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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 409

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Capítulo 409: Ondas en el Reino Cuántico

Mientras Wakanda vivía un cambio político que resonaba como un tambor antiguo, Villa Loriana seguía bañada por la calma.

O al menos, por esa calma particular que existía alrededor de Sholan: la clase de quietud que solo puede tener quien vigila cien futuros posibles al mismo tiempo sin moverse del lugar.

En la terraza, mientras Wanda tejía una pequeña manta color burdeos, Sholan observaba el horizonte… o más bien, algo que estaba infinitamente por debajo de él.

—Tus ojos están demasiado quietos —dijo Wanda suavemente—. Eso significa que estás viendo algo que no está aquí.

—Estoy vigilando un punto que no debería existir… pero podría —respondió Sholan.

Wanda ladeó la cabeza.

—¿Podría?

—En algunos universos de Marvel hay un virus cuántico que convierte cuerpos en contenedores hambrientos. No sé si estamos en uno de esos universos… así que estoy cubriendo bases.

Wanda sonrió con ese aire cálido que siempre desarma sombras.

—Eres tan protector que hasta los universos alternos deben sentirse observados.

Sholan no negó nada.

Solo estrechó su mano.

Los Ojos del Infinito se enfocaron más allá de lo diminuto, entrando en el Reino Cuántico, donde Hank Pym, Hope Van Dyne y Scott Lang realizaban maniobras tan delicadas que cualquier error podía desencadenar un desastre.

Sholan no intervenía.

No manipulaba nada.

Solo vigilaba… Por si acaso.

Veía el hilo microscópico donde, en otros universos, el virus corría como un rumor asesino.

Pero aquí…

no había rastro alguno de corrupción, ni anomalías, ni una pizca de energía incompatible.

Solo ciencia.

Solo familia intentando reunirse.

Y eso bastó para que Sholan soltara un suspiro silencioso.

—¿Todo bien? —preguntó Wanda.

—Hasta ahora sí. Esta vez Janet está limpia. No hay señales de virus ni puertas alternativas tratando de abrirse.

—Entonces… lo que temías no es parte de este mundo.

—Exacto. Pero preferí asegurarme, sobre todo ya que debo asegurarme que nuestro paquetito de alegría pueda nacer sin riesgos que lo/la pongan en peligro

Y así, los eventos siguieron el curso natural de la historia que nadie en la superficie imaginaba:

Scott haciendo de las suyas entre genialidad y torpeza.

Hope cargando con más de lo que mostraba.

Hank rompiendo límites científicos.

Janet encontrando su camino de regreso.

Todo fluyó limpio.

Sin grietas cuánticas peligrosas.

Cuando todo terminó y el equipo se retiraba, una figura quedó rezagada, moviéndose como si cada molécula de su cuerpo peleara por mantenerse unida:

Ava Starr. Ghost.

Su cuerpo vibraba, fluctuaba, amenazaba con desarmarse en un suspiro.

Sholan dio un paso.

Un parpadeo.

Una decisión silenciosa.

Y Ghost desapareció del muelle donde se escondía.

Nadie se dio cuenta.

—

Ava despertó tendida sobre una cama suave, respirando como un animal herido.

Sus huesos parecían de vidrio.

Su piel, humo.

Su existencia, un tirón constante entre dolor y nada.

Hasta que escuchó una voz tranquila:

—Tu fase es inestable. Necesitas descanso. Y ayuda.

Ghost giró la cabeza.

Sholan estaba frente a ella, de pie, irradiando una calma que rozaba lo inquietante.

—¿Dónde estoy? —preguntó con desconfianza.

—En un lugar donde ya no tienes que huir.

Ella intentó levantarse; su brazo vibró desde el hombro hasta la mano, desfasándose en varias imágenes.

—Si me trajiste aquí para encerrarme… mátame mejor.

Sholan negó con suavidad.

—Te traje para curarte.

Ella abrió los ojos, incrédula.

—Eso no existe para mí.

—Hasta hoy —corrigió él—. Si lo deseas, puedo estabilizarte. Curarte. Y dejarte tus poderes sin riesgo de morir por ellos.

El corazón de Ghost —o lo que quedaba vibrando de él— dio un salto.

—¿Por… qué harías algo así?

—Porque necesito gente. Personas leales. Preparados. Y tú querida eres perfecta para el tipo de misiones que tengo en mente. Si trabajas para mí, te ayudaré. Sin cadenas. Sin laboratorios. Sin “suprimir síntomas”. Te curaré por completo.

