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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 La Calma Antes del Rugido
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34: La Calma Antes del Rugido 34: La Calma Antes del Rugido El sol apenas se alzaba sobre la ciudad, tiñendo el horizonte con tonos anaranjados y rosados.

Las calles, todavía húmedas por el rocío, reflejaban los primeros rayos del día.

Levi caminaba en silencio, con los auriculares puestos, dejando que una melodía suave lo acompañara mientras el mundo despertaba.

No era solo un trayecto más hacia el estadio: era el camino hacia algo que podía cambiar su historia para siempre.

El teléfono permanecía guardado en su bolsillo, pero el peso del mensaje aún lo sentía en el pecho.

“No puedes esconderte de tu pasado.

Mañana lo vas a entender.” Esa frase era una sombra que se aferraba a su mente.

Había decidido no mencionarla a nadie; no quería distraer al equipo.

Sin embargo, algo en su interior intuía que no era casualidad.

Mientras avanzaba por las calles, pasaba frente a tiendas cerradas, vendedores preparando sus puestos y niños con mochilas, que jugaban con pelotas de goma antes de ir al colegio.

Cada pequeño sonido se mezclaba con el eco de su respiración.

Era la calma antes de la tormenta, esa sensación eléctrica que antecede a los grandes momentos.

Al doblar la esquina que conducía al estadio, lo vio a lo lejos: majestuoso, imponente, cubierto de banderas que ondeaban con orgullo.

Decenas de personas comenzaban a reunirse en las cercanías, los colores de ambos equipos tiñendo el ambiente.

Levi se detuvo un instante.

Cerró los ojos, respiró profundo y apretó el puño.

—Vamos, Levi —se dijo a sí mismo—.

Este es tu día.

Al llegar a la entrada de jugadores, lo esperaba el microbús del club.

En su interior, algunos compañeros ya charlaban animadamente.

Thiago, como siempre, era el alma del grupo.—¡Levi!

—exclamó, levantando la mano—.

Pensé que ibas a venir con cara de funeral, pero te ves… diferente.

Levi sonrió, aunque la sonrisa era leve.—Digamos que dormí poco.

Pero estoy listo.—Eso espero, porque hoy no hay margen de error —bromeó Ethan desde su asiento—.

Si ganamos, el club nos sube al cuadro principal de la liga juvenil nacional.

Si perdemos… bueno, nadie quiere saberlo.

El entrenador subió poco después, y el ambiente cambió.

Todos guardaron silencio, algunos ajustando sus botines, otros mirando por la ventana.

El rugido de los hinchas afuera comenzaba a hacerse notar.

—Escuchen —dijo el entrenador, su voz grave pero serena—.

No les voy a repetir tácticas ni formaciones.

Ya las conocen.

Hoy quiero que recuerden por qué empezaron a jugar.

No por dinero, ni fama.

Por amor.

Por esa emoción que sintieron la primera vez que tocaron un balón.

El silencio era absoluto.

Cada palabra del técnico calaba hondo.

—Y una cosa más —añadió, mirando directamente a Levi—.

Un líder no es el que grita más fuerte.

Es el que inspira sin necesidad de hablar.

Hoy, quiero que inspiren a todos los que los miran desde esas gradas.

Levi asintió, con el corazón latiendo rápido.

Sabía que esas palabras eran para él.

No solo por el brazalete que llevaba en el brazo, sino por la responsabilidad invisible que cargaba.

El microbús se detuvo.

Al abrirse las puertas, el estruendo del público los envolvió como una ola.

Banderas agitándose, cánticos, flashes, tambores.

El aire olía a adrenalina y a pasto recién cortado.

El túnel hacia el vestuario estaba iluminado por luces cálidas que proyectaban sombras largas sobre las paredes.

Levi caminaba al frente, sintiendo cada paso como un latido.

A su alrededor, los murmullos de sus compañeros se mezclaban con el retumbar de los tambores afuera.

Dentro del vestuario, el ambiente era diferente.

Más íntimo.

Más tenso.

Los uniformes colgaban perfectamente alineados; el escudo del club relucía en los casilleros metálicos.

