Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 396
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- Capítulo 396 - 396 La Isla de los dioses Caídos
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396: La Isla de los dioses Caídos 396: La Isla de los dioses Caídos La mañana se asomaba suavemente por los ventanales de Villa Loriana.
La luz dorada del amanecer acariciaba el rostro de Wanda, quien aún abrazaba a Sholan con fuerza.
Ambos estaban despiertos, pero en silencio, disfrutando de la paz que se sentía después de una noche que marcó el final de la amenaza de Mephisto.
Sholan se incorporó con cuidado, sin querer despertar del todo a Wanda, pero ella ya lo observaba.
—¿Están todos bien…?
—preguntó ella en un susurro.
Sholan asintió, y juntos recorrieron la casa, habitación por habitación.
Cammy y Bucky dormían profundamente en sus habitaciones.
Las quintillizas estaban en su cuarto… apiladas, abrazadas entre ellas como gatitas, con Stitch dormido en medio, completamente agotado.
Evie, Peter, Mal, Jay, Carlos y Felicia también seguían profundamente dormidos.
El precio de una guerra multiversal.
Mientras Wanda se desperezaba, comentó: —Hoy hacer el desayuno de todos será una pesadilla… aun con mis poderes.
—Somos pocos adultos para tantos —añadió Sholan mientras se frotaba la nuca—.
Cuatro, si nos contamos a ti, a mí, Bucky y Cammy.
—¿Y si pedimos el desayuno?
—propuso Wanda.
—Buena idea.
Pero que pidan para tres ejércitos.
Con las chicas y yo, el metabolismo Saiyan no perdona.
Mientras Cortana realizaba el pedido —que tomaría tres horas en llegar—, Sholan recordó algo importante: la última caja de la Bendición.
Aún no la había abierto.
Y también recordó sus propias dudas: necesitaban un refugio seguro para sus aliados de la Isla de los Perdidos… y más aún, fortalecer el escudo dimensional que protegía su mundo.
Era el momento perfecto.
Sacó la caja y la abrió.
Dentro había una llave dorada, adornada con intrincados grabados.
En ella, en letras griegas, se leía: Αθηνά.
Sholan la sostuvo con reverencia.
Su mente reconoció la inscripción.
Una antigua palabra.
Una diosa.
Y una idea comenzó a formarse.
Sin perder tiempo, llamó a Nick Fury.
—Necesito que tú, Clint y Natasha estén aquí cuanto antes —le dijo—.
Si lo que creo es cierto… esto será enorme para S.H.I.E.L.D.
No tardaron en llegar.
Fury, Barton y Romanoff entraron a Villa Loriana sin preguntas.
Solo con confianza.
Sholan los miró con seriedad.
—Vamos a dar un pequeño paseo —dijo mientras mostraba la llave.
Activó la llave dorada, y frente a ellos se abrió un portal en forma de espejo, enmarcado por bordes dorados que emitían una luz cálida y antigua.
Wanda tomó su mano y cruzaron juntos.
Fury, Clint y Natasha los siguieron.
Al otro lado… el silencio.
Una isla de gran tamaño, completamente desierta.
Las estructuras estaban intactas, como si hubieran sido abandonadas apenas ayer.
Las calles del pueblo estaban vacías.
No se escuchaba ni el viento.
—No hay nadie… —susurró Clint.
—El ambiente… —añadió Natasha— se siente…
como si estuviera decayendo.
—No solo se siente, lo está —confirmó Sholan—.
Cortana, ¿puedes analizarlo?
—Planeta sin fauna.
Flora en proceso de extinción.
El núcleo se debilita.
Este mundo está… muriendo.
—¿Dónde estamos?
—preguntó Fury, sin soltar su arma.
Sholan se detuvo frente a un gran portón con símbolos sagrados.
—Este es… el Santuario de Athena.
Hogar de los Santos Dorados.
Caminaron por el camino custodiado por estatuas, y las Doce Casas se alzaban majestuosas, cada una silenciosa como una tumba.
Literalmente.
En cada casa, encontraron el cadáver de un Santo de Oro.
Todos en poses de lucha, algunos aún con sangre reciente.
Sholan no dijo nada, pero uno a uno, guardó sus cuerpos que aún portaban sus armaduras doradas en su inventario, con respeto absoluto.
Al llegar ante la gigantesca estatua de Athena, el aire cambió.
Una bruma luminosa descendió, y de ella emergieron tres figuras espectrales: Athena.
Poseidón.
Hades.
—Pilar Omniversal… —dijeron los tres a una sola voz.
Todos se tensaron.
Sholan, en cambio, bajó la cabeza con respeto.
—¿Qué ocurrió aquí?
—Todo el universo murió —dijo Hades—.
Fui ciego, incluso para ser un dios… Yo quise purificar la Tierra con la muerte… borrar el pecado extinguiendo a los que lo cometen, silenciar el dolor apagando todos los corazones.
Pensé que, si todo dejaba de latir por fin habría paz.
Pero ahora lo comprendo: sin vida, no hay muerte.
Al aniquilarse todo, se borra mi razón de existir.
La muerte… no puede reinar sobre un mundo muerto.
Vimos extinguirse todo y así nosotros… caímos también.
Athena habló, su voz triste pero digna: —Una niebla oscura llegó desde las profundidades del universo.
No tuvimos tiempo de reaccionar.
Ni siquiera nosotros como dioses… pudimos detenerla.
Poseidón asintió lentamente.
—No pudimos detenerlo… pero tú como Pilar Omniversal sí podrá hacerlo.
Por eso te rogamos… protege la vida que amamos.
Sholan respiró hondo.
Dio un paso al frente.
—Entonces… dennos su legado.
Denme el Santuario, el Templo Submarino y la Barrera de Hades.
Los protegeré.
Y los usaré para evitar que esto suceda de nuevo.
Los tres dioses intercambiaron miradas.
—De acuerdo —dijo Athena—.
No dejaremos que nuestro fin sea inútil.
Athena creó una esfera de luz dorada, y la colocó en las manos de Sholan.
—El Santuario ahora será tuyo.
Le he imbuido el último aliento de mi Cosmo.
Estará siempre bajo tu protección.
Poseidón le entregó una esfera azul: —El Templo Submarino también te pertenece.
Protege las aguas.
Hades, pálido y debilitado, se arrodilló y creó dos esferas violetas: —Una para la barrera del Santuario.
Otra para el Templo.
Te las confío.
Los tres comenzaron a desvanecerse.
Antes de desaparecer, Poseidón y Hades le pidieron a Sholan, con solemnidad: —Vénganos.
Venga a nuestro universo.
Athena, antes de irse, le colocó una mano espectral sobre el pecho.
—Protege la vida.
Como lo harías con los que amas.
Y se desvanecieron.
Sholan guardó las cuatro esferas en su inventario, y sin perder tiempo, abrió un nuevo portal.
Cuando cruzaron de vuelta a Villa Loriana, solo habían pasado unos segundos.
—¿Qué fue eso…?
—preguntó Natasha, aún impresionada.
—¿Quiénes eran esos tres?
—añadió Clint.
Fury fue directo: —¿Qué es eso de “Pilar Omniversal”?
Los tres lo dijeron.
Sholan se encogió de hombros con una sonrisa leve.
—Ni idea.
Yo solo quiero desayunar.
Fury rodó los ojos.
Pero entonces Sholan se puso serio.
—Aunque los llamé por otra razón.
Se giró lentamente hacia Natasha.
—El Red Room aún está activo, Natasha.
Natasha se quedó helada.
El silencio volvió a llenar la sala.
Pero esta vez… no era por miedo.
Era por lo que vendría.
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