Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 51

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fútbol: El Sistema del Renacer
  4. Capítulo 51 - 51 La Sombra del Rumor
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

51: La Sombra del Rumor 51: La Sombra del Rumor La mañana siguiente amaneció extrañamente silenciosa, como si el mundo estuviera conteniendo el aliento antes de anunciar algo importante.

Cuando llegué al centro de entrenamiento, ya había un grupo de periodistas amontonados frente a la entrada, micrófonos en alto y cámaras apuntando en todas direcciones.

No era raro ver prensa, pero esta vez había más de lo habitual, demasiados para un simple entrenamiento previo al partido.

Apreté el paso y entré por la zona de jugadores, tratando de ignorar las voces que gritaban mi nombre.

En cuanto crucé la puerta, sentí cómo la atmósfera cambiaba.

Mis compañeros estaban reunidos en pequeños grupos, hablando en voz baja como si compartieran un secreto.

Incluso el personal técnico parecía más serio de lo normal.

—¿Qué está pasando?

—pregunté al pasar junto a Daniel, que estaba ajustándose las vendas en las muñecas.

Daniel levantó la vista y me hizo un gesto para que me acercara.

Su expresión tenía una mezcla de preocupación y resignación.

—¿No lo viste?

—preguntó.

—¿El qué?

Se pasó la mano por la cara, como si no supiera por dónde empezar.

—Esta mañana salió un rumor… uno grande.

Están diciendo que un club europeo estaría intentando ficharte antes del cierre del mercado.

Y no un club cualquiera.

Sentí un pequeño vacío en el estómago.

—¿Qué club?

—pregunté, aunque parte de mí temía la respuesta.

Daniel miró alrededor para asegurarse de que nadie más nos escuchara demasiado cerca.

—El Olympique Windsor —susurró.

Me quedé quieto.

El Olympique Windsor era uno de los gigantes continentales, un equipo con historia, títulos y dinero suficiente como para mover montañas si lo deseaba.

Incluso mencionarlos en relación conmigo parecía irreal.

—Pero eso no tiene sentido —dije finalmente—.

No hubo ningún acercamiento.

Y Levi me habría dicho algo.

Daniel se encogió de hombros.

—Eso es lo que yo pensaba, pero ya viste la cantidad de periodistas afuera.

Todos vienen por eso.

Están diciendo que enviarían su oferta antes del fin de semana.

Pasé una mano por mi nuca.

No era que la idea de Europa no me hubiera tentado alguna vez, pero ahora no era el momento.

Ni siquiera había terminado la temporada.

Ni hablado con Levi.

Ni procesado lo que significaría dejar todo atrás.

—¿Y los demás qué dicen?

—pregunté.

Daniel suspiró.

—Algunos están preocupados.

Otros creen que es solo humo de la prensa.

Pero… ya sabes cómo son estas cosas: cuando un rumor aparece de la nada y con tanta fuerza, casi siempre hay algo detrás.

Me quedé mirando el suelo durante unos segundos, tratando de controlar la ansiedad que empezaba a trepar por mi pecho.

Sentía la necesidad de hablar con Levi cuanto antes.

Entré al vestuario.

El murmullo se detuvo por un segundo, como si mi aparición confirmara que el protagonista del rumor acababa de llegar.

Luego todos volvieron a hablar, aunque claramente más atentos a cada paso que yo daba.

No me gustaba esa sensación; era como si hubiera dejado de ser un compañero más y me hubiera convertido en un posible desertor, aunque yo no supiera nada del asunto.

Mientras me cambiaba, mi mente iba a mil.

¿Levi sabía y me lo ocultó?

¿Era otra maniobra del mercado?

¿O tal vez era algo que se había iniciado sin que yo tuviera idea?

En el fútbol, los movimientos entre clubes a veces se daban incluso sin que el jugador estuviera al tanto hasta último momento.

Y la idea de tomar decisiones apresuradas, sin preparación, sin entender las consecuencias… me ponía los nervios de punta.

El entrenador entró al vestuario golpeando las manos para llamar la atención.

—Todos a la cancha en cinco minutos —dijo con firmeza—.

Y por favor, concéntrense.

Hoy necesitamos claridad absoluta.

Noté cómo su mirada se detenía un par de segundos en mí, como si tratara de medir mi reacción al rumor.

