Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Bajo las luces
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11: Bajo las luces 11: Bajo las luces La noche caía sobre el pequeño estadio del Aurora F.C., y las luces encendidas hacían brillar el césped húmedo.
El aire olía a tierra mojada, nervios y esperanza.
Thiago se ajustó la cinta en la muñeca: era la misma que usaba en su antiguo equipo, un recordatorio de quién había sido… y de quién quería volver a ser.
Desde la tribuna, un grupo reducido de hinchas coreaba los nombres de los titulares.
No había cámaras ni miles de personas, pero para él aquello se sentía más grande que cualquier estadio lleno.
—Tranquilo —le dijo Matías, el capitán, mientras se agachaban a atarse los botines—.
No te pedimos que salves el partido.
Solo haz lo tuyo.—Eso planeo —respondió Thiago, con una media sonrisa.
El entrenador dio las últimas instrucciones.—Jueguen con cabeza.
Thiago, quiero que conectes el medio con los de arriba.
No te apures.
Que fluya.
El silbato sonó y el debut comenzó.
El Aurora empezó nervioso.
Los pases eran imprecisos, la presión del rival los asfixiaba.
Thiago intentó acomodarse, pero los primeros minutos fueron un caos: perdió un balón en el mediocampo que casi termina en gol.
El público murmuró, el capitán lo miró de reojo.
Respiró hondo.“No puedo repetir la historia”, se dijo.
Poco a poco, fue encontrando ritmo.
Tocó corto, se movió, ofreció apoyo.
Empezó a leer el juego.
Minuto 30: interceptó un pase, giró entre dos rivales y filtró la pelota al delantero.
El portero rival salió desesperado, pero el remate fue desviado.
El público aplaudió igual.
El equipo lo sintió: Thiago estaba encendido.
Al segundo tiempo, el marcador seguía 0-0.
El entrenador lo miró desde la banda, como esperando una señal.Y la señal llegó.
Minuto 72.
Thiago recibió en la frontal del área, amagó con pasar, pero giró rápido y disparó.El balón chocó en el palo, rebotó… y el delantero lo empujó dentro.Gol del Aurora.
La hinchada estalló.
Matías fue el primero en abrazarlo.—¡Buena, Thiago!
—gritó, riendo, mientras lo zarandeaba del hombro.
El resto del partido fue una mezcla de adrenalina y concentración.
Thiago corrió, recuperó, distribuyó.
No fue el héroe absoluto, pero fue el motor.
Cuando el árbitro pitó el final, el marcador mostraba un 1-0 que sabía a gloria.
El entrenador se acercó a él mientras salían del campo.—¿Ves lo que pasa cuando confías en ti?
—le dijo, dándole una palmada en el hombro.Thiago solo sonrió, mirando las luces del estadio.
En la tribuna, entre los pocos espectadores, distinguió una silueta que conocía demasiado bien: su madre.
No aplaudía, no gritaba.
Solo lo observaba, seria, con los brazos cruzados.
Pero en su mirada había algo distinto, algo que no había visto en mucho tiempo: duda mezclada con orgullo contenido.
Thiago la miró unos segundos antes de que la gente lo arrastrara hacia los vestuarios.Sabía que aquella noche había ganado más que un partido: había abierto una puerta.
Una puerta que todavía debía cruzar.
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