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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 398

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  4. Capítulo 398 - 398 El Santuario Renacido
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398: El Santuario Renacido 398: El Santuario Renacido Sholan observó unos segundos más cómo Strange y los monjes de Kamar-Taj trabajaban en la estabilización mágica del Templo Submarino.

El océano alrededor se agitaba con calma, como si la misma naturaleza sintiera el equilibrio regresar lentamente.

Con un suspiro sereno, se giró hacia Wanda y Natasha, que conversaban a unos metros.

Extendió la mano y les sonrió.

—Hora de irnos.

Las tres figuras desaparecieron en un instante, envueltas en una onda de luz suave.

Reaparecieron en la playa privada de Villa Loriana, donde el cielo matinal resplandecía con promesas de un nuevo día.

Sholan no perdió tiempo.

Sin previo aviso, se teletransportó directamente a la oficina de Nick Fury.

—¡¿Sholan?!

—exclamó Fury, al borde de derramar su café.

La ventana tembló por el súbito cambio de presión mágica—.

¡¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de aparecer así!?

—Una más —respondió Sholan con una sonrisa mientras le ponía una mano en el hombro—.

Vamos a dar un paseo.

Fury apenas tuvo tiempo de gruñir antes de que ambos desaparecieran, reapareciendo en la playa, justo al borde de la arena blanca y el mar turquesa.

Natasha y Wanda ya estaban esperándolos.

—¿Dónde diablos estamos ahora?

—bufó Fury, mirando a su alrededor, claramente irritado.

—Esta es mi playa privada —respondió Sholan, ignorando la molestia—.

Pero no estamos aquí por eso.

Señaló hacia una parte del océano en la distancia.

Desde ese punto invisible a simple vista, Sholan sacó dos esferas de su inventario: una dorada, cálida y brillante, entregada por Athena; y otra púrpura con matices oscuros, la segunda y última de Hades.

Fusionó ambas esferas con un movimiento fluido y las arrojó al océano, hacia un punto específico que solo él había detectado gracias a su Haki de Observación.

La reacción fue inmediata.

Una columna de luz se elevó desde el mar, y la tierra tembló suavemente.

Desde las profundidades emergió una isla gigantesca, de 2 km de ancho, 5 km de largo y 450 metros de elevación, surgiendo del mar como si siempre hubiese estado allí, esperando a ser despertada.

—Bienvenido a tu nueva base, Fury.

—Sholan voló de inmediato hacia la isla, aterrizando directamente sobre el antiguo Cabo Sunion, el centro del Santuario de Athena.

El aire se volvió más denso, como si una energía ancestral impregnara cada partícula.

Sholan supo de inmediato que sus sospechas eran ciertas: el Santuario conservaba la misma regla de siempre.

Aquí no se podía volar sin el permiso de Athena.

Sonrió.

Camino hasta lo que alguna vez fue el campamento de las Amazonas.

Allí, con un gesto, abrió un portal que conectaba directamente con la playa.

Del otro lado, Wanda, Natasha y Fury lo cruzaron.

Todos quedaron en silencio.

Frente a ellos se extendía una ciudadela griega perfecta: construcciones de mármol blanco, columnas esculpidas con símbolos dorados y una sensación de paz latente.

A lo lejos, una muralla blanca separaba el pueblo exterior de la Zona Sagrada.

—¿Dónde estamos… exactamente?

—preguntó Fury, con el ceño fruncido.

—En el Santuario de Athena —dijo Sholan—.

Esta será la nueva base de los Vengadores.

También una sede para S.H.I.E.L.D.

Y el hogar de los chicos de la Isla de los Perdidos.

Aquí estarán a salvo.

Aquí tendrán un futuro.

—Esto es demasiado…

—susurró Wanda, notando de inmediato la diferencia en el aire—.

El ambiente… parece moribundo.

—Porque lo está —dijo Sholan con seriedad—.

Este planeta estaba muerto.

El cosmos lo abandonó.

Solo la estructura sobrevivió… pero el corazón del mundo se apagó hace tiempo.

Este será su nuevo propósito.

Fury miró los edificios a la distancia.

—Puedo trabajar con esto.

Tiene todo lo que necesitamos.

—No has visto nada aún —dijo Sholan.

