Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 33
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33: Voces del Pasado 33: Voces del Pasado El amanecer apenas asomaba cuando Levi se levantó, con los ojos aún pesados por el cansancio acumulado.
La brisa matinal entraba por la ventana del pequeño apartamento que compartía con su madre, trayendo consigo el aroma a pan recién horneado de la panadería de la esquina.
El silencio del lugar era apenas interrumpido por el sonido de una tetera y el crujir de la madera del piso bajo sus pasos.
Aquel día no era uno cualquiera.
Se acercaba un partido clave, pero lo que lo mantenía despierto no era el rival ni el resultado.
Era algo más profundo… algo que había quedado pendiente.
Frente al espejo, se observó detenidamente.
El reflejo le devolvía una imagen diferente de sí mismo.
Ya no era aquel joven impulsivo que solo soñaba con destacar.
Había cambiado.
Su mirada era más firme, su postura más decidida, pero sus ojos todavía escondían esa mezcla de dudas y heridas que el tiempo no lograba borrar.
Mientras se preparaba, escuchó la voz de su madre desde la cocina:—¿Dormiste algo, hijo?
—preguntó con tono suave.—Un poco, mamá… —respondió sin mucho convencimiento.—Parece que algo te preocupa.
Levi hizo una pausa antes de contestar.
—No sé… Siento que estoy cerca de algo grande, pero también de perderlo todo.
Su madre se acercó y le apoyó una mano en el hombro.—A veces crecer es eso, Levi.
Aprender que los sueños pesan, pero que vale la pena cargarlos.
Esas palabras lo golpearon más de lo que imaginaba.
Su madre siempre había sido su faro, pero también su juez más severo.
Durante meses, la relación entre ambos había sido tensa por las decisiones que él había tomado, por los sacrificios que ella temía que fueran demasiado grandes.
Pero ese instante… fue diferente.
Después del desayuno, Levi salió rumbo al entrenamiento.
El cielo nublado y el aire frío parecían reflejar su propio estado interno.
Caminó hasta el club con los auriculares puestos, escuchando una vieja lista de canciones que solía oír antes de sus primeros partidos.
Una melodía le trajo recuerdos: su primer gol con el New Manchester United, aquel día en el que todo el estadio coreó su nombre.
Recordó también el rostro del entrenador sonriendo con orgullo y el abrazo de sus compañeros.
Pero ahora… todo era distinto.
El equipo estaba bajo presión, el futuro del club pendía de un hilo y su liderazgo volvía a ponerse a prueba.
Al llegar al campo, vio a sus compañeros ya calentando.
Había un ambiente extraño: concentración, sí, pero también tensión.
Las miradas cruzadas entre ellos hablaban sin palabras.
Todos sabían que se acercaba una final anticipada, un partido que podría definir no solo su destino deportivo, sino también su unión como grupo.
El entrenador lo llamó a un costado.—Levi, ven un momento.
—Su tono era serio, pero no distante.
El joven se acercó, limpiándose el sudor de la frente.—¿Qué pasa, míster?—He notado algo en ti últimamente.
Estás más enfocado, más maduro… pero también más silencioso.
¿Todo bien?
Levi respiró hondo antes de contestar.—Solo estoy pensando mucho, entrenador.
En lo que viene, en el equipo… en cómo llegamos hasta acá.
El entrenador asintió con una media sonrisa.
—Eso está bien.
Pero recuerda que no todos los partidos se ganan en el campo.
Algunos se ganan en la cabeza… y otros, aquí —dijo, dándole un leve golpe en el pecho—, en el corazón.
Levi sonrió.—Gracias, míster.
No voy a fallarles.—No lo hagas por nosotros, Levi.
Hazlo por ti.
Esas últimas palabras quedaron resonando mientras volvía al entrenamiento.
Los ejercicios tácticos se sucedían uno tras otro, y la coordinación del equipo parecía más afinada que nunca.
