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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 Reunión a puerta cerrada
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39: Reunión a puerta cerrada 39: Reunión a puerta cerrada El edificio del club estaba envuelto en una calma que no le pertenecía.

A esa hora, los pasillos del New Manchester United solían vibrar con voces, pasos y ecos de balones golpeando las paredes.

Pero esa mañana, el silencio era distinto: pesado, expectante, casi incómodo.

Thiago caminó por el pasillo con las manos en los bolsillos, intentando mantener la calma.

Había dormido apenas tres horas, y el cansancio se mezclaba con una sensación que no sabía si era nervios o simple intuición.

Al final del pasillo, la puerta de vidrio de la oficina de Levi lo esperaba entreabierta.

El dueño del club lo recibió con una mirada firme.

No había rastro de su habitual sonrisa.—Cerrá la puerta, Thiago.

—Su voz sonó seca, casi militar.

Thiago obedeció.

Frente a él, Levi estaba acompañado por Rafael Núñez, el director deportivo, y Klein, un asesor de traje gris que no recordaba haber visto antes.

En la mesa había una carpeta gruesa con su nombre en la tapa: “Thiago Arenas – Proyecto de proyección internacional”.

—¿Qué es todo esto?

—preguntó Thiago, con el ceño fruncido.

Rafael tomó la palabra, intentando sonar amable.—Es algo bueno, Thiago.

Una oportunidad.

Desde que jugaste esos dos últimos partidos, las redes están explotando.

Tu nombre aparece en todos lados.

Equipos de Europa, de Brasil, incluso de Asia están preguntando por vos.

Levi permaneció en silencio, observándolo con los dedos entrelazados.

—Entonces, ¿esto es una oferta?

—preguntó Thiago, con una mezcla de emoción y duda.

Klein intervino con voz fría y profesional.—Aún no.

Pero lo será, si firmás un acuerdo de representación con el club.

Nos permitiría negociar en tu nombre y asegurar que no caigas en manos de agentes externos.

Thiago levantó la mirada.—¿Agentes externos como Delano?

El silencio en la sala fue inmediato.

Rafael y Klein se miraron, y Levi suspiró.—Así que ya te contactó —dijo Levi, con un tono resignado—.

Lo sabía.

Ese tipo huele el talento como un buitre huele la carne.

—No firmé nada —aclaró Thiago enseguida.—Bien —respondió Levi—, porque si lo hacías, él tendría derechos sobre vos.

Y te aseguro que no te conviene.

Thiago se cruzó de brazos.—Y entonces, ¿qué diferencia hay entre él y ustedes?

Los dos quieren que firme algo para poder decidir por mí.

Rafael intentó suavizar el ambiente.—Thiago, no lo veas así.

Nosotros somos tu club.

Te formamos, apostamos por vos.

Solo queremos asegurarnos de que tu carrera se maneje bien, con planificación.

Pero el joven no se dejó convencer tan fácil.—También querés asegurarte de que el club gane plata si me venden —dijo, sin rodeos.

Levi lo observó un momento, sin responder.

Luego se levantó y caminó hacia la ventana.—Tenés razón —admitió, con una sinceridad que lo descolocó—.

El fútbol es un negocio, Thiago.

Siempre lo fue.

Pero no todos los que hacen negocio lo hacen por codicia.

Algunos lo hacen para proteger lo que construyeron.

El silencio volvió a llenar la sala.

Levi se giró hacia él.—Mirá, pibe.

Si firmás con nosotros, te aseguro estabilidad, entrenamiento personalizado, proyección internacional y un plan para tu futuro.

No vas a ser un jugador más.

Vas a ser el emblema del New Manchester United.

Las palabras pesaban, brillaban, tentaban.

Era todo lo que Thiago había soñado.

Pero, al mismo tiempo, algo dentro de él se resistía.

—Quiero pensarlo —dijo finalmente.

Klein frunció el ceño.—No hay mucho tiempo para pensar.

—Entonces tendrán que esperarme —respondió Thiago, firme.

