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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 413

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Capítulo 413: La Hora Que Cambia el Destino

El invierno se había retirado con un suspiro suave, casi tímido, dando paso a un inicio de primavera que olía a flores jóvenes y a una esperanza que parecía palpitar en cada rincón de Villa Loriana. Tres meses habían pasado desde los últimos acontecimientos importantes en el mundo… tres meses que habían movido todo el equilibrio del multiverso de forma silenciosa, casi imperceptible. Pero dentro de los límites cálidos de la villa, aquellos cambios parecían irrelevantes frente a la rutina amable que se había tejido en el día a día.

Y, en el centro de ese pequeño universo, Wanda Maximoff, ahora entrando en su último trimestre de embarazo, era el sol alrededor del cual todos giraban.

La villa vibraba de vida desde el amanecer hasta que el sol se hundía en el horizonte. Las niñas —las quintillizas— habían iniciado la primaria, lo que, para alivio de todos, había vuelto la hora del baño mucho más sencilla. Antes, cuando sus cinco años venían mezclados con hiperactividad, travesura pura, curiosidad infinita y la genética Saiyan, era necesario prácticamente un batallón completo de Viudas-Maid, hechizos de sujeción leve, supervisión de Cortana, y la paciencia infinita de Wanda para evitar que alguna terminara volando desnuda por el techo, intentando escapar del shampoo o cuestionar por qué «el agua se cae» en lugar de subir como ellas deseaban.

Ahora, aunque seguían siendo energía pura, el horario escolar las agotaba mentalmente lo suficiente para que aceptaran las rutinas sin tanta batalla. Las Viudas-Maid habían perfeccionado un ballet elegante entre champú, enjuagues y risas, y era sorprendentemente fácil mantener el baño sin que pareciera una escena postcombate.

La villa tenía ese aire de hogar que solo se consigue cuando la familia se expande, crece y sana.

Pero lo verdaderamente inesperado y profundamente hermoso había sido lo que ocurrió con Evie, Mal, Jay y Carlos.

Los cuatro habían dejado de permanecer en el Santuario por largos periodos. No porque hubieran perdido interés en los entrenamientos o en sus amigos de la isla, sino porque, para ellos, resultaba imposible alejarse de Wanda. Los chicos habían encontrado en ella —desde hacía mucho tiempo— algo que nunca habían tenido en sus mundos rotos: una figura materna segura, amorosa y paciente. Y ahora que Wanda estaba embarazada… esa conexión se había vuelto casi sagrada para ellos.

La consideraban su segunda mamá. No lo decían abiertamente —aunque Evie y Carlos eran los más transparentes—, pero lo demostraban de todas las formas posibles.

Jay solía pasar las tardes ayudando a organizar la sala de entrenamiento para que Wanda no tuviera que levantar peso.

Evie estuvo semanas enteras cosiendo y diseñando ropa holgada y hermosa para acomodar el embarazo.

Mal se dedicaba a preparar infusiones calmantes y hechizos de protección para fortalecer la energía vital de Wanda.

Carlos instaló un sistema de vigilancia mejorado mezclando tecnología Stark, magia ligera y sensores del Santuario para garantizar que «ninguna amenaza cósmica, dimensional, deslizable o idiota» pudiera acercarse sin ser detectada.

Ver todo eso… tocaba a Sholan de una manera que pocas cosas lograban. Había visto a seres de mundos destruidos abrazar segundas oportunidades, y aunque él mismo había ofrecido caminos nuevos, rara vez los veía florecer así, tan natural y tan intensamente humano.

Se sentía feliz. Genuinamente feliz. Como si cada uno de ellos —que había cargado traumas, heridas y corazones llenos de sombras—reconstruyéndose en un ambiente lleno de luz. Eso, más que cualquier poder, más que cualquier transformación Saiyan o habilidad cuántica, era lo que más le enorgullecía.

Esa tarde, tras ayudar a Wanda a acomodarse para descansar un poco —porque los gemelos comenzaban a moverse con una energía que parecía casi competitiva—, Sholan se retiró a la sala de entrenamiento. No buscaba entrenar realmente; buscaba pensar, despejar la mente, poner en orden un cúmulo de sensaciones que le habían acompañado las últimas semanas.

El vasto espacio estaba iluminado por paneles blancos suaves. Las sombras proyectadas eran largas, tranquilas, como si también ellas estuvieran observando.

