Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 414
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Capítulo 414: El Hospital Más Seguro de la Tierra
La noche había caído sobre Nueva York con una calma que no pertenecía a esa ciudad. Era el tipo de quietud que suele aparecer solo cuando el destino contiene la respiración, cuando algo grande está a punto de suceder, cuando el universo decide detenerse un instante para mirar.
En el distrito médico, un hospital que normalmente pasaba desapercibido se había convertido en el epicentro silencioso del mundo. No por un atentado, ni por un desastre, ni por una crisis global… sino porque Wanda Maximoff estaba a punto de dar a luz a los Gemelos.
Y ese simple hecho transformó el edificio en el lugar más seguro de toda la Tierra.
La lista de personas presentes era suficiente para que cualquier enemigo, entidad o fuerza cósmica reconsiderara sus decisiones de vida: Vengadores, X-Men, antiguos villanos redimidos, agentes de élite, magos, mercenarios rehabilitados, iconos de dos generaciones distintas.
Todos se habían reunido por amor, respeto… y una promesa silenciosa hecha a Sholan.
Ningún peligro tocaría a Wanda.
Ninguno.
El pasillo del cuarto piso estaba saturado de energía contenida, no por tensión, sino por vigilia absoluta. Se respiraba solidaridad y un tipo de unidad que solo aparece en raros momentos de la historia.
Tony Stark revisaba un holograma que mostraba un mapa tridimensional del edificio. A diferencia de otros días, no era el genio sarcástico de siempre. Era el padre preocupado que había dejado a sus hijos en Villa Loriana bajo el cuidado más improbable pero eficaz del mundo: Peter, Evie, Mal, Jay, Carlos, Cammy y Bucky.
Ellos estaban allá, cuidando a los pequeños Stark, Rogers y, por supuesto, a las cinco hijas de Sholan.
—Peter es un imán para el caos —murmuró Tony, sin despegar la vista del mapa—. Pero por primera vez en mi vida… confío en que mis hijos estarán seguros con él.
Pepper sonrió con cansancio y cariño.
—No solo Peter. Cammy está allá. Y Evie. Y Mal. Francamente, una parte de mí cree que mi hija Morgan está probablemente más segura con ellos que con un ejército entero.
Tony soltó un suspiro.
—Ese es el problema. Eso me preocupa aún más.
Steve escuchó desde unos pasos más allá, donde conversaba con Sam y con Rogue.
—Tony, hasta Bucky está allá. Y se toma tan en serio cuidar niños que casi le da un infarto la primera vez que una de las niñas de Sholan se subió al techo.
—Porque esa pequeña bomba de energía se tiró desde el tejado diciendo “¡Mira, tío Buck!” —respondió Pepper entre risas, recordando a Esme haciendo exactamente eso.
Más adelante, Melina, Irina y Oleg estaban nerviosos, casi tanto como cuando Wanda era una niña. Irina sostenía un rosario sokoviano que había pertenecido a su madre, y Oleg miraba hacia la puerta cada treinta segundos.
—Nunca pensé volver a sentir esto —murmuró Melina, apoyando una mano en el hombro de Irina—. Pero… es un día feliz. Ella es fuerte. Los niños también lo serán.
Natasha y Yelena Romanoff patrullaban en silencio, equipadas con armamento ligero y sensores que Tony les había pasado “por si acaso”. No había peligro real, pero nadie allí pensaba aflojar la guardia.
Sarah permanecía de pie junto a Logan y Laura; él con la mandíbula tensa, y Laura tamborileando sus garras contra la pared, nerviosa.
Cerca del ascensor, Fury vigilaba con ese semblante severo que intimidaba incluso sin quererlo.
Y en medio del pasillo, como un equilibrio perfecto entre poder y calma:
Charles Xavier y Erik Lehnsherr.
Xavier, con su serenidad profunda, había expandido un campo psíquico que envolvía tres pisos completos, detectando cualquier fluctuación mental, mágica o energética.
Erik, de pie y silencioso, controlaba todo metal del edificio como si fueran extensiones de su propio cuerpo.
En esa noche, el mundo no tenía bandos.
Solo tenía una misión compartida: proteger a Wanda.
Dentro de la sala de partos, el ambiente era distinto. Más cálido. Más lleno de vida.
Wanda respiraba profundo, recostada, el rostro sudoroso pero firme. Su cabello caía a los costados como un halo rojizo. Su magia fluía sin descontrolarse, estabilizada por una presencia muy particular.
Sholan.
