Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 47
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- Capítulo 47 - 47 Ecos después de la tormenta
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47: Ecos después de la tormenta 47: Ecos después de la tormenta La mañana siguiente a la conferencia fue un caos absoluto.
Los titulares de los principales periódicos y portales deportivos no hablaban de otra cosa: “Ethan rompe el silencio y acusa a la dirigencia”, “Levi y su jugador estrella enfrentan al poder”, “¿El New Manchester United bajo investigación?”.
Cada palabra, cada imagen del evento, había sido analizada hasta el más mínimo detalle.
Ethan se despertó temprano, aunque apenas había dormido dos horas.
El sonido constante del teléfono vibrando sobre la mesa lo mantenía en alerta.
Mensajes de apoyo, amenazas, solicitudes de entrevistas… todo mezclado en un torbellino que no sabía cómo manejar.
Se pasó una mano por el rostro, intentando sacarse de encima el cansancio.
El apartamento estaba en silencio, iluminado por una luz gris que se colaba entre las cortinas.
Sobre la mesa del comedor había una pila de papeles: copias de documentos, cartas del club, y una hoja arrugada donde había escrito la frase “La verdad no se negocia”.
La había garabateado antes de la conferencia, en un momento de duda, como si necesitara recordarse a sí mismo por qué estaba haciendo todo esto.
Sonó el timbre.
Ethan se acercó a la puerta, y al abrir, se encontró con Levi, impecablemente vestido como siempre, con una taza de café en una mano y una carpeta en la otra.—Buenos días, campeón —dijo con una media sonrisa—.
O debería decir, el hombre más buscado por la prensa europea.
Ethan bufó con cansancio.
—Preferiría ser solo un jugador de fútbol otra vez.
Levi entró y dejó la carpeta sobre la mesa.
—Eso volverá, créeme.
Pero antes tenemos que jugar otro tipo de partido.
Uno más… político.
Ethan se dejó caer en una silla, mirando fijamente la carpeta.
—¿Qué es eso?
—Informes de los medios, reacciones del consejo, y un pequeño regalo —respondió Levi mientras tomaba un sorbo de café—.
Parece que tu intervención tuvo más efecto del que esperábamos.
Algunos accionistas del club están pidiendo una auditoría interna.
El joven levantó la vista, sorprendido.
—¿En serio?
—Sí.
No confían en la directiva actual.
Quieren una investigación externa.
Y eso, Ethan, podría cambiarlo todo.
Por primera vez en días, el futbolista sonrió con un brillo de esperanza.
—¿Crees que esto pueda limpiar mi nombre definitivamente?
Levi lo miró con cautela.
—Puede ser el primer paso, pero no cantes victoria todavía.
Cuando se expone a los poderosos, no se rinden tan fácil.
Si el consejo cae, muchos intentarán arrastrarte con ellos para salvarse.
Ethan asintió en silencio.
En el fondo sabía que tenía razón.
No había nada garantizado, pero por lo menos ya no estaba solo en la oscuridad.
Mientras hablaban, la televisión mostraba imágenes de manifestaciones afuera del estadio del New Manchester United.
Algunos fanáticos sostenían pancartas que decían “Justicia para Ethan”, otros pedían explicaciones a la directiva.
Las redes sociales estaban divididas: una mitad lo apoyaba, la otra lo acusaba de traidor.
Levi apagó el televisor con el control remoto.
—El ruido mediático puede ser útil, pero también peligroso.
Necesitamos mantener el foco en los hechos, no en la opinión pública.
Ethan frunció el ceño.
—¿Y qué sigue?
Levi abrió la carpeta y mostró un documento.
—Tengo una reunión con los auditores externos mañana.
Quiero que tú vengas.
Ellos necesitan escucharte directamente.
El jugador lo dudó por un momento.
—¿Y si esto empeora todo?
Levi apoyó una mano en su hombro.
—Si no hablas, otros lo harán por ti, y dirán lo que les convenga.
Es tu historia, Ethan.
Es hora de que seas tú quien la narre.
El silencio llenó la habitación.
Afuera, los autos pasaban lentamente por las calles mojadas, mientras el viento movía las hojas caídas del otoño.
Ethan tomó aire y, tras unos segundos de reflexión, respondió con firmeza:—Está bien.
Haré lo que sea necesario.
No pienso dejar que me borren de mi propio sueño.
Levi sonrió, satisfecho.
—Eso quería oír.
Prepárate, porque el partido más importante de tu vida está por comenzar… y esta vez, no se juega en el campo.
El día de la reunión amaneció con una llovizna persistente.
Ethan se levantó temprano, más por nervios que por costumbre.
Se vistió con una camisa blanca sencilla y un saco oscuro.
Frente al espejo, apenas se reconocía.
Ya no era el chico del vestuario que soñaba con levantar trofeos; ahora tenía la mirada de alguien que había visto de cerca el lado más sucio del fútbol.
