Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 375
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- Capítulo 375 - 375 Luz en Medio del Abismo
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375: Luz en Medio del Abismo 375: Luz en Medio del Abismo El silencio era casi absoluto.
Una tenue brisa recorría lo que parecía un vasto campo estelar donde no había cielo ni suelo, solo un eterno horizonte de luz azulada.
Sholan abrió los ojos lentamente, su cuerpo adolorido y su ki apenas perceptible.
Frente a él, caídos pero vivos, estaban Peter, Evie, Felicia, Carlos, Jay y Mal, todos inconscientes tras haber dado todo de sí para mantener el Cristal Wall que los protegió de la devastadora explosión del ataque combinado de Mephisto y sus marionetas.
Antes de que pudiera incorporarse del todo, tres figuras etéreas surgieron ante él, flotando en el aire como encarnaciones de la luz.
Cada una tenía un aura propia: una verde como los bosques primordiales, una azul profunda como los océanos del alma, y una roja ardiente como los fuegos de la creación.
—Sholan —dijo la figura azul con voz suave pero firme—.
Somos las Diosas de Hyrule: Nayru, Din y Farore.
El joven Saiyan se quedó sin palabras, pero su cuerpo reaccionó instintivamente, poniéndose en pie con respeto.
Sus ojos brillaron con reconocimiento y asombro.
—¿Qué está pasando?
—preguntó él, mirando a su alrededor—.
¿Dónde estamos?
—En el Vínculo de los Mundos, un punto entre realidades —explicó Farore, la de verde—.
No queda mucho tiempo, así que seremos breves.
Din, la diosa roja, dio un paso al frente, su energía abrasadora envolviendo a los presentes sin dañarlos.
—Cuando el joven Héroe del Tiempo sacó la Espada Maestra del pedestal, el tiempo debía detenerse y su cuerpo ser protegido durante siete años.
Pero el Invierno Negro… llegó antes.
—Su poder antinatural se filtró hasta nuestro mundo, continuó Nayru con tristeza.
Y Ganondorf, potenciado por esa corrupción, logró violar las leyes del Reino Sagrado.
Mató al héroe antes de que pudiera despertar.
Sholan apretó los puños, su mirada oscureciéndose.
—¿Entonces su mundo está condenado?
—No mientras tú nos ayudes, respondió Farore con esperanza en los ojos.
No pudimos interferir directamente, pero enviamos una petición al Multiverso… en forma de una llave.
En ese momento, la llave oxidada que colgaba de su cuello flotó hacia las diosas, brillando intensamente, para luego desaparecer en un destello.
En su lugar, una ocarina azul y antigua apareció en las manos de Nayru: la Ocarina del Tiempo.
—Tómala, Sholan.
Este será tu vínculo con la historia de Hyrule… y tu arma contra el caos.
Sholan recibió la ocarina con solemnidad, reconociendo al instante en qué punto de la historia se encontraba.
Sus memorias sobre la saga de The Legend of Zelda: Ocarina of Time resurgieron vívidas como si fueran propias, al parecer el muro mental de Sholan había estado esperando este momento.
—Entonces… estoy en esa línea… —murmuró.
—Y no irás sin protección.
—Din alzó su mano, y una marca dorada apareció en la palma derecha de Sholan: la Trifuerza del Coraje.
El símbolo brilló con un resplandor divino, resonando con su Ki Radiante de manera perfecta.
Sintió una fuerza desconocida pero familiar invadiéndolo, como si cada célula de su cuerpo reconociera ese poder.
—Sholan, dijo Farore con dulzura, pero determinación—.
Por favor… salva Hyrule.
Eres su última esperanza.
En un haz de luz, las diosas se desvanecieron, y Sholan, junto con los seis guerreros caídos, fueron transportados suavemente a otra dimensión.
Cuando sus pies tocaron el suelo, Sholan reconoció al instante dónde estaban.
El Templo del Tiempo.
Sus altos vitrales, su arquitectura sagrada… todo era idéntico.
A su alrededor, Peter, Evie, Mal, Jay, Carlos y Felicia comenzaron a despertar uno por uno.
—¿Dónde… dónde estamos?
—preguntó Peter, incorporándose con esfuerzo.
—Esto no es la Tierra —dijo Jay, mirando los pilares de mármol.
Sholan se volvió hacia ellos con una expresión grave pero resuelta.
—Estamos en el templo de tiempo a los alrededores de Hyrule pero luego les explicaré todo… ahora mismo, necesito que confíen en mí y salgamos rápido de acá.
Sin más palabras, se giró hacia el altar central del templo.
Allí, clavada en su pedestal, lo esperaba la legendaria Espada Maestra, resplandeciendo con una luz que parecía reconocerlo.
El ambiente se volvió solemne.
Una brisa invisible acariciaba las estatuas mientras un rayo de luz descendía sobre el pedestal.
Sholan dio un paso adelante, colocó su mano derecha sobre el mango de la espada, y sintió cómo su Trifuerza del Coraje brillaba con intensidad.
Con un suspiro fuerte, tiró hacia arriba.
¡SHING!
La Espada Maestra fue liberada, y una ola de energía recorrió todo el templo como un rugido de victoria.
La hoja brillaba con un poder puro y antiguo, vibrando en armonía con el Ki Radiante de Sholan.
Peter, Felicia, Mal y los demás observaron en silencio, sobrecogidos.
—Esa espada… no es una cualquiera, ¿cierto?
—preguntó Carlos.
—No —respondió Felicia, con una media sonrisa—.
Es la espada.
Sholan giró sobre sus talones, empuñando la Espada Maestra con ambas manos.
Su cabello ondeaba al ritmo de una brisa ancestral que ahora fluía en todo el templo.
—Ahora… vamos a salvar este mundo para poder salvar el nuestro.
—dijo con firmeza, sus ojos ardiendo con una llama renovada.
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