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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 El amanecer de la batalla
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28: El amanecer de la batalla 28: El amanecer de la batalla El amanecer llegó gris, casi sin color.

El cielo sobre Manchester estaba cubierto por un manto espeso de nubes, como si la ciudad misma contuviera la respiración antes del choque.

La lluvia había cesado durante la madrugada, pero el aroma a tierra mojada impregnaba el aire, pesado y frío.El día del partido había llegado.

Levi se levantó antes que el sol.

No necesitó alarma; su mente ya estaba despierta, ocupada con mil pensamientos que se cruzaban sin cesar.

En el espejo del baño, su reflejo se veía sereno, pero en sus ojos se podía leer algo más profundo… una mezcla de calma controlada y fuego interno.

Mientras se preparaba un café, escuchó el murmullo de la ciudad despertando a lo lejos.

El rugido de los autos, los silbidos del viento entre los edificios, y en algún lugar cercano, una radio que transmitía noticias deportivas.—“Hoy el New Manchester United se enfrentará al Northbridge City en un partido que podría definir el rumbo de la temporada…”Levi apagó la radio antes de escuchar más.

No necesitaba que nadie le recordara lo que estaba en juego.

En la mesa, una pequeña libreta abierta mostraba algunas frases escritas a mano: “No se trata de ser el mejor.

Se trata de no rendirse cuando todo parece perdido.”“El alma no se entrena.

Se forja.” Eran palabras que había anotado semanas atrás, en uno de esos días donde la duda amenazaba con ganarle al sueño.Las leyó una vez más y, al hacerlo, sintió una descarga leve de energía, como si esas frases fueran un recordatorio silencioso de quién era.

Después de desayunar, se puso su chaqueta negra del equipo, con el escudo bordado sobre el pecho, y salió.El aire frío golpeó su rostro, pero no lo incomodó.

Caminó hasta su coche, encendió el motor y comenzó el trayecto hacia el estadio.

Las calles estaban llenas de vida.

A medida que avanzaba, veía banderas ondeando desde balcones, niños con bufandas rojinegras, y grupos de hinchas caminando juntos, entonando cánticos que resonaban por toda la ciudad.Esa pasión, esa devoción… era el pulso que mantenía vivo al club.

Al llegar al estadio, Levi se detuvo frente a la entrada principal.

Se quedó en silencio, observando las enormes puertas metálicas, los murales del equipo, las luces que poco a poco comenzaban a encenderse.Recordó la primera vez que había pisado ese mismo lugar siendo apenas un adolescente.

En aquel entonces, el estadio le pareció un mundo imposible, una catedral donde solo los elegidos podían dejar huella.Hoy, estaba allí como uno de ellos.

Dentro, el ambiente era distinto.

No había aún gritos ni cantos, solo el sonido de pasos, voces de utileros, y el eco metálico de los carritos que transportaban el material.En el vestuario, el silencio dominaba.

La camiseta número 10 esperaba doblada sobre su asiento, impecable, con el brazalete de capitán descansando encima.

Levi la tomó con cuidado, casi como si tuviera vida propia.—Vamos, vieja amiga —susurró con una sonrisa—.

Hoy volvemos a la guerra.

Poco a poco fueron llegando los demás jugadores.

Ethan fue el primero, con los auriculares puestos y su rostro concentrado.—¿Dormiste algo?

—preguntó.—Lo suficiente —respondió Levi.—Yo ni un minuto —dijo Ethan, riendo nervioso—.

No paro de pensar en cómo va a ser esto.Levi le dio una palmada en el hombro.—No pienses tanto.

Solo siente.

Este tipo de partidos se ganan con el corazón, no con la cabeza.

Uno a uno, el resto del equipo fue llenando el vestuario.

Connor revisaba sus guantes; Alex practicaba toques invisibles con los pies; Marcus, el lateral, se persignaba frente a su taquilla.El entrenador, Collins, entró en silencio, con una carpeta en la mano y la mirada firme.

—Chicos —dijo—.

No voy a darles un discurso largo.

Ya saben quiénes somos y por qué estamos aquí.

Solo quiero que recuerden algo: la gente allá afuera no viene solo a ver un partido.

Viene a verlos a ustedes.