Ava se quedó en silencio.

El deseo de aceptar peleaba contra el miedo de confiar.

Finalmente, susurró:

—Acepto.

Sholan asintió.

Fue entonces cuando las viudas-maids entraron en escena.

Yelena, con una sonrisa de travesura pura:

—Perfecto. Ven, fantasmita. Vamos a arreglarte… como solo nosotras sabemos.

Melina, más maternal pero igual de letal:

—Tranquila. Vas a estar mejor que nunca.

Claire cruzó los brazos.

—O mueres intentando. Pero no te preocupes: casi nadie muere.

Cammy pasó con una tablet, seria como siempre:

—Tienes habitación, dieta, rutina, entrenamiento y trabajo asignado. Sobrevive a la semana y ya eres parte de la familia.

Ghost miró a todas sin procesar.

—¿Son… siempre así?

—Los lunes son peor —dijo Yelena.

Las viudas rieron y escoltaron a Ava hacia su nueva vida.

Una vida que no dolía al respirar.

—

Una noche tranquila

Sholan volvió con Wanda, que bebía té caliente mientras la luna iluminaba su perfil.

—Y… ¿Lo del virus? —preguntó ella.

—Una posibilidad descartada —respondió él.

Wanda apoyó su cabeza en su hombro.

—Entonces hoy dormimos tranquilos.

Sholan sonrió.

—Hoy, sí.

Y mientras Ghost se integraba a su nuevo hogar y el Reino Cuántico se quedaba quieto, Sholan sintió que una línea de peligro se había cerrado sin necesidad de luchar.

A veces, vigilar era más importante que golpear.

Ghost —Ava Starr— caminaba con pasos inseguros por el pasillo de Villa Loriana.

Las luces eran cálidas, los pisos firmes, el ambiente limpio… demasiado limpio para alguien que llevaba años existiendo en un cuerpo que nunca terminaba de estar completo.

Las Viudas-Maids avanzaban como una escolta militar, con una sincronía que intimidaba incluso a alguien acostumbrada al caos cuántico.

—Relájate —comentó Yelena, dándole un leve codazo—. No te vamos a matar… todavía.

Claire se tapó la cara.

—¿Por qué dices esas cosas?

Cammy, imperturbable, revisó su tablet.

—Técnicamente, estadísticamente, hoy no morirá nadie.

Melina la miró resignada.

—Eso no ayuda, Cammy…

Ghost tragó saliva.

—¿Estadísticamente…?

Antes de recibir respuesta, las puertas de la sala de entrenamiento se abrieron suavemente.

Dentro, Sholan esperaba sentado en posición de loto.

Sus ojos brillaban ligeramente.

No por poder… sino por decisión.

—Ava —dijo con voz calma pero profunda—. Antes de entrenar, hay algo que debemos hacer.

Las Viudas se alinearon a los bordes de la sala, como guardianas silenciosas.

Ava respiró temblorosa.

—¿Mi… cura?

—Sí. Pero no es una cura común. No es medicina. No es tecnología. Tampoco es magia simple. —Sholan extendió la mano—. Es fuego.

Una esfera pequeña, del tamaño de un arándano, apareció sobre su palma.

Fuego vivo.

Fuego inteligente.

Fuego que no irradiaba calor… sino propósito.

Ghost retrocedió instintivamente.

—Eso no es normal.

—No lo es —confirmó Sholan.

La esfera ardía con un tono entre dorado y carmesí.

—¿Qué… qué es eso? —preguntó Ava con un nudo en la garganta.

—Es una chispa de vida—respondió Sholan.

—Esta esfera no cura suavemente. Purifica quemando lo que está mal. Es destrucción… y luego renacimiento. La paradoja que sostiene la existencia.

Wanda —que había entrado discretamente, como quien observa a una hija siendo valorada por primera vez— habló desde un rincón:

—Nadie que haya sido tocado por eso vuelve a ser la misma persona… pero sí vuelven completos.

Ava apretó los puños.

—¿Qué tengo que hacer?

Sholan extendió la esfera hacia ella.

—Trágala.

Ava se quedó blanca.

—¿QUÉ?

Yelena murmuró:

—Ahora sí se va a morir.

Melina le pegó en la nuca.

—¡Cállate Yelena!

Sholan se acercó lentamente a Ava.

