Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 373
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- Capítulo 373 - 373 El Muro de los Últimos
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373: El Muro de los Últimos 373: El Muro de los Últimos La batalla entre Sholan y Mephisto sacudía los cimientos mismos del Santuario de Hong Kong.
Ambos guerreros —el uno empapado en energía divina y pura, el otro forjado en la corrupción del dolor y el miedo— chocaban en una danza apocalíptica de luz contra oscuridad.
Cada golpe de Sholan como Super Saiyan Full Power resonaba con una onda de choque que hacía temblar el plano físico.
Mephisto, sin embargo, parecía disfrutar el combate, su risa demoníaca llenando el aire mientras su cuerpo fluctuaba, deformándose con fuego y sombras como si su carne no tuviera límites.
Fue entonces cuando el cielo se rasgó.
De entre el humo y la distorsión mágica surgieron Tommy y Billy…
otra vez.
Pero no eran los mismos.
Sus ojos brillaban con una intensidad aterradora, sus cuerpos flotaban con una estabilidad antinatural y el aire a su alrededor se deformaba con energía corrupta.
Dark Wanda descendió lentamente tras ellos.
La cicatriz que tenía sobre el rostro brillaba con runas oscuras, y su poder se elevaba como una tormenta.
Un aura negra se alzaba de su espalda como alas que no eran alas, hechas de culpa, furia y desesperación.
—Pero ¡¡¿cómo?!
—gritó Wanda, retrocediendo mientras sus hijas gritaban los nombres de sus hermanas.
Dark Wanda sonrió con ternura cruel.
—No puedes destruir a mis niños, Wanda.
Solo puedes ver cómo renacen… más fuertes.
Y entonces ocurrió.
Los cuatro —Dark Wanda, Billy, Tommy y Mephisto— se alzaron en el aire, alineados en un círculo perfecto.
Empezaron a canalizar el dolor, el miedo, la muerte, el caos y el eco de las almas que colgaban alrededor del santuario.
Las nubes se retorcieron, el cielo se volvió rojo y un remolino de oscuridad brotó desde la tierra, como si el Infierno mismo se abriera paso hacia la superficie.
—¡SE ACABÓ!
—rugió Mephisto—.
¡ESTE MUNDO SE DESINTEGRARÁ JUNTO CON SU ESPERANZA!
Una esfera creció en el centro del grupo.
Era grotesca, oscura, cargada de energía negativa pura, y dentro de ella se podían ver reflejos de personas gritando, ciudades destruidas y futuros muertos.
Ese ataque llevaba por nombre: Damnatio Aeternum.
Sholan bajó los brazos, y por primera vez, no habló.
Solo respiró hondo, cerró los ojos…
y dio un paso al frente.
—No lo permitiré.
Su Ki ardía como mil soles.
El Ki Radiante surgió como una corona a su alrededor, cristalizando el aire en una estructura hexagonal.
Extendió ambas manos al frente y con un grito desgarrador creó un escudo: el Cristal Wall, una muralla prismática que surgió de su alma misma.
Brillaba con todos los colores del espectro.
Cada segmento reflejaba un momento de su vida, una memoria, una decisión, un sacrificio.
El ataque de los cuatro golpeó con una fuerza colosal.
BOOOOOOOOOOOM.
El Cristal Wall se tambaleó de inmediato, vibrando con un chillido insoportable.
Sholan apretó los dientes, los músculos marcados por la presión.
Sangre brotaba de sus palmas, de sus ojos, de su boca, pero se mantenía en pie.
—¡NO!
¡NO VAS A PASAR!
—gritó.
Entonces llegaron ellos.
Mal fue la primera en aparecer tocando el hombro de Sholan sin decir palabra y transfiriendo su energía.
Le siguió Evie, su energía también transfiriéndola a Sholan para reforzar el cristal wall.
Felicia, con los ojos brillando de rabia, se colocó a la izquierda.
Carlos, se paró junto a su benefactor sin dudarlo.
Jay, en silencio, puso su mano en el muro como si pudiera reforzarlo con su voluntad.
Y Peter se aferró al cristal como si su vida dependiera de ello.
—¡Denle más energía!
—gritó Jay.
La muralla se iluminó nuevamente.
Las grietas empezaron a cerrarse…
Pero solo por un instante.
Una fractura mayor se abrió como una herida en el centro.
La energía de Damnatio Aeternum no se detenía.
El Cristal Wall crujía con desesperación.
Luego, la estructura se rompió como vidrio arrojado al suelo.
—¡NOOO!
—gritó Mal.
El impacto final iba a consumirlos.
Estaban a punto de morir.
Entonces, la llave oxidada que Sholan llevaba al cuello brilló intensamente con una luz que no era de este mundo.
La luz se expandió en forma de esfera, rodeando a Sholan, Mal, Evie, Felicia, Carlos, Jay y Peter.
El mundo a su alrededor se ralentizó por un instante.
Sus cuerpos se desintegraron en partículas doradas… y desaparecieron del campo de batalla.
Un silencio sepulcral cayó de inmediato.
—¡¡PAPIIIIIIIIIIII!!
—gritó Celeste, con lágrimas desbordando sus ojos.
—¡NOOO!
—gritaron Esme, Irma, Phoebe, Sophie y hasta la tímida Eri rugió con angustia.
Las seis niñas se lanzaron hacia el frente, pero Wanda las sujetó con su magia y sus brazos.
—¡Él no se ha ido!
—exclamó, jadeando.
—¡¿Qué?!
—preguntó Eri con los ojos muy abiertos— ¿Qué quieres decir?
—Aún… aún está conectado a mí —dijo Wanda con la voz temblorosa—.
Siento su alma.
Siento su esencia.
Aún… no ha terminado.
Pero, aunque sus palabras eran firmes, sus ojos estaban llenos de incertidumbre.
Porque en el fondo… ni siquiera ella sabía a dónde los había llevado esa luz.
Y frente a ellos, Mephisto descendía lentamente, satisfecho, mientras la energía en su cuerpo aún chispeaba.
—No están muertos…
pero eso no significa que puedan volver.
Dark Wanda acarició la cabeza de los falsos Tommy y Billy, ambos renacidos en maldad.
La guerra no había terminado.
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