Levi se sentó en silencio, mirando su camiseta.

El número 10 brillaba bajo la luz del techo.

Esa camiseta había pertenecido antes a alguien que admiraba profundamente: un exjugador del club que se retiró por lesión… igual que él.

Mientras los demás hablaban entre sí, Levi se quedó mirando la tela, recordando.

“No puedes esconderte de tu pasado…” resonó otra vez en su cabeza.

¿Podría ser que el mensaje tuviera relación con eso?

¿Con el jugador que lo había inspirado y que había desaparecido del mapa tras su retiro?

—Levi —la voz del entrenador lo sacó de su ensimismamiento—.

Te toca dar el discurso previo al partido.

El chico parpadeó, sorprendido.—¿Yo?—Eres el capitán —respondió el técnico con una media sonrisa—.

Es tu deber.

Levi se levantó, respiró hondo y miró a sus compañeros.

Los rostros que veía eran los de quienes habían compartido sudor, esfuerzo, y lágrimas junto a él.

—Chicos —comenzó, con voz algo temblorosa—.

Hoy no somos solo un grupo.

Somos una historia que aún se está escribiendo.

Cada uno de ustedes tiene algo que demostrar, pero sobre todo… algo que defender.

Nuestro sueño.

Hizo una pausa y levantó la vista.—Quizás nadie crea que podamos ganar.

Pero eso no importa.

Porque nosotros sí lo creemos.

Y eso es suficiente.

Thiago golpeó su pecho con el puño, levantando la voz.—¡Vamos a ganar este partido, carajo!

El grito fue seguido por una oleada de emoción colectiva.

Todos se pusieron de pie, golpeando los casilleros, coreando al unísono.

El entrenador sonrió.—Bien.

Salgan y háganlo real.

Levi tomó su camiseta, se la colocó con cuidado y se ajustó el brazalete.

Miró su reflejo en el espejo.

Por primera vez, no vio solo a un jugador.

Vio a un líder.

El sonido del estadio se colaba por las paredes.

Era hora.

El equipo se formó en fila para salir al túnel.

Levi al frente.

La luz del exterior iluminaba el pasillo como si fuera la entrada a un coliseo antiguo.

A cada paso, sentía la vibración del suelo, el canto de la hinchada, el llamado del destino.

“No puedes esconderte de tu pasado…””Mañana lo vas a entender…” Levi apretó los dientes.—Entonces que venga.

Estoy listo.

El silbato del árbitro sonó a lo lejos, llamando a los jugadores al campo.

Era el comienzo de algo más grande que un simple partido.

El amanecer tiñó el cielo de un tono rojizo intenso, como si el horizonte ardiera con los recuerdos del día anterior.

Levi estaba sentado en el balcón de su habitación, una taza de café entre las manos y una mirada perdida en el infinito.

La noche había sido corta; los pensamientos sobre el ataque y la misteriosa figura que mencionó el nombre de su hermano no lo habían dejado dormir.

El viento fresco del mar golpeaba su rostro, y por un momento deseó poder volver atrás, a cuando el New Manchester United era solo un proyecto naciente y su vida no estaba marcada por el peligro.

Pero el pasado ya no podía cambiarse… solo enfrentarse.

Un golpe suave en la puerta lo sacó de su ensimismamiento.—Adelante —dijo, sin apartar la vista del horizonte.

Era Ethan.

Entró con su típica calma, pero su rostro denotaba una preocupación que pocas veces dejaba ver.—Levi, tenemos un problema —empezó con tono grave—.

El sistema de seguridad del estadio fue saboteado.

Encontramos señales de acceso remoto desde una IP oculta… probablemente vinculada a la misma organización que atacó el club anoche.

Levi se levantó de inmediato, dejando la taza a un lado.—¿Cuánto tiempo estuvieron dentro?

—preguntó con frialdad.—Lo suficiente para copiar los planos completos de la estructura y los códigos de emergencia —respondió Ethan, mostrándole una tablet con los registros del servidor—.

Lo peor es que también accedieron al archivo privado donde guardamos la información del equipo, los contratos y… tus movimientos financieros.

Un silencio tenso llenó la habitación.

