Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 418
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Capítulo 418: El rugido bajo un cielo extraño
La luz dorada de la llave editada se deshizo como humo.
Y de pronto, el mundo volvió a existir.
Pero no era su mundo.
Era Escocia… pero no su Escocia.
Cielos más fríos, un viento distinto, árboles que no pertenecían a ningún plano que Sholan conociera.
Hela fue la primera en reaccionar.
—¿Qué clase de truco—?
No terminó la frase.
Agarró a Sholan por el pecho y lo lanzó contra el suelo con una fuerza brutal.
El impacto abrió un pequeño cráter en la hierba mojada.
Hela levantó una mano para convocar una de sus espadas negras…
y nada ocurrió.
Solo un chasquido seco en el aire.
Lo intentó de nuevo.
Nada.
Ni una chispa.
Su expresión se endureció.
—…no puede ser.
Sholan se levantó limpiándose la camisa.
—¿Problemas?
Aprovechó la confusión, giró sobre su propio eje y le estrelló una patada directa en la mandíbula que la envió dando dos pasos atrás.
No sangró.
Pero la sorpresa sí se vio en sus ojos.
—Aunque mis poderes estén alterados —dijo con una sonrisa peligrosa— mi fuerza física no ha disminuido ni un ápice.
Tú sí estás en desventaja, criatura.
Sholan soltó una carcajada confiada.
—Entonces habrá que equilibrar el marcador.
Su Ki explotó hacia arriba como un sol encendiéndose.
Super Saiyan.
El aire se curvó alrededor de él.
Hela levantó una ceja.
—Interesante…
Y ambos desaparecieron de la vista.
El silencio escocés fue sustituido por el estruendo de puños chocando, patadas cortando el aire y explosiones contenidas.
Hela era un monstruo físico.
Aunque sin sus armas divinas, su cuerpo seguía siendo el de una diosa criada en guerras infinitas.
Sholan la enfrentaba golpe por golpe.
Ella lo empujó contra una roca con un cabezazo que habría partido un meteorito.
Él respondió tomando su brazo, girándola y tirándola al suelo.
Ella encajó un rodillazo en su abdomen que lo hizo retroceder.
Él respondió con un uppercut que le levantó el mentón.
La batalla era violenta, hermosa y equilibrada.
Dos fuerzas colosales probándose sin reservas.
Pero Hela comenzó a tomar la delantera.
Su velocidad aumentó.
Sus golpes se volvieron más precisos, más pesados, más devastadores.
Era como si su cuerpo recordara todas las guerras que había librado incluso sin la magia.
Sholan recibió un puñetazo en el estómago que lo impulsó varios metros.
Hela caminó hacia él con aire victorioso.
—Admite que no puedes seguirme el paso.
Sholan escupió a un lado.
—Tienes razón.
Su aura explotó.
Los rayos azules surgieron como serpientes rabiosas alrededor de su cuerpo.
Super Saiyan 2.
—Pero tampoco estoy obligado a quedarme atrás.
Sholan avanzó con una velocidad que hizo que el paisaje se deformara.
Hela apenas tuvo tiempo de cubrirse cuando él le conectó un puñetazo cargado de Haki del Emperador, mezclado con Haki de Armadura.
El suelo tembló.
La diosa retrocedió arrastrando los pies, incrustada en un surco que se abrió bajo su paso.
Sholan no le dio tiempo.
Golpe al pecho.
Codazo al rostro.
Patada descendente que abrió otro cráter.
Hela gruñó, furiosa, pero cada vez que intentaba levantarse, otro impacto la obligaba a retroceder.
—¡BASTA! —gritó ella, enfurecida—. Con ese poder podrías haberme vaporizado.
¿Por qué te contienes?
Sholan detuvo su puño a un centímetro de su rostro.
La mirada de la diosa de la muerte se tensó.
Él respiró hondo.
—No lo hice por ti, Hela. No es un gesto de respeto ni compasión.
Ella entrecerró los ojos.
—Entonces, ¿por qué?
Sholan sonrió.
—Porque necesitaba que alguien nos notara.
El viento se detuvo.
La luz se cortó.
El mundo entero se congeló.
Y sin previo aviso…
las mentes de ambos fueron arrancadas de sus cuerpos.
La hierba escocesa desapareció.
El cielo también.
La realidad entera se deshizo como una hoja que se quema.
Sholan y Hela quedaron de pie en un espacio infinito, flotando en un plano sin forma.
Un punto de luz se abrió frente a ellos.
Luego se expandió.
Y adoptó la silueta…
de una tortuga gigante.
Anciana.
Cósmica.
Con ojos que parecían contener historias más antiguas que el multiverso.
La criatura los observó a ambos.
Sholan cruzó los brazos.
Hela frunció el ceño.
—¿Qué demonios… eres tú?
La tortuga sonrió.
—Mi nombre es…
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