Cuando Levi llegó a recogerlo, el silencio entre ambos era denso, casi solemne.
El trayecto hacia la sede del club se hizo eterno.
Por las ventanillas del auto, Ethan veía a fanáticos con bufandas del equipo, algunos levantando carteles de apoyo, otros simplemente observando con curiosidad.
El rostro de Ethan se repetía en los noticieros que se proyectaban en pantallas callejeras: su nombre se había vuelto sinónimo de controversia.
—¿Estás listo?
—preguntó Levi sin apartar la vista del camino.
Ethan respiró hondo.
—No lo sé.
Pero voy a hacerlo igual.
Levi asintió con una leve sonrisa.
—Eso es lo único que importa.
La sede del New Manchester United se alzaba imponente bajo la lluvia, con sus paredes de vidrio reflejando el gris del cielo.
A la entrada, varios periodistas esperaban con cámaras encendidas, dispuestos a captar cualquier gesto, cualquier palabra.
Apenas bajaron del auto, los flashes los cegaron.
—¡Ethan, ¿puedes confirmar que hay pruebas de corrupción dentro del club?!
—gritó uno.—¡Levi, ¿estás detrás de todo esto para ganar poder dentro de la institución?!
—vociferó otro.
Levi levantó una mano y, con la calma de un veterano en medio del caos, respondió simplemente:—Hoy no habrá declaraciones.
Todo se aclarará en la reunión.
Dentro del edificio, el ambiente era completamente distinto: silencio, pasillos vacíos y un aire tenso.
Ethan podía escuchar el eco de sus propios pasos mientras subían las escaleras.
En la sala de juntas los esperaban tres auditores externos, una representante legal y dos miembros del consejo directivo.
Sobre la mesa, carpetas, grabadoras encendidas y miradas frías.
Uno de los auditores, un hombre de cabello canoso y lentes gruesos, tomó la palabra:—Señor Morales, gracias por venir.
Sabemos que esto no es fácil.
Queremos que hable libremente.
Todo quedará registrado, pero estará protegido por confidencialidad.
Ethan asintió y se acomodó en la silla.
Su corazón latía con fuerza, pero su voz se mantuvo firme.
—Estoy aquí porque durante meses se manipularon los informes médicos, se falsificaron datos sobre lesiones, y se me obligó a jugar partidos lesionado.
Cuando intenté hablar, me amenazaron con rescindir mi contrato y destruir mi reputación.
Las miradas en la mesa se cruzaron.
Una mujer del consejo carraspeó, incómoda.
—¿Tiene pruebas de esas acusaciones?
Ethan sacó de su bolso una carpeta que Levi le había preparado.
Dentro había copias de correos, reportes médicos y mensajes de texto.
Los colocó sobre la mesa uno por uno, con movimientos precisos, casi ceremoniales.
—Aquí están los documentos.
No son rumores.
Son hechos.
El silencio fue absoluto.
Solo se oía el golpeteo de la lluvia en los ventanales.
Los auditores revisaban los papeles con rostros graves.
Levi observaba desde un costado, sin decir nada, pero con la mirada fija, vigilante.
—Esto es grave —dijo finalmente uno de los auditores—.
Si todo esto se confirma, el club enfrentará sanciones importantes.
—No busco venganza —interrumpió Ethan—.
Solo quiero que la verdad salga a la luz y que nadie más pase por lo mismo.
La sinceridad en su voz desarmó por un instante la tensión.
Incluso los miembros del consejo, que habían entrado con actitud defensiva, parecían ahora menos seguros de su postura.
Uno de ellos, un hombre de rostro pálido y cabello peinado hacia atrás, habló por primera vez:—Ethan, sabes que este tipo de cosas pueden destruir carreras.
No solo la tuya.
Ethan lo miró directo a los ojos.
—Lo sé.
Pero callar también destruye, solo que más lento.
Levi sonrió apenas.
Sabía que ese instante quedaría grabado.
Era el punto de no retorno: Ethan había dejado de ser una víctima para convertirse en una voz poderosa.
La reunión continuó por más de dos horas.
Al salir, los dos caminaron por el pasillo sin hablar.
Cuando cruzaron la puerta principal, una multitud de periodistas los esperaba nuevamente.
Esta vez, Levi no intentó detenerlos.
Ethan se detuvo unos segundos bajo la lluvia, levantó la vista hacia los flashes y dijo con voz clara:—Hoy di mi testimonio.
No sé qué decidirán, pero mi conciencia está limpia.
Ya no tengo miedo.
Los reporteros se abalanzaron con preguntas, pero él simplemente siguió caminando, con Levi a su lado.
En ese momento, el mundo del fútbol entendió que la historia había cambiado.
El escándalo del New Manchester United ya no era solo un rumor: tenía rostro, tenía nombre… y ese nombre era Ethan Morales.
