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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Lo que el silencio no dice
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12: Lo que el silencio no dice 12: Lo que el silencio no dice La casa estaba en penumbras cuando Thiago llegó.El reloj del pasillo marcaba las diez y media.Aún traía el olor a pasto y sudor pegado a la piel, pero no le importó.

Esa noche no podía dormir sin hablar con ella.

Abrió la puerta con cuidado.

El televisor del living estaba encendido, pero sin volumen.

En el sillón, su madre lo esperaba, con una manta en las piernas y la mirada perdida en la pantalla.

—Llegaste —dijo ella, sin apartar la vista.

Thiago dejó la mochila junto al sofá.—Sí… —respondió, dudando— Ganamos.

Ella asintió lentamente.—Lo supe.

Estuve ahí.

La confesión lo tomó por sorpresa.—¿Ah, sí?

No te vi.

—No tenías por qué —dijo, con una leve sonrisa cansada—.

No quería distraerte.

Solo quería verte… jugar otra vez.

El silencio que siguió pesaba más que cualquier palabra.Ella se acomodó la manta, suspirando.—Jugaste bien.

Aunque, por un momento, pensé que ibas a lesionarte otra vez.

Thiago se sentó frente a ella.

La luz azulada del televisor apenas delineaba sus rostros.—Tuve miedo también —admitió—.

Pero… cuando toqué la pelota, fue como si todo lo malo desapareciera por un instante.

Ella lo miró, y en sus ojos se reflejaba un cansancio viejo, de esos que no vienen del cuerpo sino del alma.—Hijo, cuando te caíste aquella vez… yo también caí contigo.

No dormía, no comía.

Pensaba que te había perdido, no solo como jugador… sino como persona.

Thiago apretó los puños sobre las rodillas.—Lo sé, mamá.

Y por eso quiero hacerlo bien ahora.

No solo por mí… también por vos.

Para que veas que puedo levantarme sin destruirme en el intento.

Las lágrimas le temblaban en la voz, pero no las dejó salir.Ella, en cambio, sí lo hizo.

—¿Y si todo vuelve a romperse, Thiago?

—preguntó, casi en un susurro.

Él levantó la mirada.—Entonces lo voy a volver a intentar.

No hay otra forma de vivir para mí.

La madre se llevó una mano al rostro, limpiándose discretamente las lágrimas.

Luego lo miró con ternura, resignación y un orgullo tímido que empezaba a florecer.—Eres igual a tu padre —dijo, sonriendo entre sollozos—.

Terco… pero con el corazón donde debe estar.

Thiago se rió bajito.—Entonces no estoy tan mal.

Ella se levantó y lo abrazó.

Un abrazo lento, de esos que cierran heridas sin palabras.—Prometeme algo —le susurró al oído—.

Que, pase lo que pase, seguirás siendo tú.

No dejes que el fútbol te quite lo que te hace especial.

Él asintió.—Te lo prometo.

Por primera vez en mucho tiempo, la casa no se sintió tan vacía.El televisor seguía encendido, olvidado.

Afuera, la lluvia empezaba a caer suave, como si todo el mundo se calmara un poco con ellos.

Thiago subió a su habitación con la mente en paz.

No había ganado un campeonato, ni firmado un contrato… pero había ganado algo más difícil: el perdón y la confianza de quien más amaba.

Y mientras se acostaba, mirando el techo, supo que aquello no era el final, sino el verdadero comienzo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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