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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 405

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  4. Capítulo 405 - Capítulo 405: Ecos de Vida
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Capítulo 405: Ecos de Vida

El aire del hospital tenía ese aroma inconfundible a limpieza, acero y calma contenida. Las luces blancas del pasillo reflejaban un brillo suave sobre las paredes, mientras el sonido rítmico de un monitor cardíaco acompañaba el pulso de la espera.

Wanda estaba sentada en la sala de espera, con las manos entrelazadas sobre el regazo y una sonrisa nerviosa en los labios. A su lado, Pepper revisaba algo en su tableta, como si planear el próximo evento Stark pudiera distraerla de la emoción que hervía por dentro. Frente a ellas, Peggy cruzaba los brazos, paciente, con esa mirada de agente acostumbrada a mantener la calma incluso en momentos trascendentales.

—No me mires así —murmuró Wanda, intentando disimular la tensión—. Aún no sabemos nada.

—Por supuesto que no —respondió Peggy con una sonrisa suave—. Pero cuando una mujer brilla así… no hace falta un resultado para saberlo.

Pepper levantó la vista de la tableta, sonriendo.

—Y yo ya tengo en mente los tonos para el baby shower, si es que estoy en lo correcto.

Wanda la miró con una mezcla de risa y resignación.

—Pepper… aún no hay nada confirmado.

—Y aun así —interrumpió Peggy —, has tenido antojos extraños y tu aura materna es más de 8000.

Wanda soltó un suspiro que terminó en carcajada. Su instinto mágico lo había sentido días atrás, pero no quiso ilusionarse antes de tiempo. Desde los sucesos de Musutafu y el caos que siguió, había aprendido a valorar cada instante de calma. Esta vez, sin guerras, sin profecías. Solo vida.

Una enfermera entró con la calma profesional que solo los hospitales saben mantener.

—Señora Maximoff, el doctor la atenderá ahora.

Pepper se levantó enseguida, ajustando su chaqueta. Peggy la siguió, y Wanda caminó detrás con pasos lentos. No por miedo, sino por la certeza de que estaba a punto de escuchar algo que marcaría una nueva era en su vida.

El consultorio estaba iluminado con una luz tibia. En la pantalla del ecógrafo, un campo gris parpadeaba con vida. El doctor, un hombre mayor de voz amable y mirada discreta, saludó con cordialidad.

—Buenos días, señora Maximoff. ¿Lista para los resultados?

Peggy contuvo el aliento. Pepper apretó la mano de Wanda, que ya no podía contener las lágrimas.

El doctor sonrió con calidez.

—Felicidades, señora Maximoff. Está embarazada. Y según los resultados… tiene cinco semanas.

El silencio se quebró en una explosión de risas, lágrimas y abrazos. Pepper saltó, literalmente, sujetando a Wanda entre carcajadas, mientras Peggy sonreía con una mezcla de alivio y orgullo maternal.

—Cinco semanas… —repitió Wanda en un susurro—. No lo puedo creer.

—Créelo —dijo Peggy, limpiándole una lágrima con el pulgar—. Este será el comienzo de una nueva etapa.

Pepper ya escribía algo en su tableta.

—Voy a necesitar una lista de invitados. Villa Loriana será perfecta para el baby shower. Y no acepto negativas.

—¿Baby shower? —preguntó Wanda, riendo.

—Por supuesto —dijo Peggy —. Pepper y yo lo organizaremos. Ella con el gusto… y yo con la disciplina.

Pepper asintió con un guiño.

—Lo llamaremos “Proyecto Pequeña Estrella”.

Wanda negó con la cabeza, pero su sonrisa no se borraba.

El doctor se retiró, dejándolas solas unos minutos. Wanda respiró hondo, cerrando los ojos un instante. El pulso que había escuchado seguía resonando en su mente. No como un eco… sino como una promesa.

Tomó su teléfono.

—Es hora de hacer una llamada.

En segundos, la pantalla mostraba una llamada múltiple. Primero, la voz risueña de Pietro rompió el silencio.

—¡Hermana! Justo estaba por llamarte. ¿Qué pasa?

Segundos después, las voces de Irina, Mal y Evie se unieron, brillando de emoción desde la otra línea.

—¿Wanda, cariño? —preguntó Irina—. ¿Todo bien?

Wanda sonrió, con los ojos brillando.

—Me acaban de confirmar algo importante… muy importante.

Pietro rió.

—No me digas que hay otra amenaza nivel “el fin está cerca”.

—No, Pietro… —dijo ella entre risas y lágrimas—. Estoy embarazada.

