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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 402

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  4. Capítulo 402 - Capítulo 402: El Encanto de Budapest
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Capítulo 402: El Encanto de Budapest

Pasó otro año y la brisa matutina soplaba suavemente sobre los techos de Villa Loriana, mientras el sol comenzaba a trepar perezosamente por el horizonte. Sholan observaba por la ventana de su estudio con las manos cruzadas detrás de la espalda. Wanda acababa de irse a descansar después de preparar desayuno para las niñas, y la villa por fin parecía tranquila… al menos por unos momentos.

—Cortana —dijo con voz calmada, aunque con determinación—. Redirige las comunicaciones de Natasha a Villa Loriana. No quiero que se nos pase nada de lo que suceda en su red de contactos. Especialmente lo que venga de Europa del Este.

La inteligencia artificial apareció en una proyección holográfica de cuerpo entero.

—Entendido, maestro. Detecté una actividad inusual vinculada a la Viuda Blanca. Yelena Belova. Archivos indican que entró en contacto con un gas neutralizante del agente químico de control mental del Red Room.

Sholan alzó una ceja.

—¿Envió algo?

—Un paquete. Conteniendo varios viales del antídoto. Fue enviado a Natasha Romanoff. Y llegó anoche.

Sholan asintió con gravedad. El Red Room aún era un tema pendiente… y se acercaba el momento de erradicarlo.

—¿Algún movimiento hostil?

—Sí, uno. Taskmaster. Ya está en movimiento y se dirige a interceptar a Natasha.

Sin perder tiempo, Sholan salió de su estudio. En el patio trasero, Natasha caminaba con Wanda, conversando animadamente. Sholan se acercó sin hacer ruido, y Wanda fue la primera en notarlo. Solo con una mirada de Sholan, ambos supieron que algo andaba mal.

—¿Qué ocurre? —preguntó Natasha.

—Tienes compañía no deseada —dijo él—. Vamos.

En medio del bosque que rodeaba parte de la villa, Natasha abría el paquete frente a Wanda y Sholan. Dentro, los viales del antídoto relucían con un suave tono ámbar.

—Es de Yelena —dijo Natasha, tocando uno de los viales con los dedos—. Esto puede liberar a las otras Viudas.

En ese instante, un estruendo quebró la tranquilidad. Taskmaster apareció desde los árboles, lanzándose directo hacia Natasha con una precisión letal. Pero antes de que su espada siquiera rozara a la pelirroja, Sholan se interpuso.

—Ya basta.

Con una sola mano, detuvo la espada curva, y su mirada se encontró con la del oponente. El casco negro reflejaba su rostro.

Taskmaster retrocedió. Su cuerpo imitaba perfectamente los movimientos de Natasha, Clint, incluso Steve. Pero todo era inútil. Sholan esquivó cada golpe como si estuviera viendo una danza lenta y torpe.

—¿Esa es tu mejor imitación? —preguntó Sholan, ladeando la cabeza.

Con una serie de golpes demoledores, lo desarmó, lo tiró al suelo y con una presión leve en la máscara… la rompió.

Wanda se llevó una mano a la boca.

—No puede ser…

Del otro lado de la máscara, apareció el rostro maltratado de una joven mujer. Tenía una cicatriz que surcaba parte de su rostro, pero sus ojos mostraban un miedo profundo, casi infantil.

—¿Antonia Dreykov? —susurró Natasha.

—Así es —dijo Sholan, con voz grave—. La que creíste muerta en Budapest.

Ella trató de levantarse, pero Sholan usó el fuego del Fénix que brotó de su mano derecha con un rojo dorado ardiente. El fuego envolvió a Antonia, y ella gritó por un instante… pero luego se tranquilizó. El control de feromonas se rompió.

Antonia abrió los ojos.

—¿Dónde… dónde estoy?

Wanda se acercó con delicadeza y le ofreció un espejo de mano. La joven miró su reflejo. Se quedó en silencio.

—Soy… soy yo… —dijo con voz temblorosa. Lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas—. Soy yo…

Se arrodilló en el suelo, y lloró. El peso de años de manipulación y dolor estalló en un instante.

Cuando por fin pudo hablar, se dirigió a los tres.

—Yo… mi madre murió cuando yo era muy niña. Mi padre… mi padre fue el culpable. Nunca lo quise. Cuando supe que Natasha venía por él… supe que tenía que escapar. Vi la bomba… y corrí. Pero… no fui lo suficientemente rápida.

Miró a Natasha con ojos empañados.