Sholan se quedó quieto, respirando profundo. Se sentía… inquieto. No en un sentido negativo, sino con la sensación de que los engranajes del destino estaban moviéndose en direcciones extrañas, ligeramente desviadas de lo que él recordaba del canon original.

Ese pensamiento apenas terminó de formarse cuando una figura azulada apareció junto a él, proyectada desde la nada con precisión absoluta.

Cortana.

La IA materializada con su forma física —alta, elegante, luminosa— lo miró con una mezcla de curiosidad y suavidad.

—Te noto distraído, Sholan.

Era directa, pero no fría. Había aprendido a modular su voz para que fuera cálida cuando se trataba de él.

Sholan entrecerró los ojos levemente.

—Lo estoy. No lo niego. —Tomó aire, dejó salir el peso que guardaba—. Algo me preocupa desde hace semanas. Los eventos que conozco… no están ocurriendo en el mismo orden.

Cortana ladeó la cabeza apenas, procesando.

—Wakanda… y el rescate de Janet —continuó Sholan, cruzándose de brazos—. En mi mundo anterior, esos eventos estaban separados por años. Aquí ocurrieron casi al mismo tiempo. El universo parece seguir el guion general, pero los tiempos… los tiempos están cambiando.

Cortana caminó un poco alrededor de él, como si analizara la sala, aunque ambos sabían que solo lo hacía para ayudarlo a pensar.

—Es la autocorrección universal —explicó con calma—. El universo ajusta los eventos para mantener la coherencia interna del destino general. No está corrigiendo qué sucede, sino cuándo. Por eso las tramas pueden adelantarse o demorarse, pero nunca desaparecen. Se adaptan para sobrevivir a tus interferencias.

Sholan se quedó en silencio, meditando aquellas palabras.

Era una respuesta lógica. Una que no había considerado del todo porque estaba demasiado acostumbrado a rectificarlo todo por sí mismo. El multiverso, al parecer, también tenía voluntad.

—Entonces… —murmuró él, mirando sus manos—. ¿Los eventos seguirán ocurriendo como los conozco?

—Sí —respondió Cortana—, pero no siempre en el orden o ritmo que recuerdas. La realidad se está reajustando para coexistir contigo.

Eso lo hizo suspirar. No de cansancio, sino de alivio. Era una incógnita menos sobre su espalda.

Pero otro pensamiento, uno más profundo, surgió inmediatamente.

—Cortana…

—¿Sí? —ella respondió, aunque ya tenía la subrutina de atención al cien por ciento.

—Compra para mí la carta de Theo Ragnar… de la línea argumental Regressed Bastard of the Sword Clan.

Cortana parpadeó. Literalmente.

—¿Theo Ragnar? —preguntó confundida—. ¿Para qué quieres esa carta? Tú no posees habilidades mágicas del tipo que él maneja. Su estilo es pura manipulación interna de energía espiritual y espada mística, además es tu último espacio de personajes.

Sholan sonrió un poco.

—Precisamente por eso.

Cortana lo observó, esperando una explicación.

—La carta de Theo —explicó él—… me dará la manera de manejar mejor la energía dentro de mi cuerpo. Especialmente el poder de Antares y Ashborn. Su forma de controlar la fuerza vital y canalizarla como si fuera un hilo perfecto puede ayudarme a equilibrar mejor mis reservas cuando uso técnicas extremas. —Elevó una mano—. Y, lo más importante… actualizará y mejorará el sistema.

Cortana procesó esa información.

—Eso último sí tiene sentido —admitió—. Hay precedentes de mejoras del sistema cuando se adquieren cartas de personajes que poseen núcleos energéticos avanzados.

Lo miró atentamente—. Pero la carta cuesta la mitad de tus PQ actuales. ¿Estás seguro?

—Sí —respondió sin dudar—. Lo necesito para estar listo. No sabemos qué eventos vendrán con el nuevo orden temporal.

Cortana no discutió más. Alzó su mano y una interfaz holográfica apareció frente a ella, con cientos de líneas de código brillante y un menú de compra del Sistema.

En menos de un latido, la transacción se completó.

Una luz azul-dorada descendió sobre Sholan como si lo estuviera envolviendo. Su respiración vaciló un instante. Su ki vibró. Y su sombra se agitó suavemente, como un océano negro intentando seguir el ritmo de un corazón nuevo.