El silencio del otro lado fue tan súbito que hasta Pepper tuvo que contener la risa. Luego, el caos.

—¡¿QUÉ?! —gritó Irina—. ¡¿Voy a ser abuela otra vez?!

—¡Genial! —dijo Pietro—. La tropa aumenta y se hace realidad tu sueño hermana.

—¡Oh, dioses del multiverso! —dijo Evie entre risas—. ¡No puedo creerlo, Wanda!

—¡Esto hay que celebrarlo! —gritó Mal.

Wanda apenas podía hablar entre risas.

—Un mes y todo está bien.

Peggy, desde un lado, hizo un gesto solemne con la mano.

—Y tendrá el mejor baby shower del siglo, lo prometo.

Pepper ya estaba marcando en su agenda digital.

—No del siglo. Del milenio.

Las risas se multiplicaron. Pietro, aún incrédulo, exclamaba cosas entre la emoción y la sorpresa:

—¡Lo voy a entrenar para que corra antes de gatear!

—Pietro, ni se te ocurra —respondió Irina—. Mis nietos merecen una infancia tranquila.

—Entonces… —dijo Evie con voz melosa—, ¿qué nombres tienen en mente?

Pepper alzó una ceja.

—Esa parte aún no la discutiremos. Primero dejemos que lo digiera el futuro papá.

Wanda suspiró con ternura.

—Sí… Sholan aún no lo sabe.

—

Mientras tanto, a kilómetros de distancia, Sholan se encontraba en el patio exterior de una antigua instalación reformada en las afueras de Moscú. El viento agitaba las hojas de los pinos cercanos mientras una docena de mujeres de negro practicaban maniobras coordinadas.

Las Viudas Negras.

Desde que la Red Room cayó, Sholan había mantenido una promesa silenciosa: ofrecerles una segunda vida. Algunas habían decidido retirarse, otras querían redimirse. Y ahora, muchas de ellas tenían un nuevo destino.

—Ya tomaron su decisión —dijo una voz detrás de él. Era Yelena, apoyada en una baranda metálica, con una chaqueta de cuero y un gesto tranquilo.

Sholan asintió.

—Sí. Algunas irán al santuario. Dicen que necesitan silencio, y el templo podrá ofrecerles eso.

—Y las otras… —preguntó Yelena.

—Vendrán a Villa Loriana. —Sholan giró hacia ella, con una ligera sonrisa—. Hay espacio, seguridad… y trabajo. Quiero que la villa se convierta en un hogar para ellas.

Yelena observó a las mujeres. Algunas reían. Otras, por primera vez, hablaban sin temor.

—Nunca creí que vería esto.

—Nadie lo creía —dijo Sholan con serenidad—. Pero la red de sombras merece una luz.

Una de las viudas, Anya, se acercó con una sonrisa tímida.

—Villa Loriana… suena a lugar tranquilo.

—Lo es —respondió Sholan—. Y Wanda estará allí. Estoy seguro de que les agradará.

Cortana apareció en su forma física junto a él, proyectando hologramas del plano de la villa: nuevas alas de entrenamiento, habitaciones privadas, áreas médicas y una biblioteca.

—Todo estará listo en tres días. Las habitaciones ya están siendo preparadas.

Mientras las Viudas se organizaban, una ligera vibración recorrió el aire. El comunicador de Sholan parpadeó, mostrando un mensaje entrante. Lo leyó, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

«Wanda Maximoff: Tenemos que hablar en casa. Es importante.»

Sholan guardó el dispositivo, mirando el horizonte teñido de naranja por el atardecer y alzó el vuelo al instante.

Y mientras en Villa Loriana Pepper y Peggy planificaban el baby shower más elegante del siglo, Wanda sonreía frente al espejo, tocando su vientre con ternura.

—

Wanda estaba junto a la ventana del salón, mirando hacia el camino que conectaba la villa con el bosque. Su mano descansaba sobre su vientre, con una sonrisa que apenas podía ocultar. Había estado ensayando mentalmente cómo decirle la noticia a Sholan desde que saló del consultorio. Cada vez que lo imaginaba, su corazón latía más rápido.

Cortana, desde el sistema holográfico que flotaba cerca, hablaba con voz suave.

—Está a menos de un kilómetro. Llegará en un minuto exactos.

Wanda respiró hondo.

—Perfecto… —dijo, aunque sus manos no dejaban de temblar un poco—. No puedo creer que esté más nerviosa que la primera vez que lo besé.

Un destello de luz azul apareció frente a la entrada de la villa. La energía se disolvió con un suave zumbido, y de ella emergió Sholan con esa calma natural que siempre lo acompañaba. Pero sus ojos, apenas la vieron, se suavizaron.

