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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 381

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  4. Capítulo 381 - 381 Llamas del Silencio Condenados y Esperanza
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381: Llamas del Silencio: Condenados y Esperanza 381: Llamas del Silencio: Condenados y Esperanza La luna había comenzado a subir por encima de las montañas cuando Evie y Peter llegaron al cementerio de Villa Kakariko.

El ambiente era pesado.

No solo por la oscuridad, sino por la energía densa y antigua que emanaba desde el mausoleo del fondo, donde se encontraba la entrada al Templo de las Sombras.

Peter frunció el ceño, su sentido arácnido vibrando ligeramente.

—Este lugar…

está vivo —murmuró.

Evie sostuvo su espejito mágico entre las manos.

Su madre le había dicho que solo debía usarlo cuando estuviera perdida o rodeada de oscuridad…

y si alguna vez existió un lugar que encajara con esa descripción, era este.

Ambos descendieron por las catacumbas bajo la tumba de la familia real, resolviendo con rapidez los primeros acertijos gracias al conocimiento de Evie sobre mecanismos mágicos y el sentido arácnido de Peter, que les ayudaba a esquivar trampas antes incluso de que se activaran.

El templo los recibió con silencio absoluto, una oscuridad densa que parecía tragarse hasta la luz de sus antorchas.

Las paredes estaban cubiertas de manchas negras y símbolos sellados con sangre seca.

No había duda: ese lugar había sido un centro de ejecución…

y algo mucho peor.

—¿Puedes ver algo?

—preguntó Evie.

Peter cerró los ojos y se concentró.

Usó su Haki de Observación mientras extendía su sentido arácnido en ondas.

—Hay una sala grande a unos veinte metros al este.

Hay…

algo flotando.

No sé si está vivo o muerto.

Avanzaron con cautela.

Usaron sus poderes King-Ohger para moverse sin hacer ruido: Evie invocaba mariposas oscuras para marcar el camino seguro, y Peter trepaba por las paredes para colocar cuerdas que Evie usaba para deslizarse sin tocar el suelo.

Las salas estaban llenas de espectros incorpóreos, sombras deformes que no atacaban, pero susurraban palabras que solo podían escucharse con el alma.

Más de una vez, Evie tembló de terror al oírlos.

—“El que vio la verdad murió…

el que ocultó la verdad fue torturado…

el que sobrevivió jamás volvió a hablar…” En una sala profunda encontraron un mecanismo que solo podía ser activado con el Ojo de la Verdad… pero ellos no lo tenían.

Evie abrió el espejito mágico.

La superficie reflejó una imagen distorsionada del entorno, pero bastó con alinear el reflejo con la pared para que un pasadizo oculto se revelara.

—Gracias, mamá… —susurró ella conmovida.

Peter colocó bombas cuidadosamente donde Evie le indicaba, guiado por el Haki de Observación que les revelaba los muros falsos.

Cruzaron una pasarela rota lanzándose con telarañas, evitaron cuchillas giratorias, pasaron sobre pozos sin fondo con apoyo de plataformas ilusorias, y finalmente llegaron a la cámara del jefe.

—Ese… debe ser el lugar del jefe —dijo Peter, mientras apuntaba hacia una gran puerta con símbolos Sheikah sellados.

Y justo ahí, en lo alto de un pedestal oculto tras una ilusión, hallaron la llave del jefe.

Evie respiró con fuerza y sacó su comunicador.

—Sholan… ya la tenemos.

Pero no vamos a entrar ahí.

Es todo tuyo.

Un instante después Sholan de teletransportó, caminando con la Espada Maestra en la mano y el rostro serio.

Evie y Peter se le acercaron de inmediato.

—Este templo es horrible, Sholan.

Está…

lleno de muerte, de dolor —dijo Peter.

—Nunca había sentido tanta crueldad junta —añadió Evie con voz temblorosa.

Sholan asintió con gravedad.

—Este templo fue usado para torturas y ejecuciones.

Enemigos del reino, traidores, incluso inocentes.

Los Sheikah lo sellaron para que nadie volviera a conocer su propósito.

Es un lugar maldito.

Evie bajó la mirada y Peter apretó los puños.

Antes de que pudieran decir más, Sholan extendió su mano y usó el Poder de Mu de Aries para doblar el espacio.

Un portal dorado se abrió detrás de ellos, conectando directamente con la casa Skulltula.

—Vayan.

Descansen.

El resto es mi trabajo.

Evie lo abrazó brevemente antes de marcharse.

—Cuídate, jefe —le dijo Peter, antes de desaparecer con ella por el portal.

Sholan se giró hacia la gran puerta.

La oscuridad lo envolvía, pero su voluntad ardía con luz propia.

