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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 416

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Capítulo 416: Cuando el reloj casi se detiene

El cronómetro seguía respirando en números rojos sobre el HUD del sistema.

00:10:42

00:10:41

Sholan estaba afinando su plan junto a Cortana cuando un sello místico vibró en el aire.

Llamada entrante: Stephen Strange

La voz del Hechicero Supremo llegó con urgencia.

—Sholan, Thor está en el Sanctum. Acaba de llegar. Y… está serio.

—Voy de inmediato —respondió él.

Un parpadeo bastó para desaparecer.

Sholan se materializó dentro del Sanctum.

Thor, que estaba hablando con Strange con una jarra de cerveza en la mano, se sobresaltó.

—¡Por los truenos de Asgard! —exclamó Thor—. ¡Esa entrada fue impresionante! Ni siquiera percibí magia.

Strange resopló.

—Porque no es magia.

Sholan se acercó.

—Thor. ¿qué buscas?

—A mi padre —respondió Thor, serio—. Algo está mal, puedo sentirlo. Strange aceptó ayudarnos a encontrarlo para que regresemos rápido a Asgard.

Strange giró las manos y las proyecciones dimensionales aparecieron una tras otra hasta fijarse en una costa desierta.

—Odin está aquí —dijo Strange abriendo un portal brillante.

—Apúrense. Y regresen a Asgard sin demora.

Sholan vio el contador bajar un número más.

00:09:58

Perfecto. Entró al portal junto a Thor y Loki.

—

El viento frío noruego les recibió con olor a sal y tierra húmeda.

Odin estaba sentado mirando el mar.

No era solo vejez lo que lo envolvía: era la sensación de un fuego que ya se ha consumido.

A su lado estaba Frigga, presente y serena como solo ella podía ser.

Cuando Odin giró la cabeza, sus ojos se posaron en cada uno de ellos, pero se detuvieron particularmente en Sholan.

—Es bueno verte otra vez, muchacho —dijo con una sonrisa suave—. Te has vuelto más fuerte. Y al fin sabes un poco más sobre quién eres… ¿no es así?

Sholan asintió con respeto.

Odin suspiró.

—Lamento que no tengamos tiempo para conversar como se debe. Mi tiempo se ha agotado.

Thor dio un paso adelante, conteniendo la emoción.

—Padre…

Loki permaneció rígido.

Frigga tomó la mano de Odin.

El Padre de Todo habló despacio, pero con voz firme.

Le dejó a Thor sus últimas lecciones sobre sabiduría y humildad.

A Loki le dedicó palabras sinceras que lograron quebrarle la mirada un segundo.

A Frigga le habló con amor eterno, tan profundo que el viento pareció detenerse para escucharlo.

Y entonces… ocurrió.

El cuerpo de Odin comenzó a llenarse de partículas doradas que brillaban como brasas.

Primero desde los dedos.

Luego los brazos.

El pecho.

El rostro.

Ningún grito.

Ningún derrumbe.

Solo una disolución tranquila.

Hasta que ya no quedó nada más que luz dispersándose hacia el cielo, como si regresara al tejido de la creación misma.

Thor tragó saliva con fuerza.

Loki cerró los ojos.

Frigga respiró hondo, sintiendo la verdad de ese final.

Sholan se acercó con rapidez, sin interrumpir la solemnidad.

Sacó una carta sellada.

—Frigga… dentro de esta carta hay instrucciones que deben seguir Thor y Loki. Obligatoriamente. Si no lo hacen… el universo corre peligro real. Lo siento por el momento. No hay otra forma.

Frigga lo miró con total comprensión.

—Lo sé. Y te prometo que mis hijos obedecerán.

Sholan asintió.

Y en ese instante…

el aire se quebró y el cronómetro llegó a cero.

00:00:00

Del mismo punto del cielo donde se había desvanecido Odin, surgió una energía oscura.

Fría.

Violenta.

Voraz.

La figura emergió envuelta en un aura negra, elegante y cruel a la vez.

Hela.

Sus ojos recorrieron el lugar hasta posarse en la ausencia de Odin.

—Por fin libre… —susurró, saboreando la palabra—. Con que se fue… que triste… no pude presenciarlo.

Luego sus ojos cayeron sobre Thor, Loki y Sholan.

—Supongo que ustedes fueron enviados a tratar de detenerme. Qué adorable.

No preguntó quiénes eran.

No los llamó “hermanos”.

Solo los vio como intrusos en el primer segundo de su libertad.

Thor, impulsivo como siempre, lanzó su martillo.

Hela extendió la mano.

El Mjolnir explotó en pedazos.

Thor retrocedió, sin palabras.

Loki intentó llamar al Bifröst usando su hechizo.

—Skurge, ¡abre el Bi…!

No alcanzó a terminar.

Porque en ese instante, Sholan apareció frente a Hela, puño directo a su rostro.

Ella lo atrapó con la mano.

Como si fuera un juguete.

—Interesante —dijo con una sonrisa altiva—. Pero insignificante. Morirás como cualquier otra bestia que me han lanzado.

La sonrisa de Sholan fue completamente distinta.

Tranquila.

Confiada.

Peligrosa.