Levi apretó los puños, sintiendo cómo la ira le recorría las venas.—Entonces ya no se trata solo del club.

Están yendo por mí directamente.

Ethan asintió.—Lo suponíamos.

Pero hay algo más: alguien dentro del equipo pudo haber ayudado.

Levi lo miró fijamente.—¿Tienes un nombre?—Aún no, pero todas las pistas apuntan a que se trata de alguien con acceso físico a la red interna.

Podría ser alguien del cuerpo técnico… o incluso un jugador.

El nombre de Ryan le cruzó fugazmente la mente, pero lo descartó enseguida.

Con todo lo que habían pasado juntos, no podía imaginar que lo traicionara.

Sin embargo, la sombra de la duda siempre encontraba la forma de colarse entre las grietas de la confianza.

—Inicia una investigación silenciosa —ordenó Levi con voz firme—.

Nadie fuera de este círculo debe saberlo.

Si tienen a alguien dentro, quiero que crea que seguimos en la oscuridad.

Ethan asintió y salió sin decir más, dejando a Levi nuevamente solo con sus pensamientos.

Horas más tarde, el equipo se reunió en el campo de entrenamiento.

El ambiente estaba cargado; todos sabían que algo estaba mal, aunque nadie se atrevía a preguntar.

Levi observaba desde las gradas, con una expresión seria.

Ryan se acercó después de la práctica, visiblemente agotado.—Levi, ¿todo bien?

Has estado distante desde anoche.

El empresario lo miró, estudiando cada gesto, cada palabra.—Solo cansado —mintió—.

Hay demasiado en juego últimamente.

Ryan asintió, aunque no pareció convencido.—Si necesitas hablar, sabes que estoy aquí.

No quiero que nada afecte al equipo.

Levi forzó una sonrisa.—Lo sé, Ryan.

Y agradezco tu lealtad.

Mientras Ryan se alejaba, Levi sintió una punzada de culpa por haberlo dudado siquiera un segundo.

Pero la desconfianza era un lujo que ya no podía permitirse ignorar.

Esa misma noche, Ethan lo contactó nuevamente desde el centro de monitoreo.—Levi, encontramos algo —dijo por el comunicador—.

Un archivo oculto en el sistema del club, con fecha de creación de hace dos meses.

Está cifrado, pero dentro encontramos una firma digital.

—¿De quién?

—preguntó Levi.Ethan respiró hondo antes de responder:—De tu hermano.

El silencio que siguió fue absoluto.

Levi sintió cómo todo su cuerpo se paralizaba.—Eso es imposible —susurró, incrédulo—.

Mi hermano murió hace años.

—Lo sé.

Pero la firma es auténtica.

Y hay algo más… El archivo contiene coordenadas.

Un lugar en las afueras de Manchester.

Levi se levantó de inmediato.—Envíame la ubicación.

Voy para allá ahora mismo.

—No deberías ir solo —advirtió Ethan—.

Podría ser una trampa.

—Si hay una mínima posibilidad de que esté vivo… tengo que saberlo —replicó Levi con determinación.

La noche cubría los caminos rurales cuando el auto de Levi se adentró en la oscuridad.

Solo las luces del vehículo iluminaban el camino empedrado que conducía hacia un antiguo almacén abandonado.

Se bajó lentamente, sintiendo cómo la tensión se apoderaba de su cuerpo.

El silencio era absoluto.

Solo se oía el crujir de las hojas bajo sus pasos.

Empujó la puerta metálica y esta se abrió con un chirrido metálico.

Dentro, la penumbra era casi total, salvo por un destello intermitente proveniente del fondo.

Se acercó con cautela y encontró un monitor encendido, mostrando una secuencia de imágenes: fotografías del club, de él, de los jugadores… y finalmente, una foto de su hermano.

De pronto, la pantalla parpadeó y apareció un mensaje: “Si quieres respuestas, deja de buscar enemigos afuera.

El verdadero peligro siempre ha estado dentro.” El corazón de Levi se aceleró.

En ese momento, un ruido metálico lo hizo girar.

Una figura encapuchada estaba detrás de él, observándolo en silencio.

