Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 426
- Inicio
- Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC
- Capítulo 426 - Capítulo 426: La Diosa que Aprendió a Ver
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 426: La Diosa que Aprendió a Ver
La dimensión de bolsillo creada por Maturín se había estabilizado por completo. No había sol ni luna, pero una claridad suave bañaba todo ese mundo nuevo, como si la luz proviniera del propio aire. Durante semanas, Hela había explorado sus límites: ningún borde, ningún abismo, ningún vacío. Solo un espacio infinito preparado para una sola cosa: crecer.
Y entrenar.
Un día, Hela rompió el silencio mientras afilaba una hoja hecha de su energía, o lo que quedaba de ella.
—Dime, Mortal… —no usaba su nombre en tono amistoso, pero ya no sonaba tan cortante como antes—. ¿Qué debo hacer para expulsar esa corrupción que me impide acceder a mis poderes completos? Cada vez que intento formar un arma, siento como si algo tirara de mi espíritu.
Sholan dejó caer su peso hacia atrás como si fuera a sentarse sin silla. El aire lo sostuvo, obediente a su voluntad. La observó con calma.
—No es tu poder lo que está fallando. Es tu esencia la que está desequilibrada. Esa corrupción entró porque encontró un hueco: tu obsesión por el poder absoluto, por la conquista.
Hela frunció el ceño.
—¿Y qué propones? ¿Convertirme en una santa?
Sholan negó con una sonrisa que a ella le irritaba más de lo que quería admitir.
—Nada tan drástico.
Lo único que puede pelear contra la oscuridad… es la luz. No hablo de moral. Hablo de balance. Vida y muerte no existen en guerra, solo en ciclo. Tú rompiste ese ciclo; lo trataste como si fuera un arma.
Ningún dios debería tener dominio sobre la muerte cuando siente tan poco respeto por la vida. Por eso la oscuridad te encontró vulnerable.
Hela chasqueó la lengua.
—Y supongo que tú, criatura de un linaje guerrero vas a enseñarme “balance”.
Sholan se puso de pie.
—Si quieres recuperar tu poder, sí.
Y si quieres vencer la corrupción, también.
Hela giró su espada de energía, se la apoyó en el hombro y suspiró con arrogancia cansada.
—Muy bien, Mortal. Entréname.
—
Los primeros meses fueron un choque de voluntades.
Hela atacaba sin piedad; Sholan la detenía sin esfuerzo cuando estaba distraída. Sholan provocaba; ella respondía con violencia pura. El entrenamiento no era un baile, era una guerra domesticada.
Poco a poco, sin embargo, algo empezó a cambiar.
La corrupción dentro de Hela reaccionaba con furia cada vez que ella dudaba… pero se debilitaba cuando ella actuaba desde convicción real, no desde esa hambre de control que había dominado su vida desde que conoció la guerra como forma de identidad.
Los años pasaron dentro de la dimensión sin tiempo real. Para ellos dos, tres años transcurrieron.
Un día, en pleno combate, Sholan esquivó un de sus golpes y la atrapó por la muñeca antes de que lanzara el siguiente. La acercó con un tirón medido.
—Quiero preguntarte algo.
Hela forcejeó para liberarse, sin éxito.
—¿Qué?
—¿Qué quieres obtener de una conquista del universo?
Ella arqueó una ceja.
—Control, orden, obediencia.
—¿Y luego?
Hela parpadeó, irritada.
—Después mantendría ese orden.
—¿Y luego?
Ella apretó la mandíbula.
—Estabilidad.
—¿Y luego?
Un destello de frustración cruzó sus ojos.
—¡Paz, supongo!
Sholan la soltó.
—¿Ves?
Hela se quedó quieta, respirando lentamente.
La palabra “paz” había salido de su boca sin filtro.
Y no era la paz del dominio.
Era otra cosa.
Sholan dio un paso hacia ella.
—Dijiste paz. No conquista. No destrucción. Paz.
La corrupción te atacó porque tú misma estabas en guerra contigo.
Eres la diosa de la muerte, sí… pero la muerte no es enemiga de la vida. Solo es la otra mitad del ciclo. Si desprecias la vida, destruyes tu propio propósito.
Hela bajó la mirada por primera vez desde que él la conocía.
Su respiración cambió.
Algo se soltó dentro de ella.
Un temblor de energía emergió desde su pecho y recorrió todo su cuerpo como un tejido que se reacomodaba. La oscuridad que la había rodeado tanto tiempo perdió fuerza. Se sintió ligera, no vacía: clara.
Su corona vibró suavemente mientras el color negro que la adornaba se desvanecía, su vestimenta se transformó como si respondiera a un mandato silencioso.
El verde y negro se deshicieron como humo.
En su lugar apareció un conjunto blanco, puro, suave, pero aún imponente.
Una Hela renacida.
Hela la Misericordiosa.
Ella levantó la mano frente a su propio rostro, observando cómo una luz plateada recorría la palma.
—No puedo creerlo… —susurró—. Todo este tiempo quise gobernar para traer equilibrio, pero confundí equilibrio con sometimiento. Vida y muerte… una no existe sin la otra.
Sholan sonrió, satisfecho.
Hela giró hacia él con expresión distinta.
Por primera vez, no lo veía como un obstáculo, un rival o una molestia.
Lo veía como un igual.
—Gracias… —dijo, y esa palabra en su voz era un evento histórico por sí mismo—. Por ayudarme a recordar quién soy realmente. Por ayudarme a ver lo que debo proteger. Asgard… los reinos… merecen más que una tirana.
Merecen justicia.
Merecen paz.
En ese instante, el sistema de Sholan se activó.
MISIÓN PRINCIPAL – Objetivo 1: SALVAR ASGARD
COMPLETADO
Recompensa: +30% de Ki Radiante.
MISIÓN SECUNDARIA OCULTA DESBLOQUEADA:
“HELA LA MISERICORDIOSA” – COMPLETADA.
Recompensa: +15% de Ki Radiante
Sholan respiró hondo al sentir cómo la energía purificada se fusionaba con él.
Su Ki Radiante brilló más que nunca.
Ki Radiante: 75%.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com