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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 21

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21: Visión del Estratega 21: Visión del Estratega El amanecer cubría el barrio con una luz suave y anaranjada, la clase de brillo que hace que hasta lo común parezca lleno de promesas.

Las calles estaban casi vacías, salvo por un par de bicicletas y los murmullos de quienes comenzaban su día.

En ese silencio expectante, Thiago caminaba rumbo al pequeño estadio del Club Atlético Aurora con su mochila al hombro, las zapatillas colgando por el cierre abierto y el balón golpeando contra su pierna con un sonido rítmico y familiar.

El aire olía a tierra húmeda, a esfuerzo.

Y en su pecho, un sentimiento difícil de describir —una mezcla entre miedo y esperanza— le empujaba a seguir avanzando.

Habían pasado solo unos días desde la charla con su madre, pero esa conversación seguía repitiéndose en su mente, como un eco persistente.”¿Cómo me convenzo de que esta vez es diferente?”Esa pregunta lo acompañaba a cada paso, sin dejarlo en paz.

No tenía una respuesta, no todavía.

Pero sabía algo: rendirse no era opción.

El campo del Aurora lo recibió como siempre, con su pasto irregular y las líneas blancas apenas visibles.

Pero esa mañana había algo distinto: Thiago no estaba solo.Ema, el extremo derecho, ya estaba haciendo dominadas; Gus, el central, estiraba en silencio.

Cuando lo vieron llegar, levantaron la mano.

—No te podés quedar atrás, capitán —bromeó Ema con una sonrisa ladeada.Thiago soltó una leve risa.

—Capitán todavía no soy.—Todavía —remarcó Gus, sin levantar la vista del suelo.

Thiago sonrió.

Por primera vez, no se sintió fuera de lugar.

Colocó el balón en el centro del campo, respiró profundo… y algo dentro de él despertó.

[Modo Estratega – Activado]Analizando entorno… condiciones óptimas detectadas.

De inmediato, una red de líneas luminosas apareció ante sus ojos, dibujando movimientos, trayectorias, posibles combinaciones.

Era como mirar dentro del alma del juego.

“Cada pase tiene un propósito… cada error, una enseñanza.” Se movió despacio al principio, marcando con la punta del pie los espacios que debía ocupar su equipo.

Luego empezó a correr, probando movimientos, simulando jugadas.Ema lo observaba desde el borde del campo, confundido.

—¿Qué hacés, Thiago?—Viendo cómo respira el campo.

El otro se rió.

—¿El campo respira?—Sí —dijo él, sin mirar atrás—.

Solo hay que saber escuchar su ritmo.

Un rato después, llegó el entrenador Soria.

Llevaba una gorra vieja, el silbato colgando del cuello y una mirada que mezclaba experiencia y cansancio.—Bueno, muchachos —dijo mientras los reunía—.

Hoy no entrenamos como siempre.

Thiago me habló de unos ajustes que quiere probar.Hubo murmullos.

Algunos se sorprendieron, otros alzaron las cejas.

Thiago tragó saliva.

Sentía los ojos de todos encima, pero no retrocedió.—Solo quiero probar una idea.

No importa si no sale, pero… quiero intentarlo.

El entrenador asintió y dio un paso atrás.—El campo es tuyo, Arenas.

Esa frase le atravesó el pecho.

Por primera vez desde su lesión, tenía el control.

El entrenamiento comenzó.Thiago organizó al equipo con calma, moviendo a cada uno como si dibujara un mapa invisible.—Ema, abrí más la cancha.

Gus, adelantá la línea cuando la pelota esté en el medio.

Marcos, no te cierres tanto.Sus indicaciones parecían pequeñas, pero cada movimiento cambiaba el ritmo del juego.

El balón empezó a moverse con una fluidez que sorprendió hasta al entrenador.Los toques eran rápidos, sincronizados.

El equipo rival, formado por los suplentes, apenas podía seguirles el paso.

Y entonces, Thiago lo vio.Un espacio, diminuto, entre dos defensores.

El sistema resaltó la zona con un brillo dorado.

Oportunidad de pase anticipado: precisión requerida 82% Sin pensarlo, filtró el balón con el empeine interno.El pase cortó la defensa como un relámpago.

Ema apareció por el costado, controló de primera y definió con un toque suave.

El sonido del balón golpeando la red resonó como un trueno.Silencio.

Luego gritos.

—¡GOOOOL!

Ema corrió hacia Thiago con una sonrisa inmensa.—¡¿De dónde sacaste ese pase?!

—exclamó, dándole una palmada en la espalda.Thiago simplemente sonrió.

—De escuchar al campo.

El entrenador asintió lentamente, cruzado de brazos.

Había algo en ese chico que ya no era el mismo de antes.

