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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 399

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  4. Capítulo 399 - 399 Ecos de Luz Fragmentos de Eternidad
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399: Ecos de Luz, Fragmentos de Eternidad 399: Ecos de Luz, Fragmentos de Eternidad Sholan regresó a su estudio en Villa Loriana después de un día que parecía haber durado una eternidad.

El sol acariciaba el horizonte, tiñendo el cielo con tonos naranjas y púrpuras, mientras una leve brisa marina se colaba por las ventanas abiertas.

Todo estaba en calma, pero su mente seguía llena de preguntas y planes, siempre en movimiento, siempre preparando el siguiente paso.

Cerró la puerta tras de sí con suavidad y se dirigió al centro de la sala.

Con un gesto simple, abrió su inventario holográfico.

Era rutina revisar sus objetos, pero esta vez… algo cambió.

—¿Qué rayos…?

—murmuró al notar algo que no había visto antes.

Parpadeó.

Eran cinco esferas doradas que vibraban con una energía familiar.

Iba a tocarlas, pero se detuvo.

No ahora.

No todavía.

Decidió ignorarlo por el momento, aunque en su mente ya estaba anotado revisar eso más adelante.

—Cortana.

Wanda.

¿Pueden venir a mi estudio, por favor?

—llamó con voz suave, pero firme.

Segundos después, Cortana apareció primero, proyectada en su forma física, elegante y poderosa.

Wanda entró tras ella, con el cabello recogido y una bata de roja y negra Había algo en su rostro… un matiz de cansancio, de levedad… aunque su sonrisa seguía siendo la de siempre.

Sholan no dijo nada al principio.

Se giró hacia ellas, y entre sus manos aparecieron tres triángulos dorados flotantes, irradiando un poder antiguo y puro.

—¿Qué Son?

—Wanda dio un paso adelante, sintiendo el aura sagrada que emanaban.

—Son La Trifuerza de las Diosas de Hyrule.

Me las entregaron como agradecimiento por todo lo que hicimos allá —respondió Sholan con una mirada intensa.

—Pero no me las quedaré todas.

Extendió la mano hacia Wanda, y la Trifuerza de la Sabiduría se desplazó hacia ella, fundiéndose con su cuerpo en un destello cálido.

Por un instante, apareció un tatuaje dorado sobre el dorso de su mano derecha con forma de tres triángulos equiláteros dorados dispuestos para formar uno más grande, brillando intensamente en especial el triangulo inferior de la izquierda… y luego se desvaneció en su piel, como si siempre hubiera estado allí.

Wanda no dijo nada, pero su respiración se alteró levemente.

Un cosquilleo recorrió su espina dorsal, y un leve temblor sacudió su vientre.

Nadie más lo notó… pero sus dedos se crisparon, y una oleada de calor tan real como imposible de entender en ese momento, la invadió.

Bajó la vista con un parpadeo fugaz, llevándose la mano al abdomen, sin comprender por qué sintió esa punzada tan íntima, tan suave… tan viva.

—Gracias… —susurró, sin entender aún del todo el porqué de su emoción.

Luego, Sholan se volvió hacia Cortana.

—Tú, mi guardiana del caos y el orden.

La Trifuerza del Poder te pertenece.

El triángulo se posó sobre el pecho de Cortana, y durante un momento su cuerpo brilló con un fulgor dorado.

El símbolo era igual que el de Wanda, pero el triángulo que más brillaba era el superior antes de fundirse completamente.

Sus ojos parpadearon como recalibrándose, y asintió con una sonrisa controlada.

—Entendido.

Sholan asintió con orgullo.

Entonces, sin más preámbulos, extendió una pequeña caja de terciopelo blanco.

Wanda lo miró con curiosidad.

—¿Y eso?

Sholan abrió la caja.

Dentro, flotaba una gema tallada en forma de corazón con destellos dorados y carmesí que latían lentamente como si respiraran.

—El Topacio Imperial del Amor Inmortal —dijo él con tono solemne—.

Pero no es tuyo.

No en origen.

Perteneció a ella… a otra Wanda.

Es una condensación de su amor eterno, un fragmento de su alma… y del amor que me tenía… antes de que yo fuera Sholan.

Wanda lo tomó en silencio, sin temor.

Apenas la gema tocó su piel, la energía se vertió como una ola de luz líquida.

Imágenes cruzaron su mente: escenas de una vida que no era suya, pero que podía sentir.

Vio a la otra Wanda llorar por él, reír con él… y, sobre todo, amar sin condiciones.

También sintió cómo las últimas llamas del poder de esa Wanda fluían hacia ella, como si, en su despedida, el fantasma hubiera querido dejarle algo más que recuerdos.

Sus piernas flaquearon por un segundo, y se sujetó del escritorio.

Sholan estuvo junto a ella al instante, pero ella levantó la mano para calmarlo.

—Estoy bien… solo… fue muy intenso —dijo Wanda con voz baja.

Cortana fue la primera en romper el silencio.

—¿Y ahora qué sigue, Sholan?

Él miró sus manos, donde el tercer triángulo seguía flotando: la Trifuerza del Coraje.

—Ahora… —dijo mientras la Trifuerza se fundía en su mano y desaparecía con un pulso dorado—.

Ahora, protegemos este mundo… y a nuestra familia.

Y mientras los tres salían de la oficina, la noche comenzaba a ceder paso al alba.

Un nuevo día nacía… y con él, una chispa de vida que ni siquiera ellos sabían que ya estaba creciendo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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