Él sostenía su mano, su ki regulado a un nivel que solo la disciplina que había adquirido podía mantener. Su nuevo Corazón del Dragón Omniversal latía en armonía con el cuerpo de Wanda, apoyando su energía, reforzando su resistencia, estabilizando la presión interna.
No era algo que estuviera haciendo conscientemente.
Su cuerpo lo hacía instintivamente para ella.
—Estás bien, mi amor —susurró Sholan, acariciando su rostro—. Estoy aquí. Todo está bien.
Wanda sonrió a pesar del dolor.
—Sabes… me prometiste que esta vez sería fácil.
Sholan puso una expresión casi dolida.
—Y lo es.
—Mentiroso adorable —dijo ella, jadeando con una risa suave.
La doctora asignada —elegida específicamente por combinar experiencia, tolerancia a fenómenos paranormales y un corazón absurdamente fuerte— revisaba las pantallas y asentía.
—Todo está perfecto, Wanda. Estás progresando maravillosamente. Uno de los bebés ya está alineado para descender.
Luego miró a Sholan—. Mantén esa energía exactamente así. Su presión sanguínea está estable gracias a ti.
Él no respondió; no necesitaba hacerlo.
—
En Villa Loriana, lejos de allí, el caos tenía otro nombre.
Peter Parker estaba intentando alimentar a Morgan Stark mientras Esme y Sophie hacían carreras en el jardín. Evie planchaba ropa mientras Mal, con magia baja para no causar incendios, trataba de peinar a Phoebe.
Jay corría detrás de Celeste porque la niña había decidido explorar el techo del salón de entrenamiento “para ver si podía saltar hasta el árbol”.
Carlos estaba sentado en el sofá con Irma, quien hacía preguntas sobre dinosaurios, Saiyans, dragones y cómo sería ser una mezcla de los tres.
Cammy y Bucky eran el equipo silencioso, pero eficiente.
Bucky había cargado dormidos a los gemelos de Steve y Peggy hora y media antes.
Cammy había logrado que Esme dejara de trepar marcos de puertas usando un método llamado “mirarla feo”.
Entre todos, era casi un milagro que Villa Loriana siguiera de pie.
Pero estaban bien.
Muy bien.
Seguros.
Felices.
Y esperando noticias.
—
De vuelta en el hospital, una nueva contracción estremeció el cuerpo de Wanda.
Sholan fortaleció el campo de energía alrededor de ella.
—Respira conmigo… inhalamos… exhalamos… eso es, amor.
Wanda apretó sus manos alrededor de las sábanas.
—Los siento… los siento moviéndose. Están listos… Sholan, ya vienen…
—Lo sé —dijo él, besando su frente—. Estoy contigo en cada segundo.
Las sombras de Sholan observaban desde su plano superpuesto.
Umbra inclinó la cabeza.
“Las líneas del destino están abiertas.”
Duskstalker habló con voz suave.
“No hay amenaza externa. Solo luz.”
Nightbringer, solemne, añadió:
“Es un nacimiento… digno de una era nueva.”
Hopper murmuró:
“Los patrones energéticos de los bebés fluctúan como si ya intentaran sincronizar habilidades. Fascinante.”
Y Doom…
Doom simplemente vigilaba.
Como un muro.
Cuando la siguiente contracción llegó, fue más fuerte.
La doctora se posicionó.
—Wanda, estás lista. A la cuenta de tres… uno… dos… ¡tres!
Wanda empujó.
Las luces parpadearon suavemente.
La magia se arremolinó sin causar daños, como si el universo la guiara con suavidad.
Y entonces—
Un llanto.
Fuerte.
Hermoso.
Recién nacido y ya poderoso.
La doctora sonrió.
—El primero ya está aquí. Es un niño.
Wanda rompió en lágrimas. Sholan también, pero silenciosas, cálidas, intensas.
El bebé fue envuelto con cuidado y la doctora se lo entregó a Sholan.
Era pequeño, pero su energía ardía como una estrella diminuta.
Wanda lo tocó con dulzura.
—Mi niño… mi… pequeño…
Pero aún faltaba uno.
La doctora se preparó.
—Wanda, cariño… falta tu otro bebé. Tú puedes.
Wanda respiró hondo.
—Sholan… no me sueltes…
—Nunca —prometió él.
Ella empujó de nuevo.
La magia vibró.
El ki resonó.
Las sombras se alinearon.
Y un segundo llanto cortó el aire.
La doctora levantó a la bebé, sonriendo.
—Es otro niño y ya está aquí.
Una energía suave, rosada, cálida… como una brisa de amor puro, llenó la sala.
Wanda lloró más fuerte.
Sholan también.
Los Gemelos habían nacido.
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