Se dirigió hacia las Doce Casas del Zodiaco, llevándolos a todos.

Frente a cada una, Sholan sacó las armaduras de oro en forma Object, colocándolas en sus posiciones originales.

Luego, uno por uno, fue sacando los cuerpos de los Santos de Oro, que aún mantenían su esencia.

—Surjan.

Las sombras se levantaron.

No eran cadáveres, no eran espíritus.

Eran soldados sombra, silentes pero imbuidos con la esencia de sus antiguos dueños.

No portaban armaduras, pero su aura era fuerte.

Uno por uno, caminaron hacia las casas correspondientes y reclamaron sus armaduras.

Sholan observó cómo en la Casa de Aries, el primero se arrodilló frente a él.

Una pantalla del sistema se desplegó: “¿Deseas otorgar nombre a tu General de Élite, Soldado Sombra?” —Mu de Aries —dijo Sholan sin dudar.

El soldado recibió el nombre y habló con una voz profunda: —Gracias, señor.

Me honra seguir protegiendo este mundo bajo su mando.

Sholan sonrió.

Así continuó por cada casa: Tauro: Aldebarán, Géminis: Saga, Cáncer: Manigoldo, Leo: Regulus, Virgo: Asmita, Libra: Dohko, Escorpio: Milo, Sagitario: Sisypho, Capricornio: Shura, Acuario: Camus y Piscis: Albafica.

Finalmente llegaron a la Sala del Patriarca.

Sholan no colocó ninguna sombra allí.

—Ya tengo a la persona indicada para ese puesto —susurró.

Caminaron hasta la Estatua de Athena, la Fuente de Athena y las residencias ocultas.

Sholan explicó que esa fuente tenía la capacidad de acelerar la recuperación de energía y cuerpo.

—Este es el corazón del Santuario.

Solo puede alcanzarse atravesando las Doce Casas y venciendo a cada guardián.

Cada uno… puede moverse a 300,000 km por segundo.

—Eso es la velocidad de la luz —murmuró Natasha, incrédula.

—Exacto —asintió Sholan.

Antes de marcharse, Sholan los llevó de nuevo frente a la estatua.

—Wanda, necesito un favor.

Dale un poco de tu sangre a la estatua Ella asintió sin preguntar.

Usó su poder para que varias gotas de su sangre flotaran y tocaran la estatua.

La estatua brilló en dorado pálido.

—Ahora eres la portadora de la Armadura Divina de Athena —le dijo Sholan—.

Solo la usarás cuando el tiempo sea propicio.

Wanda bajó la cabeza, profundamente honrada.

Todos bajaron de las Doce Casas, Wanda y Natasha observaban en silencio la estructura majestuosa del santuario.

El aire olía a mar, a piedra antigua… y a nuevos comienzos.

Sholan se detuvo a su lado, cruzando los brazos con expresión seria.

—¿Y bien?

—preguntó Natasha, sin apartar la vista del horizonte—.

¿Por qué todo esto?

Sholan guardó silencio unos segundos antes de responder.

—Porque quiero que este lugar… sea más que una base.

Quiero que sea un refugio.

Un hogar para quienes nunca tuvieron uno.

Natasha lo miró.

—¿Las Viudas Negras?

—susurró.

Sholan asintió.

—Las que siguen vivas, las que han sido liberadas, las que aún están perdidas.

Todas merecen algo más.

Algo mejor.

Un lugar donde nadie las use, donde puedan sanar… y vivir.

Wanda se acercó, conmovida por sus palabras.

—Es hermoso lo que estás haciendo —dijo en voz baja.

Natasha respiró hondo.

Su expresión se endureció un poco, como si intentara contener una emoción que amenazaba con desbordarse.

—Y ¿qué sigue?

—Una trampa —respondió Sholan, con una mirada firme—.

No podemos traerlas aquí si las ratas aún rondan.

Pero ya estoy trabajando en eso.

Solo necesito unos días más.

Natasha asintió despacio, procesando cada palabra.

—Está bien.

Me quedaré con ustedes un poco más.

Quiero estar cerca cuando eso pase.

Sholan sonrió con suavidad.

—Gracias, Natasha.

Cuando llegue el momento… lo cambiaremos todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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