—Ok, máximo esfuerzo.

Al atravesar la puerta, la Bestia de Sombra Fantasma Bongo Bongo emergió de las sombras con un estruendo ensordecedor.

Su tambor hacía temblar la sala, su cuerpo flotaba invisible, y sus gigantescas manos golpeaban con fuerza mortal.

Pero nada de eso afectó a Sholan.

Él flotaba sobre el tambor, inalterado.

Sus ojos brillaban con una luz azul profundo: los Ojos del Infinito estaban activados.

No necesitaba el Ojo de la Verdad… sus ojos eran suficientes.

—Te veo —murmuró.

Con dos Flechas Celestiales que salieron disparadas de su mano, volaron con precisión perfecta.

Atravesaron ambas manos del monstruo destruyéndolas, obligándolo a volverse visible.

Y entonces, Sholan cargó energía sacra en la Espada Maestra, imbuyéndola con una tercera flecha celestial, fusionando poder sagrado con su voluntad de purificar.

—¡Desaparece!

Con un solo corte descendente, la espada atravesó al espíritu bestial, purificándolo al instante.

Su lamento se desvaneció en un eco sordo que dejó el templo en un silencio total.

Sholan avanzó hacia la cámara de los sabios, donde el aire se volvió ligero y cálido por primera vez.

—Has vencido al espíritu de las sombras —dijo una voz serena—.

Recibe nuestra bendición.

El Medallón de las Sombras flotó hacia él, y con él, un Token de Vitalidad que absorbió con rapidez.

Su energía creció, pero su corazón se mantuvo en calma.

Uno menos.

Faltan tres.

—– El sol apenas asomaba su luz entre las montañas cuando Mal y Carlos se adentraron en el cráter de la Montaña de la Muerte.

El aire ardía, vibraba con una fuerza abrasadora, y cada respiración se sentía como tragar fuego.

Pero no estaban indefensos.

—Hechizo de refrigeración —susurró Mal, y un aura azulada envolvió a ambos, disminuyendo el calor infernal que los rodeaba.

—Gracias, Mal… sin eso ya estaría derretido —dijo Carlos con una sonrisa, aunque el sudor le perlaba la frente.

—No creas que puedo mantenerlo todo el tiempo.

Tendremos que hacer pausas —advirtió ella, mientras su OhgerCalibur brillaba tenuemente al ritmo de su energía.

La lava burbujeaba como si respirara con furia contenida.

Las rocas escarlata irradiaban calor, y el aire era espeso como el vapor de un volcán a punto de estallar.

Desde el borde del acantilado, Mal y Carlos observaban la entrada del Templo del Fuego: una puerta gigante tallada en piedra negra, sellada con runas antiguas.

Avanzaron por las primeras salas, esquivando columnas de fuego que brotaban de grietas como lenguas vivas.

El Haki de Observación les permitió detectar trampas antes de activarlas y enemigos agazapados en las sombras.

Cuando una lluvia de rocas incandescentes se desató desde lo alto, Carlos se impulsó en la pared con su agilidad mejorada y desvió el derrumbe con un disparo de su arma.

—Este lugar fue diseñado para matar a cualquiera que no esté preparado —murmuró Carlos mientras limpiaba su hoja de energía.

—No sólo eso —respondió Mal, cerrando los ojos mientras invocaba otra vez el hechizo de refrigeración—.

Siento enojo… venganza.

Como si el propio templo estuviera ardiendo de odio antiguo.

El Templo de Fuego los recibió con un rugido de lava y cadenas colgantes.

Las piedras vibraban como si estuvieran vivas.

El lugar no solo estaba envuelto en calor físico, sino también en un peso espiritual que oprimía el alma.

Con sus sentidos agudizados por el Haki de Observación, ambos comenzaron a avanzar por el templo guiándose por el Haki.

Rápidamente encontraron lo impensado: celdas de hierro donde varios Goron estaban prisioneros.

—¡Son los habitantes de la aldea Goron!

—exclamó Carlos, corriendo hacia las rejas.

Uno de los prisioneros, más anciano, habló con voz grave: —Nos capturaron para alimentarnos al dragón…

— Vamos a sacarlos de aquí.

—dijo Mal con firmeza.

Usando sus espadas rompieron los cerrojos sin dañar a los prisioneros.

Uno a uno, los Goron fueron liberados.

—¡Corran hacia la entrada, ahora!

—ordenó Carlos, mientras sostenía a un joven Goron que apenas podía caminar.

—¿Quiénes son ustedes?

—preguntó un niño Goron asombrado.

—Solo amigos —respondió Mal con un tono maternal.

Tras liberar a todos los prisioneros, retomaron su misión.