No era el genio arrogante ni el jugador roto.

Era alguien nuevo.

El entrenamiento continuó con intensidad.

Thiago empezó a notar algo más: el sistema respondía a su sincronía con los compañeros.Cada vez que un pase fluía, las líneas azules se entrelazaban más firmes.

[Sincronización de equipo +5%]Nuevas rutas de comunicación abiertas.

El fútbol, para él, se había convertido en una danza.

Cada movimiento tenía peso, ritmo, emoción.Y por primera vez, no se sentía solo.

Cuando el entrenamiento terminó, todos estaban exhaustos, pero el ambiente era distinto.

Había energía, entusiasmo, incluso confianza.

—Si jugamos así el sábado —dijo Gus, jadeando—, el Solís no va a saber qué los golpeó.Ema rió.

—Ya me estoy imaginando la cara del portero cuando le clave la primera.

Thiago los miró, sonriendo.

Esa camaradería, esa chispa colectiva… era lo que siempre había querido recuperar.

El sol empezaba a caer cuando el equipo se reunió en el borde del campo.Soria se acercó, con las manos en los bolsillos.—Buen trabajo hoy.

Pero no se confíen.

Un entrenamiento no gana partidos.

Lo que importa es hacerlo cuando duela, cuando el miedo esté al frente.

Luego miró a Thiago directamente.—Vos, Arenas… hoy jugaste con la cabeza.

Seguí así.

Thiago asintió, sin decir palabra.

El entrenador se alejó, y uno a uno, los jugadores comenzaron a marcharse.Ema le dio un golpecito en el hombro antes de irse.—Gracias, hermano.

Hoy me hiciste recordar por qué amo esto.

Thiago se quedó solo en el campo, mientras el viento movía las redes de los arcos.El cielo se pintaba de rojo y violeta, y el campo —ese lugar que alguna vez lo hizo llorar— ahora se sentía como hogar.

Cerró los ojos.”Sí, mamá… esta vez es diferente.” [Modo Estratega – Sesión completada.]Progreso general: +8%Nueva meta desbloqueada: Preparación emocional colectiva antes del partido.

El viento sopló, levantando polvo y hojas secas a su alrededor.Era como si el campo mismo le respondiera: “Te estuve esperando, Thiago.” El día siguiente amaneció gris, con el cielo cubierto por una manta de nubes que presagiaban lluvia.

Aun así, el campo del Aurora estaba lleno de vida.

El entrenador había citado al plantel temprano, no para entrenar con intensidad, sino para hablar.Esa clase de reuniones donde no se suda el cuerpo, pero sí el alma.

Thiago llegó puntual, con la mente despierta y los músculos algo cargados del día anterior.

Al entrar al vestuario, el murmullo de sus compañeros lo envolvió: bromas, risas nerviosas, algún comentario suelto sobre el rival.Todo era ruido, pero él solo escuchaba el latido de su corazón.

Soria entró poco después, sosteniendo una carpeta gastada y su eterno termo bajo el brazo.

Se sentó en una silla al frente del grupo y los observó sin decir palabra por varios segundos.Luego habló con voz grave, sin levantarla demasiado: —Muchachos, el sábado no jugamos un partido más.

Jugamos nuestro partido.

El silencio fue inmediato.

—No se trata solo de ganarles al Solís —continuó—.

Se trata de demostrar que somos un equipo.

Que lo que pasó en los últimos meses… todo ese caos, las derrotas, los entrenamientos vacíos, las discusiones… sirvió para algo.

Soria clavó la mirada en Thiago.—Y vos, Arenas, sos el punto de unión de todo eso.

Thiago se tensó.

No estaba acostumbrado a ser señalado así.—Yo solo… juego mi parte, profe.—No.

Vos hiciste que los demás jugaran la suya —replicó Soria con firmeza—.

Y eso, chico, es liderazgo.

El silencio volvió, pero esta vez se sintió distinto.

Más pesado.

Más real.Thiago respiró profundo.

Algo en su interior se acomodó, como si esa frase del entrenador hubiese encajado en un hueco que llevaba tiempo esperando llenarse.

Luego de la charla, el grupo salió al campo.La brisa fresca de la mañana les pegó en la cara mientras el sol intentaba abrirse paso entre las nubes.Soria no dio órdenes.

Solo los dejó moverse libremente.

“Conecten entre ustedes”, dijo antes de apartarse.

Ema comenzó a pasarle el balón a Gus.Gus a Marcos.Marcos de nuevo a Thiago.Y así, como un círculo que se formaba solo, sin pensarlo, empezaron a encontrarse en el ritmo del juego.

El balón se movía sin esfuerzo, como si supiera adónde ir antes que ellos.Thiago lo sintió de inmediato: cada pase llevaba emoción.El cansancio, la frustración, la esperanza… todo se traducía en toques cortos, controlados, llenos de sentido.