Esa noche, la ciudad parecía sostener la respiración.
El noticiero abría con una frase que se repetiría una y otra vez durante las próximas semanas: “Ethan Morales rompe el silencio.” Las imágenes del joven bajo la lluvia, mirando a las cámaras con firmeza, se volvían virales en cuestión de minutos.
Algunos lo llamaban valiente, otros lo tildaban de traidor.
Pero, más allá de las opiniones, una cosa era segura: el fútbol ya no volvería a ser el mismo.
Levi apagó el televisor y dejó escapar un suspiro largo.
Estaban en su apartamento, lejos del ruido mediático.
Ethan permanecía sentado junto a la ventana, mirando las luces de la ciudad.
No había en él satisfacción ni triunfo, solo una mezcla de cansancio y vacío.
—No pensé que doliera tanto decir la verdad —murmuró sin apartar la vista del cristal.
Levi se acercó lentamente.
—Siempre duele, Ethan.
Pero duele menos que vivir con mentiras.
El joven asintió.
Sabía que su vida cambiaría desde ese momento: las llamadas de los representantes cesarían, las puertas de algunos clubes se cerrarían… pero también había algo nuevo creciendo dentro de él, algo parecido a la paz.
Horas después, mientras la ciudad dormía, su celular vibró.
Era un mensaje desconocido: “Vi lo que hiciste hoy.
Eres más fuerte de lo que crees.
No todos te darán la espalda.
—D.” Ethan frunció el ceño.
No conocía a nadie con esa inicial, pero las palabras lo hicieron sonreír.
Era como una chispa en medio del caos.
Al día siguiente, los periódicos amanecieron con titulares contradictorios: “Héroe o traidor: la polémica confesión de Morales sacude al New Manchester.”“La verdad detrás del ídolo caído: corrupción en el corazón del fútbol.” Mientras tanto, en las oficinas del club, el presidente y varios directivos se reunían a puerta cerrada.
La presión pública aumentaba, los patrocinadores exigían respuestas y los auditores habían iniciado una investigación oficial.
El imperio que habían construido durante años comenzaba a agrietarse.
—No podemos dejar que ese chico nos hunda —dijo uno de los dirigentes con voz temblorosa.—Ya es tarde —respondió otro, mirando un informe filtrado en su tablet—.
Las pruebas son reales.
Si sale todo a la luz, no habrá forma de detenerlo.
Levi, por su parte, recibió una llamada importante esa mañana.
Era de un periodista con quien había trabajado en el pasado.—Lo que hiciste por el chico fue grande —le dijo el hombre del otro lado de la línea—.
Pero esto recién empieza.
Hay más de lo que imaginas detrás de esa historia.
—¿A qué te refieres?
—preguntó Levi, intrigado.
—Hay un fondo de inversión extranjero moviendo hilos dentro del club.
Ethan solo destapó la primera capa.
Si siguen investigando, podrían encontrar algo enorme.
Levi guardó silencio.
Sabía que, en el fútbol, el dinero era un monstruo invisible que devoraba todo a su paso.
Y si ese monstruo se sentía amenazado, respondería con fuerza.
Esa tarde, mientras caminaban por el parque, Ethan volvió a abrirse.
—¿Creés que hice lo correcto, Levi?
De verdad… ¿valió la pena?
—Mirá a tu alrededor —dijo Levi, señalando a unos chicos jugando bajo un árbol, con pelotas gastadas y sonrisas genuinas—.
Ellos no tienen idea de quién sos, ni de lo que hiciste.
Pero algún día jugarán en un mundo un poco más justo, y eso va a ser gracias a vos.
Ethan se quedó mirando a los niños.
Uno de ellos, descalzo, pateó la pelota con tanta pasión que por un segundo se vio reflejado en él.
Recordó su infancia, los sueños en el campo, las tardes interminables corriendo detrás del balón… y comprendió que, aunque su carrera estuviera en pausa, su propósito no había terminado.
Esa noche, mientras el viento golpeaba las ventanas del apartamento, Ethan tomó una libreta y escribió en la primera página: “No se trata solo de ganar.
Se trata de no rendirse, incluso cuando el mundo te dice que te calles.” Esa frase sería el inicio de algo nuevo, una historia diferente, una segunda oportunidad.
Y mientras Levi lo observaba en silencio, supo que ese joven al que una vez ayudó a levantarse del suelo ahora estaba listo para alzar vuelo por sí mismo.
El ruido de los flashes había quedado atrás.
Lo que venía por delante era aún más grande: una lucha por la verdad, la dignidad y el amor por el juego limpio.
El rugido del público todavía no se escuchaba… pero se avecinaba una tormenta.
Porque en el corazón de Ethan Morales, el fútbol aún ardía.Y no había fuerza capaz de apagar ese fuego.
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