Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 45
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45: Ecos del Pasado 45: Ecos del Pasado El amanecer sobre Manchester parecía distinto.
Un tono grisáceo cubría el horizonte, como si el cielo estuviera indeciso entre la calma y la tormenta.
Levi, sentado en el balcón de su oficina privada en el estadio del New Manchester United, observaba el campo vacío mientras sostenía una taza de café que ya se había enfriado.
Habían pasado semanas desde la última gran victoria del equipo, pero el ambiente no era de celebración, sino de tensión.
Algo invisible se respiraba entre los jugadores, un aire cargado de sospechas, silencios y miradas que evitaban cruzarse demasiado tiempo.
Ethan, el joven prodigio que había devuelto la gloria al club, ya no era el mismo.
Desde el incidente con la prensa y los rumores de una posible transferencia a Real Madrid, su actitud había cambiado.
Ya no se quedaba a entrenar después de los demás, ni reía con los compañeros.
En su mirada se mezclaban el cansancio y algo más profundo: la duda.
Levi lo había notado, y aunque intentaba mantener la distancia del rol de propietario, no podía evitar preocuparse.
Aquel muchacho representaba no solo el futuro del club, sino también una parte de sí mismo, su propia redención después de años de decisiones cuestionadas.
Ese día, una reunión secreta estaba por comenzar.
Levi había convocado a su círculo más cercano: Marcus, el director deportivo; Helena, la asesora financiera; y Alex, el entrenador principal.
Todos sabían que algo grande estaba en juego.
En la mesa había documentos con sellos confidenciales y un sobre lacrado que llevaba el logotipo de la UEFA.
Nadie se atrevía a abrirlo todavía.
Levi, con voz baja pero firme, rompió el silencio.—Lo que está dentro de ese sobre puede cambiarlo todo —dijo, dejando el sobre sobre la mesa central—.
Tanto para nosotros como para el futuro del New Manchester United.
La tensión era palpable.
Helena fue la primera en hablar.—¿Tiene que ver con la investigación por los fondos de transferencia?
—preguntó, cruzando los brazos.Levi asintió lentamente.—Y con algo más.
Una denuncia anónima llegó a la UEFA.
Dicen que uno de nuestros jugadores habría estado implicado en amaños de resultados… y el nombre que mencionan es el de Ethan.
Un silencio gélido invadió la sala.
Marcus golpeó la mesa con el puño.—¡Eso es imposible!
Ese chico ha dado todo por este club.
¡No lo haría jamás!Pero Levi no respondió.
Su mirada se perdió por la ventana, observando el campo vacío donde tantas veces había visto brillar al joven.
Sabía que en el fútbol, la verdad y la traición a menudo caminaban muy cerca una de la otra.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Ethan caminaba solo por las calles de Manchester, con una gorra baja y auriculares puestos.
Intentaba pasar desapercibido, pero su mente era un torbellino.
Había escuchado los rumores.
Sabía que algo se movía entre bastidores, pero lo que más lo atormentaba era no saber quién estaba detrás de todo.
Había confiado en Levi, en el club, en sus compañeros… y ahora sentía que el suelo se desmoronaba bajo sus pies.
Al llegar a un pequeño café en el centro, su teléfono vibró.
Un mensaje sin remitente decía: “Si quieres la verdad, ven al estacionamiento del estadio esta noche.
Solo.” Ethan frunció el ceño.
Su instinto le gritaba que era una trampa, pero su corazón no podía ignorarlo.
Sabía que, desde aquel momento, su destino estaba a punto de tomar un rumbo sin retorno.
De vuelta en el estadio, Levi abrió finalmente el sobre.
Dentro había documentos sellados, informes financieros y, entre ellos, una fotografía borrosa: Ethan, hablando con un hombre encapuchado en un estacionamiento oscuro.
La imagen parecía sacada de una cámara de vigilancia.
Nadie habló.
Solo se escuchaba el latido de un reloj marcando los segundos que parecían eternos.
