
Jay como Hachi Ohger, Felicia con su doble spirit, Carlos como Tombo Ohger y Wong batallaron con Billy.
Cada hechizo que lanzaban era absorbido por los portales oscuros del joven falso, hasta que Carlos usó un artefacto de Ruri para dispersar la energía.
Y entonces… Sholan dio un paso al frente.
Su Ki estalló.
El aura dorada rugió alrededor de él, empujando a los demonios menores.
Sus ojos se encendieron como soles gemelos.
—¡No dejaré que lastimes a mi familia ni al mundo!
—gritó.
Y con un rugido feroz, se transformó en Super Saiyan, iluminando el cielo de Hong Kong.
Mephisto sonrió, absorbiendo el miedo, el caos, el dolor.
—Así me gusta.
Que brilles…
antes de apagarte para siempre.
Ambos chocaron.
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