Pero aun así, Levi notaba que algo faltaba.
Una conexión, una chispa que antes era natural y ahora costaba encontrar.
Durante una pausa, se acercó a uno de sus compañeros, Ethan, con quien había tenido roces en el pasado.—Oye, Ethan… —dijo con un tono más amistoso.
El otro levantó una ceja, desconfiado al principio.—¿Qué pasa?—Sé que no todo ha sido fácil entre nosotros.
Pero… si queremos ganar lo que viene, tenemos que estar unidos.
No puedo hacerlo solo.
Ethan lo miró unos segundos antes de responder.—No esperaba oír eso de ti, Levi.
Pero tienes razón.
Tal vez los dos estábamos demasiado concentrados en tener la razón, y nos olvidamos de que esto es un equipo.—Exacto —respondió Levi, tendiéndole la mano.
Ethan sonrió y la estrechó.
—Vamos a demostrar de qué estamos hechos.
Ese gesto simple, esa reconciliación silenciosa, encendió algo dentro del grupo.
Poco a poco, las tensiones se disiparon, reemplazadas por la determinación de luchar juntos.
Al finalizar el entrenamiento, mientras el resto del equipo se retiraba, Levi se quedó solo en el campo.
Miró las gradas vacías e imaginó el ruido de la hinchada, el rugido del público, el eco de su nombre.
Pero lo que más sintió fue una voz interna, suave y persistente, que le recordaba lo que realmente importaba.
“No es solo fútbol, Levi.
Es tu vida, tus decisiones, tus cicatrices y tus sueños entrelazados en cada pase, en cada caída y en cada gol.” Cerró los ojos y sonrió.
Sabía que lo que venía sería difícil, pero también que estaba listo.
Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo.
El sol ya estaba alto cuando Levi regresó al vestuario, con la camiseta empapada y la respiración aún agitada.
Había sido una sesión intensa, pero distinta.
El equipo se veía más comprometido, más sólido.
Había menos palabras y más acción, menos quejas y más miradas decididas.
Era como si, de repente, todos comprendieran que el momento que se avecinaba no era solo un partido más… sino una prueba de todo lo que habían construido juntos.
El entrenador, con su habitual calma, esperó a que todos se sentaran antes de hablar.—Escuchen —dijo, levantando la voz lo justo para que el eco llenara la sala—.
Este próximo partido va a ponerlos a prueba.
No por lo que el rival representa, sino por lo que ustedes pueden llegar a ser si logran superar este obstáculo.
Levi levantó la cabeza.
El entrenador los observaba con esa mezcla de dureza y fe que caracterizaba a los verdaderos líderes.—Van a enfrentar al Northbridge FC.
Un equipo disciplinado, rápido y fuerte.
Pero no olviden algo: ellos no tienen lo que nosotros tenemos.
No tienen nuestra historia.
No tienen nuestras caídas… ni nuestra hambre.
Un murmullo recorrió el vestuario.
Algunos asintieron, otros apretaron los puños.
Levi miró a sus compañeros y notó algo distinto en sus rostros: ya no era miedo, era fuego.
Cuando terminó la charla, el entrenador se acercó a Levi en privado.—Vas a ser el capitán este partido —le dijo sin rodeos.Levi lo miró sorprendido.—¿Yo?
Pero… Ethan siempre——Ethan estuvo de acuerdo.
—El técnico lo interrumpió con una sonrisa leve—.
Dijo que eras el indicado.
Levi se quedó sin palabras.
Sentía el peso del brazalete incluso antes de tenerlo puesto.
—Confío en ti, Levi —agregó el entrenador—.
Pero más importante, tus compañeros también lo hacen.
No lo olvides.
Mientras el equipo se dispersaba, Levi se quedó un momento sentado, mirando sus botines.
Capitán.
Aquella palabra resonaba como un eco de todo lo que había pasado.