Levi cerró los ojos y respiró hondo.—Encuéntrenlo —ordenó con voz grave—.
Antes de que alguien más lo haga.
Afuera, la lluvia comenzaba a caer sobre Manchester, como si el cielo mismo presintiera la tormenta que estaba por desatarse.
Ethan y Levi estaban a punto de enfrentarse no solo al poder del fútbol moderno, sino a sus propios fantasmas del pasado.
La lluvia golpeaba con furia los ventanales del estadio, distorsionando las luces de la ciudad que se reflejaban en los charcos del estacionamiento.
Levi, aún con el sobre en la mano, observaba cómo las gotas se deslizaban lentamente sobre el vidrio, como si cada una representara una decisión mal tomada, un error del pasado que ahora regresaba para cobrar su precio.
Alex, el entrenador, se acercó con paso lento y voz contenida.
—¿De verdad crees que Ethan podría estar involucrado en algo así?
—preguntó, rompiendo el silencio.Levi no respondió de inmediato.
Su mente repasaba una y otra vez los últimos meses: las ausencias repentinas del joven, los mensajes sin contestar, la mirada perdida en los entrenamientos.
Todo parecía insignificante en su momento, pero ahora encajaba como piezas de un rompecabezas siniestro.—No lo sé —dijo finalmente—.
Pero alguien quiere que lo creamos.
Y eso lo hace aún más peligroso.
Mientras tanto, Ethan caminaba bajo la lluvia rumbo al estadio, su respiración formaba nubes de vapor en el aire helado.
La ciudad parecía dormida, pero cada esquina le transmitía la sensación de estar siendo observado.
Su corazón latía con fuerza, no solo por el miedo, sino por la incertidumbre.
El mensaje que había recibido horas antes lo había perseguido todo el día, y aunque sabía que debía contarle a Levi, algo dentro de él le decía que debía enfrentarlo solo.
Cuando llegó al estacionamiento, el lugar estaba casi vacío.
Las luces de los postes parpadeaban intermitentemente, proyectando sombras que se movían con el viento.
Ethan avanzó con cautela, el agua empapando su chaqueta.
A lo lejos, una figura lo esperaba apoyada en un coche negro.
No podía verle el rostro, solo una silueta cubierta por una capucha.
—Viniste —dijo la voz, grave, distorsionada por el eco del lugar—.
Sabía que no podrías ignorarlo.Ethan dio un paso adelante.—¿Quién eres?
¿Qué quieres de mí?El desconocido rió suavemente.—No se trata de lo que yo quiera.
Se trata de lo que ya hiciste, aunque aún no lo sepas.
Las palabras lo golpearon como un puñetazo.
Ethan frunció el ceño, intentando entender.—No entiendo de qué hablas.La figura sacó un sobre similar al que Levi había recibido y lo lanzó al suelo frente a él.—Ahí tienes la prueba.
Tarde o temprano, todo saldrá a la luz.
Los de arriba no quieren héroes, quieren símbolos que puedan destruir cuando convenga.
Y tú, muchacho, eres el próximo.
Ethan se agachó, recogió el sobre y lo abrió con las manos temblorosas.
Dentro había copias de transferencias bancarias, contratos manipulados y un video de baja calidad donde alguien, muy parecido a él, hablaba con un representante de apuestas ilegales.
Su estómago se revolvió.—Esto es falso… —murmuró.—Tal vez —respondió el desconocido—.
Pero cuando los medios lo publiquen, ya no importará la verdad.
Solo la historia que el mundo quiera creer.
Ethan levantó la mirada, pero la figura ya no estaba.
Solo el eco de sus pasos alejándose se mezclaba con el ruido de la lluvia.
El joven se quedó quieto, paralizado, mientras su mente giraba sin control.
Sabía que si no hacía algo rápido, su carrera y el club entero se derrumbarían.
En ese mismo momento, Levi recibía una llamada urgente.
Marcus hablaba desde la otra línea, su voz cargada de alarma.—Levi, tienes que venir.