No dijo nada, pero ese silencio lo dijo todo.

Terminé de ajustar mis botines y salí hacia la cancha.

El sol de la mañana estaba subiendo, pintando el césped de un verde brillante y casi perfecto.

Pero por dentro, yo estaba lejos de sentirme en calma.

A medida que comenzábamos el calentamiento, sentía los ojos de mis compañeros encima.

No de forma acusadora, sino expectante.

Como si todos estuvieran esperando que yo diera una señal, cualquier señal, que revelara la verdad detrás del rumor.

Pero no tenía respuestas.

No aún.

Y mientras repetía los movimientos de estiramiento, una sola pregunta se repetía en mi mente como un eco insistente: ¿Qué estaba pasando detrás de bambalinas?

El entrenamiento comenzó con ejercicios tácticos, pero mi mente no lograba asentarse del todo en el campo.

Cada pase que daba, cada cambio de ritmo, cada tiro al arco estaba teñido por una sensación incómoda, como si algo invisible comenzara a apretar alrededor de mi pecho.

No era miedo, exactamente, pero sí una inquietud difícil de disimular.

El entrenador parecía notarlo.

Cada tanto, su mirada me seguía con más insistencia de lo normal, como si estuviera evaluando si el rumor ya había afectado mi rendimiento.

Y aunque intentaba mantener la concentración, lo cierto es que la presión era inevitable.

A mitad de la práctica, el asistente técnico se acercó al entrenador y le habló en voz baja.

Ambos me miraron por unos segundos antes de que el entrenador asintiera con gravedad.

Después, levantó el silbato y dio por terminado el ejercicio.

—Hacemos una pausa de diez minutos —anunció—.

Hidratación y vuelvan cuando los llame.

Mientras los demás se dirigían a los bidones de agua, noté cómo el entrenador caminó directamente hacia mí.

Me detuve, esperando lo que fuera que tuviera que decirme.

—Ven conmigo —dijo sin rodeos.

Lo seguí hacia una zona más apartada del campo, donde el ruido del entrenamiento no nos alcanzaba.

Una vez allí, cruzó los brazos y respiró hondo.

—Supongo que ya te enteraste —dijo.

Asentí.

—Del rumor del Olympique Windsor, sí.

El entrenador negó con la cabeza lentamente.

—No es solo un rumor.

Llegó una comunicación oficial al club esta mañana.

Sentí un golpe frío recorrerme la columna.

—¿Una comunicación oficial?

—repetí.

—Sí.

No una oferta completa, pero un aviso formal de intención.

Es decir, quieren negociar.

Y pronto.

Tragué saliva.

—Pero… ¿cómo?

Yo no sabía nada.

Nadie me dijo nada.

—A veces así funciona esto —respondió con una mezcla de cansancio y empatía—.

Los clubes grandes tantean antes de mover ficha.

Y cuando el interés es real, lo hacen rápido para que nadie más se les adelante.

Me llevé una mano al rostro y suspiré.

Todo se estaba moviendo demasiado rápido.

—¿Levi sabe?

—pregunté finalmente.

El entrenador asintió.

—Fue uno de los primeros en enterarse.

Pero no quiso decirte nada hasta tener algo más claro.

Supongo que quería evitarte estar así de inquieto… aunque ya ves cómo salió.

Lo entendía.

Levi siempre había tratado de protegerme, incluso de mis propias inseguridades.

Pero esto era demasiado grande como para evitarlo.

—¿Qué quiere el club que haga?

—pregunté.

El entrenador me sostuvo la mirada con seriedad.

—Por ahora, nada.

Oficialmente seguimos como siempre.

Mañana hay partido y te necesitamos centrado.

Pero extraoficialmente… —hizo una pausa— quiero que lo pienses.

Y quiero que estés preparado para una conversación con la directiva esta misma tarde.

Me quedé quieto unos segundos.

Una parte de mí quería emocionarse.

Después de todo, ¿cuántos jugadores soñaban con que un gigante europeo siquiera pensara en ellos?

Pero otra parte sentía vértigo, miedo a que este movimiento pudiera poner en riesgo todo lo que había construido con Levi, con el New Manchester, con los compañeros, con la afición.

—Yo no pedí esto —murmuré.

