Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 384
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- Capítulo 384 - 384 El Umbral de las Ilusiones
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384: El Umbral de las Ilusiones 384: El Umbral de las Ilusiones Las aguas del Lago Hylia seguían turbias, pero en su lecho profundo, algo estaba cambiando.
Sholan flotó en silencio bajo la superficie, atravesando el portal sumergido que lo llevó directo al Templo del Agua.
Su expresión era solemne.
Sabía que ese lugar era una prueba para cualquiera, incluso para los héroes elegidos.
Pero él no venía como un héroe.
Venía como alguien que debía terminar una historia inacabada.
Apenas sus pies tocaron el fondo del primer salón, el eco del agua reverberó en las paredes de piedra.
La humedad, la penumbra, los sonidos apagados: todo en ese lugar transmitía un mensaje claro.
El tiempo se detuvo aquí… cuando Link murió.
Sholan descendió sin resistencia.
Ignoraba a los enemigos que se deslizaban por las columnas o acechaban en las sombras.
Volaba con suavidad cada vez que debía alcanzar plataformas elevadas, su control de ki le permitía desplazarse sin depender de herramientas o escudos.
El primer nivel de agua fue descendido.
La primera llave fue tomada sin perder tiempo.
Cada habitación que cruzaba era una lección de arquitectura zora combinada con trampas sutiles y pasillos circulares que buscaban desorientarlo.
Pero él no se desviaba.
Su mente estaba anclada al objetivo: restaurar el flujo del agua y despertar al Lago Hylia de su letargo.
— En una sala sumergida, donde una columna central de agua caía desde el techo como una corriente eterna, una figura emergió con elegancia, surgiendo desde el interior como si el templo la hubiera convocado.
Era una mujer zora, alta y de mirada aguda.
Su expresión se tensó al ver al intruso.
—¿Quién eres tú?
—preguntó con desconfianza—.
Este templo no está abierto a extraños… y no eres un zora.
Sholan flotó hasta posarse frente a ella.
No hizo ningún movimiento brusco.
—Mi nombre es Sholan.
No vengo a profanar este templo… Vengo a restaurarlo.
Ella no bajó la guardia.
—¿Restaurarlo?
¿Por qué te interesaría algo que nuestra gente lleva años intentando sin éxito?
Sholan guardó silencio unos segundos.
—Porque el equilibrio de este lugar afecta más que solo al dominio Zora.
Si el agua muere aquí, muere en todo en los dominios Zora.
Y… porque un amigo murió intentando salvarlo.
La zora parpadeó, sorprendida.
—¿Un amigo?
Sholan asintió.
—Link.
El Héroe del Tiempo.
Cayó en combate hace siete años, justo después de abrir la Puerta del Reino Sagrado.
Un largo silencio llenó la sala.
El silencio de la sala retumbó como un lamento.
Ella tardó en hablar.
—Eso no puede ser… ¿Link desapareció?
Pero siempre creímos que regresaría.
Él era nuestro protector y mi futuro esposo.
—Nunca tuvo oportunidad —respondió Sholan—.
Ganondorf fue potenciado por una gran maldad y lo emboscó.
Murió antes siquiera de tomar su espada de nuevo.
Ella dio un paso hacia atrás, con la respiración agitada.
Las emociones que había contenido durante años comenzaron a quebrarse.
—Yo… soy Ruto, princesa del pueblo zora —dijo al fin, con voz trémula—.
No sé por qué tú tienes esta misión, Sholan.
Pero si has venido a completar lo que él comenzó… no lo harás solo.
Sholan la miró con respeto, pero sin sonreír.
—Te lo agradezco.
Pero si me acompañas, debes seguir mis instrucciones.
Aquí no hay espacio para la duda.
Ruto asintió.
Aunque aún desconfiaba de él, algo en su presencia —una fuerza silenciosa, un dolor compartido— la hizo seguirlo.
Durante las siguientes horas, Sholan maniobró los niveles de agua con precisión quirúrgica apoyado por Cortana.
Activó interruptores ocultos, abrió compuertas sumergidas y recolectó cada llave sin dificultad.
En las zonas de difícil acceso, simplemente flotaba por el aire o se deslizaba por los muros con control perfecto.
Ruto lo observaba, cada vez más intrigada.
—No eres un simple guerrero —le dijo en un momento, mientras lo veía desactivar una trampa en segundos—.
¿Qué eres realmente?
Sholan no respondió de inmediato.
—Alguien que escucho el grito de ayuda del mundo.
Finalmente, llegaron a una cámara distinta.
La antesala del Cuarto de las Ilusiones.
Las paredes eran lisas, sin símbolos.
La atmósfera estaba cargada.
Era como si el aire mismo se negara a entrar.
Una extraña niebla flotaba apenas sobre el suelo acuoso.
Ruto se detuvo.
—Este cuarto… es peligroso.
Conozco leyendas sobre él.
Guerreros zora han intentado cruzarlo.
Muchos no regresaron.
Otros… se perdieron en su mente.
Sholan avanzó sin vacilar.
—Lo sé.
Por eso debo entrar solo.
Ella intentó replicar, pero Sholan levantó la mano, firme pero con respeto.
—Gracias por acompañarme hasta aquí.
Lo que hay detrás de esta puerta no es físico.
Es personal.
Si entro acompañado, podría arrastrarte a mi infierno.
Ruto bajó la mirada, pero asintió.
—Muy bien… Sholan.
Te esperaré aquí.
Él no dijo más y le dio algunos suministros ya que no sabía cuánto tiempo le tomaría uno de los retos más importantes de su vida.
Empujó la puerta del Cuarto de las Ilusiones.
Estas se abrieron con un sonido profundo, como si despertaran de un sueño largo.
Adentro, no parece una habitación, en realidad parece un mar interminable de agua, con pedazos de ruinas y un solo árbol en el centro.
La luz no venía de ninguna fuente, pero todo brillaba con un tono azul metálico.
Sholan dio un paso.
Luego otro.
Y cuando su pie tocó el centro del círculo… Las puertas se cerraron detrás de él.
Y lo que aguardaba dentro, no se podía destruir con la espada, ni con el ki… ni con magia.
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