El mensaje apareció frente a él, proyectado directamente en su percepción interna:

“Carta adquirida: Theo Ragnar.”

“Integrando núcleo: Corazón del Dragón Menor…”

“Fusión cuántica con Núcleo Saiyan… Poder de Ashborn… Poder de Antares…”

“Evolución completada: Corazón del Dragón Omniversal.”

Sholan abrió los ojos.

Y todo… se sentía distinto.

El latido en su pecho era suave pero poderoso. No ardía como el corazón Saiyan tradicional, ni rugía como el núcleo de un Monarca de las Sombras. Era… preciso. Serpentino. Refinado como una espada sagrada.

Podía sentir cada gota de energía moverse dentro de él con un control casi quirúrgico.

—Interesante —murmuró.

El segundo mensaje llegó sin retraso:

“El Sistema ha evolucionado: Sistema X2.”

Cortana abrió mucho los ojos al leerlo.

—Sholan… ¿sabes lo que esto significa?

El siguiente texto holográfico completó la respuesta.

“Nuevas características disponibles:”

— Misiones de Tutorial.

— Misiones de Línea Argumental Principal.

Cortana sonrió.

—Ahora podrás anticiparte. No completamente, pero lo suficiente para tomar decisiones estratégicas antes de tiempo. Esto es… enorme.

En cuanto la integración del Corazón del Dragón Omniversal terminó de asentarse en su pecho, una tercera notificación surgió frente a Sholan, más extensa y luminosa que las anteriores.

“Actualización adicional detectada.”

“Fuente: Núcleo energético de Theo Ragnar.”

“Reestructurando el Sistema de Cartas de Equipo…”

Sholan arqueó una ceja.

—¿Qué…?

El sistema respondió antes de que pudiera terminar el pensamiento.

“Para evitar desperdicio de energía mágica, el Sistema ha transformado todas las cartas existentes al Formato XYZ.”

Cortana abrió los ojos, sorprendida.

—Eso… es enorme.

El texto continuó desplegándose, como un pergamino vivo:

“Las Cartas XYZ permiten:”

— Absorber otras cartas como materiales energéticos.

— Integrar habilidades de personajes compatibles.

— Fusión de núcleos sin pérdida de esencia.”

Sholan sintió un pequeño temblor en su sombra, como si incluso sus Generales respondieran al cambio.

“Las cartas de personajes actualmente en posesión podrán evolucionar absorbiendo otras entidades —vivas, espirituales o selladas— siempre que la compatibilidad energética sea alta.”

Cortana soltó un silbido bajo.

—Sholan… esto convierte tu sistema en algo vivo. Las cartas podrán crecer contigo. No son estáticas. No están limitadas. Son… expansiones de tu propio núcleo.

Sholan lo sentía también. Era como si el universo finalmente hubiera alineado de forma interna para él.

Era la herramienta perfecta… para proteger a sus hijas.

Para proteger a Wanda.

Para proteger lo que estaban construyendo.

Respiró hondo, ajustando su energía, disfrutando de la sensación renovada en su cuerpo. La técnica Shometsu, por ejemplo, ya no se sentía como una sentencia de cansancio extremo. Su corazón omniversal regulaba el flujo con una precisión sorprendente. Era como pasar de manejar un río descontrolado a sostener un hilo de seda.

Estaba a punto de comentárselo a Cortana cuando la puerta de la sala se abrió de golpe.

Sholan giró hacia la entrada.

Y allí estaba ella.

Wanda, con las manos sujetándose el vientre, respiración acelerada, rostro lleno de una mezcla de dolor… y emoción.

Su mirada encontró la de Sholan.

—Amor… —dijo con voz suave pero temblorosa—. Es hora.

Los ojos de Sholan se abrieron al máximo.

Cortana se tensionó.

—Los gemelos… —continuó Wanda, mientras una lágrima de emoción brillaba en su mejilla—.

Ya vienen.

La noche había caído sobre Nueva York con una calma que no pertenecía a esa ciudad. Era el tipo de quietud que suele aparecer solo cuando el destino contiene la respiración, cuando algo grande está a punto de suceder, cuando el universo decide detenerse un instante para mirar.

En el distrito médico, un hospital que normalmente pasaba desapercibido se había convertido en el epicentro silencioso del mundo. No por un atentado, ni por un desastre, ni por una crisis global… sino porque Wanda Maximoff estaba a punto de dar a luz a los Gemelos.

