Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Trabajo Duro
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13: Trabajo Duro 13: Trabajo Duro El amanecer apenas despuntaba cuando Thiago llegó al campo de entrenamiento.El pasto todavía estaba cubierto de rocío, y el aire frío le mordía la piel.
Pero él sonreía.
No recordaba la última vez que había sentido tantas ganas de estar ahí.
Colocó su bolso junto al banco de suplentes, se ató los botines y comenzó a correr.Uno, dos, tres… cada paso era un golpe contra el cansancio, una afirmación silenciosa de que seguía vivo en ese lugar.
—Llegaste temprano —dijo una voz a su espalda.
Era el capitán, con una botella de agua en la mano y una ceja levantada.
—Quiero ponerme al día —respondió Thiago, sin dejar de trotar.
El capitán lo observó unos segundos, y luego asintió.—No está mal.
Pero apurate, que hoy el profe va a exigirnos el doble.
El resto del equipo fue llegando poco a poco.A diferencia de semanas atrás, ya no lo miraban con desconfianza.
Algunos le sonreían, otros le chocaban la mano.
No eran abrazos ni aplausos, pero bastaba: la confianza empezaba a volver, paso a paso.
Durante la práctica, Thiago se movía distinto.Sus pases eran más precisos, sus movimientos más firmes.
Cada vez que tocaba el balón, lo hacía con una mezcla de respeto y fuego interior.No buscaba brillar; buscaba entender el juego de nuevo, sentirlo con calma.
El entrenador, desde la línea, lo observaba sin decir una palabra.Solo al final, cuando el ejercicio terminó, se acercó.
—Buen trabajo, Arenas —dijo con tono neutro—.
Se nota que estás recuperando la cabeza… y el alma.
Thiago asintió, jadeando, con una sonrisa leve.—Gracias, profe.
Todavía falta, pero voy a llegar.
—Eso espero —respondió el entrenador, y luego agregó algo que hizo girar a todo el grupo—.
Porque mañana tenemos noticia: fuimos invitados al Torneo Juvenil Regional.
Un murmullo recorrió el campo.
El Aurora F.C.
no participaba en ese torneo desde hacía tres años.
Era una oportunidad para mostrarse, pero también una prueba brutal: los mejores equipos del departamento competirían allí.
—El primer rival será el Real San Martín —continuó el entrenador—.
Sí, ese mismo.
El nombre cayó como una piedra en el silencio.Hasta el capitán bajó la mirada.
Todos sabían lo que eso significaba: el Real San Martín era el equipo que había lesionado a Thiago tiempo atrás.
Él sintió un escalofrío recorrerle la espalda.Por un segundo, el recuerdo del golpe, del dolor, del grito ahogado en el suelo, volvió como un eco.Pero esta vez no bajó la cabeza.Respiró hondo y apretó los puños.
—Está bien —dijo, con voz firme—.
Es hora de cerrar ese capítulo.
El entrenador lo miró en silencio, evaluando esa chispa en su mirada.Luego asintió con una media sonrisa.—Entonces demostralo en la cancha.
El equipo se dispersó, comentando la noticia con emoción y nervios.Thiago se quedó un momento más, mirando el horizonte.El sol comenzaba a elevarse sobre el campo, tiñendo el cielo de tonos anaranjados.
Era un nuevo día.Un nuevo reto.Y, por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo.
Solo determinación.
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