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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - 48 Entre dudas y horizontes
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48: Entre dudas y horizontes 48: Entre dudas y horizontes El amanecer llegó con un tono grisáceo, como si el cielo acompañara el remolino emocional que Ethan llevaba por dentro.

Había dormido poco, casi nada.

Cada vez que cerraba los ojos, recordaba las imágenes, los comentarios, las entrevistas, los análisis de expertos que, sin conocerlo realmente, hablaban de él con una seguridad cruel.

Algunos lo llamaban valiente.

Otros, un desagradecido.

Pero las voces más duras eran las de aquellos jugadores veteranos que alguna vez había admirado y que ahora lo señalaban como “el chico que rompió el código del vestuario”.

Ethan se incorporó lentamente.

Levi ya estaba despierto, de pie junto a la barra de la cocina, preparando café mientras repasaba algo en su tablet.

Sus ojos se levantaron apenas escuchó los pasos del joven.

—Buen día —dijo Levi con tono suave, estudiándolo con discreción.—Buen día… si se le puede llamar así —respondió Ethan mientras se dejaba caer en una silla.

Levi deslizó una taza hacia él.

—Dormiste mal otra vez.—No hacen falta ojeras para saberlo, ¿verdad?

—intentó bromear Ethan, pero su voz sonó apagada.

Hubo un silencio breve.

Un silencio que pesaba.

—Las redes están explotando —admitió Levi finalmente—.

Pero también hay mucha gente defendiéndote.

Periodistas, ex jugadores, hinchas… Incluso asociaciones deportivas están pidiendo una investigación seria.

Tu voz no cayó en un pozo vacío.

Ethan asintió, pero no sonrió.

—Eso no cambia que muchos clubes ya me ven como un problema.—Los clubes que temen a un jugador honesto son justo los que menos te conviene tener cerca —dijo Levi con firmeza.

El joven guardó silencio.

Sabía que era cierto, pero la incertidumbre seguía clavándose en su pecho como una espina.

¿Y si su carrera realmente terminaba ahí?

¿Y si nunca volvía a pisar una cancha como profesional?

Esa idea era un fantasma que lo perseguía día y noche.

Un momento después, el celular de Levi vibró.

Él miró la pantalla con atención, frunció el ceño y luego levantó la vista hacia Ethan.

—Es del mismo número que te mandó el mensaje anoche —informó.

Ethan sintió un pequeño escalofrío.

—¿El de la inicial “D”?—Ese mismo.

Dice que quiere reunirse con vos.

En persona.

Ethan abrió los ojos, sorprendido.

—¿Reunirse?

¿Para qué?—No lo explica.

Pero… —Levi dejó la tablet sobre la mesa—.

No parece alguien cualquiera.

Había algo extraño en todo esto.

El mensaje de la noche anterior había sido demasiado preciso, demasiado oportuno.

Y ahora, esta misteriosa “D” quería verlo.

Ethan sintió una mezcla de curiosidad y desconfianza.

—¿Creés que es seguro?

—preguntó.—Nada es totalmente seguro ahora mismo —respondió Levi, sin dramatizar pero sin suavizar—.

Pero no creo que sea una amenaza.

Más bien… suena a alguien con información.

O alguien que quiere ayudarte.

Ethan respiró hondo.

Parte de él quería rechazar la idea por completo.

Ya tenía suficientes problemas.

Pero otra parte… la parte más competitiva, más valiente… quería saber.

Quería entender qué tan profundo era todo lo que había destapado.

—Está bien —dijo finalmente—.

Aceptemos la reunión.

Pero quiero que vos vengas conmigo.—Obvio —respondió Levi, como si eso ni siquiera necesitara discutirse.

Durante el resto de la mañana, los dos organizaron sus horarios, revisaron el lugar de encuentro y reforzaron las medidas de seguridad más básicas.

Mientras lo hacían, Ethan volvió a ver su nombre entre los temas más comentados del día.

Las discusiones eran intensas, polarizadas, agotadoras.