Viene a creer.

No defrauden esa fe.

Levi lo escuchó con atención.

Cada palabra pesaba, pero lo que más le impactó fue el tono… no era una orden, era un ruego lleno de respeto.

A las 14:00, el estadio ya rugía.

Desde los túneles se podía escuchar a la multitud.

Era una vibración constante, un rugido inhumano que hacía temblar el suelo.

Las banderas ondeaban como mares de fuego y los cánticos subían en oleadas.

Levi caminó por el pasillo que conducía al campo.

Las luces, el humo, el eco de los parlantes anunciando los nombres de los jugadores… todo parecía un sueño que había cobrado vida.Al cruzar la línea blanca, el mundo explotó en un estruendo de voces.

Miles de personas gritaban su nombre.Miles más lo odiaban desde la tribuna rival.Y en medio de ese caos, Levi sintió una calma extraña.

Miró alrededor: sus compañeros listos, los rivales calentando al otro lado, el árbitro ajustando su silbato.Y en el centro de todo, él, con el brazalete apretado en el brazo, dispuesto a dejarlo todo.

Se arrodilló, tocó el césped con la punta de los dedos y murmuró:—Que la pasión me guíe.

Que la fe me sostenga.

Y que el alma… nunca se rinda.

El árbitro silbó.El partido estaba por comenzar.Y con ese sonido, el destino del New Manchester United también.

El silbato del árbitro cortó el aire como una hoja afilada, y el balón rodó con vida propia sobre el césped húmedo.El rugido del estadio se elevó como una tormenta, haciendo vibrar las gradas y los corazones por igual.

Levi dio el primer toque, cediendo hacia atrás para iniciar la jugada.

El New Manchester United se desplegó con precisión: los laterales subieron como lanzas, los mediocampistas ofrecieron líneas de pase, y los delanteros se movieron con hambre.Todo parecía fluir.Al menos, durante los primeros segundos.

El rival, el Northbridge City, no tardó en presionar.

Eran un equipo conocido por su intensidad: no dejaban respirar, no permitían pensar.

Tres hombres saltaron sobre Levi apenas recibió el balón de vuelta.Un toque corto, un amago, un giro… y escapó por centímetros.

El público lo ovacionó, pero él ni siquiera levantó la cabeza.Su concentración era total.

—¡Vamos, mantengan el balón!

—gritó Collins desde la banda, moviendo las manos con ansiedad—.

¡Toquen rápido!

Thiago Arenas, el joven mediapunta que había empezado su redención, buscaba espacios entre líneas.

Cada vez que Levi miraba hacia adelante, lo encontraba libre, listo para recibir.Había algo distinto en Thiago: ya no era el chico temeroso de antes.

Sus ojos ardían con decisión.

Levi le pasó el balón con un toque suave, midiendo la fuerza.

Thiago lo controló con la zurda, giró el cuerpo y lanzó un pase en profundidad hacia Ethan.El estadio contuvo la respiración.

Ethan corrió a toda velocidad, dejando atrás a su marcador.

Llegó al borde del área, levantó la cabeza y disparó.El balón salió como un relámpago… pero el portero rival, con una estirada felina, la rozó con los dedos y la mandó al córner.

¡Ufff!El murmullo del público llenó el estadio como una ola que iba y venía.Levi sonrió apenas.—Así se empieza —murmuró, mientras caminaba hacia el área rival para el tiro de esquina.

Thiago se encargó de ejecutarlo.

Levantó la mano, respiró hondo y envió un centro cerrado, venenoso, con efecto.Levi saltó entre dos defensas.

Por un instante, el tiempo pareció detenerse.Su frente conectó con el balón, que salió disparado directo al arco… Y otra vez, el portero rival lo atajó.Con reflejos imposibles, la desvió sobre la línea.

El público rugió frustrado, pero también con emoción.

Había algo en el aire, una sensación eléctrica: el New Manchester United no era el mismo de hace semanas.Se movían con hambre, con ritmo, con corazón.

Pasaron los minutos y el partido se volvió una guerra de espacios.

Cada pase era una batalla, cada recuperación un triunfo.Northbridge intentó dominar con su físico, empujando y cerrando los caminos.