Levi sonrió apenas, una mueca que mezclaba orgullo y preocupación.—Eso es lo que más me gusta de vos.

No sos fácil de comprar.

Pero también es lo que puede destruirte si no aprendés cuándo ceder.

Cuando salió de la oficina, el aire le pesó en los pulmones.

Caminó hacia el campo de entrenamiento, donde algunos compañeros ya estaban haciendo ejercicios.

Entre ellos estaba Sergio, el capitán, quien lo saludó con una palmada en la espalda.

—¿Todo bien?

—preguntó.—Más o menos.

—Thiago suspiró—.

Parece que ahora todos tienen planes para mí, menos yo.

Sergio rió, sin dejar de trotar.—Bienvenido al fútbol profesional, hermano.

Acá todos quieren un pedazo de tu historia.

Lo importante es que seas vos quien escriba el final.

Esas palabras lo acompañaron durante toda la práctica.

Mientras corría, mientras tocaba el balón, mientras escuchaba los gritos del entrenador corrigiendo posiciones.

Pero algo en su cabeza no paraba de girar: “¿Y si firmar era lo correcto?

¿Y si perder esa oportunidad significaba quedarse atrás?” El sonido del silbato lo trajo de vuelta a la realidad.

El entrenamiento terminaba, pero la verdadera batalla apenas comenzaba.

Esa tarde, en el vestuario, el ambiente estaba tenso.

Algunos jugadores hablaban en voz baja, otros lo miraban de reojo.

Ya todos sabían que había ofertas, rumores, contratos.

Cuando salió del club, el cielo estaba nublado otra vez, igual que la primera vez que jugó con la rodilla lesionada.

Solo que ahora, la tormenta era distinta.

Era interna.

Y mientras caminaba hacia el estacionamiento, una voz detrás de él lo detuvo.—Thiago —dijo alguien.

Era Levi, apoyado en la puerta—.

Mañana a las nueve.

Quiero que estés en mi oficina otra vez.

Tenemos que decidir hacia dónde vas.

Thiago asintió, aunque no estaba seguro de cuál sería su respuesta.

Cuando se alejó, Levi lo siguió con la mirada.

En sus ojos, había una mezcla de admiración y temor.

Sabía que ese chico tenía algo que el dinero no podía comprar: una voluntad propia.

Y en el mundo del fútbol, eso era tanto una bendición… como una amenaza.

La mañana siguiente amaneció gris.

El cielo, encapotado, parecía presagiar algo.Thiago se despertó antes de que el despertador sonara.

Había dormido poco, y en su mente la conversación del día anterior se repetía una y otra vez, como un eco difícil de apagar.

Se vistió sin demasiada prisa, pero con la cabeza llena de pensamientos.Mientras ataba los cordones de sus zapatillas, su madre apareció en la puerta del cuarto.—¿Otra vez tenés reunión?

—preguntó con ese tono entre curioso y preocupado.—Sí.

Con Levi.Ella cruzó los brazos.

—Ese hombre no me gusta.

Habla como si todo lo que toca le perteneciera.Thiago esbozó una sonrisa cansada.

—A veces siento que, en este mundo, todo tiene dueño… menos uno mismo.Su madre lo miró en silencio, sabiendo que no podía detenerlo, solo acompañarlo en la distancia.

Cuando llegó al club, el ambiente era diferente.

Los empleados evitaban mirarlo directamente, y algunos compañeros, al cruzarlo, bajaban la voz.El rumor ya se había expandido: Thiago Arenas podría ser vendido al extranjero.Una parte de él se sentía halagada… pero otra, inquieta.

La secretaria de Levi lo hizo pasar sin demoras.Dentro de la oficina, el ambiente era más tenso que la vez anterior.

Levi estaba de pie, observando unos papeles sobre la mesa; Rafael y Klein ya lo esperaban.

Pero había alguien más: un hombre alto, de traje oscuro, con una sonrisa demasiado amable.

—Thiago, te presento a Gustavo Menéndez, uno de los representantes legales del club y encargado de las negociaciones internacionales —dijo Levi, sin levantar mucho la voz.