Recordó el primer día que llegó al club, lleno de ilusiones, y cómo poco a poco fue perdiéndose entre errores y decepciones.
Ahora tenía la oportunidad de redimirse… de demostrar que había cambiado.
Salió del vestuario y caminó hacia el campo otra vez.
El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados; el día estaba llegando a su fin, pero su mente seguía despierta.
Se encontró con Ethan afuera, quien lo esperaba con una pelota bajo el brazo.—Así que capitán, ¿eh?
—dijo sonriendo.Levi rió nervioso.
—No sé si lo merezco.—Créeme, lo mereces.
—Ethan le lanzó la pelota suavemente—.
Pero ahora vas a tener que demostrarlo.
Ambos comenzaron a practicar pases bajo la luz del atardecer.
No hablaban mucho, pero cada movimiento decía más que las palabras.
Había una complicidad nueva entre ellos.
A veces el respeto nacía no de la perfección, sino del reconocimiento mutuo de las heridas.
Tras unos minutos, Levi se detuvo y miró el horizonte.—¿Sabes, Ethan?
Siento que este partido va a marcar algo grande.
No sé si una victoria o una lección… pero algo importante.Ethan lo observó con seriedad.
—A veces las dos cosas son lo mismo.
Las luces del estadio se encendieron poco a poco.
La sombra del campo se fue desvaneciendo, dejando paso a un resplandor artificial que parecía envolverlos.
Levi tomó la pelota y la sostuvo entre sus manos.
“Capitán”…Aún sonaba extraño en su cabeza, pero dentro de sí empezaba a sentirlo como algo natural.
Horas después, ya en su casa, se dejó caer sobre la cama con el cuerpo exhausto.
Su madre lo esperó en el umbral de la puerta, observándolo en silencio.—Te vi en el noticiero —dijo al fin—.
Dijeron que vas a ser el capitán.Levi se incorporó un poco.
—Sí… supongo que sí.Ella sonrió, esa sonrisa tranquila que solo una madre puede tener.
—Estoy orgullosa de ti, Levi.
Pero recuerda: no solo se lidera con los pies… también con el corazón.
Levi asintió.
No necesitaba más palabras.
Aquella noche, mientras cerraba los ojos, sintió algo distinto: no miedo, sino calma.
Una paz que solo llega cuando uno sabe que está donde debe estar.
Y justo antes de dormirse, su teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
“Nos vemos pronto, Levi.
No subestimes lo que viene.” Frunció el ceño.
No había remitente, no había firma.
Solo esa frase.La inquietud regresó de golpe, como una sombra que se cuela en la habitación justo cuando creías estar a salvo.
¿Quién podía haberlo enviado?
¿Y a qué se refería con “lo que viene”?
Apagó el teléfono, pero su mente ya no descansó igual.
El amanecer trajo consigo una luz suave, filtrándose entre las cortinas del cuarto de Levi.
Apenas había dormido unas pocas horas; el mensaje seguía girando en su cabeza como una rueda que no dejaba de dar vueltas.
“Nos vemos pronto, Levi.
No subestimes lo que viene.” Tomó el teléfono otra vez.
Lo revisó con detenimiento, pero no había pista alguna.
El número no estaba registrado, ni siquiera mostraba país de origen.—Debe ser una broma —murmuró, dejando el aparato sobre la mesa.Pero su voz sonó más para convencer a su propio miedo que a la realidad.
Salió a trotar temprano, intentando despejarse.
El aire fresco le ayudaba a pensar mejor; cada zancada era una manera de liberar la tensión acumulada.
Sin embargo, la inquietud no desaparecía.
Había algo en esa frase que lo hacía sentir observado, como si alguien conociera su historia, sus dudas, sus pasos.
Cuando llegó al campo de entrenamiento, el ambiente era distinto.
No solo se respiraba esfuerzo, sino expectativa.
