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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 408

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Capítulo 408: El Rugido del Gorila Coronado

El amanecer teñía el cielo de Wakanda con un resplandor anaranjado, un color que parecía mezclar anticipación y guerra al mismo tiempo.

Ese día no era un día cualquiera.

No era un rito más.

Era el día en que se decidiría el futuro de una nación que llevaba siglos decidiendo su destino bajo el eco ancestral de los reyes pantera.

La multitud se reunía alrededor de la cascada del Guerrero. Las tribus estaban en posición, cada una con sus símbolos, su historia y su orgullo propio. Los tambores resonaban en un compás antiguo, uno que sólo los wakandianos podían entender en el hueso y en la sangre.

T’Challa descendía hacia el centro del ritual con el porte de alguien que sabía lo que debía hacer… pero no necesariamente lo que necesitaba su reino.

Shuri estaba a su lado, orgullosa y nerviosa a la vez; Ramonda se mantenía firme, aunque la sombra de la duda se le escapaba en el gesto.

T’Chaka observaba todo, apoyándose ligeramente en su bastón ceremonial, pero con el espíritu encendido.

Sabía que ese día sería distinto.

Y efectivamente lo fue.

Cuando el maestro de ceremonia anunció:

—¿Alguna tribu desea disputar el derecho al trono?

El silencio duró apenas dos segundos.

Luego, un rugido cortó el aire.

—¡YO!

La multitud giró la cabeza.

M’Baku apareció caminando con paso firme. Su presencia imponía. Ya no tenía la arrogancia de antaño. Caminaba como alguien que sabía exactamente lo que defendía… y a quién serviría.

Los guerreros Jabari golpearon sus lanzas contra el suelo.

El eco se esparció como un trueno.

T’Challa tragó saliva.

Sabía lo que venía.

Había entrenado, sí… pero había algo distinto en la manera en la que M’Baku se movía.

Más centrado.

Más fuerte.

Más… gobernante.

T’Challa dio un paso adelante.

—M’Baku, ¿estás seguro de este camino?

—Más seguro que tú de tu futuro —respondió M’Baku, con voz profunda.

No era burla.

No era desprecio.

Era una declaración de realidad.

Los ritualistas ofrecieron la copa que anulaba la fuerza de la Hierba Corazón. T’Challa la bebió sin dudar. M’Baku hizo lo mismo.

Los tambores comenzaron.

Y la batalla comenzó.

Al principio parecía equilibrada, como en la historia original que los wakandianos conocerían años después.

Pero esta vez era diferente.

M’Baku no era el hombre impulsivo que había sido siempre.

Sus golpes eran certeros.

Sus movimientos calculados.

Medía las distancias.

Leía la intención antes del movimiento.

T’Challa, aunque habilidoso, era superado en fuerza, resistencia y visión estratégica.

Cada golpe que lanzaba era respondido con el doble de impacto por M’Baku.

La multitud lo veía.

T’Challa retrocedía.

M’Baku avanzaba.

—¡Ríndete, príncipe! —rugió el Jabari, bloqueando un golpe y derribándolo con facilidad.

T’Challa se levantó, jadeando, intentando recuperar el ritmo.

Pero M’Baku lo tomó del brazo, lo giró en el aire y lo estampó contra el suelo con una fuerza que hizo temblar las piedras de la cascada.

El silencio fue absoluto.

El agua seguía cayendo.

Pero nadie respiraba.

T’Challa quedó tendido, con un hilo de sangre en el labio.

Sin embargo, se levantó.

Terco.

Valiente.

Héroe hasta el final.

Avanzó una última vez.

M’Baku lo esquivó, lo sujetó por el cuello, lo elevó… y lo dejó caer de rodillas.

T’Challa exhaló. Cerró los ojos.

—…Me rindo.

Los tambores resonaron con fuerza.

El maestro de ceremonias levantó los brazos.

—¡M’Baku, líder de la Tribu Jabari, ha reclamado el trono de Wakanda!

Las tribus murmuraron.

Algunas sorprendidas.

Algunas incómodas.

Otras… satisfechas.

M’Baku se quedó en el centro del círculo.

Respiró profundamente.

Y cuando el ritualista mayor extendió la copa con la Hierba Corazón, M’Baku dio un paso atrás.

—No la beberé.

—¿Rechazas el don de la Pantera? —preguntó el maestro.