Thiago estrechó la mano del hombre, que lo saludó con una cortesía mecánica.—Encantado, Thiago.

He escuchado mucho sobre vos.

Dicen que sos “la joya más brillante del sur”.

El joven sonrió apenas, incómodo.—Supongo que eso depende de quién lo diga.

Levi sonrió de lado.

—Eso mismo le dije yo —comentó, intentando romper el hielo—.

Sentate, pibe.

Tenemos que hablar de algo importante.

Sobre la mesa había dos carpetas: una con el logo del New Manchester United… y otra con un sello rojo que Thiago no reconoció.

—¿Qué es eso?

—preguntó, mirando la carpeta roja.

Menéndez fue directo al punto.—Una oferta.

Llegó anoche.

De parte del Clube Atlético Carioca, de Brasil.

Te quieren a préstamo por una temporada, con opción de compra.

Pagan bien, y prometen que vas a tener minutos desde el primer partido.

Thiago se quedó en silencio unos segundos.

Brasil.

Un país con pasión por el fútbol, cuna de talentos… pero también, un salto enorme.—¿Y el club qué dice?

Rafael intervino.

—Esa es la parte complicada.

Si firmás con nosotros el contrato de representación, nosotros nos encargamos de negociar los términos.

Podés irte, sí, pero todo bajo nuestro control.

Thiago lo miró fijamente.—¿Y si no firmo?

Klein tomó la palabra con una sonrisa casi paternal.—Entonces… difícilmente podamos respaldarte.

El club no puede dejarte ir así como así.

El silencio volvió a caer como una losa.

Thiago lo entendió enseguida:Era una trampa.Una decisión disfrazada de oportunidad.

Levi lo observó desde su escritorio, sin decir nada.

Sabía que el chico había captado la jugada.

—¿Por qué hacen esto?

—preguntó finalmente Thiago, con el ceño fruncido—.

¿Por qué tanto apuro en que firme algo que ni siquiera entiendo del todo?

Menéndez mantuvo su tono calmo.—Porque esto no es un juego, Thiago.

Es tu futuro.

Y en el fútbol, el que duda, se queda atrás.

Pero Thiago no era el mismo muchacho que había vuelto de una lesión con miedo y vergüenza.

Su voz, aunque temblorosa, salió firme.—También el que firma sin pensar… termina perdiéndose a sí mismo.

Levi soltó un suspiro.—Pibe, nadie te está obligando.

Pero si querés seguir creciendo, necesitás respaldo.

No podés enfrentar solo al sistema.

—Entonces déjeme hacerlo a mi manera —respondió, levantándose.

Rafael se removió incómodo.—Thiago, no hagas esto difícil.

El joven lo miró con una mezcla de tristeza y decepción.—No soy yo el que lo está haciendo difícil.

Dicho eso, se dio media vuelta y salió de la oficina.

El pasillo parecía más largo que nunca.

Cada paso resonaba en el suelo de mármol, marcando un ritmo lento y pesado.

Cuando llegó al vestuario, ya no había nadie.

Se sentó en su lugar habitual, frente a su casillero, y respiró hondo.

En el silencio, su reflejo en el espejo lo miró con una expresión cansada, pero decidida.Por primera vez, entendía algo que antes no veía: el talento no era suficiente.

En el fútbol profesional, la verdadera lucha no estaba en la cancha… sino fuera de ella.

Sacó su celular.

Tenía varios mensajes sin leer.

Uno de ellos era de Delano, el representante del que tanto le habían advertido.

“Vi lo que pasó hoy.

No firmes nada con ellos.

Sé más de lo que imaginás.

Te están usando.” Thiago lo leyó varias veces.

Dudó.

¿Y si Delano realmente decía la verdad?

¿Y si lo estaban manipulando?

Salió del vestuario y caminó hacia las gradas vacías.

El campo de entrenamiento se extendía frente a él, iluminado por una luz gris.Allí, donde todo había comenzado, sintió una mezcla de rabia y claridad.

