Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 441
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Capítulo 441: El Silencio Antes del Fin
El espacio profundo estaba en calma.
No una calma pacífica, sino esa quietud antinatural que precede a los desastres cósmicos, cuando el universo parece contener la respiración. La nave asgardiana avanzaba a velocidad constante, rodeada por un escolta improvisado de pequeñas embarcaciones y restos de tecnología rescatada. No era una flota de guerra. Era un convoy de evacuación.
Thor observaba el vacío desde el puente principal, Mjolnir colgado de su muñeca, los hombros tensos. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que el cosmos se había permitido un respiro, y algo en su instinto —ese sexto sentido forjado en batallas divinas— le decía que ese silencio era falso.
Valquiria permanecía cerca, con la postura de quien no baja la guardia ni siquiera cuando duerme. A su alrededor, las guerreras que había logrado reunir del cosmos —no todas las que había encontrado, pero sí las suficientes— mantenían posiciones estratégicas. Eran menos que antes, sí, pero seguían siendo valkirias: hijas del combate, guardianas de reyes.
Loki estaba apoyado contra una consola lateral, fingiendo indiferencia. Jugaba con una daga ilusoria entre los dedos, como si aquello fuera solo otro viaje más. Pero sus ojos… sus ojos no mentían. Estaban atentos, calculando rutas de escape, probabilidades, errores.
Entonces, el espacio se quebró.
Una distorsión violenta rasgó la realidad frente a la nave. El hiperespacio colapsó sobre sí mismo y de él emergió una estructura colosal, oscura, de geometría imposible. No era una nave diseñada para viajar. Era una herramienta de dominación.
—Alerta máxima —gritó una valquiria—. Nave hostil detectada.
No hubo negociación.
No hubo advertencia.
Un rayo púrpura, denso como un martillo gravitacional, impactó el casco asgardiano. La explosión sacudió toda la nave. Sistemas fallaron. Gritos resonaron. El abordaje fue inmediato.
Las fuerzas de Thanos descendieron como una sentencia.
Cull Obsidian irrumpió destrozando estructuras con una fuerza bruta imposible. Próxima Midnight se movía como una sombra letal, su lanza describiendo arcos mortales. Corvus Glaive atravesaba defensas con precisión quirúrgica. Ebony Maw flotaba detrás de ellos, sereno, observando el caos como quien contempla un experimento exitoso.
—¡Formación! —rugió Valquiria, lanzándose al frente.
Las valkirias respondieron.
El choque fue brutal. Espadas contra armas alienígenas. Gritos de guerra asgardianos resonando contra el metal retorcido. Durante unos instantes, lograron contener el avance. Durante unos instantes, parecieron iguales.
Pero Thanos no había venido a luchar.
Había venido a reducir.
Una a una, las valkirias comenzaron a caer. No por falta de habilidad, sino porque el enemigo no conocía el cansancio ni la duda. En cuestión de minutos, la mitad de las valkirias rescatadas por el cosmos fue exterminada.
Thor rugió y entró en combate.
Mjolnir golpeó con furia divina, lanzando enemigos contra las paredes, aplastando estructuras, desatando relámpagos. Logró derribar a Cull Obsidian por un instante, obligándolo a retroceder.
Entonces, el aire cambió.
Thanos apareció.
No llegó con violencia. Simplemente se materializó, como si el espacio hubiera decidido obedecerle. Su sola presencia aplastó la moral del campo de batalla.
—He venido por lo que me pertenece —dijo con voz grave.
Thor no dudó. Cargó.
El primer choque sacudió toda la nave. Puño contra martillo. Dios contra Titán. Durante un segundo, Thor logró sostener el combate… hasta que el Guantelete brilló.
La Gema del Poder se activó.
El siguiente golpe atravesó defensas divinas y lanzó a Thor a través de varias estructuras, incrustándolo contra el casco interno. Thor cayó de rodillas, jadeando, derrotado.
Thanos avanzó y tomó a Valquiria por el cuello con una sola mano, levantándola del suelo como si no pesara nada.
—Entrégame el Teseracto —ordenó, mirando a Loki— o todos morirán aquí.
Loki sonrió.
—¿De verdad crees que me importa alguien más que yo?
Thanos apretó un poco más. Valquiria luchó por respirar.
Loki tragó saliva.
La máscara cayó.
—Muy bien… —dijo—. Supongo que ganar tiempo también es una forma de victoria.
El Teseracto apareció en su mano.
En ese instante, Thor reunió lo último de su fuerza y atacó de nuevo. Fue inútil. Thanos lo derrotó con facilidad, apoyado en el poder absoluto de la gema.
Loki tomó una decisión.
Usando la energía oscura que le quedaba, invocó una porción fragmentaria del Bifröst. Un destello azul envolvió a Thor, a las valkirias sobrevivientes y a Valquiria.
—Vive, hermano —susurró.
Desaparecieron.
El Teseracto se quebró.
La Gema del Espacio quedó expuesta.
Antes de que Thanos pudiera reaccionar por completo, una sombra se movió.
El soldado sombra que Sholan había dejado con Thor activó el enlace.
—Objetivo confirmado —transmitió—. Thanos está en movimiento.
La señal cruzó dimensiones.
Sholan fue advertido.
Thanos tomó la gema… y mató a Loki.
O eso creyó.
El cuerpo cayó… y se desintegró en motas de luz que se deslizaron hacia el vacío, buscando reunirse con el Loki original.
Thanos, satisfecho, ordenó la retirada y destruyó la nave.
—
Thor cayó desde el cielo y se estrelló contra el Sanctum Sanctorum.
Doctor Strange y Wong reaccionaron al instante.
—Thanos viene —dijo Thor, malherido—. Y va a matar a la mitad del universo.
Strange entendió la gravedad de inmediato y trajo a Tony Stark al Sanctum. Allí le explicaron sobre las Gemas del Infinito, sobre la Gema del Tiempo y sobre el plan de Thanos.
—Tenemos que destruirla —dijo Tony.
—No —respondió Strange—. Tenemos que encontrar a Visión. Él porta la Gema de la Mente.
Thor intervino.
—Envíame a Nidavellir. Necesito un arma capaz de matarlo.
—No puedo llevarte hasta allí —dijo Strange—, pero puedo acercarte.
Abrió un portal.
Thor apareció en una nave espacial.
—¿Quién demonios eres tú? —preguntó Rocket.
Los Guardianes de la Galaxia acababan de recoger a un dios.
Tony suspiró.
—Genial… ahora necesitamos a Visión.
—Puedo encontrarlo —dijo—. Solo hay una capaz.
—¿Quién?
—Cortana.
—
Muy lejos de allí, Sholan meditaba.
La información llegó.
Abrió los ojos.
El aire vibró.
—Así que al fin decidiste mover el tablero… —murmuró.
Se puso de pie.
—Entonces romperé el final que creíste inevitable.
—Es hora de destruir el Endgame.
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