Acabo de revisar los servidores del club.
Alguien accedió a los archivos de transferencias esta mañana… desde una terminal registrada a nombre de Ethan.Levi apretó el teléfono con fuerza.—Eso no puede ser.
Él no haría algo así.—No lo sé, pero los registros están ahí.
Y si la UEFA los ve antes de que nosotros lo resolvamos, estamos acabados.
El propietario respiró hondo y se levantó de golpe.—Encuéntrenlo.
Esta noche.
No podemos dejar que nadie más lo vea antes que nosotros.
Fuera del estadio, Ethan corría bajo la tormenta, con el sobre apretado contra su pecho.
No sabía si debía ir con Levi o desaparecer.
Cada relámpago que iluminaba el cielo parecía recordarle su soledad, su vulnerabilidad.
Sabía que estaba atrapado en una red tejida con precisión milimétrica, una en la que el enemigo conocía todos sus movimientos.
Finalmente, llegó hasta el portón trasero del estadio.
Todo estaba en silencio, excepto por el ruido del viento colándose entre las gradas.
Empapado y jadeante, empujó la puerta y entró.
En ese momento no sabía que Levi lo buscaba, ni que las cámaras de seguridad ya estaban grabando cada paso que daba.
Las luces del pasillo se encendieron de golpe, y una voz resonó desde el fondo.—Ethan… tenemos que hablar.
Era Levi.
Su tono era grave, pero no hostil.
Sin embargo, detrás de sus ojos había una mezcla peligrosa de duda y determinación.
Ambos hombres se quedaron mirándose, sabiendo que lo que se dijera en los próximos minutos definiría no solo el destino del equipo, sino el de sus propias vidas.
El silencio entre Levi y Ethan era tan denso que parecía absorber el sonido de la lluvia que golpeaba el techo del estadio.
Ambos estaban frente a frente, bajo las luces frías del pasillo que conducía a los vestuarios.
Ethan, empapado y con el sobre en la mano, respiraba con dificultad, mientras Levi lo observaba con una mezcla de dolor y desconfianza.
—¿Qué tienes ahí?
—preguntó Levi con voz firme, aunque en su interior se debatía entre la furia y el deseo de creer.Ethan extendió el sobre, temblando.
—Encontré esto.
Alguien me lo entregó esta noche.
Dice que están intentando destruirme… destruirnos.
Levi tomó el sobre, lo abrió con cuidado y revisó los documentos.
Su rostro se endureció al ver las mismas pruebas falsificadas que había recibido horas antes.
Transferencias, contratos, grabaciones manipuladas.
Todo perfectamente armado para parecer real.—¿Sabes lo que esto significa?
—preguntó Levi, sin apartar la mirada del papel.—Significa que alguien quiere hundirme.
—Ethan apretó los puños—.
Pero te juro que no he hecho nada.
No tomé dinero, no hablé con nadie.
Solo juego.
Eso es todo lo que hago.
Levi suspiró.
Por un instante, su mirada se suavizó.
Conocía a Ethan demasiado bien como para creer que era un traidor, pero los hechos eran demasiado precisos, las pruebas demasiado convincentes.—El problema —dijo con tono sombrío— es que no importa lo que digas.
Si esto sale a la luz, los medios no esperarán la verdad.
Van a destrozarte.
Y el club caerá contigo.
Ethan bajó la cabeza, sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros.
—Entonces, ¿qué hacemos?Levi lo miró directamente.
—Descubrimos quién está detrás.
Y rápido.
Antes de que pudiera responder, la puerta del vestuario se abrió de golpe.
Marcus y Alex entraron con rostros tensos.—Tenemos un problema —dijo Marcus, agitando su tablet—.
Los archivos de las transferencias ya fueron filtrados a la prensa.
Un periodista deportivo acaba de publicar que el “joven prodigio del New Manchester United” está involucrado en un escándalo de apuestas ilegales.Ethan dio un paso atrás, como si le hubieran dado un golpe en el pecho.
