Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 22
- Inicio
- Todas las novelas
- Fútbol: El Sistema del Renacer
- Capítulo 22 - 22 El Partido de la Aurora
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
22: El Partido de la Aurora 22: El Partido de la Aurora El pitido inicial resonó como un trueno que despertaba el alma dormida del estadio.
El balón rodó, y con él, miles de corazones comenzaron a latir al mismo compás.
El Club Solís tomó el control de inmediato.
Su juego era elegante, medido, una coreografía de pases precisos que hacían ver al Aurora como meros espectadores.
Cada toque del rival parecía tener un propósito oculto, una amenaza latente.
El mediocampista central del Solís, Ramiro Gaitán, movía los hilos con la tranquilidad de un relojero, girando, distribuyendo, manejando los tiempos.
—¡Presión, presión!
—gritó el capitán del Aurora, intentando contagiar energía.
Thiago observaba, no con miedo, sino con análisis.
Su mirada no seguía al balón… seguía a los espacios.
Podía ver los huecos invisibles entre los movimientos del rival, las micro pausas que nadie más notaba.
Pero para aprovecharlas, necesitaba que su equipo creyera.
El Aurora recuperó el balón tras un mal pase rival.
Ema lo recibió en la banda, giró con elegancia y buscó a Thiago con una mirada de confianza.
El pase fue firme, pero la marca llegó al instante.
El mediocampista del Solís lo empujó apenas, lo justo para desequilibrarlo.
Thiago resistió, y con un toque de zurda, filtró el balón entre las piernas del defensor, arrancando un murmullo de asombro de las gradas.
El balón llegó al delantero, pero este dudó, tropezó con la presión rival y perdió la oportunidad.
El estadio gimió en un coro de decepción.
Thiago alzó la mano, no para reprochar, sino para pedir calma.—Tranquilos —dijo, sin alzar la voz—.
Recién empieza.
Los primeros veinte minutos fueron una batalla táctica.
Solís dominaba la posesión, pero no encontraba espacios claros.
Aurora resistía, cerrando filas, respirando al compás de su mediapunta.
El sistema de Thiago vibró dentro de su mente, como un leve pulso eléctrico.
[Análisis de juego activo.]Mapa de calor rival actualizado.
Punto débil detectado: zona lateral izquierda (minuto 24).
Thiago levantó la vista, y lo vio.
El lateral izquierdo del Solís subía demasiado, dejando un hueco enorme detrás.
Giró hacia Ema y asintió, sin necesidad de hablar.
Era el momento de probar.
El siguiente balón lo tomó Thiago cerca del círculo central.
Recibió presión inmediata, dos jugadores cerrándole los caminos.
Pero esta vez no retrocedió.
Giró sobre sí mismo, usando el cuerpo como escudo, y lanzó un pase largo, curvado, justo en el espacio descubierto.
Ema lo entendió al instante.
Corrió a toda velocidad, controló el balón y centró sin pensarlo.
El delantero saltó, conectó de cabeza… ¡Y el balón rozó el travesaño!
El público se levantó, un rugido colectivo llenó el aire.
El Aurora estaba vivo.
Soria, desde el banco, apretó los puños.—Eso, chicos… eso —susurró con una sonrisa contenida.
El capitán rival miró a Thiago con una mezcla de sorpresa y respeto.
El chico del que todos decían “ya no es el mismo” empezaba a demostrar que todavía podía ver lo que otros no.
[Sincronización de equipo: +4%]Nivel actual: 91%Nuevo rasgo activo: “Conexión instintiva” El Aurora empezó a presionar más arriba, impulsado por el aire nuevo que les había insuflado su mediapunta.
Cada pase tenía más intención, cada carrera más fe.
Pero el Solís no era un rival cualquiera.
En el minuto 35, un contragolpe letal los tomó mal parados.
Ramiro Gaitán filtró un pase perfecto para su delantero, que quedó cara a cara con el portero.
Un silencio absoluto llenó el estadio.
Thiago apenas alcanzó a girar la cabeza cuando el disparo salió despedido… Y el arquero del Aurora, Martín, voló como un relámpago.
Su guante desvió la pelota al poste.
El rebote fue despejado con desesperación.
El rugido del público fue ensordecedor.
Thiago respiró profundo.
Esa atajada había salvado más que un gol: había salvado la confianza.
Y mientras el árbitro marcaba saque de banda, se juró algo a sí mismo.
“No vine hasta acá para ser una sombra.
Vine para volver a brillar.” El primer tiempo se acercaba a su fin.
Aurora mantenía el 0-0 contra todo pronóstico, y aunque el marcador no mostraba ventaja, el cambio era evidente: ya no jugaban para sobrevivir, jugaban para ganar.
