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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 411

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Capítulo 411: Bautismo en la Tempestad Doméstica

Ava despertó temprano.

Demasiado temprano.

No porque quisiera.

Sino porque, al abrir los ojos, encontró a Yelena mirándola desde arriba, con el pelo recogido y un delantal rosado con florecitas que no combinaba para nada con su personalidad.

—Arriba, fantasmita. Hoy comienzas tu entrenamiento real.

Ava se sentó con una mezcla de alerta y cansancio.

—¿Combate cuerpo a cuerpo?

—No.

—¿Tácticas de infiltración?

—No.

—¿Prueba de resistencia?

—Más o menos —dijo Yelena, cruzándose de brazos—. Es… la hora.

Ava parpadeó.

—¿La hora… de qué?

Melina apareció detrás, con la calma maternal de una bomba atómica que aún no explota.

—La hora del baño.

Ava frunció el ceño.

—¿Qué tan difícil puede ser bañar a un…?

La puerta del pasillo se abrió.

Y salió Sophie corriendo a velocidad Saiyan, con un vestido puesto al revés y una risa demoníacamente dulce.

—¡NOOOO ME BAÑO! ¡NOOOO ME BAÑO! ¡NOOOO ME BAÑOOOOOOO!

Detrás de ella, Celeste intentaba detenerla, pero se distrajo analizando la textura de una planta.

Esme estaba trepando la baranda del segundo piso, gritando como si fuera una batalla épica.

Phoebe se escondía detrás de Wanda para evitar ser atrapada.

Irma hacía preguntas. Muchas. Demasiadas.

—¿Por qué nos bañamos? ¿Qué pasa si no lo hacemos? ¿Los peces se bañan? ¿Y los gatos? ¿A dónde va el agua? ¿Por qué el jabón hace espuma? ¿Cuánta espuma es demasiada espuma?

Eri corría detrás de ellas con un balde en la cabeza a modo de casco.

Y Stitch, por supuesto, estaba colgado del ventilador de techo, girando como hélice viva.

Ava abrió la boca.

La cerró.

La volvió a abrir.

Y dijo:

—…esto no es real.

Claire pasó junto a ella con una carpeta en mano.

—Aquí tienes tu misión del día.

Le entregó un documento con el título:

“Ritual de Baño Familiar – Nivel 3: Tormenta Saiyan Infantil.”

Ava lo hojeó.

El documento incluía diagramas, horarios, rutas de escape y advertencias sobre objetos voladores no identificados (también conocidos como: juguetes).

—¿Esto está en serio?

—Muy en serio —respondió Cammy, que llevaba una gorra de baño y un silbato como si dirigiera un operativo de rescate—. Aquí aprenderás más sobre la vida, el caos y la paciencia que en cualquier guerra.

Wanda pasó por el pasillo y dejó un beso en la frente de Sholan, que observaba todo sentado en un sofá, con un té caliente en mano.

—¿Vas a ayudar? —preguntó Ava, con un hilo de esperanza.

Sholan negó con una sonrisa suave y peligrosa.

—Hoy estás en manos de las mejores maestras.

Wanda sonrió con ese cansancio dulce de madre que ya ha vivido esto demasiadas veces.

—Ava, cariño… esto es rutina casi todos los días.

Ava sintió la gravedad aumentar alrededor de su alma.

*Renacer fue la parte fácil*, pensó.

—

Yelena sopló un silbato.

—¡FASE 1: DETECCIÓN Y CAPTURA!

Sophie salió corriendo como una bala.

Esme gritó:

—¡ATRÁPENME SI PUEDEN!

Y saltó desde el segundo piso.

Ava corrió hacia ella instintivamente, pero Melina la detuvo de la manga.

—No. Deja que aterrice sola. Tienen huesos muy fuertes.

—¿QUÉ?

Esme aterrizó perfectamente en modo superhero landing.

Ava parpadeó.

Demasiado.

