Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 376
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- Capítulo 376 - 376 Ecos de un Reino Perdido
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376: Ecos de un Reino Perdido 376: Ecos de un Reino Perdido El grupo había despertado en medio de una inmensa sala de piedra, dominada por una luz tenue que se filtraba desde lo alto: el Templo del Tiempo.
Sholan, con la Espada Maestra aún envuelta en destellos azules, no perdió ni un segundo.
—Síganme.
—dijo con firmeza, mientras abría las puertas del templo con un solo gesto de su mano.
Al salir, se encontraron en una escena grotesca.
La otrora alegre Plaza del Castillo de Hyrule estaba sumida en una penumbra extraña, y por todas partes se arrastraban figuras demacradas, con rostros vacíos y movimientos espasmódicos.
El aire era espeso, y un aura oscura colgaba como niebla venenosa.
—¿Qué demonios son esas cosas?
—preguntó Evie, alzando levemente su rifle.
Sholan se adelantó, sin bajar la guardia.
—Se llaman ReDeads.
Son una especie de no-muertos que habitan las zonas malditas de este mundo.
—¿O sea que sí son como zombis, pero no comen cerebros?
—bromeó Peter, con una sonrisa nerviosa.
—No.
Estos absorben tu energía vital y con un simple grito si estás cerca te paralizan.
Normalmente podríamos pasar entre ellos sin mucho problema…
—miró al grupo, visiblemente agotado tras el traslado dimensional y su apoyo al sostener el cristal wall—.
Pero así de cansados…
nos paralizarían al instante.
Sin decir más, Sholan sacó una Semilla del Ermitaño de su inventario.
La consumió con un simple movimiento, y al instante sintió cómo su Ki se restauraba por completo.
Sus músculos se tensaron, su pulso se estabilizó.
Estaba listo.
—Quédense aquí.
—les ordenó.
Con un destello de su aura blanca, Sholan desapareció, reapareciendo segundos después frente a uno de los ReDeads.
Sin perder el tiempo, le asestó una violenta patada en la cabeza, tan fuerte que el cadáver andante voló por los aires y se estrelló contra la fachada de una vieja casa de piedra, quedando inmóvil, “muerto” otra vez.
Los demás ReDeads se giraron al instante, pero no atacaron.
En su lugar, se arrastraron hasta su compañero caído y se quedaron agachados junto a él, ignorando por completo al grupo.
—¡Corran!
—gritó Sholan, volviendo con ellos en un parpadeo.
Todos cruzaron el camino despejado sin mirar atrás.
Al abandonar la plaza por la salida del puente levadizo, el mundo cambió.
Las nubes negras se dispersaron, el cielo azul volvió a asomarse, y la Luz del Sol cayó sobre ellos como una caricia.
Estaban ahora en las Planicies de Hyrule, vastas y verdes, respirando aire puro otra vez.
—¡¿Qué demonios fue eso?!
—exclamó Jay, aún con el corazón acelerado.
—¿Por qué se quedaron como…
de luto?
—añadió Carlos.
—Es un comportamiento de los ReDeads que nunca ha sido explicado —respondió Sholan, mirando al horizonte—.
Pero lo aprovechamos.
Felicia frunció el ceño.
—¿Y ahora qué sigue?
¿Dónde estamos y por qué?
Sholan se giró hacia ellos y respiró profundo.
Era hora de explicar.
—Esto es Hyrule.
Un reino que está al borde del colapso.
El héroe destinado a salvarlo fue asesinado por un hombre malvado llamado Ganondorf que fue contaminado y potenciado por la influencia de un mal mayor.
Las diosas de este mundo…
pidieron ayuda.
El grupo intercambió miradas de desconcierto.
—¿Nos trajeron para salvar este mundo?
—murmuró Mal.
—Así es —respondió Sholan con gravedad—.
Tranquilos, primero hay algo que debemos saber.
Cortana, ¿cuál es la dilatación temporal?
La voz suave y confiable de Cortana sonó en su mente: —1344 a 15.
Dos semanas aquí representan quince minutos en nuestro mundo.
Al informarles de esto todos quedaron en silencio.
La información era impactante.
—Eso significa…
que, aunque pasemos días aquí, no pasará nada allá —dijo Carlos, procesando todo.
—Exacto —asintió Sholan—.
Y dos semanas serán suficientes para completar esta misión.
Yo conozco todo lo necesario para salvar Hyrule.
Cada lugar, cada enemigo, cada objeto que debemos recuperar.
—¿Y esto…
nos fortalecerá?
—preguntó Evíe con escepticismo.
Sholan asintió.
—Este mundo está infestado de seres oscuros y energías malignas.
Luchar aquí no solo nos dará experiencia, sino que nos templará el espíritu para enfrentar a Mephisto.
No lo enfrentaremos con lo que somos hoy…
sino con lo que llegaremos a ser después de esto.
Aún había duda en los ojos de algunos.
Hasta que Peter preguntó con sinceridad: —¿Y tú?
¿Tú también necesitas esto?
Sholan bajó la mirada por un instante, luego habló con el corazón: —Sí.
Deben saber que mi mente tiene un muro psíquico que me ha estado conteniendo desde hace tiempo.
Un límite.
Pero en este mundo…
hay un lugar, una prueba, que podría ayudarme a derribarlo.
Si lo consigo…
mi poder evolucionará de forma irreversible.
El silencio fue sustituido por determinación.
Jay fue el primero en hablar: —Pues que empiece la aventura, jefe.
—¿Cuál es el siguiente paso?
—añadió Felicia, con una sonrisa ladina.
Sholan guardó la Espada Maestra en su inventario y señaló hacia una aldea visible en la distancia, entre montañas.
—Villa Kakariko.
Ahí debemos ir primero.
Y sin decir más, todos emprendieron la marcha, sabiendo que acababan de dar el primer paso hacia un destino más grande que ellos mismos.
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