Pero entre los cientos de mensajes, hubo uno que le llamó la atención: “Los valientes no siempre ganan, pero siempre cambian algo.” No tenía firma.

No tenía foto.

No tenía contexto.

Pero llegó en el momento justo.

Ese mensaje lo acompañó mentalmente mientras se preparaba para salir.

Más tarde, cuando caminaron hacia el lugar acordado —un café discreto lejos del centro—, Ethan sintió cómo cada paso lo empujaba un poco más hacia un nuevo capítulo de su vida.

Un capítulo que podría traer respuestas… o más caos.

Sin embargo, lo único que realmente sabía era esto: Ya no era el chico asustado que había comenzado en New Manchester.

Ya no corría para escapar.

Ahora avanzaba para enfrentar.

Y con Levi a su lado, la ciudad entera parecía menos hostil.

Lo que no imaginaba era que esa reunión, esa misteriosa “D”, cambiaría la dirección de todo lo que venía después.

Y quizá, incluso, su destino dentro del fútbol.

El café elegido por “D” estaba escondido en una calle tranquila, lejos del ruido y del tránsito, como si hubiese sido sacado de un mapa que solo conocían los que preferían pasar desapercibidos.

Al llegar, Ethan sintió cómo el aire frío de la tarde le rozaba la nuca.

Levi abrió la puerta primero, observando cada rincón con una discreción natural, casi profesional.

El interior estaba iluminado por lámparas cálidas, con mesas de madera y un aroma suave a café recién molido.

Solo cuatro personas estaban allí, ninguna parecía prestarles atención.

Aun así, Ethan no pudo evitar sentirse observado, incluso aunque fuera solo por su propia paranoia.

—Mesa del fondo —susurró Levi, señalando discretamente.

En efecto, una figura solitaria estaba sentada allí.

Capucha gris, postura relajada, manos entrelazadas sobre la mesa.

Cuando se acercaron, la persona levantó la mirada.

Era una mujer joven, tal vez poco más de treinta años, cabello oscuro recogido en una coleta baja, y unos ojos que parecían haber visto demasiado.

Había algo en su expresión… no miedo, no nerviosismo, sino una mezcla de cansancio y determinación.

—Ethan, Levi —dijo con voz baja pero firme—.

Gracias por venir.

Ethan intercambió una mirada rápida con Levi antes de sentarse.—Sos “D”, supongo —respondió él.—Puedes llamarme Daniela —aclaró ella—.

Aunque preferiría que ese nombre no salga de aquí.

Levi se sentó a su lado, evaluando cada gesto de la mujer.

—¿Quién sos realmente?

—preguntó él sin rodeos.Daniela tomó aire, miró a ambos, y luego dejó caer una frase que pareció congelar el café entero:—Soy analista de datos del Consejo de Integridad Deportiva.

Y he estado investigando las irregularidades del New Manchester durante más de un año.

Ethan sintió que algo se movía dentro de él, como si una pieza que llevaba tiempo buscando finalmente hubiera encajado.

—¿Mi testimonio… te ayudó?

—preguntó casi en susurro.—Mucho más de lo que imaginas —respondió Daniela—.

Lo que dijiste en televisión permitió abrir carpetas que estaban bloqueadas desde hace meses.

Y ahora… varias cosas están saliendo a la luz.

Levi cruzó los brazos.—¿Qué tipo de cosas?Daniela no respondió de inmediato.

En su lugar, abrió una carpeta negra que llevaba en su bolso.

Dentro había documentos, gráficos, correos impresos… pruebas.

—El problema del New Manchester no es solo mala gestión —explicó ella con calma—.

Hay desvíos de fondos, apuestas ilegales vinculadas a directivos, manipulación de minutos de juego para favorecer contratos, acuerdos ocultos con representantes… Tu denuncia fue la primera pieza pública que se atrevió a señalar algo real.

Ethan sintió un nudo en la garganta.—Entonces… no estaba exagerando.Daniela lo miró con una mezcla de seriedad y respeto.—No, Ethan.

Estabas diciendo la verdad.

Y lo peor es que lo que viviste vos… no es ni la mitad de lo que descubrimos detrás.