—No rechazo a Bast —dijo M’Baku—. Rechazo la idea de que el rey y pantera deban ser la misma voz.

El silencio se volvió aún más absoluto.

—Wakanda necesita equilibrio —continuó—. Un solo poder absoluto crea debilidad. Controlar el trono y la bendición divina… es demasiado para un solo hombre. Por eso crearé un contrapeso a mi reinado.

Las tribus escuchaban, algunas con asombro, otras con aprobación.

—Desde hoy —declaró M’Baku— Wakanda tendrá un Héroe Guardián. Y ese guardián será la Pantera Negra. Solo él podrá beber la Hierba Corazón. Solo él será la mano de Bast. Y ese guardián será T’Challa.

T’Challa levantó la mirada, sorprendido.

—La princesa Shuri seguirá siendo princesa. La reina Ramonda seguirá siendo reina. La realeza no es solo un trono. Es la esencia de un pueblo.

El aplauso comenzó lento.

Luego más fuerte.

Las tribus entendieron lo que M’Baku hacía:

-Evitaba quitarle el honor a la familia real.

-Creaba balance político.

-Evitaba concentración de poder.

-Fortalecía la figura del héroe de Wakanda.

Un rey fuerte.

Un poderoso héroe.

Un sistema sólido.

—

Flashback: dos años atrás

Dos años atrás Sholan había transportado a M’Baku a una cueva en las montañas y gracias a la carta máquina del tiempo viajaron al pasado, la cueva era aislada e impenetrable.

M’Baku jadeaba después de recibir un golpe en la quijada.

No era un golpe normal.

Era el golpe de alguien que sabía exactamente cómo romper orgullo sin romper espíritu.

Un clon perfecto de Sholan —creado con la carta Duplicado de Clon— se limpiaba la sangre del nudillo.

—Otra vez.

—¡Estoy cansado! ¡Llevamos semanas con esto! —gruñó M’Baku.

—Meses —corrigió el clon—. Y seguirás cansado hasta que aprendas a pensar antes de golpear.

M’Baku cargó con furia.

El clon lo dejó pasar, lo tomó del brazo, lo derribó y le torció la muñeca de una manera que lo hizo gritar.

—La fuerza sin cabeza es ruido —dijo el clon—. El reino necesita música.

Día tras día discutieron política.

Sistemas de gobierno.

Estrategias.

Diplomacia.

Ética.

Decisiones imposibles.

Se enfrentaron a acertijos que exigían paciencia.

Casos judiciales.

Simulaciones diplomáticas.

Conflictos entre tribus.

Cada vez que M’Baku recurría a fuerza o gritos, el clon lo derribaba sin esfuerzo.

Poco a poco, el Jabari aprendió a escuchar.

A observar.

A responder sin rabia.

Sus golpes se hicieron más precisos.

Su mente más clara.

—¿Por qué me haces esto? —preguntó M’Baku una noche.

—Porque T’Challa tiene madera de héroe —respondió el clon—. Pero Wakanda no necesita solo héroes. Necesita un rey que pueda cargar con decisiones que ni los héroes quieren tocar.

M’Baku guardó silencio.

Y por primera vez… entendió.

Fin del flashback

—

La ceremonia terminó con el rugido unificado de todas las tribus.

M’Baku, ya coronado, levantó el brazo en señal de fuerza.

T’Challa se puso de pie como la nueva Pantera Negra.

T’Chaka miró a ambos con un orgullo solemne.

—

Mientras Sholan estaba en su oficina de Villa Loriana, el comunicador vibró dos veces.

Era T’Chaka y M’Baku, ambos en la misma holografía.

—Sholan —comenzó T’Chaka—. M’Baku me contó y lo que hiciste hoy… cambió el futuro de Wakanda.

M’Baku bajó la cabeza con respeto.

—Te debo mi gratitud… y te debo mi reino.

Sholan sonrió apenas.

—Solo hice lo que era necesario.

—No —respondió T’Chaka—. Hiciste lo que era correcto.

M’Baku agregó:

—Y por eso Wakanda será más fuerte que nunca.

Los dos reyes, el saliente y el entrante, inclinaron la cabeza.

—Wakanda te agradece, hermano Sholan —dijeron al unísono.

La llamada terminó y Sholan apagó el dispositivo.

Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió sentir que el mundo estaba moviéndose hacia un lugar mejor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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