Thiago levantó la cabeza, sudor en la frente, la camiseta pegada al cuerpo.
Sabía que en los últimos minutos antes del descanso debía mandar un mensaje claro: que Aurora no era un accidente, sino una promesa.
Se adelantó entre líneas, recibió un pase raso y, con tres toques, rompió la presión rival.
Los defensores retrocedieron, desconcertados.
El balón fue a Ema, que centró de nuevo… El delantero saltó, cabeceó, ¡y esta vez el balón besó la red!
El estadio explotó.1-0 para Aurora.
Los jugadores corrieron hacia Thiago, rodeándolo.
El entrenador levantó los brazos.
Las gradas temblaban.
[Asistencia registrada.]Exp: +120Nivel de visión de juego aumentado.
Nueva habilidad desbloqueada: “Lectura anticipada I” Thiago cerró los ojos, respirando el aire del momento.
No gritó, no celebró exageradamente.
Solo levantó la mirada al cielo, susurrando para sí:—Gracias por dejarme volver.
El árbitro pitó el final del primer tiempo.
El equipo se retiró entre aplausos.
Soria caminó detrás, sonriendo apenas.
Thiago fue el último en entrar al túnel, y mientras lo hacía, sintió esa sensación única: el fuego de alguien que está a punto de reescribir su destino.
La conversación con Lucas no fue solo una charla.
Fue una puerta que se abrió dentro de Thiago, una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada.
Esa noche, al llegar a su casa, no pudo dormir.
Se acostó en la cama, con los auriculares puestos, dejando que la música intentara tapar los pensamientos, pero no funcionó.
Las palabras de Lucas seguían repitiéndose en su cabeza: “Tenés que jugar por vos, no por lo que fuiste”.
Thiago se levantó, encendió la luz tenue de su escritorio y miró la vieja libreta que tenía guardada en un cajón.
Era un cuaderno donde, años atrás, anotaba sus metas: “Llegar a la selección juvenil”, “ser el mejor asistidor del torneo”, “no rendirme nunca”.
Sonrió con nostalgia.
Había olvidado al chico que escribió esas frases con tanta ilusión.
Al día siguiente, fue al entrenamiento antes que nadie.
El sol apenas comenzaba a salir, y el campo estaba cubierto por una ligera neblina que le daba un aire casi místico.
Empezó a entrenar solo.
Toques cortos, control de balón, precisión en los pases, tiros al arco.
Cada movimiento era una promesa silenciosa de volver a creer.
El entrenador llegó más tarde y lo observó desde lejos, sin interrumpirlo.
Había algo diferente en él: no era el mismo chico frustrado de antes, sino alguien que empezaba a entender su propio propósito.
Cuando el resto del equipo llegó, Thiago no paró.
Siguió entrenando con ellos, corriendo más que nadie, gritando indicaciones, animando.
Por primera vez, sus compañeros lo miraban con respeto, no con duda.
Durante una pausa, Diego —el portero— se le acercó con una sonrisa.—Eh, Arenas… si seguís así, te vas a ganar el brazalete antes que el capitán —bromeó.
Thiago sonrió, sin responder.
Pero por dentro, esas palabras lo impulsaron aún más.
La práctica se volvió intensa.
Thiago empezó a recuperar su toque, su lectura de juego, su confianza.
En un ejercicio táctico, logró una asistencia impecable a Nico, quien solo tuvo que empujarla al arco.
El campo estalló en aplausos y risas.
El entrenador asintió con satisfacción.
Pero entre tanto progreso, algo se agitaba dentro de él.
Cuando todos se fueron, Thiago se quedó mirando el campo vacío.
Cerró los ojos y recordó el momento de la lesión: el grito, el dolor, el miedo.
Abrió los ojos con fuerza.
No quería seguir prisionero del pasado.
—No más miedo… —murmuró.
El viento sopló suave, como si el campo mismo respondiera.
Ese día marcó el comienzo de algo más grande.
No solo estaba recuperando su nivel, sino también su espíritu.
Sin embargo, el destino tenía otros planes.
Al llegar al vestuario, vio a Lucas sentado con expresión seria, sosteniendo su celular.—¿Qué pasa?
—preguntó Thiago.
Lucas levantó la vista.—Acaban de anunciarlo… el próximo partido es contra el Real Dorense.
Thiago se quedó inmóvil.
Ese nombre lo golpeó con fuerza.
El Real Dorense… el equipo donde había jugado antes de lesionarse.
El lugar donde todo se derrumbó.
El silencio entre los dos fue largo.
Thiago tragó saliva y se sentó, mirando el suelo.—Entonces… llegó el momento.