Hubo un silencio.

Un silencio denso.Ethan apretó los puños sobre la mesa.

—¿Por qué nos contactaste?—Porque no confío en entregar esta información sin asegurarme de que estés preparado —respondió ella—.

Lo que estás haciendo te pone en un lugar incómodo, pero también en un lugar poderoso.

Y van a intentar silenciarte, desacreditarte, presionarte para que te retractes…—Ya están intentando hacerlo —interrumpió Levi.

Daniela asintió.

—Lo sé.

Por eso necesitamos que sigas firme.

Lo que estamos armando puede destapar una red enorme de corrupción en el fútbol juvenil y profesional.

Pero no podemos hacerlo solos.

Ethan tragó saliva.Parte de él se sentía abrumada.Otra parte… la parte que soñaba con un fútbol limpio, justo…Esa parte ardía.

—¿Qué necesitás de mí?

—preguntó sin dudar.

Daniela le deslizó un pendrive pequeño, plateado, casi inofensivo a simple vista.—Esto contiene información que no debía existir, pero existe.

No te pido que la publiques ni que la muestres.

Solo que la guardes.

Si algo me pasa, si algo se filtra, o si intentan manipular las pruebas… vos vas a ser el respaldo.

El testigo que no pueden borrar.

Ethan lo miró fijamente.Aquella pieza metálica pesaba como si fuera plomo.

—¿Por qué yo?

—preguntó él, con voz más suave.Daniela sonrió por primera vez en toda la conversación.—Porque, aunque te cueste creerlo, sos el único que habló sin buscar fama.Sos el único que denunció sabiendo que podía perderlo todo.Y porque sos el único jugador joven que ellos no vieron venir.

Levi respiró hondo.—¿Esto significa que las cosas van a ponerse más difíciles para Ethan?—Sí —respondió Daniela sin dudar—.

Mucho más.

Pero también significa que su verdad ya no puede ser borrada.

Ethan guardó el pendrive en el bolsillo interior de su campera.Era pequeño.

Frágil.Pero, de algún modo, llevaba dentro el peso de un futuro distinto.

Daniela se levantó.—No nos volveremos a ver por un tiempo.

Pero voy a seguir trabajando desde adentro.

Vos… seguí adelante con tu vida.

Entrená, jugá, mantenete fuerte.

Y sobre todo, no te calles.

Antes de irse, apoyó una mano sobre la mesa.—Ethan… este no es el final de tu carrera.

Es el comienzo del capítulo más importante.

Cuando ella salió por la puerta, Levi y Ethan quedaron en silencio.No era un silencio incómodo.Era el silencio previo a una decisión que iba a cambiarlo todo.

Ethan miró sus manos.Su vida había dejado de ser solo fútbol.Ahora también era verdad.Justicia.Y un riesgo enorme que no pensaba ignorar.

—Levi… —dijo finalmente—.

Creo que ya no hay vuelta atrás.—No —respondió Levi con una determinación tranquila—.

Pero tampoco la necesitamos.

Afuera, la tarde comenzaba a oscurecer.Y con ella, empezaba la parte más peligrosa…y más necesaria…de la historia de Ethan.

Ethan no habló en los primeros minutos después de que Daniela se marchara.

Había mirado la puerta por la que ella salió como si pudiera volver a abrirse en cualquier momento, como si necesitara escuchar una última advertencia o confirmación.

Pero nada pasó.

Solo el murmullo del café, el sonido lejano de tazas chocando, y el aroma a café caliente filtrándose lentamente en el aire.

Levi lo observaba de forma tranquila, sin presionar.

Sabía que Ethan necesitaba procesar.

Había recibido demasiada información en poco tiempo, información que podía destruir carreras… o salvarlas.

—¿Estás bien?

—preguntó finalmente.

Ethan parpadeó, como si volviera de un muy largo viaje mental.—No sé —admitió, apoyándose en el respaldo de la silla—.

Siento que… que esto dejó de ser solo mi lucha.—Porque ya no lo es —dijo Levi, entrelazando los dedos sobre la mesa—.