—Lo sé —respondió—.

Pero has jugado demasiado bien como para que el mundo no te note.

Esto es parte del precio del éxito.

Tarde o temprano, siempre llega el momento en que un jugador tiene que decidir qué camino quiere seguir.

Y a veces ese momento llega antes de lo que uno desearía.

Cerré los ojos un instante, respirando despacio.

—¿Tú qué me aconsejarías?

—pregunté.

El entrenador sonrió de medio lado.

—Mi consejo no debería influir en tu decisión —respondió primero, muy diplomático.

Pero luego, bajando un poco la voz, añadió—: Eres uno de los pilares del proyecto de Levi.

Y él ha invertido mucho para que puedas crecer aquí.

Pero también sé que una oportunidad como esa no aparece todos los días.

La decisión que tomes definirá tu carrera.

—Si elijo quedarme, dirán que me falta ambición —murmuré.

—Y si te vas, dirán que eres desleal —replicó el entrenador—.

Siempre habrá ruido.

Lo importante es que tú puedas vivir con la decisión que tomes.

Abrí los ojos y asentí lentamente.

La presión era enorme, pero al menos ya entendía mejor la dimensión de lo que estaba pasando.

—Por ahora —continuó el entrenador—, necesito que intentes abstraerte.

Solo concéntrate en el partido.

Todo lo demás lo hablaremos después.

¿De acuerdo?

—De acuerdo —respondí, aunque sabía que no sería tan fácil.

Regresamos con el equipo.

Mientras retomábamos los ejercicios, sentía cómo cada movimiento pesaba un poco más.

No porque estuviera cansado, sino porque en mi cabeza se agolpaban posibilidades, escenarios y consecuencias que apenas empezaban a tomar forma.

Aun así, había algo claro: por más que intentara mantener la calma, este rumor ya había cambiado por completo la atmósfera del equipo.

Y lo peor era saber que esto era solo el comienzo.

Cuando terminó el entrenamiento, el ambiente en el vestuario era extraño, casi espeso.

No era silencio completo, pero sí uno lleno de pequeñas miradas de reojo, murmullos cortados a la mitad y conversaciones que se apagaban cuando yo pasaba cerca.

Era como si una brisa fría hubiera entrado sin permiso y todos intentaran disimular que la sentían.

Sabía perfectamente por qué.

Me cambié despacio, sin prisa, intentando analizar cada gesto de mis compañeros.

Algunos parecían genuinamente tranquilos, otros evitaban mirarme, y un par parecían… incómodos, tal vez preocupados.

No estaba enojado con ellos.

Entendía que para muchos, un rumor así era una señal de inestabilidad, una posibilidad de que yo pudiera irme, romper la química del equipo o generar incertidumbre justo antes de un partido importante.

Pero aun así, dolía un poco.

Mientras guardaba mis botines, escuché la voz de Mateo desde el otro lado del vestuario.

—Che, ¿hablaste con Levi ya?

—preguntó con curiosidad que intentaba sonar casual, pero que no lo lograba del todo.

—Todavía no —respondí sin dar demasiados detalles.

Mateo dudó un momento, y luego añadió: —Si llega a ser verdad… —se detuvo, pensando sus palabras—, avisá con tiempo, ¿sí?

No está bueno enterarse por redes o por periodistas.

—No me voy a ir sin hablar con ustedes —dije con firmeza.

Mateo asintió, pero la tensión no desapareció del todo.

Al salir del vestuario, me encontré con el delegado del club esperándome en el pasillo.

Su expresión era la de alguien que intentaba mantener un protocolo neutro mientras cargaba un mensaje urgente.

—La directiva quiere verte en la oficina de Levi —dijo—.

Ahora mismo.

Respiré hondo.La reunión que el entrenador me había adelantado ya estaba aquí.

El camino hasta la oficina se sintió eterno.

Cada paso retumbaba como si fuera parte de un pasillo vacío, aunque había gente por todos lados.

Al llegar, noté que la puerta estaba entreabierta.

Toqué suavemente y pasé.

Levi estaba sentado detrás del escritorio, revisando documentos con una expresión tensa.

Al verme, dejó los papeles a un lado y se frotó la frente.

—Cerrá la puerta —dijo.