Sabía que no podía confiar ciegamente en nadie, pero también que debía seguir su propio instinto.Apretó el celular entre las manos y envió una respuesta corta: “Hablemos.

Pero no prometo nada.” Esa noche, en su habitación, Thiago se quedó despierto hasta tarde mirando el techo.Por primera vez, no pensaba en un rival, ni en un gol, ni en una jugada.Pensaba en lo que significaba ser dueño de su propio destino.

Porque entendía algo que Levi nunca le diría en voz alta:El fútbol no solo formaba jugadores.

También los moldeaba, los quebraba y, a veces, los compraba.

Pero él no estaba dispuesto a venderse tan fácil.

Y aunque el mundo entero le pusiera un precio, Thiago Arenas había decidido algo que cambiaría el rumbo de su historia:Nadie más negociaría su valor por él.

El estadio, ahora vacío, era un gigante dormido.

Las luces, que horas atrás bañaban de gloria a los jugadores del New Manchester United, se iban apagando una a una.

Solo quedaba un murmullo distante, un eco del público que ya se había ido, como si el alma del lugar se resistiera a dejar marchar la energía que había vibrado entre esas paredes.

Levi se quedó solo en el campo, mirando el césped humedecido por el rocío de la noche.

Aún podía ver en su mente el gol decisivo, la jugada de Ian que había cerrado el marcador, la explosión de júbilo de los hinchas.

Sin embargo, no sentía esa euforia que solía acompañar a la victoria.

Había algo más grande moviéndose en las sombras, algo que ni siquiera el éxito deportivo podía eclipsar.

Las negociaciones con el consorcio asiático habían avanzado más rápido de lo esperado.

Los rumores ya circulaban: el New Manchester United podría convertirse en el club más valioso de Europa.

Pero Levi no veía en eso un motivo de celebración.

La propuesta implicaba entregar parte del control, abrir la puerta a intereses externos que no comprendían la filosofía que había levantado con tanto esfuerzo.

Aun así, era una oportunidad que ningún empresario cuerdo dejaría pasar.

Y Levi, aunque emocionalmente atado al club, sabía que debía pensar como un estratega.

—“A veces, para proteger algo, hay que dejarlo volar” —se repetía a sí mismo, recordando las palabras de su madre, una mujer de negocios que había sabido cuándo soltar para no perder.

A lo lejos, Ian se acercó caminando despacio.

Llevaba la chaqueta del equipo colgada al hombro y una botella de agua en la mano.

El joven tenía los ojos brillantes, aún llenos de la emoción del triunfo, pero también de cierta duda.

Sabía que algo estaba cambiando, aunque nadie le había dicho nada con claridad.

—¿Pensando en vender el alma del club, jefe?

—preguntó con una sonrisa, pero con tono serio.

Levi soltó una risa breve, más amarga que divertida.—Depende de a quién creas que pertenece el alma, Ian.

Algunos dirán que es de los jugadores, otros de los hinchas…

y otros, como yo, que es de todos los que han sufrido por este escudo.

Ian se quedó en silencio, mirando las gradas vacías.—Sea de quien sea, yo solo espero que no se pierda lo que nos hace diferentes.

Levi lo miró con atención.

Aquel muchacho que una vez había sido un talento perdido en las divisiones inferiores se había convertido en el símbolo de todo lo que el club representaba: trabajo, humildad y pasión.

—Eso depende de nosotros —respondió Levi finalmente—.

Y de las decisiones que tomemos a partir de ahora.

Mientras caminaban hacia el túnel, Levi recibió un mensaje en su teléfono.

Era de Nadia, su socia y una de las mentes financieras más brillantes de su entorno.

“Los inversionistas confirmaron su llegada a Londres en tres días.

Quieren verte personalmente antes de firmar cualquier acuerdo.” Levi apretó el teléfono en el puño.

Sabía que esa reunión definiría el futuro del club y, tal vez, el suyo.

La mañana siguiente, las oficinas del New Manchester United parecían una colmena.