—Quien está atrapada… eres tú.

El espacio tembló.

La llave editada que había preparado con Cortana se activó en su mano.

Un estallido de luz dorada los envolvió a ambos.

Thor dio un paso hacia adelante, alarmado.

Loki abrió mucho los ojos.

Frigga sostuvo la carta contra su pecho.

Y en un instante…

Sholan y Hela desaparecieron del mundo.

La luz dorada de la llave editada se deshizo como humo.

Y de pronto, el mundo volvió a existir.

Pero no era su mundo.

Era Escocia… pero no su Escocia.

Cielos más fríos, un viento distinto, árboles que no pertenecían a ningún plano que Sholan conociera.

Hela fue la primera en reaccionar.

—¿Qué clase de truco—?

No terminó la frase.

Agarró a Sholan por el pecho y lo lanzó contra el suelo con una fuerza brutal.

El impacto abrió un pequeño cráter en la hierba mojada.

Hela levantó una mano para convocar una de sus espadas negras…

y nada ocurrió.

Solo un chasquido seco en el aire.

Lo intentó de nuevo.

Nada.

Ni una chispa.

Su expresión se endureció.

—…no puede ser.

Sholan se levantó limpiándose la camisa.

—¿Problemas?

Aprovechó la confusión, giró sobre su propio eje y le estrelló una patada directa en la mandíbula que la envió dando dos pasos atrás.

No sangró.

Pero la sorpresa sí se vio en sus ojos.

—Aunque mis poderes estén alterados —dijo con una sonrisa peligrosa— mi fuerza física no ha disminuido ni un ápice.

Tú sí estás en desventaja, criatura.

Sholan soltó una carcajada confiada.

—Entonces habrá que equilibrar el marcador.

Su Ki explotó hacia arriba como un sol encendiéndose.

Super Saiyan.

El aire se curvó alrededor de él.

Hela levantó una ceja.

—Interesante…

Y ambos desaparecieron de la vista.

El silencio escocés fue sustituido por el estruendo de puños chocando, patadas cortando el aire y explosiones contenidas.

Hela era un monstruo físico.

Aunque sin sus armas divinas, su cuerpo seguía siendo el de una diosa criada en guerras infinitas.

Sholan la enfrentaba golpe por golpe.

Ella lo empujó contra una roca con un cabezazo que habría partido un meteorito.

Él respondió tomando su brazo, girándola y tirándola al suelo.

Ella encajó un rodillazo en su abdomen que lo hizo retroceder.

Él respondió con un uppercut que le levantó el mentón.

La batalla era violenta, hermosa y equilibrada.

Dos fuerzas colosales probándose sin reservas.

Pero Hela comenzó a tomar la delantera.

Su velocidad aumentó.

Sus golpes se volvieron más precisos, más pesados, más devastadores.

Era como si su cuerpo recordara todas las guerras que había librado incluso sin la magia.

Sholan recibió un puñetazo en el estómago que lo impulsó varios metros.

Hela caminó hacia él con aire victorioso.

—Admite que no puedes seguirme el paso.

Sholan escupió a un lado.

—Tienes razón.

Su aura explotó.

Los rayos azules surgieron como serpientes rabiosas alrededor de su cuerpo.

Super Saiyan 2.

—Pero tampoco estoy obligado a quedarme atrás.

Sholan avanzó con una velocidad que hizo que el paisaje se deformara.

Hela apenas tuvo tiempo de cubrirse cuando él le conectó un puñetazo cargado de Haki del Emperador, mezclado con Haki de Armadura.

El suelo tembló.

La diosa retrocedió arrastrando los pies, incrustada en un surco que se abrió bajo su paso.

Sholan no le dio tiempo.

Golpe al pecho.

Codazo al rostro.

Patada descendente que abrió otro cráter.

Hela gruñó, furiosa, pero cada vez que intentaba levantarse, otro impacto la obligaba a retroceder.

—¡BASTA! —gritó ella, enfurecida—. Con ese poder podrías haberme vaporizado.

¿Por qué te contienes?

Sholan detuvo su puño a un centímetro de su rostro.

La mirada de la diosa de la muerte se tensó.

Él respiró hondo.

—No lo hice por ti, Hela. No es un gesto de respeto ni compasión.

Ella entrecerró los ojos.

—Entonces, ¿por qué?

Sholan sonrió.

—Porque necesitaba que alguien nos notara.

El viento se detuvo.

La luz se cortó.

El mundo entero se congeló.

Y sin previo aviso…

las mentes de ambos fueron arrancadas de sus cuerpos.

La hierba escocesa desapareció.

El cielo también.

La realidad entera se deshizo como una hoja que se quema.

Sholan y Hela quedaron de pie en un espacio infinito, flotando en un plano sin forma.

Un punto de luz se abrió frente a ellos.

Luego se expandió.

Y adoptó la silueta…

de una tortuga gigante.

Anciana.

Cósmica.

Con ojos que parecían contener historias más antiguas que el multiverso.

La criatura los observó a ambos.

Sholan cruzó los brazos.

Hela frunció el ceño.

—¿Qué demonios… eres tú?

La tortuga sonrió.

—Mi nombre es…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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