Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 401
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- Capítulo 401 - 401 Un hogar para los olvidados un trono bajo las olas
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401: Un hogar para los olvidados, un trono bajo las olas 401: Un hogar para los olvidados, un trono bajo las olas 6 meses después, la tarde comenzaba a teñirse de oro cuando Sholan apareció sobrevolando el cielo de Villa Loriana.
Su silueta se recortaba contra la luz, majestuosa, firme, imperturbable… pero sus pensamientos eran un torbellino.
Había cumplido una promesa tras otra.
Había salvado universos enteros, enfrentado horrores que deformaban la realidad misma, y todavía, su corazón no se daba el lujo del descanso.
Hoy tenía algo que no podía dejar para mañana.
Descendió suavemente frente a las habitaciones principales de la mansión de invitados y golpeó la puerta.
—Evie, Mal, ¿pueden salir un momento?
—llamó.
Segundos después, Evie abrió con su cabello perfectamente peinado y una sonrisa juguetona.
—¿Y a qué debemos el honor?
Mal apareció a su lado con los brazos cruzados y una ceja levantada.
—No nos irás a lanzar a otra dimensión, ¿verdad?
—No esta vez —respondió Sholan con una leve risa—.
Pero sí necesito que vengan conmigo… junto con Jay y Carlos.
Evie parpadeó.
—¿También ellos?
—Sí.
Hoy… vamos a cumplir una promesa.
— Minutos más tarde, los cuatro descendientes estaban reunidos con él en la sala de portales.
Jay se ajustaba los guantes mientras Carlos bromeaba con su robot perro, Dude.
—¿Y exactamente adónde vamos?
—preguntó Carlos.
—A un lugar especial —respondió Sholan mientras abría un portal dorado.
Cuando cruzaron, sus ojos se abrieron como platos.
El aire era tibio, fragante, impregnado del aroma del mar, de flores salvajes y un bosque que respiraba vida.
Frente a ellos, una isla gigantesca se extendía más allá del horizonte.
El cielo brillaba con claridad, el pasto se mecía como seda bajo la brisa marina y una enorme muralla de mármol blanco separaba las doce colinas escalonadas que se alzaban como un santuario natural.
—¿Qué es este sitio?
—susurró Mal, sin poder creer lo que veía.
—El Santuario de Athena —respondió Sholan con solemnidad—.
Fue un lugar sagrado en un universo destruido.
Ahora… será un nuevo comienzo.
Evie lo miró con emoción contenida.
—¿Un nuevo comienzo para quién?
Sholan se giró y alzó su mano derecha.
Un aura dorada emergió de su cuerpo.
Frente a ellos, comenzaron a materializarse cientos de cartas.
Una tras otra, docenas, luego cientos de chicos y chicas de la Isla de los Perdidos tomaron forma, todos ellos antes resguardados como cartas dimensionales.
Algunos parpadeaban confusos, otros miraban a su alrededor como si no creyeran que aquello era real.
A lo lejos, se escuchaban risas, murmullos, lágrimas contenidas.
—¡Dizzie!
—gritó Evie al ver a una de sus amigas de la Isla.
—¡Zelena!
¡Benji!
¡Clove!
—Jay empezó a saludar uno por uno, mientras Carlos se abrazaba con varios de sus viejos amigos.
Sholan se mantuvo firme al frente, esperando que todos se calmaran.
Cuando por fin hubo silencio, dio un paso adelante.
—Escúchenme todos —dijo con su voz clara y fuerte—.
Este lugar… ahora es de ustedes.
No es una prisión.
No es una trampa.
Es un hogar.
Sé que fueron olvidados, abandonados, usados… pero eso se acabó.
Aquí no hay más cadenas.
Aquí, si desean quedarse, pueden hacerlo.
Y si deciden irse… también pueden hacerlo.
Los murmullos crecieron.
Algunos lloraban.
Otros se abrazaban sin decir palabra.
—Aquí tendrán comida, libertad, escuelas, paz.
Nadie volverá a usarlos —agregó Sholan—.
No son armas.
No son errores.
Son personas.
Y este es su lugar.
Un aplauso se alzó.
Luego otro.
Y sin quererlo, en segundos todos los chicos aplaudían, vitoreaban, algunos con lágrimas en los ojos.
El eco de la Isla se llenó de algo que ninguno había tenido antes: esperanza.
Mal lo miró con un nudo en la garganta.
—No sabía que esto era posible… —Sholan lo hace posible —susurró Evie, orgullosa.