Y ese simple hecho transformó el edificio en el lugar más seguro de toda la Tierra.

La lista de personas presentes era suficiente para que cualquier enemigo, entidad o fuerza cósmica reconsiderara sus decisiones de vida: Vengadores, X-Men, antiguos villanos redimidos, agentes de élite, magos, mercenarios rehabilitados, iconos de dos generaciones distintas.

Todos se habían reunido por amor, respeto… y una promesa silenciosa hecha a Sholan.

Ningún peligro tocaría a Wanda.

Ninguno.

El pasillo del cuarto piso estaba saturado de energía contenida, no por tensión, sino por vigilia absoluta. Se respiraba solidaridad y un tipo de unidad que solo aparece en raros momentos de la historia.

Tony Stark revisaba un holograma que mostraba un mapa tridimensional del edificio. A diferencia de otros días, no era el genio sarcástico de siempre. Era el padre preocupado que había dejado a sus hijos en Villa Loriana bajo el cuidado más improbable pero eficaz del mundo: Peter, Evie, Mal, Jay, Carlos, Cammy y Bucky.

Ellos estaban allá, cuidando a los pequeños Stark, Rogers y, por supuesto, a las cinco hijas de Sholan.

—Peter es un imán para el caos —murmuró Tony, sin despegar la vista del mapa—. Pero por primera vez en mi vida… confío en que mis hijos estarán seguros con él.

Pepper sonrió con cansancio y cariño.

—No solo Peter. Cammy está allá. Y Evie. Y Mal. Francamente, una parte de mí cree que mi hija Morgan está probablemente más segura con ellos que con un ejército entero.

Tony soltó un suspiro.

—Ese es el problema. Eso me preocupa aún más.

Steve escuchó desde unos pasos más allá, donde conversaba con Sam y con Rogue.

—Tony, hasta Bucky está allá. Y se toma tan en serio cuidar niños que casi le da un infarto la primera vez que una de las niñas de Sholan se subió al techo.

—Porque esa pequeña bomba de energía se tiró desde el tejado diciendo “¡Mira, tío Buck!” —respondió Pepper entre risas, recordando a Esme haciendo exactamente eso.

Más adelante, Melina, Irina y Oleg estaban nerviosos, casi tanto como cuando Wanda era una niña. Irina sostenía un rosario sokoviano que había pertenecido a su madre, y Oleg miraba hacia la puerta cada treinta segundos.

—Nunca pensé volver a sentir esto —murmuró Melina, apoyando una mano en el hombro de Irina—. Pero… es un día feliz. Ella es fuerte. Los niños también lo serán.

Natasha y Yelena Romanoff patrullaban en silencio, equipadas con armamento ligero y sensores que Tony les había pasado “por si acaso”. No había peligro real, pero nadie allí pensaba aflojar la guardia.

Sarah permanecía de pie junto a Logan y Laura; él con la mandíbula tensa, y Laura tamborileando sus garras contra la pared, nerviosa.

Cerca del ascensor, Fury vigilaba con ese semblante severo que intimidaba incluso sin quererlo.

Y en medio del pasillo, como un equilibrio perfecto entre poder y calma:

Charles Xavier y Erik Lehnsherr.

Xavier, con su serenidad profunda, había expandido un campo psíquico que envolvía tres pisos completos, detectando cualquier fluctuación mental, mágica o energética.

Erik, de pie y silencioso, controlaba todo metal del edificio como si fueran extensiones de su propio cuerpo.

En esa noche, el mundo no tenía bandos.

Solo tenía una misión compartida: proteger a Wanda.

Dentro de la sala de partos, el ambiente era distinto. Más cálido. Más lleno de vida.

Wanda respiraba profundo, recostada, el rostro sudoroso pero firme. Su cabello caía a los costados como un halo rojizo. Su magia fluía sin descontrolarse, estabilizada por una presencia muy particular.

Sholan.

Él sostenía su mano, su ki regulado a un nivel que solo la disciplina que había adquirido podía mantener. Su nuevo Corazón del Dragón Omniversal latía en armonía con el cuerpo de Wanda, apoyando su energía, reforzando su resistencia, estabilizando la presión interna.

No era algo que estuviera haciendo conscientemente.

Su cuerpo lo hacía instintivamente para ella.

