Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 372
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- Capítulo 372 - 372 Llamas del Inframundo Destellos del Alma
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372: Llamas del Inframundo, Destellos del Alma 372: Llamas del Inframundo, Destellos del Alma La ciudad de Hong Kong temblaba.
Las calles se retorcían bajo la presión de energías oscuras y sagradas.
Edificios crujían, la realidad misma parpadeaba.
Los cielos estaban teñidos de un rojo profundo.
Los portales se abrían y cerraban en el aire como heridas cósmicas.
Demonios menores surgían en enjambres deformes, con garras negras y ojos ardientes, gritando con lenguas que no pertenecían a este mundo.
Y frente a ellos… seis pequeñas guerreras.
— Las niñas se miraron entre sí.
Tenían miedo.
Pero también tenían entrenamiento.
Tenían corazón.
Celeste cerró los ojos.
—Recuerden lo que papá dijo… no peleamos solas.
A su lado, Esme dio un paso adelante.
—¡Entonces vamos todas!
Los demonios rugieron.
Una oleada se les echó encima.
Phoebe temblaba, pero una barrera de energía se alzó desde su palma, desviando la primera garra que iba hacia ella.
Había entrenado con Wanda.
Irma, con su Ki chispeando, imitó lo que vio en su papá una vez: lanzó una esfera de energía, derribando a dos demonios como si fueran muñecos.
Sophie, riendo, se subió a la espalda de uno, clavándole en la cabeza una daga mágica que había creado con su poder.
—¡Esto es como los juegos!
Celeste abrió los ojos.
Su mirada era como un abismo de sabiduría.
Hizo contacto visual con el líder del grupo demoníaco.
El demonio cayó de rodillas, gritando, con la mente rota.
Nadie sabía cómo lo hizo.
Esme, girando con acrobacias aprendidas de Jay, se impulsó entre tres demonios, sus puños envueltos en llamas azuladas.
Cada golpe era más preciso que el anterior.
Eri protegida con la cloth de Equuelus destruyó a varios demonios usando el Equuleus Ryūsei Ken que había aprendido de su padre Las seis, juntas, empujaron hacia atrás a la horda.
No eran solo niñas.
Eran hijas de Wanda y Sholan.
Y estaban despertando.
— La batalla de brujería era una sinfonía de gritos, hechizos y fracturas en el aire.
Dark Wanda se elevaba, majestuosa y maldita, con los ojos como carbones encendidos.
Su túnica flotaba como si no obedeciera a la gravedad.
—No soy un error, Wanda —susurró ella—.
Soy la versión de ti que aceptó el dolor.
Wanda soltó una lágrima… y luego disparó un haz de energía hex sin contenerse.
Mordo giraba su bastón y abría sellos en el aire, desviando rayos negros que distorsionaban la realidad.
Strange flotaba, la Capa de Levitación viva sobre sus hombros, usando los anillos de portales para lanzar conjuros en direcciones imposibles.
Pero la magia de Dark Wanda era inmensa.
Su conexión con Mephisto la empoderaba como nunca.
Un rayo rojo tocó el pecho de Mordo.
Él cayó.
Vivo, pero fuera de combate.
Wanda y Strange se miraron.
Sin palabras, se unieron.
Un escudo combinado se alzó entre ellos y la explosión maldita de Dark Wanda.
El aire ardía.
— Puppet Tommy se movía como un relámpago distorsionado, dejando réplicas falsas tras cada carrera.
—¡No es real!
—gritó Peter— ¡Son ilusiones por su velocidad!
Evie activó sus ataques con su espada guadaña, sus armas lanzaban pulsos de energía amarilla.
Su voz temblaba, pero su determinación era feroz.
Mal, con sus propios poderes empáticos, sintió a la criatura… una sombra sin alma, impulsada por el odio.
Usó sus poderes y flechas de energía para aturdirlo, aunque fuese por segundos.
Peter usó su telaraña para atrapar las piernas del falso Tommy.
Evie descargó toda su energía en un ataque frontal.
Y Mal, con un grito, canalizó su magia con sus flechas de energía que lo hizo explotar en humo negro.
Tommy se desvaneció.
No como alguien que muere… sino como un recuerdo obligado a existir.
— Billy oscuro era cruel.
Más emocional.
Usaba ilusiones.
Usaba sus voces.
Los hizo ver muertes que nunca sucedieron.
Wong, el más experimentado, activó talismanes y campos protectores.
—¡No se dejen engañar!
¡Es bruma mental!
Carlos rugió con su fuerza aumentada y atravesó una ilusión con su espada que partió el suelo.
Felicia, usando su agilidad de ladrona y volando a toda velocidad por su doble spirit, esquivaba cada ráfaga oscura.
—¡No me atrapará un maldito niño brujito!
Jay…
Jay se quedó mirando.
Puppet Billy se le acercó, murmurando cosas sobre su pasado, sus fracasos.
Y cuando intentó tocarle la frente…
—No te atrevas a meterte con mis recuerdos —dijo Jay.
Su Haki del Emperador estalló.
Una patada, un corte, un rugido.
Puppet Billy cayó como un títere sin cuerdas.
— El demonio mayor caminaba por el campo como si nada lo amenazara.
Sus ojos eran fuego líquido.
Su sonrisa, cruel.
—Así que tú eres el protector de todo…
—gruñó—.
¿El que todos esperan?
Sholan no respondió.
Su aura dorada se expandía, y el suelo bajo sus pies flotaba en pedazos.
—Eres fuerte, niño.
Pero esto no es una historia de esperanza.
Es una condena.
Mephisto atacó.
Garras, fuego, oscuridad.
Sholan resistió.
Cada golpe abría cráteres.
Cada bloqueo sacudía los cielos.
La pelea se elevó a niveles que los humanos no podían percibir.
El mundo se quebraba alrededor de ellos.
Pero Sholan estaba conteniéndose.
Hasta que vio una explosión cerca de sus hijas.
Hasta que sintió la magia oscura filtrarse en el campo.
Y entonces…
su rugido sacudió los planos.
El aura dorada se transformó en una llamarada densa, afilada, explosiva.
Sus ojos brillaban como soles, había desatado el Super Saiyan Full Power liberando su poder contenido.
Mephisto por primera vez retrocedió.
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