[Sincronización de equipo +9%]Nuevo estado: Conexión colectiva activa.

“Esto… esto es lo que quería”, pensó Thiago.No era magia, era unión.Por primera vez, los once latían al mismo ritmo.

Durante el descanso, se sentaron en las gradas viejas del estadio.

El cielo ya se había despejado, dejando un azul tranquilo.Ema, como siempre, rompió el silencio: —¿Sabés, Thiago?

Antes me daba miedo jugar con vos.

Thiago lo miró sorprendido.

—¿Miedo?

¿Por qué?—Porque eras demasiado bueno —admitió, rascándose la nuca—.

Pensaba que si me equivocaba, me ibas a gritar o mirar mal.

Pero ahora…

ahora siento que jugamos juntos, no detrás de vos.

Las palabras lo desarmaron.Thiago se quedó sin saber qué decir.

Solo atinó a asentir, con una sonrisa pequeña pero sincera.

Gus intervino desde atrás:—Yo también pensaba eso.

Antes eras como un rayo: brillante, rápido, pero imposible de seguir.

Ahora… sos como una tormenta, sí, pero una que te arrastra con ella.

Todos rieron.Pero en el fondo, Thiago entendió lo que querían decir.

El liderazgo que tanto había buscado no venía de imponer respeto, sino de inspirar confianza.Y eso —se dio cuenta— era mucho más poderoso.

Esa tarde, el entrenador los llevó a una charla táctica en la pequeña sala del club.

En la pizarra, el Solís aparecía dibujado como un enjambre rojo de flechas agresivas.—Juegan rápido, presionan alto y no perdonan los errores —explicó Soria—.

Si les dejamos espacio, nos van a pasar por encima.

Thiago tomó nota mental.

Su sistema interno comenzó a proyectar líneas imaginarias sobre el mapa.

Simulación de partido iniciada.Estrategia recomendada: resistencia y contraataque con transición de tres toques.

Levantó la mano.—Profe, ¿y si en vez de salir jugando como siempre, los hacemos venir?

Les damos la ilusión de dominio, pero los forzamos a adelantar las líneas.

Así rompemos por los costados.

El entrenador lo miró con interés.—¿Y quién dirige esa transición?—Yo —respondió Thiago sin dudar—.

Si me cubren, Ema tiene libertad por derecha.

Y si lo encierran, Gus sube en diagonal para romper el bloqueo.

Hubo murmullos.

Era arriesgado.Pero Soria sonrió.

—Es peligroso… pero brillante.

Vamos a probarlo.

Y así, la estrategia quedó definida: paciencia, precisión y coraje.El Aurora no iba a jugar como un equipo desesperado, sino como uno que aprendió a esperar su momento.

Esa noche, Thiago volvió a casa más tranquilo que en mucho tiempo.Su madre estaba preparando algo en la cocina, y el aroma del guiso llenó el aire.—¿Cómo te fue hoy, hijo?

—preguntó, sin girarse.

Thiago se apoyó contra la pared, observándola con una paz nueva.—Bien, mamá.

Sentí que todo empezó a encajar.

Ella sonrió.

—Me alegra oír eso.

Se quedaron en silencio un momento, hasta que ella agregó:—Tu padre te habría querido ver así.

No por los goles… sino por cómo te miran los demás cuando hablás.

El comentario le llegó al alma.Su padre.

Aquella figura ausente, recordada en destellos, en viejas camisetas guardadas en una caja.Thiago levantó la mirada hacia el techo.”Ojalá estés viendo esto, viejo.” Antes de dormir, abrió su cuaderno de notas.

En la primera página, donde alguna vez había escrito “ser el mejor”, ahora escribió algo distinto: “Ser el que hace mejores a los demás.” Cerró el cuaderno, dejó el lápiz a un lado y se recostó, mirando el techo.El ruido lejano de la lluvia comenzó a golpear las ventanas, suave, constante.No era un sonido triste.

Era el preludio de algo que estaba por venir.

Y en su mente, el sistema volvió a activarse una vez más: [Modo Estratega – Preparación completada.]Objetivo actualizado: enfrentar al Club Solís.Condición especial: presión psicológica extrema.

El sábado se acercaba, y con él, la prueba definitiva.

Pero esta vez, Thiago no iba solo.

El amanecer del sábado llegó sin estridencias.No hubo truenos ni luces gloriosas, solo un cielo límpido y un aire tan frío que parecía afilar los pensamientos.Thiago se despertó antes de que el despertador sonara.El corazón le latía más rápido de lo habitual, no por miedo… sino por la sensación de estar justo donde debía estar.