—Estás bien, mi amor —susurró Sholan, acariciando su rostro—. Estoy aquí. Todo está bien.

Wanda sonrió a pesar del dolor.

—Sabes… me prometiste que esta vez sería fácil.

Sholan puso una expresión casi dolida.

—Y lo es.

—Mentiroso adorable —dijo ella, jadeando con una risa suave.

La doctora asignada —elegida específicamente por combinar experiencia, tolerancia a fenómenos paranormales y un corazón absurdamente fuerte— revisaba las pantallas y asentía.

—Todo está perfecto, Wanda. Estás progresando maravillosamente. Uno de los bebés ya está alineado para descender.

Luego miró a Sholan—. Mantén esa energía exactamente así. Su presión sanguínea está estable gracias a ti.

Él no respondió; no necesitaba hacerlo.

—

En Villa Loriana, lejos de allí, el caos tenía otro nombre.

Peter Parker estaba intentando alimentar a Morgan Stark mientras Esme y Sophie hacían carreras en el jardín. Evie planchaba ropa mientras Mal, con magia baja para no causar incendios, trataba de peinar a Phoebe.

Jay corría detrás de Celeste porque la niña había decidido explorar el techo del salón de entrenamiento “para ver si podía saltar hasta el árbol”.

Carlos estaba sentado en el sofá con Irma, quien hacía preguntas sobre dinosaurios, Saiyans, dragones y cómo sería ser una mezcla de los tres.

Cammy y Bucky eran el equipo silencioso, pero eficiente.

Bucky había cargado dormidos a los gemelos de Steve y Peggy hora y media antes.

Cammy había logrado que Esme dejara de trepar marcos de puertas usando un método llamado “mirarla feo”.

Entre todos, era casi un milagro que Villa Loriana siguiera de pie.

Pero estaban bien.

Muy bien.

Seguros.

Felices.

Y esperando noticias.

—

De vuelta en el hospital, una nueva contracción estremeció el cuerpo de Wanda.

Sholan fortaleció el campo de energía alrededor de ella.

—Respira conmigo… inhalamos… exhalamos… eso es, amor.

Wanda apretó sus manos alrededor de las sábanas.

—Los siento… los siento moviéndose. Están listos… Sholan, ya vienen…

—Lo sé —dijo él, besando su frente—. Estoy contigo en cada segundo.

Las sombras de Sholan observaban desde su plano superpuesto.

Umbra inclinó la cabeza.

“Las líneas del destino están abiertas.”

Duskstalker habló con voz suave.

“No hay amenaza externa. Solo luz.”

Nightbringer, solemne, añadió:

“Es un nacimiento… digno de una era nueva.”

Hopper murmuró:

“Los patrones energéticos de los bebés fluctúan como si ya intentaran sincronizar habilidades. Fascinante.”

Y Doom…

Doom simplemente vigilaba.

Como un muro.

Cuando la siguiente contracción llegó, fue más fuerte.

La doctora se posicionó.

—Wanda, estás lista. A la cuenta de tres… uno… dos… ¡tres!

Wanda empujó.

Las luces parpadearon suavemente.

La magia se arremolinó sin causar daños, como si el universo la guiara con suavidad.

Y entonces—

Un llanto.

Fuerte.

Hermoso.

Recién nacido y ya poderoso.

La doctora sonrió.

—El primero ya está aquí. Es un niño.

Wanda rompió en lágrimas. Sholan también, pero silenciosas, cálidas, intensas.

El bebé fue envuelto con cuidado y la doctora se lo entregó a Sholan.

Era pequeño, pero su energía ardía como una estrella diminuta.

Wanda lo tocó con dulzura.

—Mi niño… mi… pequeño…

Pero aún faltaba uno.

La doctora se preparó.

—Wanda, cariño… falta tu otro bebé. Tú puedes.

Wanda respiró hondo.

—Sholan… no me sueltes…

—Nunca —prometió él.

Ella empujó de nuevo.

La magia vibró.

El ki resonó.

Las sombras se alinearon.

Y un segundo llanto cortó el aire.

La doctora levantó a la bebé, sonriendo.

—Es otro niño y ya está aquí.

Una energía suave, rosada, cálida… como una brisa de amor puro, llenó la sala.

Wanda lloró más fuerte.

Sholan también.

Los Gemelos habían nacido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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