—¿Quién eres?

—preguntó Levi, tensando los músculos, preparado para lo peor.

La figura no respondió.

Lentamente se quitó la capucha… y Levi sintió que el mundo se detenía.

Su rostro era familiar.

Dolorosamente familiar.

Era idéntico al de su hermano.

La respiración de Levi se volvió irregular.

No sabía si estaba soñando, si era una broma o si la locura finalmente lo había alcanzado.—No puede ser… —susurró, retrocediendo un paso.

El hombre frente a él sonrió, una sonrisa llena de melancolía y secretos.—Hace mucho que no escuchaba tu voz, Levi.

El empresario apenas podía articular palabra.—Tú… estás muerto.

Te vi morir.

El hombre bajó la mirada.—Y sin embargo, aquí estoy.

Levi no sabía si abrazarlo o golpearlo.

La mezcla de rabia, confusión y alivio lo desbordaba.—¿Qué demonios está pasando?

Su hermano lo miró con una serenidad inquietante.—Hay cosas que nunca entendiste.

Cosas que me obligaron a desaparecer.

Pero ahora el mismo enemigo que me hizo ocultarme está detrás de ti.

Y si no hacemos algo juntos… no sobrevivirás.

El silencio entre los dos hermanos era casi insoportable.

El viento que se colaba por las grietas del viejo almacén silbaba como un eco del pasado, trayendo consigo el peso de los años perdidos, las mentiras y las heridas que nunca sanaron.

Levi observaba a aquel hombre con el rostro de su hermano, incapaz de decidir si debía confiar o correr.—Quiero una explicación —dijo finalmente, con voz baja pero firme—.

No me importa cuánto duela, pero la quiero ahora.

El hombre dio un paso hacia adelante, con una mezcla de tristeza y determinación en los ojos.—Mi nombre… sigue siendo el mismo, aunque durante años me obligaron a borrarlo de los registros.

Me hicieron desaparecer para protegerte, Levi.

Levi frunció el ceño.—¿Protegerme?

¿De qué hablas?

¡Yo vi tu tumba!

¡Tu accidente!

—Nada de eso fue real —respondió su hermano—.

Aquello fue una puesta en escena, un montaje organizado por la misma corporación que ahora te persigue: NovaCorp.

El nombre cayó como un trueno entre ambos.

Levi lo conocía bien.

Era una de las grandes competidoras de LeviTech, la empresa matriz detrás de gran parte de las inversiones de Levi, desde tecnología deportiva hasta inteligencia artificial.—NovaCorp… —repitió lentamente—.

Ellos están detrás de los ataques al club, del sabotaje…1 —Y de mucho más —interrumpió su hermano—.

Hace años, trabajaba dentro de su división de desarrollo experimental.

Descubrí que estaban manipulando datos de jugadores y apostadores para controlar resultados deportivos a gran escala.

Cuando quise denunciarlo, intentaron matarme.

Levi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Todo encajaba demasiado bien: los movimientos financieros sospechosos, los intentos de compra del club, el ataque en la final… todo tenía un origen más profundo.—Entonces fingiste tu muerte —dijo lentamente—.

¿Y me dejaste vivir creyendo que había perdido a mi único hermano?

El hombre bajó la mirada.—No había otra opción.

Si sabías que estaba vivo, te habrían ido a buscar.

Yo… te observé desde las sombras, Levi.

Vi cómo crecías, cómo levantabas tu imperio.

Pero también vi cómo ellos empezaban a acercarse otra vez.

Levi lo observó con una mezcla de rabia y dolor.—Podrías haber confiado en mí.

No necesitabas desaparecer.

Su hermano suspiró.—No eras el mismo entonces.

Y aún hoy… sigues siendo el centro de su plan.

Ellos no quieren destruirte.

Quieren usarte.

—¿Usarme?

—repitió Levi, incrédulo.

—Tú controlas los datos de millones de usuarios a través de tus empresas tecnológicas.

Tienes influencia en los medios, en los deportes y en la economía.

Eres el vehículo perfecto para lo que NovaCorp busca: control masivo.