El calor creciente los forzaba a detenerse cada cierto tiempo.

Mal reforzaba su hechizo de refrigeración mientras Carlos usaba el Haki para mapear el templo, detectar trampas y encontrar los caminos ocultos.

El mapeo los condujo hasta una sala cavernosa, apareció una criatura el Flare Dancer, una criatura envuelta en llamas giratorias.

Carlos lo distrajo con sus reflejos mientras Mal lo congeló brevemente con un hechizo de escarcha y lo atacaba con flechas de energia, dándole la oportunidad para que ambos lo golpearan en sincronía.

La criatura estalló en cenizas negras.

—Solo el jefe falta —dijo Mal, respirando agitada—.

Debe estar cerca.

El Haki confirmó la presencia de una cámara profunda al otro lado de una sala con columnas fracturadas y lava burbujeante.

En el centro de una plataforma flotante, encontraron una puerta sellada.

La llave del jefe estaba en otra recamara en un cofre cubierto de llamas.

Mal conjuró una esfera de hielo puro, mientras Carlos la rodeaba con electricidad para interrumpir la barrera de fuego.

Cuando colapsó, abrieron el cofre y Carlos tomó la llave en sus manos.

—Es momento de llamar a Sholan —dijo Carlos, encendiendo el comunicador vinculado al sistema.

Sholan apareció segundos después teletransportándose junto con una brisa helada envolviéndolo.

—¿Necesitas el hechizo de refrigeración?

—preguntó Mal, notando la temperatura a su alrededor.

—No hace falta —respondió con una sonrisa enigmática—.

Me basta con esto.

De su cuerpo emanaba un aura helada natural, provocada por una combinación de su Ki Radiante y las técnicas del caballero Camus de Acuario.

—Bien hecho con los Goron.

Ahora váyanse.

Este combate es mío.

—¿Y cómo salimos de aquí sin morir achicharrados?

—preguntó Carlos.

—Con esto.

Sholan apuntó al espacio frente a ellos con su dedo índice y, doblando el espacio a su voluntad con el poder de Mu de Aries, abrió un pseudo portal hacia la Casa Skulltula.

Un túnel translúcido se formó, y del otro lado vieron la casa iluminada tenuemente.

—Nos vemos allá —dijo Mal, dándole una palmada a Carlos, y ambos desaparecieron en el portal.

Dentro de la cámara del jefe la lava hirvió.

De pronto, el monstruoso Volvagia emergió en espiral, rugiendo con furia ancestral.

Sus escamas eran lava solidificada, y su melena era fuego vivo.

Golpeó los cielos con un rugido, desplegando un aliento ardiente.

Sholan flotó levemente sobre la plataforma de piedra, impasible.

—¿Vienes por mí?

Ven, criatura…

Volvagia se lanzó al vuelo.

Intentó golpearlo con su cuerpo, pero Sholan lo esquivó con un simple deslizamiento en el aire.

Cuando el dragón se elevó de nuevo para embestirlo, Sholan adoptó la pose de Camus de Acuario.

—Aurora Execution.

Un rayo azul-blanco cayó sobre Volvagia con la fuerza del Ki Radiante.

El ataque congeló al dragón en pleno vuelo, apagando sus llamas y reemplazando el rojo ardiente de su cuerpo por un gélido azul que extinguió sus flamas.

Con un grito decidido, Sholan se impulsó y cortó la criatura congelada con la Espada Maestra, partiéndola en miles de fragmentos que se evaporaron al tocar el suelo.

El Templo del Fuego se silenció.

Las llamas se extinguieron.

Y en el aire flotó un símbolo dorado.

Sholan tomó el Token de Vitalidad absorbiéndolo en su cuerpo.

El espacio se dobló y apareció en la Cámara de los Sabios.

Darunia, el líder de los Goron, lo esperaba, junto a Rauru.

—¡Guerrero!

Lo lograste.

¡Salvaste a mi pueblo!

—gritó Darunia, dándole un fuerte abrazo.

Rauru sonrió.

—Has demostrado tu fuerza, no solo en combate, sino en liderazgo.

Toma el Medallón de Fuego.

Una luz incandescente descendió sobre Sholan, quien aceptó el medallón con solemnidad.

La cuarta llave para el castillo de Ganondorf ya estaba en su poder.

— Al instante, Sholan apareció en la Casa Skulltula.

Todos los presentes saltaron del susto cuando lo vieron surgir del aire.

Carlos y Mal ya estaban ahí, rehidratándose con una bebida fría.

—¿Ya?

¿Así de rápido?

—dijo Carlos.

—Una amenaza menos —respondió Sholan, dándoles una mirada aprobatoria.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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