Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 415
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Capítulo 415: Seis Meses de Luz
El primer año de vida de Aiden y Lucian comenzó con un silencio sagrado y un caos hermoso.
Desde el primer día, la habitación principal se transformó en un pequeño universo íntimo donde todo giraba alrededor de dos cunas pequeñas, Wanda con su pecho cálido y Sholan siempre alerta incluso dormido.
Los gemelos tenían personalidades marcadas desde el principio.
Aiden era inquieto, movía sus brazos con energía, como si quisiera entrenar desde el nacimiento.
Lucian, en cambio, tenía un aura extraña: tranquila, concentrada, como si el mundo ya le resultara interesante.
Ambos dormían a cada lado de la cama.
Wanda insistió en hacerlo así porque cada niño reaccionaba diferente a cada uno de sus padres.
Aiden se calmaba en cuanto escuchaba la respiración de Wanda.
Lucian necesitaba sentir el Ki suave y controlado de Sholan para dormir bien.
Y así empezaron las noches más largas de sus vidas.
—
Los gemelos se despertaban cada tres horas.
Religiosamente.
Sin fallar.
Los llantos no eran iguales.
Aiden lloraba con fuerza, con la intensidad de un Saiyan que no acepta límites.
Lucian lloraba apenas, con un sonido suave que exigía atención inmediata.
Wanda se incorporaba con el cuerpo cansado, el cabello suelto y esa belleza natural que solo una madre agotada pero feliz podía tener.
Tomaba a uno de los bebés en brazos, guiándolo hacia su pecho con cariño absoluto.
El llanto cesaba al instante.
Era casi mágico.
O quizá era simplemente Wanda.
Mientras tanto, Sholan atendía al otro: mecía, acariciaba, regulaba su Ki para crear una vibración calma, envolvente, la mejor cuna energética que un bebé podría tener.
Los turnos no eran rígidos.
No eran una regla.
Eran una cooperación natural.
Si uno de los gemelos tenía cólicos, Wanda lo retenía contra su piel para tranquilizarlo.
Si el otro estaba demasiado inquieto, Sholan ajustaba la gravedad del cuarto apenas un 4% para hacerlo sentir contenido.
—Lo estás malcriando —decía Wanda, aunque con una sonrisa sincera.
—Estoy evitando que despierte a su hermano —respondía Sholan, aunque en realidad era su forma de demostrar cariño.
Las noches eran duras, sí.
Pero eran suyas.
—
Wanda descubrió que podía calmar cólicos con un toque mágico suave en la barriguita, inducir sueño con un arrullo potenciado por energía tibia, equilibrar la temperatura del cuarto para que los bebés no sintieran frío ni calor y sostener a uno de los bebés en el aire con telequinesis cuando necesitaba usar las dos manos.
Sholan, por su parte regulaba su Ki para que el bebé en brazos sintiera una vibración parecida al latido del corazón, creaba pequeñas esferas de luz para entretenerlos, ajustaba la gravedad para que el cuerpo de Wanda no se cargara demasiado, envolvía a ambos bebés en un aura suave que imitaba el abrazo.
Las Viudas-Maids juraban que ningún manual de maternidad podía competir con eso.
Las niñas no se quedaban atrás.
Celeste analizaba los movimientos de los gemelos como si fueran un fenómeno astronómico.
Esme intentaba enseñarles a patear.
Irma hacía preguntas infinitas como “¿Por qué los bebés no hablan? ¿Ellos recuerdan cosas? ¿Ven colores o solo sombras?”
Phoebe les daba mantas y muñecos con una ternura cuidadísima.
Sophie intentaba que repitieran sonidos, aunque Aiden respondía con risitas.
Eri ejercía como hermana mayor perfecta, ayudando a Wanda sin que nadie se lo pidiera.
Y Stitch… bueno, Stitch era Stitch.
Una vez intentó acostarlos en un cajón diciendo que era “un experimento de comodidad”.
Wanda lo sacó flotando del cuarto sin despeinarse.
—
A los cuatro meses y medio, llegó la visita al pediatra.
La doctora revisó a los pequeños con profesionalismo, pero también con creciente asombro.
Aiden trató de atrapar el estetoscopio con una precisión exagerada para su edad.
Lucian observaba todo sin parpadear demasiado, como si quisiera memorizar la habitación entera.
—Están increíblemente sanos —dijo la doctora—. Y muy fuertes. ¿Tienen antecedentes familiares… especiales?
Wanda sonrió con serenidad.
—Digamos que sí.
—Mucho —agregó Sholan con tono neutral.
La doctora decidió no indagar más.
—
Una tarde silenciosa, cuando Wanda y los niños dormían, Sholan reunió las esferas del dragón en Heven.
Shenlong apareció con su poder ilimitado, iluminando el vacío.
—Dime. ¿Cuál es tu deseo?
Sholan habló firme:
—Deseo que Wanda, mis hijos, mis hijas, Pietro, Eri y cualquier futuro miembro directo de mi familia no puedan ser clonados, duplicados o usados para crear sueros o armas biológicas jamás.
Shenlong asintió con solemnidad.
—Así se hará —rugió Shenlong.
Y desapareció.
—
Una noche tranquila cuando los gemelos cumplieron nueve meses, Wanda y Sholan recién habían cumplido sus 24 años algo extraordinario sucedió.
A causa de ello Wanda despertó sobresaltada.
No por llanto.
Por silencio.
Miró las cunas.
Aiden dormía profundamente.
Lucian también.
Respiraciones lentas.
Ki estable.
Cuerpo relajado.
Nada de despertares cada tres horas.
Wanda despertó a Sholan, que cayó en modo combate de inmediato.
—¿Qué pasa?
—Nada… duermen. Los dos. Toda la noche.
Sholan los revisó.
Confirmó que estaban bien.
Y luego la abrazó fuerte.
—Lo logramos.
—Nos tomó casi un año, pero sí —dijo Wanda con los ojos vidriosos.
Fue la primera noche completa en nueve meses.
Y se sintió como un regalo del universo.
—
Los gemelos cumplieron un año rodeados de familia, magia, risas, y tortas demasiado grandes para niños tan pequeños.
Lucian dio tres pasos solo.
Aiden intentó saltar y terminó boca abajo en un cojín.
Las niñas celebraron como si se tratara de una coronación.
Pero todavía faltaba un evento más importante ese año:
La graduación de Peter Parker, Evie, Mal, Jay, Carlos y Felicia Hardy.
Wanda asistió con los gemelos en brazos, orgullosa.
Sholan tomó todas las fotos.
Pietro lloró.
Stitch trató de morder un birrete.
Fue un día perfecto.
Un día donde el futuro sonreía para todos.
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