—dijo finalmente.
Lucas asintió.—Sí.
Tu pasado te está esperando.
Thiago respiró profundo.
Sabía que ese partido no sería solo un juego más.
Sería la prueba definitiva.
Una batalla entre el Thiago de antes… y el que estaba empezando a renacer.
El anuncio del partido contra el Real Dorense se expandió rápidamente entre los jugadores.
Para muchos, era solo otro encuentro difícil en el calendario; pero para Thiago, era una herida que se abría lentamente, recordándole cada paso que lo había llevado hasta allí.
Durante la cena, su madre notó su silencio.—¿Todo bien, hijo?
—preguntó, dejando el plato frente a él.Thiago dudó unos segundos antes de responder.—Nos toca jugar contra el Real Dorense.La expresión de su madre cambió.
Sus ojos se entristecieron, como si comprendiera el peso de esas palabras.—Thiago… no tenés que demostrarle nada a nadie —le dijo con tono suave.Él sonrió apenas, pero no dijo nada más.
En su interior, sabía que no era cuestión de demostrar, sino de cerrar un ciclo que lo perseguía incluso cuando dormía.
Esa noche volvió a soñar con aquel día: el choque, la caída, el sonido seco del hueso cediendo, y el silencio que vino después.
Se despertó empapado en sudor, respirando con dificultad.
Se levantó, caminó hasta el espejo y se miró con determinación.—No voy a dejar que me defina —murmuró.
Los entrenamientos previos al partido fueron distintos.
El cuerpo técnico notó la intensidad en cada movimiento de Thiago.
No se quejaba, no se distraía, no bajaba los brazos.
Si fallaba un pase, lo repetía hasta que saliera perfecto.
Si se caía, se levantaba al instante.
Lucas, siempre observador, lo acompañaba en los entrenamientos extra.—Te estás pasando, hermano.
Tenés que descansar —le advirtió una tarde.Thiago se secó el sudor con la camiseta.—No puedo.
No después de todo.Lucas lo miró en silencio, comprendiendo que no había manera de hacerlo cambiar de idea.
El entrenador también lo notó.
Una tarde lo llamó aparte.—Thiago, escuchame.
No te pido que seas el héroe, ni que hagas el gol de la victoria.
Solo quiero que juegues como vos sabés.
Sin miedo, sin rencor.Thiago asintió con firmeza.—Lo prometo, profe.
A medida que el partido se acercaba, la tensión se sentía incluso fuera del campo.
Los medios locales comenzaron a hablar del “regreso de Arenas contra su exequipo”, y eso solo aumentaba la presión.En los pasillos del vestuario, algunos compañeros comentaban entre risas nerviosas:—Imaginate si les clava un gol, se cae el estadio.Pero Thiago no sonreía.
Él no pensaba en anotar, sino en liberarse.
La noche anterior al partido, el cielo estaba despejado.
Thiago salió al patio y miró las estrellas.
Le gustaba pensar que, de algún modo, su padre lo miraba desde allá.—Si pudiera verte, viejo… —susurró—.
Prometo que esta vez no voy a escapar.
Guardó silencio unos segundos, respiró hondo y cerró los ojos.
Visualizó el partido, los colores, los rostros conocidos que una vez fueron sus compañeros y ahora serían rivales.
No sentía odio.
Solo una calma extraña, como si al fin aceptara su historia.
El día del encuentro, el equipo viajó temprano.
En el autobús, nadie hablaba mucho.
Algunos escuchaban música, otros dormían, y Lucas simplemente observaba por la ventana.Thiago, en cambio, se mantenía despierto, con los auriculares puestos pero sin música.
Solo escuchaba su respiración, el sonido de las ruedas sobre el asfalto, y el pulso que marcaba su propio corazón.
Cuando el bus se detuvo frente al estadio, el ruido de la gente los envolvió.
Gritos, cánticos, flashes.
Entre la multitud, algunos reconocieron a Thiago y comenzaron a corear su nombre.El estadio del Real Dorense no había cambiado mucho: las mismas gradas, las mismas vallas, el mismo olor a césped húmedo.Solo él era distinto.
Bajó del autobús, respiró profundo y sintió cómo el pasado se disolvía con cada paso hacia el vestuario.Lucas le dio una palmada en el hombro.—Sea cual sea el resultado, ya ganaste, Thiago.Él asintió, mirando el túnel que conducía al campo.—No, Lucas… recién empieza.
El ruido del público crecía, como un mar embravecido.
El aire vibraba con una mezcla de emoción y miedo.El destino lo esperaba otra vez, bajo los reflectores.
Y cuando el silbato inicial sonó, Thiago supo que esa no era solo una revancha…Era su redención.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com