Levi se apoyó contra una de las columnas, tratando de procesar lo que oía.—¿Y qué se supone que quieren que haga?

—Nada, al menos no directamente —respondió su hermano—.

Ellos ya están manipulando tus sistemas.

El ataque al club fue solo una prueba.

Si logran acceder completamente a tu red principal, usarán tu nombre y tus recursos para controlar flujos de información globales.

Y cuando eso ocurra, ya será demasiado tarde para detenerlos.

El empresario apretó los puños.—No pienso permitirlo.

Su hermano asintió.—Por eso estoy aquí.

No puedo luchar solo contra ellos.

Pero tú tienes poder, aliados, y algo que ellos nunca entenderán: lealtad verdadera.

El viento sopló con más fuerza, y el techo del almacén gimió.

A lo lejos, se escuchó el ruido de un motor.

Ambos intercambiaron miradas.

—Nos siguieron —dijo Levi, sacando su arma del abrigo.

Su hermano asintió y tomó una pistola de una caja cercana.—Tienen rastreadores térmicos.

Si estamos aquí, es porque quieren que nos encuentren.

—Entonces será mejor darles la bienvenida —respondió Levi con una media sonrisa.

Las luces de dos vehículos negros se detuvieron frente al almacén.

Hombres armados descendieron rápidamente, rodeando la entrada.

Uno de ellos gritó:—¡Levi!

No tiene que terminar así.

Entréguese y nadie saldrá herido.

Levi miró a su hermano.—¿Amigos tuyos?

—Viejos colegas —respondió el otro con ironía—.

Créeme, no quieren conversar.

El primer disparo rompió la tensión.

Levi se cubrió detrás de una columna mientras las balas perforaban el metal y levantaban nubes de polvo.

Su hermano respondió con precisión, derribando a uno de los atacantes.

El caos se desató.

—¡Por la derecha!

—gritó Levi mientras recargaba.—¡Ya los vi!

—respondió su hermano, lanzando un disparo que hizo explotar una de las camionetas.

El fuego iluminó la oscuridad, proyectando sombras danzantes sobre las paredes.

En medio del tiroteo, Levi sintió una adrenalina que no experimentaba desde hacía años.

No era solo una lucha por su vida, sino por la verdad, por su familia, por todo lo que había construido.

Tras varios minutos, el silencio volvió.

Solo quedaban los ecos de los disparos y el olor a pólvora.

Su hermano se apoyó en una viga, respirando con dificultad.—No era un ataque al azar —dijo entre jadeos—.

Querían eliminar testigos.

Lo que vimos en ese monitor… era una advertencia.

Levi se acercó y lo sujetó del brazo.—Entonces tenemos que movernos.

Ya no hay vuelta atrás.

El otro asintió.—Hay un lugar donde podemos planear nuestro siguiente paso.

Un refugio que construí hace años, lejos de la red.

Pero antes… necesito que confíes en mí, Levi.

Lo que viene no será fácil.

Levi lo miró con firmeza, sin apartar la vista.—Después de todo esto, no tengo opción.

Pero si me traicionas otra vez… esta vez sí te enterraré yo mismo.

Su hermano esbozó una sonrisa cansada.—Justo como en los viejos tiempos.

Ambos salieron del almacén bajo la luz trémula del fuego.

A sus espaldas, el lugar que había guardado la verdad por años ardía, consumido por las llamas.

Pero lo que se había encendido dentro de ellos era aún más peligroso: la chispa de una guerra que recién comenzaba.

Mientras el vehículo se alejaba hacia la oscuridad del campo, Levi miró por la ventana y murmuró para sí:—El pasado regresó… y esta vez no pienso huir.

En la distancia, las luces de la ciudad titilaban como si observaran el comienzo de algo inevitable.

La historia de los hermanos Levi apenas estaba comenzando.

Hola soy el autor vengo a preguntar, ¿les esta gustando el rumbo que esta tomando la historia y su desarrollo?, ¿o debería a volver lo antes posible al enfoque del futbol y nada mas de este estilo?.

Cualquier consejo, critica o opinión es de sumo valor ya que soy un autor totalmente novato y sin experiencia previa en la serialización de una historia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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