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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 390

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  4. Capítulo 390 - 390 Adiós Hyrule… Hola Último Amanecer
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390: Adiós, Hyrule… Hola, Último Amanecer 390: Adiós, Hyrule… Hola, Último Amanecer El sol apenas despuntaba por el horizonte cuando el grupo se reunió frente a la entrada de la villa kakariko.

El aire tenía una calma extraña, como si el mundo contuviera el aliento ante lo que estaba por suceder.

Era el decimocuarto día en Hyrule… y el último.

Sholan alzó la mirada al cielo mientras sentía la vibración latente del mal en lo alto del mundo.

Sus ojos se llenaron de determinación.

—Es hora —dijo con voz firme.

Sin perder tiempo, todos se dirigieron en grupo hacia la última Gran Hada, cerca del castillo.

Sholan destruyó la roca que bloqueaba el paso a la fuente de la gran hada, tomó la Ocarina del Tiempo y, con una profunda inspiración, tocó la Canción de Zelda.

Una melodía serena y poderosa envolvió el aire.

El manantial resplandeció, y de él emergió la Gran Hada, más majestuosa que cualquiera que hubieran conocido antes.

—Oh, valientes guerreros de otro mundo… gracias por proteger esta tierra —dijo con voz etérea.

Con una sonrisa maternal, tocó a cada uno de ellos con su magia, aumentando su resistencia física y espiritual, fortaleciendo sus cuerpos contra el backslash de sus nuevos poderes.

Al tocar a Sholan, su aura dorada vibró de forma intensa.

—Tú, elegido por más de un destino… que tu alma no tiemble cuando enfrentes lo inevitable.

Agradecidos, se despidieron y partieron.

Frente al abismo que rodeaba el Castillo de Ganondorf, el aire era pesado.

La corrupción goteaba del cielo como ceniza oscura.

Fue entonces cuando los sabios, uno a uno, aparecieron en círculo, elevando sus manos al cielo.

Un puente de luz pura se formó, cruzando el abismo hasta las puertas del castillo.

Sholan se volvió hacia sus compañeros.

Peter, Evie, Mal, Carlos, Jay, Felicia… lo miraban con nerviosismo.

—Quiero que esperen aquí —dijo con calma.

—¡¿Qué?!

—exclamó Mal— ¿Vas a entrar solo de nuevo?

—Sí —respondió él sin vacilar—.

En cuanto termine con Ganondorf, volveremos a nuestro mundo.

No podemos permitirnos más pérdidas de energía.

El combate con Mephisto es inminente.

Ellos asintieron a regañadientes.

Evie le lanzó una mirada preocupada, pero confió.

Siempre lo hacía.

Sholan cruzó el puente, sus pasos firmes, rápidos… una carrera contra el tiempo y el destino.

En lo alto del castillo después de que Sholan destrozara la barrera de la torre de Ganondorf cruzó a toda velocidad por las cámaras hasta llegar a la cima, la Trifuerza resonó.

La del Poder en Ganondorf.

La de la Sabiduría en Zelda.

Y la del Valor… en Sholan.

—¡Tú…!

—rugió Ganondorf al sentirlo—.

¡No eres de este mundo!

—Y por eso no tengo tus reglas —respondió Sholan con media sonrisa.

La batalla estalló.

Ganondorf lanzó rayos de magia negra, ráfagas devastadoras.

Pero Sholan danzaba entre ellas.

Lo golpeó, lo hirió, y la Espada Maestra atravesó su pecho, rompiendo su arrogancia.

—¡¿C-cómo…?!

—balbuceó el rey del mal.

—Por confiarte de más, cerdo estúpido.

Con un grito de furia, Ganondorf intentó colapsar el castillo.

Sholan no lo permitió.

Con velocidad inhumana, tomó a Zelda en brazos, voló hacia el puente de luz y aterrizó cerca de sus compañeros.

Zelda, todavía atónita, preguntó: —¿Lo lograste?

¿Ganamos?