Todos sabían que el partido contra Northbridge FC era más que una simple prueba: era la confirmación de si realmente estaban listos para competir entre los mejores.
El entrenador los reunió al centro del campo.—Chicos, hoy no entrenaremos tácticas.
Hoy entrenaremos mentalidad —anunció.Los jugadores se miraron entre sí, confundidos.—Mañana puede que enfrenten momentos en los que todo parezca perdido.
El rival los va a presionar, el público los va a gritar, y la duda va a intentar entrarles en la cabeza.
—Hizo una pausa—.
Pero ahí es donde deben recordar quiénes son.
El silencio fue absoluto.
Levi lo escuchaba con atención.
Las palabras del entrenador se mezclaban con las de su madre la noche anterior: “No solo se lidera con los pies, también con el corazón.” —Quiero que cada uno de ustedes se mire al compañero de al lado —continuó el técnico—.
Porque mañana, cuando estén cansados y no sepan si pueden seguir, él será quien los sostenga.
No hay victoria sin unión.
El grupo lo hizo.
Levi miró a Ethan, que le devolvió una sonrisa tranquila.
Después giró hacia Thiago, que levantó el pulgar con esa energía que nunca perdía.
Por primera vez en mucho tiempo, Levi sintió que ese grupo no era un equipo improvisado, sino una familia forjada a base de esfuerzo, tropiezos y sueños compartidos.
La práctica terminó temprano.
Algunos se quedaron a hacer estiramientos, otros fueron al gimnasio.
Levi, en cambio, se quedó un momento más en el campo, observando las gradas vacías.
Imaginaba el rugido del público, los gritos, los aplausos, la presión que se sentiría en el pecho al entrar en la cancha como capitán.Respiró hondo.
—No voy a fallar —dijo para sí mismo.
Pero justo cuando recogía su botella de agua, su teléfono vibró otra vez.Era el mismo número.Un nuevo mensaje.
“No puedes esconderte de tu pasado, Levi.
Mañana lo vas a entender.” El corazón le dio un vuelco.—¿Qué demonios…?
—susurró, mirando alrededor, como si esperara ver a alguien observándolo.
No había nadie.
Solo el viento moviendo las redes del arco.
Intentó llamar al número, pero la línea se cortó de inmediato.
“Número inexistente”.El entrenador lo vio desde lejos y le hizo una seña para que se acercara.—¿Todo bien, Levi?—Sí… sí, todo bien —respondió, forzando una sonrisa.Pero sus ojos lo delataron.
Esa noche, la ciudad parecía más silenciosa que de costumbre.
Levi cenó poco, repasó mentalmente las jugadas, los movimientos del rival, pero en su interior había un nudo.
Se recostó y miró el techo, sin poder borrar de su mente las palabras del mensaje.
“Tu pasado… mañana lo vas a entender.” ¿Qué pasado?
Había dejado atrás muchas cosas: los errores en los partidos, las discusiones con su madre, los días oscuros tras su lesión… pero ¿podía haber algo más?
Algo que ni él mismo recordara.
Cerró los ojos intentando descansar, pero el sueño fue inquieto, lleno de imágenes entrecortadas: una sombra en el túnel del estadio, una voz que lo llamaba desde la tribuna, un balón que se le escapaba de las manos mientras el público gritaba su nombre… y luego, el silencio.
Despertó sobresaltado, empapado en sudor.
Afuera ya despuntaba la aurora.
El día del partido había llegado.
Y mientras se vestía con el nuevo brazalete de capitán, el mensaje seguía grabado en su mente como una advertencia.No sabía quién lo había enviado, ni qué significaba exactamente, pero en el fondo lo presentía: algo más grande estaba a punto de comenzar.
No solo un partido.
No solo una revancha.Un encuentro con su propio destino.
Salió de casa, el cielo aún gris, con el alma encendida.El ruido de la ciudad se mezclaba con el latido de su corazón.
El destino lo esperaba en el estadio.
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