Pero Levi resistía, calmando el ritmo, girando sobre su eje, escapando entre piernas y camisetas.

—¡Cuidado con el 7!

—gritó Marcus desde la defensa.Era su referencia: el delantero estrella del Northbridge, un jugador veloz, impredecible, con instinto asesino.Y no tardó en demostrarlo.

En el minuto 29, un balón perdido en el medio campo terminó en sus pies.El número 7 giró, esquivó a Connor y lanzó un disparo cruzado que rozó el poste.El silencio fue absoluto por un segundo.

Levi apretó los puños.No podían dejar que ese tipo tomara confianza.

—¡Vamos, despierten!

—gritó—.

¡Nosotros marcamos el ritmo, no ellos!

El equipo reaccionó.

Connor recuperó la compostura, Thiago bajó unos metros, y Levi comenzó a manejar el juego desde el centro.Cada toque era un mensaje: “Estamos aquí, no vamos a retroceder.” A los 37 minutos, llegó la oportunidad.Thiago recibió un pase entre líneas, avanzó unos metros y fue derribado justo al borde del área.El árbitro pitó la falta.Levi tomó el balón sin dudar.

El murmullo del público se hizo espeso.Todos sabían lo que podía pasar.

Colocó el balón con cuidado, retrocedió unos pasos y levantó la mirada.El portero formó la barrera, ajustó sus guantes, se balanceó sobre la línea.

Levi respiró hondo.Recuerda el ritmo.

No la fuerza.

La precisión es el alma del golpe.

Corrió y golpeó el balón con el empeine, dándole una comba perfecta.El esférico pasó por encima de la barrera, girando en el aire como si obedeciera su voluntad.

El portero se lanzó, pero llegó tarde.La red se infló con un sonido seco.

¡GOL!

El estadio explotó en un rugido ensordecedor.Los jugadores corrieron hacia Levi, abrazándolo mientras el comentarista gritaba su nombre a todo volumen.

Thiago fue el primero en llegar, sonriendo con una mezcla de respeto y alegría genuina.—¡Eso fue magia, capitán!Levi lo miró, todavía con la respiración agitada.—No.

Fue trabajo.

El verdadero truco es nunca rendirse.

Mientras los hinchas seguían celebrando, la cámara lo enfocó de cerca.Su expresión era serena, casi estoica, pero en sus ojos había un brillo distinto: el reflejo de alguien que había estado en el abismo… y ahora estaba regresando, paso a paso.

El árbitro pitó el final del primer tiempo poco después.El marcador: 1-0 a favor del New Manchester United.

Levi caminó hacia el túnel con la cabeza en alto.El partido no estaba ganado aún.

Pero el fuego… ese fuego que alguna vez creyó perdido… ahora ardía más fuerte que nunca.

El vestuario olía a sudor, césped y tensión contenida.

Los jugadores respiraban con dificultad, sentados en silencio, mientras el sonido amortiguado del público se filtraba por las paredes.Collins caminaba de un lado a otro, con las manos en la cintura.No hablaba todavía.

Estaba pensando.

Finalmente, se detuvo frente a ellos.—Van ganando —dijo, con voz baja, casi tranquila—.

Pero si creen que con eso basta, están equivocados.Sus ojos se posaron en cada uno.—Northbridge no se va a rendir.

Van a venir con todo.

Van a empujarlos hasta que uno de ustedes cometa un error.

Y si eso pasa… no quiero cabezas bajas.

Quiero respuestas.

Quiero carácter.

Hizo una pausa y apuntó hacia Levi.—Tú.

Guíalos.

Pero recuerda: el capitán no solo habla.

El capitán resiste.

Levi asintió, sintiendo el peso del brazalete en su brazo izquierdo.—Entendido.

Thiago, sentado a su lado, lo miró con cierta admiración silenciosa.—Capitán… —murmuró—, ¿no te da miedo?Levi sonrió levemente.—Claro que me da miedo.

Pero es lo que me mantiene despierto.

Si no sentís miedo… no estás en el partido de verdad.

El silbato del árbitro marcó el inicio del segundo tiempo, y el rugido del estadio volvió a llenarlo todo.El aire era distinto: más pesado, más cargado.Northbridge City salió con los dientes apretados.

