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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Antes del rugido
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18: Antes del rugido 18: Antes del rugido El cielo amaneció cubierto de nubes suaves, como si el mundo contuviera la respiración.Era el día de la convocatoria para el torneo regional juvenil.

Thiago se despertó antes de que sonara la alarma.El corazón le latía fuerte, pero no de miedo… sino de expectativa.Por primera vez en mucho tiempo, se sentía parte de algo que valía la pena.

Se vistió con el chándal del Club Aurora, aquel que antes había usado con inseguridad.

Hoy, en cambio, al abrochar la chaqueta, sintió un peso distinto: el peso de un sueño que empezaba a tomar forma.

Su madre lo esperó en la cocina con el desayuno listo.—Tenés los ojos encendidos, Thiago —dijo con una sonrisa cansada, pero sincera.—Hoy dan la lista para el torneo.—¿Y estás nervioso?—Sí… pero bien.

Como cuando estás por saltar al agua fría.

Ella asintió, comprendiendo perfectamente.Antes de que se fuera, lo detuvo y le acomodó el cuello del abrigo.—No importa lo que pase, hijo.

Jugá con el corazón.—Eso haré.

El club estaba lleno de movimiento.

Jugadores charlando, mochilas tiradas por el suelo, pelotas rodando por accidente.El entrenador Soria sostenía una carpeta bajo el brazo, observando con calma.

Thiago se acercó, saludando con un leve gesto.—¿Listo para lo que viene?

—preguntó Soria.—Más que nunca.

El entrenador sonrió apenas.—Me alegra escucharlo.

Pero recordá: el torneo no es solo talento.

Es cabeza.

Van a tener visores mirando cada movimiento.

Algunos buscan potencial, otros actitud.

Si te caés, levantate rápido.

Si fallás, no mires atrás.

Thiago asintió en silencio, grabando cada palabra.

Cuando llegó el momento, Soria subió al pequeño estrado improvisado en medio del gimnasio.—Chicos, hoy comienza nuestro camino.

Este torneo no será fácil.

Habrá equipos con jugadores en academias profesionales.

Pero eso no significa que sean mejores.

Sacó la lista y empezó a leer.Cada nombre resonaba como un golpe seco en el pecho de quienes esperaban.Hasta que finalmente:—…y nuestro mediapunta titular, Thiago Arenas.

Por un instante, el tiempo se detuvo.Thiago sintió una corriente eléctrica recorrerle el cuerpo.

Algunos compañeros lo miraron con sorpresa, otros con genuina alegría.El extremo derecho, aquel que solía gritarle, fue el primero en acercarse.—Te lo ganaste, Arenas —dijo con una palmada en el hombro.—Gracias —respondió él, con una sonrisa tranquila.

El ambiente se llenó de energía.El equipo completo comenzó a entrenar con una intensidad distinta, sabiendo que ya no se trataba de simples partidos: cada minuto contaría.

Durante los días previos, Thiago siguió un plan estricto.El sistema en su mente lo guiaba, mostrándole datos, ejercicios y pequeñas misiones diarias: “Mejora tu control en espacios reducidos.”“Practica pases de primer toque durante 30 minutos.”“Analiza movimientos del rival: Atlético Miramar.” Ese último nombre hizo que Thiago se detuviera.El Atlético Miramar era conocido por su juego físico y su precisión táctica.Además, entre sus filas estaba Lucas Viera, el mediocampista prodigio que había sido su rival en categorías juveniles… antes de su lesión.

“El destino tiene sentido del humor,” pensó Thiago.

El día del viaje llegó.El autobús del Aurora esperaba frente al club, con los jugadores subiendo entre risas nerviosas y música desde los asientos traseros.Thiago se sentó junto a su compañero del arco, Santi, quien parecía más relajado que todos.—¿Listo para romperla, mago?

—bromeó.—Listo para no dejar que el miedo juegue por mí —contestó Thiago, mirando por la ventana.

El paisaje pasaba lento: árboles, rutas, y carteles con nombres de pueblos que no recordaba.A medida que se acercaban al estadio, el ruido aumentaba.Gente, banderas, vendedores.El aire olía a pasto húmedo y ansiedad.

Cuando bajaron del autobús, Thiago levantó la vista y vio el cartel en la entrada:“Torneo Juvenil Regional – Edición 24” El estadio no era gigantesco, pero tenía gradas llenas de vida, y lo más importante: cámaras de grabación en cada esquina.Los visores estaban allí.

Observando.

Tomando notas.

Thiago respiró hondo.El ruido, el murmullo, la presión… todo lo sintió vibrar en el pecho.Pero en lugar de asustarse, sonrió.”Esto… esto es lo que siempre quise.” El entrenador los reunió en el túnel antes de salir.—Chicos, recuerden algo: el fútbol no premia a los que no fallan.

Premia a los que se levantan más rápido que los demás.

Thiago cerró los ojos unos segundos.Sintió el balón entre sus manos, su peso, su textura.Cada fibra de su cuerpo temblaba, no de miedo, sino de energía contenida.

El sonido del silbato previo al inicio del torneo cortó el aire.El Aurora salía al campo.El público aplaudía.

Y entre los murmullos del estadio, Thiago escuchó su propia voz, apenas un susurro:—No voy a fallar otra vez.

Así comenzó el camino que podía cambiarlo todo.El torneo apenas había empezado, pero Thiago Arenas ya no era el chico roto del primer partido.Era un jugador en reconstrucción, decidido a demostrar que los sueños, aunque caigan, pueden volver a ponerse de pie.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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