— Más tarde, en la bahía de la isla mirando al mar, Sholan se encontraba de pie.
A su lado, Uma, con sus ropas de corsaria azul turquesa lo observaba con una ceja arqueada.
—¿Así que ahora soy parte de tu plan maestro, eh?
—Una parte muy importante —respondió él—.
Uma, quiero que escojas a siete miembros de tu tripulación.
Los mejores.
Pero deben aceptar por voluntad propia.
No es una orden… es una invitación.
Uma lo miró con desconfianza, pero también con curiosidad.
—¿Y qué papel jugaríamos?
Sholan sonrió.
—Gobernar los siete mares.
— Más tarde, sobre las escaleras del templo submarino de Poseidón, Uma descendía junto con sus siete elegidos: Harry Hook, Gil, Freddie Facilier, Hadie, Harriet Hook, CJ Hook y Bonnie.
Todos vestían ropajes adaptados a su estilo pirata, pero cargaban una emoción evidente por lo que estaban a punto de descubrir.
Sholan los esperaba junto a un pilar con inscripciones antiguas.
El mar se alzaba sobre sus cabezas como un cielo invertido, y la presión del océano era imperceptible gracias a las barreras protectoras del templo.
—Esto es… genial —murmuró Gil.
—¿Estamos bajo el mar?
—dijo Freddie, sacando un dado de su chaqueta por nervios.
—Este es el Templo de Poseidón —dijo Sholan—.
Y ustedes han sido elegidos por mí y por las Scales de los Generales Marinos.
Abrió su inventario y extrajo ocho armaduras marinas, las Scales.
Cada una con su diseño único, temático y poderoso.
Las colocó frente a cada uno.
—Uma, esta es la Scale de Poseidón.
La armadura resplandecía con tonos esmeralda y azul profundo.
Uma la tocó y su rostro se transformó en asombro puro.
—Esta… me habla.
—Sí —dijo Sholan—.
Las Scales eligen a quienes las usarán.
Pero también instruyen.
Les dirán dónde deben ir.
Qué pilar proteger.
Qué entrenamientos seguir.
No es solo una armadura… es un compromiso con los océanos.
Los demás chicos tomaron sus respectivas Scales como si cada una los llamara: -Harry Hook: Scale de Chrysaor.
-Gil: Scale de Caballo Marino.
-Freddie Facilier: Scale de Lyumnades.
-Hadie: Scale de Sea Dragon.
-Harriet Hook: Scale de Scylla.
-CJ Hook: Scale de Sirena.
-Bonnie: Scale de Kraken.
—Protegerán los pilares —dijo Sholan—.
Cada uno regula aspectos esenciales del mar: salinidad, presión, temperatura, oxigenación… sus deberes no son de combate, sino de preservación.
Uma, con la Scale ya puesta, lo miró de frente.
—¿Y tú qué ganas con esto?
—Nada.
Pero el mundo… el mundo gana océanos más limpios.
Más estables.
Menos caóticos.
Y ustedes… ganan un propósito.
Sholan se giró un momento.
—Pero una advertencia: tengan cuidado con Namor.
Él es el rey de Atlantis y no le va a gustar el templo.
Harry soltó una risa nerviosa.
—¿Eso es una advertencia o una amenaza?
—Un recordatorio —respondió Sholan con una sonrisa enigmática—.
Entrenen.
Protejan.
Y demuestren que pueden cambiar el destino que les fue impuesto.
Las Scales comenzaron a brillar, y una a una, se ensamblaron mágicamente en los cuerpos de sus nuevos portadores, formando armaduras marinas espectaculares.
Y en ese momento, cada uno de ellos sintió algo nuevo: Propósito.
—– Horas más tarde, mientras Uma y su escuadra comenzaban su viaje hacia los distintos pilares, Mal y Evie caminaban por los jardines de la nueva isla del Santuario.
—¿Sabes?
—dijo Evie—.
Nunca pensé que todos en la isla podrían tener un hogar.
—Ni yo —admitió Mal—.
Pero Sholan… él es algo más que un héroe.
—Es como un arquitecto de futuros —susurró Evie—.
Un creador de segundos comienzos.
Ambas se sentaron frente a una fuente en forma de constelación.
El cielo nocturno las cubría como un manto de estrellas.
—¿Crees que esto dure?
—preguntó Mal.
—Si él lo construyó —dijo Evie con una sonrisa—, entonces sí.
Porque está hecho… con amor.
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