Se vistió en silencio, con el uniforme prolijamente doblado la noche anterior.Cada movimiento era casi ritual: las medias, los botines, la cinta que ataba en su muñeca izquierda.Era la misma que usaba en sus primeros partidos, gastada y descolorida, pero llena de recuerdos.

En la cocina, su madre lo esperaba con un café tibio y una sonrisa discreta.—No dormiste mucho, ¿verdad?

—preguntó.Thiago negó con la cabeza.

—Demasiado que pensar.

Ella asintió, comprendiendo sin necesidad de palabras.—Solo prométeme una cosa —dijo, antes de que él tomara la mochila—.

Pase lo que pase, que valga la pena.

Él la miró con ternura.—Siempre, mamá.

Siempre vale la pena.

El viaje hacia el estadio fue distinto a todos los anteriores.El micro del equipo avanzaba lento, cortando la neblina que aún cubría las calles.Los jugadores iban en silencio, cada uno sumido en su propio ritual:algunos con auriculares, otros mirando por la ventana, otros fingiendo dormir.

Thiago se sentó junto a Ema.No hablaban mucho, pero había algo en el ambiente… una electricidad silenciosa, un entendimiento mutuo.Eran los minutos antes de la batalla, donde todo parece detenerse.

De pronto, Soria se levantó desde el frente del micro y, con voz firme, dijo:—Escuchen.

Hoy no les voy a pedir que sean perfectos.

Solo que sean ustedes.

Que cada pase, cada carrera, tenga el corazón que los trajo hasta acá.Miró a Thiago y añadió:—Y vos, Arenas… hacé que crean.

Thiago asintió sin responder.Porque ya no necesitaba palabras.Ya no era el chico que dudaba de su lugar.Era el que encendía el fuego en los demás.

Cuando el micro llegó al estadio, el bullicio los recibió como una ola.Los cánticos, las banderas, el ruido metálico de los bombos golpeando el aire.El Aurora nunca había tenido tanto público.Entre las gradas, se mezclaban curiosos, fanáticos del rival y vecinos que solo querían ver “al chico que volvió a jugar después de romperse”.

El Club Solís ya estaba en el campo de calentamiento, luciendo su clásico uniforme rojo.Altos, ordenados, disciplinados.Se movían con la precisión de una máquina, cada pase medido, cada toque calculado.

El contraste con el Aurora era brutal.Ellos, en cambio, parecían una banda de guerreros improvisados, unidos más por el alma que por la técnica.Y, sin embargo, cuando los ojos de Thiago se cruzaron con los del capitán rival, no sintió miedo.Sintió desafío.

[Nuevo objetivo desbloqueado: Superar tus límites.]Condición de misión: liderar al equipo a través de la presión.Recompensa: avance al siguiente nivel de sincronización mental.

En los vestuarios, el silencio era total.Solo se oía el eco de los botines ajustándose, el roce de las camisetas al colocarse, y el leve temblor de las respiraciones contenidas.

Thiago se quedó mirando la pizarra donde Soria había dibujado las líneas del plan.Todo estaba listo, pero el verdadero partido no comenzaba con el pitido… sino en sus mentes.

Ema se acercó y le dio una palmada en el hombro.—¿Listo para hacer historia, capitán sin cinta?Thiago sonrió.

—Listo para que todos la escribamos juntos.

El entrenador los reunió en círculo.—Chicos, recuerden esto: no hay rivales imposibles, solo momentos que definen quiénes somos.Se miraron entre todos.

No hacía falta más.

Soria abrió la puerta del vestuario.El rugido del público los envolvió de golpe, una mezcla de furia, expectación y emoción pura.El sol ya había salido, bañando el campo con una luz cálida que contrastaba con el aire frío.

Thiago dio el primer paso fuera del túnel.El césped se extendía frente a él, brillante, casi irreal.Cada grito, cada vibración del suelo, le recordaba lo que había pasado para llegar ahí: las lesiones, las lágrimas, las noches en vela, la duda constante.

Y ahora, todo eso se convertía en fuerza.

[Estado mental: Foco absoluto.]Nivel de confianza del equipo: 87%Sincronización activa.

El árbitro los llamó al centro del campo.El rival se alineó enfrente, con miradas filosas y sonrisas seguras.Thiago respiró hondo, miró hacia su portero, luego a Ema, y finalmente al horizonte del estadio.

El mundo pareció detenerse un segundo.El sonido, el viento, el tiempo mismo… todo se desvaneció.Solo quedaba él y el balón.

[Inicio del Partido: Aurora FC vs Club Solís] Y mientras el silbato se alzaba en el aire, Thiago pensó en las palabras de su madre, de su entrenador, y de sí mismo.

“Que valga la pena.” El pitido finalizó el silencio.Y la batalla comenzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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