Lo hice, sintiendo el peso de la situación caer de golpe.

—Mirá… —empezó Levi sin rodeos—.

Supongo que ya sabés por dónde viene todo esto.

—El entrenador me contó lo de la comunicación oficial —respondí—.

Pero no sé más detalles.

Levi asintió lentamente, como si confirmara algo que ya esperaba.

—Bien.

Entonces vamos a hablar claro —dijo, cruzándose de brazos—.

El Olympique Windsor está realmente interesado en vos.

No es humo, no es una especulación baratísima de periodista.

Es un interés real.

Están preparando una oferta formal.

Y te quieren ya, no dentro de un año.

Sentí un pequeño vértigo.

—¿Qué implica eso… exactamente?

—pregunté.

—Que quieren que formes parte del equipo antes de que cierre la ventana —dijo Levi—.

Y que están dispuestos a pagar mucho por vos.

Más de lo que cualquier club europeo nos ha ofrecido por un jugador de tu edad en toda la historia del equipo.

Bastante más.

Me quedé quieto, intentando procesarlo.

—¿Y qué piensa la directiva?

—logré preguntar.

—Están divididos —respondió Levi—.

La mitad piensa que sería un error venderte ahora, justo cuando estás llegando a tu mejor nivel y convirtiéndote en uno de los pilares del proyecto.

La otra mitad cree que no podemos dejar pasar una oferta tan grande, que podría ayudarnos a crecer como club.

Levi clavó la mirada en mí.

Tenía cansancio en los ojos, pero también determinación.

—Y yo… —pausó— yo estoy en el medio.

Porque como dueño del club, tengo que pensar en lo que conviene a largo plazo.

Pero como tu mentor, y como alguien que te vio crecer desde que entraste, siento que vos todavía tenés cosas para vivir acá.

Cosas que te van a marcar antes de ir a Europa.

Sentí un nudo en la garganta.

No por tristeza, sino por la magnitud del momento.

—¿Qué querés que haga?

—pregunté.

—Quiero que elijas —respondió directo—.

No quiero obligarte a nada.

No quiero que te quedes si tu corazón está en Europa.

Pero tampoco quiero que te vayas solo por la presión, o por la idea de que es lo correcto porque “todos lo hacen”.

Esta decisión tiene que ser tuya.

Y solo tuya.

Hubo silencio por varios segundos.

—Si acepto —pregunté—, ¿cómo afectaría al equipo?

Levi suspiró.

—Mucho.

No voy a mentirte.

Sería un golpe fuerte para muchos.

Pero también entenderían.

A la larga, lo aceptarían.

—¿Y si rechazo?

—Entonces esta historia cambia de rumbo —sonrió un poco—.

Seguís creciendo acá, nos ayudás a pelear por todo, y cuando llegue el momento indicado, te vas siendo una leyenda del club, no un capítulo inconcluso.

Me apoyé en la mesa, respirando hondo.

La presión del rumor ya se había convertido en algo más real, más pesado.

La decisión, aunque no inmediata, era inevitable.

—¿Cuánto tiempo tengo para decidir?

—pregunté finalmente.

—Una semana —dijo Levi—.

No más.

Asentí.Una semana para decidir el camino de toda mi carrera.

Levi se levantó, rodeó el escritorio y puso una mano firme en mi hombro.

—Pase lo que pase… yo te voy a apoyar —dijo con sinceridad absoluta—.

Pero quiero que esta decisión te haga sentir orgulloso cuando la recuerdes dentro de diez años.

No arrepentido.

Asentí de nuevo.

No podía hablar.

La mezcla de emociones era demasiado profunda como para ponerla en palabras.

—Anda a tu casa —dijo Levi suavemente—.

Descansá.

Mañana tenés partido y eso… —señaló hacia la ventana, hacia el campo— sigue siendo lo más importante por ahora.

Salí de la oficina con la cabeza llena de pensamientos que se chocaban entre sí.

Cada paso hacia la salida del club se sentía distinto, más pesado, como si el piso estuviera hecho de decisiones no tomadas.

Cuando llegué al exterior, respiré el aire frío y cerré los ojos.

Una semana.

Una semana para cambiarlo todo… o para reafirmar quién soy y dónde quiero estar.

El destino no esperaba.

Ya había llamado a la puerta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo