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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 49

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  4. Capítulo 49 - 49 Sombras que Vuelven
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49: Sombras que Vuelven 49: Sombras que Vuelven La mañana siguiente amaneció con un brillo extraño sobre New Manchester, como si el cielo, todavía teñido de un gris apagado, estuviera conteniendo la respiración ante lo que estaba por venir.

El aire estaba frío, casi cortante, y sin embargo se sentía cargado de electricidad, como si cada molécula vibrara a la espera de un acontecimiento inevitable.

Nadie en la ciudad podía explicarlo, pero todos lo percibían: algo grande se aproximaba, una especie de punto de no retorno que había estado formándose silenciosamente durante semanas, meses… quizá desde mucho antes.

En las afueras del complejo deportivo, Levi caminaba solo por el sendero que bordeaba los campos de entrenamiento.

Era temprano, más temprano de lo habitual, tanto que ni siquiera los utileros habían llegado aún.

Cada paso resonaba en el silencio como un recordatorio de lo que había tenido que cargar hasta ese día: decisiones complejas, alianzas tensas, cambios abruptos y un club que, aunque crecía en fuerza, también generaba sombras y enemigos en el proceso.

Llevaba la mirada clavada en el horizonte, en ese leve tono naranja que empezaba a filtrarse por detrás de los edificios, como si buscara allí una respuesta que todavía no encontraba.

Levi respiró hondo, dejando que el aire frío le aclarara un poco la mente.

Sentía un peso en el pecho que no lograba descifrar del todo.

¿Era anticipación?

¿Miedo?

¿Culpa?

¿O simplemente el cansancio acumulado de un líder que, pese a todo lo que había logrado, seguía sin sentirse verdaderamente en control de su propio destino?

Pensó en el equipo, en los jugadores que habían confiado en él incluso en los momentos más turbulentos, en la directiva que lo seguía más por respeto que por obligación, y también en los rivales que habían empezado a ver a New Manchester United como una amenaza real.

Pero había algo más, algo profundamente personal que lo venía inquietando desde hacía días: una conversación pendiente, una verdad que había evitado enfrentar por miedo a provocar un terremoto emocional dentro del club y dentro de sí mismo.

Lo sabía, y sabía también que ya no podía seguir postergándola.

Sentía que, si no lo hacía, todo lo que habían construido podría comenzar a desmoronarse en silencio, pieza por pieza.

Al llegar al borde del campo principal, Levi se detuvo.

El césped todavía estaba cubierto por un fino manto de rocío y brillaba suavemente bajo la luz temprana.

Se quedó observando el lugar donde tantas veces había visto entrenar al equipo, donde había celebrado victorias y lamentado derrotas, donde había sentido orgullo, rabia, alivio y temor.

Fue allí, en ese espacio silencioso y vacío, que escuchó un sonido suave a sus espaldas: pasos.

Cuando se dio vuelta, vio a Marcus aproximándose.

Parecía haber tenido la misma idea que él.

Vestía una campera deportiva oscura y llevaba las manos en los bolsillos, con la expresión seria que últimamente lo acompañaba incluso fuera del campo.

Sus ojos revelaban que tampoco había dormido bien.

—Estás despierto temprano —comentó Marcus, sin intentar ocultar su preocupación.

—No podía dormir —respondió Levi, intentando sonar casual, aunque ambos sabían que no lo era.

Marcus se acercó y se plantó a su lado, mirando también el campo vacío.

Por unos segundos ninguno dijo nada.

Solo se escuchaba el viento moviendo levemente las redes de las porterías.

Era un silencio pesado, pero no incómodo; más bien era un silencio que anticipaba una conversación que ambos sabían que debía ocurrir.

—Levi… —comenzó Marcus finalmente, con un tono bajo, controlado—.

Tenemos que hablar de lo que pasó ayer.

Levi cerró los ojos por un instante.

Sabía exactamente a qué se refería.

La discusión intensa en la sala de reuniones, las miradas tensas, la revelación inesperada, la forma en que Marcus se había quedado en shock antes de apartarse sin decir una palabra.

—Lo sé —respondió Levi, mirando todavía hacia el horizonte—.

Y estoy listo para hablarlo.

Marcus frunció el ceño, como si esa respuesta lo aliviara y lo irritara al mismo tiempo.

—¿Listo?

Hubieras estado listo ayer.

Hubieras estado listo antes de que yo me enterara de esa manera.

Levi tragó saliva.

Esa punzada de reproche era merecida, y lo sabía.

—No quería que te enteraras así —dijo con honestidad—.

Pero no sabía cómo decírtelo sin que pareciera que estaba manipulando la situación.

Y sí… sé que no lo manejé bien.

—No, no lo hiciste —replicó Marcus, pero esta vez su voz tenía menos filo y más cansancio—.

Pero estoy acá, ¿no?

Levi lo miró por primera vez desde que había llegado.

Marcus sostenía su mirada con firmeza, pero también con un dejo de vulnerabilidad que rara vez mostraba.

Ese simple gesto le recordó a Levi por qué había depositado tanta confianza en él desde el principio.

—Quiero arreglar las cosas —dijo Levi—.

Contigo, con el equipo… con todo.

Marcus exhaló lentamente, como si hubiera estado conteniendo el aire desde que llegó.

—Entonces empecemos por la verdad.

Toda la verdad —pidió.

Levi asintió.

Sabía que ese momento había llegado.

Por mucho que quisiera postergarlo, por mucho que temiera las consecuencias, ya no había vuelta atrás.

Y mientras los primeros rayos de sol caían sobre el césped, la conversación que estaba por comenzar marcaría el tono de todo lo que sucedería en los capítulos siguientes: alianzas que se fortalecerían o se romperían, secretos que saldrían a la luz, y un futuro que dependía extremadamente de la forma en que Levi fuera capaz de enfrentar su propio pasado.

Marcus se quedó observando a Levi con una intensidad que rara vez mostraba.

Había algo en su mirada que mezclaba frustración, confusión y una especie de preocupación profunda que no se decía en voz alta, pero que cargaba un peso enorme.

El viento sopló con un poco más de fuerza, arrastrando algunas hojas secas sobre el borde del campo.

Era como si la mañana misma estuviera empujándolos a hablar, a enfrentar lo inevitable.

Levi inspiró hondo, como si necesitara armarse de valor.

No era fácil.

No cuando lo que estaba por revelar tenía el potencial de cambiar la forma en que Marcus, y quizá el resto del equipo, lo miraría para siempre.

Pero entendía que no tenía otra opción: la verdad debía salir.

—Marcus —comenzó al fin, con una voz más suave de lo habitual—, lo que escuchaste ayer… no es solo una parte de la historia.

Es toda una pieza que he mantenido oculta por demasiado tiempo, incluso para mí mismo.

Marcus entrecerró los ojos, cruzándose de brazos.

—Entonces dímelo —exigió—.

Todo.

Desde el principio.

Levi asintió lentamente.

Caminó unos pasos hacia la línea lateral y se agachó, tomando un poco de césped entre los dedos.

Era un gesto que siempre hacía cuando necesitaba concentrarse, una manera de aterrizarse, de recordarse que no importaba cuán complicado se volviera el mundo, ese campo siempre había sido un refugio.

—Cuando compré el club, cuando decidí meterme de lleno en este proyecto… no lo hice solo por ambición —confesó—.

Lo hice porque necesitaba demostrarme a mí mismo que podía construir algo real.

Algo grande.

Algo que fuera más que el apellido, más que el dinero, más que lo que otros pensaban que podía hacer.

Marcus escuchaba en silencio, sin interrumpir.

Su respiración era firme, expectante.

—Pero había algo más —continuó Levi—.

Algo que jamás dije en voz alta porque temía que se malinterpretara.

O peor, que se usara en mi contra.

La verdad es que… no solo heredé el capital que usé para comprar el club.

También heredé una deuda.

Una muy grande.

Una que no es financiera… sino personal.

Marcus frunció el ceño.

—¿Una deuda con quién?

—preguntó con cuidado.

Levi levantó la mirada hacia él, con una mezcla de vergüenza y resignación.

—Con el hombre que ayudó a mi padre a levantar su primera empresa —dijo lentamente—.

Un hombre que estuvo en la sombra durante años, sin aparecer nunca en los registros oficiales, pero que movía hilos desde atrás.

Mi padre confiaba en él… pero cuando yo crecí, empecé a verlo distinto.

Y cuando él murió, ese hombre vino a buscarme.

Marcus tensó la mandíbula.

—¿Estás diciendo que alguien te obligó a entrar en este mundo?

—No.

No exactamente —respondió Levi con honestidad—.

Pero sí me presionó.

Me dijo que si quería ser respetado en el ambiente empresarial, si quería evitar que rumores peligrosos sobre mi familia salieran a la luz, debía “alinearme” con él.

Que debía demostrar que podía manejar proyectos de alto riesgo, que tenía la capacidad de mover dinero, contactos, decisiones… Y el club fue mi oportunidad de liberarme de su influencia.

Marcus dio un paso hacia él, sorprendido.

—¿Liberarte?

¿De quién estamos hablando exactamente?

Levi vaciló.

Ese era el nombre que más temía pronunciar.

Aquel que había evitado incluso en sus pensamientos.

—De Víktor Lobanov —dijo finalmente, casi en un susurro.

El rostro de Marcus cambió de inmediato.

Sus ojos se abrieron un poco más, como si el nombre hubiera encendido una alarma automática en su mente.

—¿El empresario ruso?

¿El mismo que estuvo bajo investigación en tres países?

—preguntó incrédulo.

Levi confirmó con un leve movimiento de cabeza.

—El mismo.

Pero nunca pudieron probarle nada.

Y él lo sabe.

Lo usa como una especie de escudo.

Durante años operó en las sombras, ayudando a ciertos empresarios a abrirse camino a través de “puertas cerradas”.

Mi padre lo consideraba un visionario.

Yo… yo lo considero un manipulado⁠r.

Pero uno muy inteligente.

Marcus pasó una mano por su rostro, intentando procesarlo todo.

Caminó unos pasos, alejándose para ordenar sus pensamientos.

—Entonces… —dijo lentamente—.

Todo este tiempo, mientras construíamos el club, mientras luchábamos por crecer, mientras tú peleabas por mantener el control… ¿estabas, en el fondo, tratando de cortar tus lazos con él?

Levi asintió.

—Sí.

Y creí que lo había logrado.

Pero ayer… —dijo, apretando los dientes—.

Ayer supe que no es así.

Recibí un mensaje de uno de sus contactos.

Un mensaje que decía, literalmente: “Dile a tu capitán que no vuelva a interferir”.

Marcus se detuvo de golpe.

—¿Qué?

¿Interferir en qué?

Levi lo miró con una gravedad que helaba.

—En la transferencia de uno de nuestros jugadores.

Una transferencia que él quería manipular desde afuera para beneficiar a una de sus empresas.

Tú te opusiste en la reunión.

Tú pediste revisar los antecedentes del supuesto comprador.

Y eso… eso lo enfadó.

Marcus sintió un escalofrío que recorrió su espalda.

—¿Está amenazándote?

—No solo a mí —respondió Levi—.

A ti también.

Y probablemente al club entero, si no somos cuidadosos.

El silencio posterior fue denso, casi opresivo.

Era como si el aire hubiera cambiado de temperatura de un segundo a otro.

Marcus respiró profundamente, como si buscara recuperar el control.

—Levi… esto no es solo un problema personal.

Esto puede destruir todo lo que hemos construido.

—Lo sé —dijo Levi, con el dolor evidente en su voz—.

Por eso necesitaba decírtelo.

Por eso no podemos seguir ocultando nada entre nosotros.

Marcus lo observó durante un largo instante.

Y luego, finalmente, asintió.

—Entonces vamos a enfrentarlo.

Juntos.

Pero necesito que entiendas algo, Levi: ya no hay margen para medias verdades.

Si vamos a proteger este club, necesito saberlo todo.

Incluso lo que todavía no me dijiste.

Levi tragó saliva.

Porque sí, aún había más.

El silencio entre ambos se extendió más de lo normal.

Era un silencio pesado, cargado de expectativas, de miedos y de realidades que ya no podían seguir escondiéndose debajo de ninguna alfombra.

El viento había dejado de soplar, como si también estuviera esperando la continuación.

Marcus permanecía de pie, firme, con los brazos cruzados y la mirada clavada en Levi, exigiendo una verdad completa.

Y Levi sabía que ese momento había llegado.

—Hay algo más —dijo al fin, con voz baja pero firme.

Marcus no se movió.

Ni siquiera pestañeó.

—Sabía que lo había —respondió con seriedad—.

Dímelo.

Levi tragó saliva.

Su corazón golpeaba más rápido de lo normal.

Había enfrentado partidos decisivos, ruedas de prensa agresivas, inversionistas que querían devorarlo vivo… pero nunca algo como esto.

Nunca una verdad que mezclara lo personal con lo peligroso de esa manera.

—Víktor Lobanov no solo ayudó a mi padre —comenzó—.

También… controló parte de su caída.

Marcus frunció el ceño, sorprendido.

—¿Su caída?

—Sí —respondió Levi—.

Cuando la empresa de mi padre empezó a tambalear, cuando todo se volvió caótico, cuando el escándalo financiero estalló… no fue un accidente.

No fue mala suerte.

Fue una maniobra.

Y Lobanov estuvo detrás de parte de ella.

Marcus abrió los ojos, incrédulo.

—¿Por qué demonios haría algo así si trabajaba con tu padre?

Levi bajó la mirada.

—Porque eso le permitió “salvarnos”.

Y así quedarse con más poder sobre mí, sobre la empresa, sobre nuestro apellido.

Era una forma de asegurarse de que nunca pudiéramos separarnos del todo de él.

Mi padre murió creyendo que había fallado… cuando en realidad fue manipulado.

Y yo crecí creyendo que debía compensar esa caída.

Ser mejor.

Ser más fuerte.

Recuperar lo perdido.

Marcus apretó la mandíbula, sintiendo una mezcla de rabia y compasión.

—Y eso te llevó a él.

—Exacto —asintió Levi—.

Por eso, cuando él me dijo que apoyara ciertos movimientos en el club, que permitiera algunas intervenciones en los fichajes, o que firmara acuerdos que no entendía del todo… lo hice.

No por cobardía.

No por conveniencia.

Sino porque pensé que era el precio de mi libertad futura.

Marcus dio un paso hacia él.

—¿Y ahora?

¿Qué lo hace volver?

Levi levantó su mirada, seria como nunca.

—Porque el club está creciendo demasiado rápido.

Porque nuestras victorias llaman la atención.

Porque tu liderazgo en el vestuario se volvió un obstáculo para él.

Porque ya no soy el muchacho manipulable que él podía manejar a su antojo.

Y porque sabe que, si seguimos avanzando como vamos, su influencia se volverá irrelevante.

Marcus resopló.

—Eso lo asusta.

—Mucho —admitió Levi—.

Y cuando un hombre como él tiene miedo… se vuelve peligroso.

Marcus caminó lentamente por el borde del campo, pasando una mano por su cabello.

Su mente trabajaba a una velocidad impresionante, armando piezas, conectando hilos, anticipando consecuencias.

Cuando volvió a mirar a Levi, había una determinación dura, sólida, como piedra recién formada.

—Entonces esto deja de ser solo tu problema —dijo con firmeza—.

Ahora es mío también.

Y del club.

Pero necesito que entiendas: si vamos a enfrentarlo, si de verdad vamos a ponerle un freno, no podemos hacerlo a medias.

Tenemos que estar completamente alineados.

Levi asintió.

Era la primera vez en mucho tiempo que sentía alivio en medio del caos.

—Quiero estar alineado contigo, Marcus.

No quiero seguir cargando esto solo.

No más mentiras.

No más mitades.

Si vas a ayudarme, necesito contarte la última parte.

La más complicada de todas.

Marcus levantó una ceja, expectante.

—¿Más complicada que todo lo que acabas de decir?

Será mejor que lo digas de una vez.

Levi respiró hondo.

El aire pareció volverse más denso, como antes de una tormenta.

—Víktor no solo quiere controlar una transferencia —confesó—.

Quiere usar al club como fachada para mover dinero.

Y no hablo de cantidades pequeñas.

Hablo de algo que, si no lo detenemos, podría destruir no solo nuestro proyecto… sino nuestra reputación.

La de todos.

Incluido tú.

Marcus sintió un golpe en el pecho.

Algo más profundo que miedo.

Era indignación, amenaza, desafío… todo mezclado.

—¿Está intentando lavar dinero usando al New Manchester United?

Levi cerró los ojos un segundo, dolido, y luego los abrió con determinación.

—Sí.

Y no puedo permitirlo.

No después de todo lo que construimos.

No después de todo lo que tú diste por este club.

No después de las oportunidades que encontramos, de los jóvenes que creen en nosotros, de la gente que nos sigue… No voy a dejar que ese hombre lo destruya.

Marcus se acercó hasta quedar a un metro de él.

—Entonces escúchame bien —dijo, con voz firme como un juramento—.

No estás solo.

Vamos a enfrentarlo.

Vamos a proteger el club.

Pero necesito que me digas una cosa más: ¿Qué es exactamente lo que planeas hacer?

Levi lo miró con un brillo nuevo en los ojos.

—Planeo romper su red desde dentro —respondió—.

Y ya di el primer paso.

Marcus entrecerró los ojos.

—¿Qué paso?

El sol salió entre las nubes justo en ese momento, iluminando el rostro de Levi como un presagio.

Levi sonrió apenas.

—Lo contacté.

Y le dije que estoy dispuesto a jugar su juego… para poder destruirlo desde adentro.

Marcus quedó helado.

Porque sabía exactamente lo que eso significaba.

Y que ya no había vuelta atrás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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