Irma la miró con curiosidad.

—¿Por qué parpadeas tanto? ¿Te duele algo? ¿Quieres que te ayude? ¿Dolió cuando renaciste? ¿Se siente raro tener un cuerpo nuevo? ¿El fuego sabía feo?

Ava tragó saliva.

—Yo… esto… ¿puedo rendirme?

—No —dijo Claire con una sonrisa casi compasiva—. Todavía no empezamos la parte difícil.

Ava escuchó un ruido metálico detrás de ella.

Se giró.

Stitch estaba con dos botellas de shampoo, agitándolas como armas duales.

—BANAAÑO.

—Eso suena a amenaza —susurró Ava.

Yelena gritó:

—¡CAMMY, FASE 2!

Cammy tocó su silbato.

En ese instante, las cinco niñas corrieron en direcciones distintas, Eri se escondió debajo de un sillón y Stitch se metió por la ventilación.

Ava abrió los brazos en desesperación.

—¡¿Cómo se supone que haga esto?!

Melina dio una palmadita en su hombro.

—Con paciencia.

Claire añadió:

—Con rapidez.

Cammy concluyó:

—Y con suerte.

—

Ava fue detrás de Sophie primero.

La niña se escondió detrás de una cortina.

Ava la levantó.

Sophie la miró con unos ojos gigantes, adorables, peligrosamente convincentes.

—¿No quieres… no sé… bañarte… por mí? —intentó Ava con suavidad.

Sophie le lanzó una mirada. Hizo puchero.

—No.

Y le mordió la mano.

Ava saltó del susto.

—¡ESA NIÑA ME MORDIÓ!

Yelena se cruzó de brazos.

—Significa que le gustaste.

Ava no sabía si sentirse halagada o aterrada.

Phoebe salió de su escondite como un gatito tímido.

—Yo sí puedo bañarme… pero solo si Mami me da un abrazo después —dijo con voz suave.

Wanda se asomó desde la cocina.

—Trato hecho.

Ava respiró.

Una victoria.

Esme pasó corriendo por encima del respaldo del sofá.

Ava la siguió.

Irma le hizo más preguntas.

Ava sudaba.

Eri la golpeó con el balde casco accidentalmente.

Ava tropezó.

Stitch le cayó encima desde la lámpara como un ninja alienígena.

Ava gritó.

Sholan sorbió su té.

—Slurp.

Wanda sonrió con ternura.

—Es tan caótico… pero tan hermoso.

—

Después de quince minutos que parecieron quince guerras:

Las niñas estaban en fila.

Stitch estaba envuelto en una toalla.

Eri se quitó el balde del casco.

Y Ava estaba sudada, despeinada y con la sensación de haber sobrevivido a un cataclismo.

Melina aplaudió.

—Muy bien, Ava. Lo lograste.

Ava jadeó.

—¿Ya terminó…?

Claire negó.

—No. Ahora viene el baño.

Ava abrió la boca para protestar…

pero Phoebe ya la estaba tomando de la mano.

—Yo te ayudo —dijo la pequeña con una sonrisa suave.

Ava sintió su corazón suavizarse.

—Gracias.

Y mientras las niñas se metían en la bañera, entre risas, salpicones y caos adorable, Ava sintió algo muy extraño:

Pertenencia.

Una sensación tan desconocida como reconfortante.

Wanda se acercó y le tocó el hombro.

—Lo hiciste bien.

Ava la miró, confundida.

—Pero… me mordieron. Me golpearon. Me cayó un alien encima. Me hicieron correr por toda la casa. Y creo que uno de ellos intentó lanzarme un zapato…

Wanda rió bajito.

—Esa es la definición de hacerlo bien.

Sholan, desde el sofá, dijo:

—Bienvenida a Villa Loriana, Ava.

Ava respiró profundamente.

Y por primera vez desde su renacer… sonrió ampliamente.

—Creo que… puedo acostumbrarme a esto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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