—Escúchame. Tu cuerpo ya vive entre fases. Estás desfasada, dividida, incompleta. Esta esfera de fuego quemará todo aquello que te está fragmentando. No te destruirá a ti… destruirá lo que te impide ser tú.

Ava cerró los ojos.

Un pensamiento cruzó su mente:

*Ya viví demasiadas veces muriendo un poco cada día… si esta es la última, que valga la pena.*

Abrió los ojos.

—Hazlo.

Sholan colocó la esfera frente a sus manos.

Ghost la tomó con un suspiro tembloroso…

…y la tragó.

Inmediatamente su cuerpo comenzó a temblar.

No como antes, no como vibraciones cuánticas.

Esto era distinto.

Dolor puro.

Dolor real.

Dolor antiguo.

Ava gritó.

Se dobló.

Cayó de rodillas.

Su piel comenzó a fracturarse como porcelana quebrada.

Líneas doradas corrían entre las grietas, como si un sol interno quisiera salir.

Wanda murmuró un hechizo de amortiguación psicológica, pero Sholan levantó la mano:

—No intervengas. La fuerza del Fénix sabe lo que hace.

El fuego se extendió bajo la piel de Ava como un río de lava.

Las moléculas vibraron, se separaron, se rompieron, se reacomodaron.

La sala entera resonó.

Ava gritaba.

Gritaba como si se partiera en mil pedazos. Porque, literalmente, eso estaba ocurriendo.

Melina cerró los ojos con dolor.

—Es una niña… está rompiéndose…

Sholan respondió sin perder la calma:

—El Fénix no destruye personas. Destruye heridas.

Las grietas se abrieron.

Luz pura salió del interior.

Ava quedó suspendida en el aire, flotando, ardiendo sin quemarse, brillando sin desvanecerse.

Una última exhalación atravesó la sala.

Y su cuerpo estalló en luz.

Una muerte sin cadáver.

Una desaparición sin vacío.

Una destrucción sin pérdida.

Un silencio absoluto siguió.

Las partículas doradas descendieron lentamente, como cenizas de un sol que se apaga.

Y entonces…

Una figura comenzó a formarse de nuevo.

Ava Starr.

Pero no vibraba.

No temblaba.

No estaba fragmentada.

Renacía desde dentro.

Renacía completa.

Renacía… viva.

Ava cayó sobre el tatami, jadeando, cubierta en sudor pero intacta.

Wanda corrió hacia ella.

—Ava, respira. Respira despacio.

Ghost abrió los ojos.

Y por primera vez desde niña… no sentía dolor.

Tocó su propio brazo, su propia piel y no se desfasó. No se quebró, no se deshizo.

—Estoy… sólida —susurró, incrédula—. No duele. No… duele.

Sholan la ayudó a sentarse.

—Bienvenida a tu vida real.

Ava lo miró.

Y rompió a llorar.

Lágrimas limpias, humanas, completas.

Melina la abrazó por detrás con delicadeza.

Yelena dio una palmada.

—Perfecto. Ya lloró. Ahora sí podemos entrenarla.

Claire añadió:

—Tengo un uniforme listo. Negro, elegante y resistente a explosiones… por si acaso.

Cammy marcó algo en la tablet.

—Entrenamiento físico: mañana a las 5 AM. Evaluación táctica: después del almuerzo. Rutina de respiración: a las 9 PM.

Ava rió entre lágrimas.

—¿Esto… es normal aquí?

Yelena contestó con total seriedad:

—No. Aquí somos peores.

Las Viudas-Maids la rodearon como un nuevo miembro del escuadrón.

Una compañera.

Y mientras la llevaban fuera de la sala, Ava miró una última vez a Sholan.

—Gracias.

Él solo respondió con un asentimiento.

—

Esa noche Wanda apoyó la cabeza en el pecho de Sholan mientras descansaban en el balcón.

—Ese fuego… siempre me sorprende —dijo ella.

—El Fénix destruye lo que sobra —respondió él—. Nada más. Nada menos.

—Y ahora Ava está viva —dijo Wanda, acariciándose el vientre—. Completa. No cualquiera puede presumir haber renacido literalmente.

Sholan sonrió mientras acariciaba su barriga.

—Y pensar que hoy no tenía planeado traer nada a casa…

Wanda rió suavemente.

—Últimamente traes muchas cosas a casa.

—Solo las que valen la pena.

Ella lo besó lentamente, dejando el mundo afuera.

Ava dormía tranquila por primera vez en años mientras que las Viudas-Maids planeaban su brutal entrenamiento matutino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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