Desde el primer minuto, los rivales presionaron con una ferocidad brutal.

Cada pase de Levi tenía tres hombres encima.

Thiago apenas podía girar sin recibir un empujón o una zancadilla.El árbitro, demasiado permisivo, dejaba seguir el juego.

En el minuto 58, el golpe llegó.Un balón largo, mal despejado por la defensa, cayó justo en los pies del número 7 del Northbridge.Controló con elegancia, se metió al área y fusiló al portero.1-1.

El silencio fue inmediato.Solo el grito de los hinchas visitantes rompió el aire, como una burla cruel.

Levi cerró los ojos por un momento.Un error.

Solo uno… y lo pagamos.

Connor golpeó el suelo con frustración.—¡Lo tenía!

¡Juro que lo tenía!Levi se acercó y le puso una mano en el hombro.—Tranquilo.

No sirve de nada culparse.

Vamos a recuperarlo.

El reloj seguía corriendo.Los minutos parecían más cortos, el campo más largo.

Cada intento de ataque se estrellaba contra la defensa rival.Thiago trataba de encontrar espacios, pero lo marcaban con dureza.Ethan bajaba a ayudar, pero el cansancio se notaba.

Collins gritaba instrucciones desde la banda, pero el ruido del estadio las devoraba.

A los 74 minutos, Thiago cayó tras una entrada fuerte.

El árbitro pitó falta, pero no sacó tarjeta.Levi corrió hacia él, ayudándolo a levantarse.—¿Podés seguir?—Sí —dijo Thiago, con el labio partido pero la mirada firme—.

No me voy a romper otra vez.

Levi le dio una palmada en el hombro.—Así se habla.

Tomó el balón para la falta.Esta vez no iba a tirar directo.El plan era otro.

Señaló discretamente hacia el segundo palo, donde Connor, el defensa alto, había subido sin que nadie lo notara.Thiago entendió la mirada.Corrió hacia la barrera fingiendo que sería el receptor, distrayendo a los defensas.

Levi cobró.Un centro bajo, potente, medido al milímetro.Connor apareció como un trueno, lanzándose en plancha y conectando con la punta del botín.

El balón rebotó en el travesaño.El estadio contuvo el aliento.

El rebote cayó justo frente a Thiago.Por instinto, sin pensar, remató.

Gol.2-1.

El rugido del público fue una ola que los envolvió a todos.Thiago corrió con los brazos abiertos, gritando desde lo más profundo de su pecho.Levi lo alcanzó y lo abrazó fuerte.

—¡Te lo dije!

—gritó Levi, riendo—.

¡No te ibas a romper!—¡Y vos tampoco!

—respondió Thiago, entre lágrimas.

El reloj siguió su marcha cruel.Los últimos minutos fueron una guerra.Northbridge lanzó centros, disparos, empujones.Pero la defensa resistió.

Connor despejaba todo lo que llegaba.

El portero se estiraba como un gato salvaje.

Y Levi… Levi corría como si el tiempo no existiera.

Cuando el árbitro levantó el brazo con los tres minutos de adición, el corazón de todos se detuvo.El último ataque rival llegó por la derecha.El número 7, otra vez él, encaró a Marcus, lo superó y centró al área.

Un rival saltó.El balón salió hacia el arco.

Levi, sin pensarlo, retrocedió y, con una zancada desesperada, despejó sobre la línea con la cabeza.El impacto lo dejó tambaleando, pero se mantuvo en pie.

El pitazo final llegó.Victoria.

El estadio estalló en aplausos, gritos y lágrimas.Collins abrazó a sus jugadores uno por uno.Thiago se arrodilló, exhausto, con una sonrisa que mezclaba alivio y orgullo.

Levi caminó hacia el centro del campo, levantando la mirada al cielo.Había sudor, dolor, y una satisfacción silenciosa en su pecho.

Esto… esto es el precio del liderazgo, pensó.

Caer, levantarse, y hacerlo todo de nuevo sin garantías.

El marcador final brillaba en lo alto: New Manchester United 2 – 1 Northbridge City.Y aunque era solo un partido, para Levi y Thiago era mucho más.Era una promesa cumplida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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