Vos empezaste algo.

Y la gente como Daniela solo se sumó porque mostraste que no ibas a dejarlo caer.

Eso… no lo hace cualquiera.

Ethan bajó la mirada hacia el bolsillo donde guardaba el pendrive.

Aunque no pesaba nada, sentía como si fuera una piedra.—¿Y si me equivoco?

¿Y si esto me destruye la carrera antes de empezar?—Ethan… —Levi suspiró—.

Si te quedabas callado, también te la destruían.

La diferencia es que ahora vos estás eligiendo pelear.

Ya no sos un espectador del desastre, estás cambiando la historia.

Hubo un momento de silencio en el que Ethan simplemente respiró hondo.Miró alrededor.

Nadie los observaba.Aun así, la paranoia comenzaba a crecer en su pecho.

Daniela le había advertido: iban a intentar silenciarlo.Y lo peor era que lo creía.

Levi lo notó.

—Escuchá —dijo con una calma que contrastaba con la tensión del momento—.

No estás solo.

Yo estoy acá.

Y si quieren presionar, van a tener que pasar por mí primero.

Eso arrancó una sonrisa mínima, pero sincera, de Ethan.—Gracias —murmuró.

Salieron del café sin apuro, pero conscientes de que el mundo afuera se sentía diferente.

Era el mismo cielo, las mismas calles, la misma rutina… pero Ethan sabía que algo había cambiado.

O tal vez era él quien había cambiado.

Mientras caminaban, la ciudad ya estaba encendiendo luces.

Los autos pasaban rápido, las personas seguían con sus vidas, ajenas al hecho de que un chico de diecisiete años acababa de recibir información que podía hacer temblar a medio mundo del fútbol.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—preguntó Levi mientras caminaban rumbo a la parada.

Ethan apretó la mandíbula.—Voy a seguir entrenando.

Voy a seguir jugando.

Y cuando llegue el momento… voy a hablar.

De la forma correcta.—No hace falta que sea pronto —aclaró Levi—.

Solo hace falta que estés preparado.

Ethan asintió.

Al llegar a su casa, el aire frío de la noche lo hizo estremecer.

La luz del living estaba encendida, señal de que su madre estaba despierta.

Su pecho se tensó un poco: aunque no sabía nada, ella siempre notaba cuando algo lo preocupaba.

Antes de entrar, se detuvo y miró a Levi.

—¿Creés que hice bien en aceptarlo?—Hiciste lo que era correcto —respondió Levi, sin titubear—.

Y lo correcto no siempre es lo fácil.

Ethan respiró hondo.Pensó en la ilusión del fútbol limpio.Pensó en los chicos de inferiores que se rompían el alma.Pensó en los entrenadores honestos que perdían su trabajo por no aceptar sobornos.Pensó en las oportunidades robadas.En las promesas vacías.En su propia lesión, aquella que cambió su vida y que ahora entendía que tal vez no había sido solo mala suerte.

Y, por primera vez, sintió algo nuevo:no solo responsabilidad… también propósito.

—Levi… —dijo con voz firme, aun con el miedo escondido en el fondo—.

Pase lo que pase, yo voy a llegar.

Aunque tenga que pelear con todo esto en el camino.—Y vas a llegar —insistió Levi—.

Porque sos vos.

Porque no bajaste los brazos cuando te rompiste.

Ni cuando te dejaron afuera.

Ni cuando te criticaron.

No vas a bajarlos ahora.

Ethan sonrió, esta vez con fuerza.

—Entonces… es hora de demostrarlo.

Entró a su casa sintiendo que cada paso pesaba más, pero no de miedo.De decisión.De destino.

La noche cerró detrás de él con un silencio denso, pero no vacío…Un silencio que presagiaba tormenta.

Porque, aunque Ethan aún no lo sabía, ese pendrive no era solo evidencia.Era una llave.Una que abriría puertas que hacía años estaban cerradas con candado.

Y una vez que las abriera…nada en su vida —ni en el fútbol— volvería a ser igual.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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