—Ya estoy en casa —dijo con voz cálida.

Wanda sonrió.

—Bienvenido, mi amor.

El silencio entre ambos era dulce, cargado de una emoción contenida. Ella dio un paso al frente. Sus ojos se encontraron. Por un momento, bastó eso: verse, reconocerse, comprender sin palabras lo que habían extrañado en medio de tanto ruido.

Sholan dio un paso más, y cuando quedó frente a ella, Wanda tomó su mano y la guió hacia su vientre.

—Hay algo que necesito contarte… —susurró.

El tiempo pareció suspenderse.

El toque de su mano sobre su abdomen fue ligero, Sholan la miró confundido al principio… luego sus ojos se agrandaron, brillando con un asombro puro.

—Wanda… —dijo apenas, su voz temblando—. ¿Estás…?

Ella asintió, con una lágrima escapando y una sonrisa luminosa.

—Cinco semanas. El doctor lo confirmó hoy.

Por primera vez en mucho tiempo, Sholan no dijo nada. Simplemente la abrazó. La envolvió con fuerza, como si temiera que el universo intentara robársela otra vez. Su frente se apoyó contra la de ella, y en un susurro apenas audible, dijo:

—Mi amor… esto es… lo más hermoso que podría habernos pasado.

Wanda sonrió, y antes de poder responder, él la besó.

No fue un beso apasionado ni desesperado, sino tierno, profundo, lleno de gratitud. Un beso que hablaba de todo lo que habían sobrevivido y de todo lo que aún construirían.

Cuando se separaron, Sholan bajó la mirada hacia su vientre y lo acarició con cuidado. Sus dedos se movieron con una delicadeza reverente, como si temiera romper algo delicado e importante.

—Así que… ya estás aquí, mi pequeña o pequeño —susurró con ternura—. Prometo que este mundo será más amable cuando abras los ojos.

Wanda rió, acariciándole el cabello.

—Si sale con tu terquedad, el mundo va a tener que adaptarse rápido.

—Y si sale con tu fuerza… el universo entero.

Ambos rieron. Por un instante, no existía más que la paz que los envolvía. Pero entonces Wanda bajó la mirada, un poco preocupada.

—Amor… hay algo que me preocupa.

Sholan levantó la vista, notando el cambio en su tono.

—¿Qué ocurre?

Wanda bajó la mirada, jugueteando con los dedos de su camisa.

—Con el embarazo… cuidar de la casa, las niñas, todo lo que pasa aquí… —suspiró—. No sé si podré con todo. No quiero que la villa se desordene ni que las niñas sientan que estoy agotada.

Por un segundo, Sholan no dijo nada. Luego, lentamente, una sonrisa apareció en su rostro. Esa sonrisa particular, ladeada, astuta, que siempre anticipaba algo entre lo ingenioso y lo imposible.

Wanda lo miró, cruzando los brazos.

—¿Qué estás tramando ahora?

Él se acercó un poco más, bajando la voz.

—Digamos que… con respecto a eso, tengo que contarte un par de cositas.

Ella arqueó una ceja.

—¿Cositas? Suena sospechoso.

—Nada ilegal —aseguró con falsa solemnidad—. Pero algunas de las Viudas han tomado una decisión.

Wanda parpadeó, sorprendida.

—¿Las Viudas?

—Sí. Después de todo lo que ocurrió, varias no quisieron volver a la vida militar. Y otras… necesitan propósito, calma. Así que decidieron venir aquí, a Villa Loriana.

Wanda lo miró sin hablar por unos segundos.

—¿Estás diciendo que vamos a tener a un grupo de exagentes de élite viviendo con nosotros?

Sholan asintió con una expresión entre inocente y encantadoramente descarada.

—Trabajando contigo, en realidad. Ayudarán con la seguridad, la cocina, el jardín… y con las niñas. Yelena supervisará todo. Dice que ya está haciendo un cronograma de tareas.

Wanda soltó una risa incrédula, llevándose una mano a la frente.

—No sé si sentirme agradecida o preocupada.

—Yo votaría por agradecida —replicó él, sonriendo—. Quiero que descanses, Wanda. Te lo mereces.

Ella lo miró en silencio, y la ternura le ablandó el gesto.

—Eres imposible.

—Y tú… inigualable —respondió él, acariciándole el rostro con suavidad.

El silencio volvió, pero esta vez estaba lleno de calma. Wanda apoyó la cabeza en su pecho, sintiendo su respiración acompasada. Afuera, el cielo se teñía de violeta y el canto de las cigarras se mezclaba con las risas lejanas de las niñas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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