—No… eso no puede ser.—Ya está en todos lados —confirmó Alex, mirando su teléfono—.
Twitter, noticieros, hasta los foros de fans.
Están pidiendo tu suspensión inmediata.
Levi apretó los dientes, tratando de contener la ira.—¿Quién filtró la información?
—preguntó, con la voz cargada de rabia.Marcus negó con la cabeza.
—No lo sabemos.
Pero el archivo original provino de un servidor del club.
Y la conexión lleva directamente a una IP vinculada con nuestra oficina de relaciones externas.Levi lo entendió de inmediato.
—Harper.
El nombre cayó como un rayo entre ellos.
Harper, el encargado de relaciones públicas del club, había estado actuando de forma extraña en los últimos meses.
Demasiadas reuniones fuera de agenda, demasiadas llamadas a contactos de la prensa.—Voy a hablar con él —dijo Levi, encaminándose hacia la salida.Ethan lo detuvo.
—No vayas solo.
Si él está involucrado, puede que no sea el único.
Levi lo miró con gravedad, pero asintió.—Tienes razón.
—Luego giró hacia Alex y Marcus—.
Encárguense de limpiar todo lo que puedan del servidor.
Tenemos que ganar tiempo antes de que esto se salga completamente de control.
La tensión era palpable.
El equipo entero estaba en peligro, y cada segundo contaba.
Ethan, aún empapado, se dejó caer en uno de los bancos del vestuario, con la cabeza entre las manos.
Todo lo que había construido, todo por lo que había luchado, se desmoronaba ante sus ojos.
Pero en medio de su desesperación, recordó algo: la voz del desconocido que lo había citado aquella noche.
“Los de arriba no quieren héroes, quieren símbolos que puedan destruir cuando convenga.”Se levantó de golpe.
—Levi, creo que esto va más allá del club.—¿Qué quieres decir?
—preguntó Levi, deteniéndose.—No es Harper el que está detrás.
Él solo es una pieza más.
Esto viene de más arriba, de alguien que quiere hacer desaparecer todo lo que hemos logrado.
Y creo que sé quién podría estar detrás.
Levi lo miró fijamente.—Habla.—Julius Van Doren —dijo Ethan, con una mezcla de temor y convicción—.
El empresario que intentó comprar el club el año pasado.
Lo rechazamos porque quería convertirlo en una marca de apuestas.
Desde entonces, no ha dejado de buscar una forma de entrar.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Marcus se acercó lentamente.
—Tiene sentido… Hace semanas recibí un correo anónimo ofreciendo comprar parte de nuestras acciones.
Y el remitente estaba registrado bajo una empresa subsidiaria de Van Doren Holdings.
Levi se quedó inmóvil unos segundos, procesando todo.—Entonces no solo es un ataque a Ethan.
Es un movimiento estratégico.
Quieren quebrarnos desde adentro para poder comprarnos por migajas.
Ethan apretó los puños, la ira reemplazando el miedo.
—No lo van a lograr.
Si quieren guerra, la tendrán.Levi lo miró con una chispa de orgullo en los ojos.
—Entonces prepárate, porque esta vez no se trata solo de fútbol.
Se trata de sobrevivir.
Afuera, la tormenta seguía rugiendo.
Los truenos retumbaban sobre el estadio vacío, como si el cielo presintiera que una batalla mucho mayor estaba por comenzar.
Ethan levantó la vista, decidido.
Sabía que el camino por delante sería oscuro, que los medios, las autoridades y los enemigos del club intentarían aplastarlo.
Pero también sabía que ya no era el mismo chico que había llegado al New Manchester United buscando un sueño.
Ahora era un hombre que lucharía por su verdad, sin importar las consecuencias.
Y mientras Levi salía del vestuario con el sobre en la mano y la mirada fija en el horizonte, ambos entendieron que esa noche marcaría el inicio de una guerra silenciosa donde el poder, la lealtad y la verdad serían las únicas armas capaces de decidir el futuro del club y de todos los que creían en él.
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