—No te culpo. No te odio. Solo me arrepiento… de no haber escapado del todo.

Natasha se agachó frente a ella y la abrazó. Ambas lloraron. Sholan las dejó un momento, dejando que esa catarsis sanara heridas profundas.

—

Cuando todo se calmó, Wanda se acercó a Sholan y le habló en voz baja:

—Yo me quedaré con Antonia. La ayudaré a recuperar su estabilidad.

Sholan le acarició la mejilla con dulzura.

—Confío en ti, amor. Pero cuídate, ¿sí?

Wanda asintió. Últimamente había sentido mareos en la mañana, algo de fatiga… pero no quería preocupar a Sholan por nada. Al menos, no aún.

Ambos se despidieron con un beso lento, tierno… como si el mundo pudiera congelarse por ese instante. Luego, con un chasquido de sus dedos, Sholan activó el anillo que conectaba con su carta de teletransporte y abrió un portal dorado.

—¿Lista para Budapest? —le preguntó a Natasha.

—Siempre.

Ambos lo cruzaron.

—

La ciudad de Budapest los recibió con el bullicio de la vida cotidiana. Sholan y Natasha caminaron entre la gente como si fueran solo turistas… hasta que se detuvieron en una tienda de mapas.

—¿En serio? ¿Un mapa físico? —preguntó Natasha, arqueando una ceja.

—A veces lo clásico es lo mejor —respondió Sholan con una sonrisa ladina.

Subieron a un viejo edificio en las afueras, lejos del centro. Allí, sobre el tejado, el viento soplaba con fuerza, agitando el cabello rojizo de Natasha.

—Aprender a volar fue de lo más difícil que me enseñaste —dijo ella, cruzando los brazos—. Pero, también, de lo más útil. Gracias.

Sholan sonrió y extendió su mano al aire. Sus Cadenas del Juicio Estelar aparecieron flotando, relucientes como hilos de luz celestial. Una de ellas brilló con un color más intenso: la Cadena del Rastreo Quantum.

—Vamos a encontrarla.

La cadena se disparó como una serpiente hecha de luz, guiándolos por varios callejones hasta un pequeño edificio de ladrillos.

—Aquí —dijo Sholan.

Entraron con sigilo. Dentro, encontraron a Yelena en una habitación mal iluminada, preparando más viales del antídoto. Apenas notó movimiento, giró bruscamente, cuchillo en mano.

—¿Quién está ahí?

—Soy yo, Yelena —dijo Natasha.

Ambas se miraron. Yelena caminó hacia ella, y sin decir nada… ¡la lanzó por los aires!

Comenzó una pelea feroz entre hermanas. Golpes, patadas, bloqueos. Era como una danza, fluida pero peligrosa. Hasta que Natasha la inmovilizó brevemente y dijo:

—¡Yelena, ya para!

—Tranquila no venimos a pelear —Dijo Sholan con su habitual despreocupación.

La más joven se giró, observando a Sholan y hablando con mucha molestia y un tono enfado en su voz.

—¿Y quién es este Adonis musculoso, culazo perfecto, Ken de carne y hueso?

Sholan se rió con fuerza ante lo incongruente de las palabras de Yelena y su actitud, Natasha suspiró profundamente llevándose una mano al rostro.

—Yelena… él es Sholan.

—¿Tu sugar daddy? —replicó, aunque con los ojos ya analizando cada músculo del saiyan—. ¿También cocina? ¿Baila? ¿Tiene un hermano?

—No, no, no, y no —dijo Natasha con fastidio—. Él es el que salvó el mundo en la batalla de Nueva York.

Yelena se quedó en silencio.

—A que viniste Natasha, el Red Room sigue activo y me están persiguiendo —dijo finalmente.

—Además… Dreykov aún está vivo.

Sholan asintió.

—Lo sabíamos. Y lo vamos a destruir. Pero no sin antes liberar a todas las viudas que podamos.

La determinación de los tres ahora estaba alineada.

Yelena se acercó al mapa.

—Hay una instalación carcelaria. Muy secreta. Al norte de aquí, en medio de una zona nevada. Y aque necesitamos a Shostakov para que nos diga la ubicación de Dreykov

Sholan ya comenzaba a visualizar la trampa.

—Lo sacaremos. Pero no hoy. Hoy, vamos a un hotel.

Yelena lo miró de nuevo y le susurró a Natasha:

—¿Está soltero?

Natasha solo suspiró pesadamente ante las excentricidades de su hermana menor. Sholan simplemente sonrió… como siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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