Los asesores legales, analistas y representantes de marketing se movían de un lado a otro.

Todo debía estar impecable antes del encuentro con el consorcio.

Levi, sin embargo, decidió tomarse un momento de soledad en su despacho.

Desde allí podía ver el campo de entrenamiento, donde Ian y los demás jugadores comenzaban la práctica ligera.

Nadia entró sin golpear, como era su costumbre.

Llevaba una carpeta gruesa y una mirada seria.—Tenemos que hablar, Levi —dijo sin rodeos.—¿Sobre el trato o sobre lo que estás pensando desde hace días?

—contestó él sin levantar la vista de los documentos.—Sobre ambas cosas.

Esto…

—abrió la carpeta— …es una bomba.

Uno de los inversores principales, el señor Zhang, tiene vínculos con una compañía que está siendo investigada por manipulación financiera.

Si firmamos el acuerdo, el club podría quedar involucrado indirectamente.

Levi levantó la cabeza de golpe.—¿Estás segura?—Completamente.

He rastreado las transacciones.

Es un riesgo enorme.

El silencio se extendió entre ambos.

Levi se levantó, caminando hasta la ventana.

Afuera, Ian ejecutaba una serie de disparos al arco con una precisión casi perfecta.—No puedo permitir que algo así manche lo que hemos construido —murmuró.—Entonces, ¿qué vas a hacer?—Voy a ir a esa reunión, pero no para aceptar.

Voy a exponerlos.

Nadia lo miró sorprendida.—Eso podría costarte enemigos poderosos.—Ya tengo enemigos —dijo Levi, con una sonrisa cansada—.

Pero prefiero tener enemigos que dormir tranquilo sabiendo que no vendí lo que más amo.

Tres días después, en un hotel de lujo de Londres, la reunión comenzó.

Los inversionistas, trajeados y seguros de sí mismos, lo recibieron con cordialidad.

El señor Zhang, un hombre de mediana edad con expresión imperturbable, lo invitó a sentarse.

—Señor Levi, creemos que juntos podemos llevar al New Manchester United a la cima del mundo —dijo con un inglés impecable—.

Lo que proponemos no es una compra, sino una alianza estratégica.

Levi lo escuchó en silencio.

Luego, con calma, deslizó sobre la mesa un dossier con documentos.—Antes de hablar de alianzas, tal vez quiera explicarme esto.

—Levi señaló los reportes financieros que Nadia había preparado—.

Cuentas offshore, triangulación de fondos y una empresa fantasma vinculada a una investigación internacional.

El silencio fue inmediato.

Zhang intentó mantener la compostura.—No entiendo de qué me habla…—Yo sí —interrumpió Levi—.

Entiendo perfectamente.

Y también entiendo que mi club no será parte de su lavado de dinero.

El ambiente se tensó.

Uno de los intérpretes intercambió miradas nerviosas con sus colegas.

Levi se levantó.—La reunión ha terminado.

Al salir, el aire frío de la mañana londinense le golpeó el rostro.

Sintió una mezcla de alivio y peligro.

Sabía que ese movimiento tendría consecuencias.

Pero por primera vez en semanas, se sintió en paz.

De regreso al estadio, lo esperaba Ian con una sonrisa y una pelota bajo el brazo.—¿Cómo salió la reunión?Levi sonrió.—Digamos que el New Manchester United sigue siendo nuestro.Ian lo miró confundido, pero luego comprendió.—Entonces, ganamos otra vez.

Levi asintió.—Sí, Ian.

Ganamos otra vez.

Pero esta vez, fuera del campo.

Mientras el sol comenzaba a ponerse sobre el horizonte, ambos se quedaron observando el estadio vacío.

El futuro era incierto, pero una cosa estaba clara: el espíritu del club seguía intacto, tan fuerte como siempre, latiendo en el corazón de todos los que creían que el fútbol era más que un negocio.

Era una familia, una promesa, un legado.

Y Levi sabía que mientras ese espíritu viviera, el New Manchester United jamás caería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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