Sholan la miró con seriedad.

—No.

Aún no termina.

El aire vibró con un rugido.

Ganondorf emergió del castillo colapsado, su forma consumida por el odio: se había transformado en Ganon, una bestia demoníaca monstruosa.

Sholan ni siquiera retrocedió.

Volvió a pelear con fiereza, golpeando sin piedad a la criatura.

Su aura ardía como un sol de justicia.

Entonces, una voz familiar rompió el caos.

—¡Ahora!

—gritó Zelda.

Ella extendió sus manos, y el tiempo se detuvo alrededor de Ganon.

Los sabios usaron su poder y, junto a Zelda, despertaron el verdadero poder dormido de la Espada Maestra.

Estaban listos para sellarlo, pero… —¡Deténganse!

—ordenó Sholan, alzando la mano.

Todos se sorprendieron.

—Si lo sellan, la maldición de Demise continuará.

Este ciclo eterno no terminará.

Sholan sacó entonces la Carta EX-UR de Copiar.

Cortana apareció en su hombro, con expresión preocupada.

—No puedo crear la espada como objeto físico.

Lo máximo que permite la carta… es un artefacto de carta.

Pero será una copia perfecta en todo lo demás.

—Suficiente —dijo Sholan.

Cortana ejecutó el comando.

Una carta dorada brilló: Espada Maestra: Poder Total (EX-UR).

Al equiparla, una habilidad pasiva se activó: Todo ataque de Sholan ahora repele y destruye el mal de forma pasiva.

Con eso, Sholan dio un paso al frente.

Activó su habilidad: —Steal, Copy & Merge.

Le arrebató la Trifuerza del Poder a Ganon que regresó a su forma original, y luego se la entregó a Zelda, junto con la Espada Maestra verdadera.

Ganon lo miró.

Por primera vez en su existencia… sintió miedo real.

Sholan activó su técnica definitiva: —Shometsu.

El mundo se volvió blanco y negro.

En ese plano absoluto, Sholan aniquiló a Ganon con su espada negra, destruyendo su cuerpo, su alma… y la maldición de Demise para siempre.

— En la calma posterior, Sholan entregó la Trifuerza del Coraje a Zelda.

—Completa el equilibrio.

Restaura a Hyrule.

Zelda asintió, lágrimas en los ojos.

Uno de los Soldados Sombra de Sholan apareció y, con reverencia, devolvió la Espada Maestra a su pedestal.

—Que duerma… hasta que en el futuro la necesiten otra vez.

Ya con el grupo completo, Sholan los llevó al Lago Hylia.

Todos se miraban, aún sin comprender del todo.

Jay preguntó: —¿Al final de cuentas, por qué vinimos aquí?

Sholan miró al cielo.

—Por ellas.

Tres luces descendieron con majestad: Din, Nayru y Farore, las diosas de Hyrule.

—Valiente guerrero… y valientes corazones —dijo Din—.

Han salvado este mundo de su ciclo eterno.

Nos dieron paz.

—Como agradecimiento —continuó Nayru—, te entregamos un regalo final, querido pilar del equilibrio.

Una nueva Trifuerza, de diseño diferente, flotó hacia Sholan.

Era una Trifuerza de apoyo, sin capacidad de cumplir deseos… pero repleta de poder puro.

—Sabemos que te espera una oscuridad mayor en tu mundo —dijo Farore—.

Que esto te dé fuerza.

Sholan absorbió la Trifuerza del Valor Ilimitado, mientras las otras dos fueron almacenadas en su inventario para uso futuro.

Las diosas abrieron un pilar de luz.

—Menos de 15 minutos han pasado en tu mundo —dijeron al unísono—.

Aún puedes regresar a tiempo.

El grupo los miró con respeto.

Uno a uno saltaron dentro del pilar.

Antes de desaparecer, las voces divinas se elevaron: —Adiós, guerreros salvadores de otro mundo… que la luz del bien los guíe.

Y con un destello final, Hyrule se despidió de sus héroes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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