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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 379

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  4. Capítulo 379 - 379 El Templo Silente Despierta
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379: El Templo Silente Despierta 379: El Templo Silente Despierta El musgo cubría las paredes centenarias.

El aroma del bosque impregnaba cada rincón del lugar.

Al pasar por las puertas dobles del Templo del Bosque, el grupo de Sholan se detuvo unos segundos para observar la estructura en ruinas, pero majestuosa.

Era como si el tiempo mismo hubiera decidido esconder ahí un fragmento sagrado del pasado.

—Bienvenidos al Templo del Bosque… —dijo Sholan, caminando al frente—.

Uno de los seis templos que resguardan el equilibrio de este mundo.

Con un gesto sutil, activó la pantalla holográfica mental compartida.

En ella, se proyectó un mapa tridimensional del templo, creado a través del Haki de Observación de Sholan.

Las líneas de energía se entrelazaban entre pasillos, habitaciones y niveles, como una red viva.

—Todo esto —añadió— lo están percibiendo gracias al haki.

Ustedes lo han entrenado por dos años, pero hoy lo llevarán a otro nivel: lo usaran al entrar a cada templo, verán más allá de los muros, de las trampas, de la oscuridad misma y podrán ver dónde están los jefes y las llaves de cada cuarto del jefe, ellos están encerrados como protección para ellos mismos así cuando cualquier oponente logre llegar a ellos se encuentre agotado para pelear.

Peter asintió con asombro mientras Carlos se acercaba a un punto del mapa.

—El jefe está…

justo debajo de nosotros —señaló.

Sholan asintió.

—Correcto.

Pero no podemos bajar hasta que los fuegos de las antorchas estén restaurados.

Cada uno fue robado por uno de los Poe, espectros que deambulan por este templo.

Su tarea es simple: recuperarlos.

Dejen el mapa, el compás y la herramienta del héroe en sus cofres.

No los toquen.

Son para alguien más…

un heroe que deberá venir aquí cuando el tiempo lo reclame.

Evie frunció el ceño.

—¿Y con qué luchará esa persona?

Sholan sonrió.

—Con valor.

Pero hoy no es su historia, es la nuestra.

El equipo se dividió estratégicamente para enfrentar a los Poe.

Cada uno de los cuatro espectros acechaba en una parte del templo, vinculados a trampas, espejos rotatorios, pasajes ocultos y combates ilusorios.

Usando su haki, Jay y Felicia lograban anticipar los ataques etéreos de los fantasmas, mientras Mal y Evie cortaban sus lazos con el mundo físico.

Peter y Carlos aplicaban ataques coordinados, barriendo los restos espirituales con armas imbuidas en energía.

Una a una, las antorchas se encendieron.

El gran ascensor en el centro del templo, una plataforma circular musgosa, se sacudió ligeramente y comenzó a descender con un sonido antiguo y grave.

Cuando el grupo quiso seguir a Sholan, él extendió una mano.

—No —dijo con firmeza—.

Ganondorf ha colocado jefes únicos en cada templo.

Seres corruptos nacidos del eco de su odio.

Solo la Espada Maestra puede enfrentarlos.

Ellos sabían que no podían discutir eso.

Bajaron la mirada en señal de respeto y retrocedieron.

El ascensor descendió, llevándose a Sholan hacia lo profundo.

El aire se volvió más denso.

En la cámara final, una galería colosal y oscura se extendía como un abismo sin fin.

Las pinturas en las paredes vibraban con energía oscura.

De una de ellas emergió un caballo fantasmagórico montado por una figura encapuchada: Fantasma Ganon, el Espíritu Maligno del Más Allá.

—¡Tan patético!

—vociferó la figura—.

¡Tú no eres el héroe!

Solo un pedazo de carne elegido por error.

Sholan no respondió.

Con una concentración precisa, alzó los brazos y materializó su técnica: “Flecha Celestial”.

Una flecha dorada, compuesta de luz condensada y energía divina, surcó el aire como una estrella fugaz.

Impactó directo en el caballo espectral, destruyéndolo en mil fragmentos de oscuridad.

El espectro cayó al suelo.

La Espada Maestra rugió al ser desenfundada.

El combate fue feroz: el Fantasma Ganon se multiplicaba entre relámpagos y portales ilusorios, pero Sholan usaba su haki para distinguir al verdadero.

Cada corte de su espada era un golpe de justicia pura, hasta que el espectro, gravemente herido, cayó arrodillado.

En ese momento, la voz de Ganondorf retumbó en la cámara: —Asi que tú eres el nuevo perro de las diosas, lograste derrotar a mi fantasma, pero cuando te enfrentes a mi te acabaré en un chasquido; y tu…

¡Inútil creación!

¡Te borraré del plano mortal, te desterraré al espacio entre mundos!

—gritó mientras un portal oscuro se abría bajo el espectro.

Pero Sholan sonrió.

—No esta vez.

Extendió su dedo índice hacia el mismo punto donde el portal se había abierto.

Un fino rayo de luz descendió desde su dedo, perforando el suelo.

—Puerta del Destino.

El portal oscuro se transformó en un vórtice de luz purificadora.

Antes de desintegrarse, el espectro fue arrastrado dentro, su esencia purificada por completo.

El templo vibró… y luego se volvió sereno.

La corrupción se disipó.

Sholan recibió el Token de Vitalidad, que aumentó su resistencia y energía vital, y fue transportado en un haz de luz a la Cámara de los Sabios.

Allí lo esperaban Saria del Bosque Kokiri, y Rauru, el Sabio de la Luz.

—Heroe elegido por las diosas —dijo Rauru con solemnidad—.

Acepta estos medallones.

Los Medallones de Luz y Bosque flotaron hacia Sholan, rodeándolo de un aura mística.

—Con ellos —agregó Saria—, podrás romper la barrera maldita que rodea el castillo de Ganondorf cuando llegue el momento.

Con una reverencia silenciosa, desaparecieron.

Sholan reapareció en el Bosque Kokiri, justo frente al retoño del Árbol Deku, que brotaba con fuerza y vitalidad.

—Gracias, protector —dijo el pequeño árbol—.

El bosque está libre… y yo podré crecer sin oscuridad.

Con el Shunkan Idō, se teletransportó de inmediato.

El grupo ya lo esperaba en la entrada, sin sus formas de King-Ohger.

Al verlo, se pusieron de pie.

—¿Y bien?

—preguntó Peter.

—Derrotado.

El Templo del Bosque está libre —dijo Sholan, con una sonrisa tranquila.

—¿Y ahora?

—preguntó Mal, dándole un codazo amistoso.

—Ahora… agárrense de las manos.

Todos se tomaron y, en un instante, todos se teletransportaron.

Aparecieron de golpe en la Casa Skulltula, causando un grito ahogado de los ocupantes.

—¡¿Pero qué demonios…?!

—exclamó uno.

Carlos, aun sujetando la mano de Mal, murmuró: —Nunca me voy a acostumbrar a estas entradas dramáticas.

Y todos rieron.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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