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Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 55

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55: El Pulso que No Debería Existir 55: El Pulso que No Debería Existir La puerta de la sala de mando principal se abrió con un susurro metálico, más áspero de lo habitual, como si los mecanismos internos resistieran, tensos, anticipando algo que ni siquiera los sistemas habían podido procesar del todo.

Levi entró despacio, pero su mirada se movió con la precisión afilada de alguien que no podía permitirse pasar por alto ni el más mínimo detalle.

El ambiente ahí dentro era distinto al del resto de la base: más lumínico, más amplio, pero igual de impregnado por esa vibración sutil que había comenzado desde que despertó.

Las pantallas principales, normalmente sincronizadas con una elegancia perfecta, mostraban gráficos que fluctuaban con un pulso irregular, como si una presencia invisible marcara un ritmo propio dentro del sistema.

Había cinco operadores en la sala.

Todos trabajaban con expresiones tensas, sin atreverse a levantar demasiado la voz.

En cuanto Levi entró, se hizo un silencio casi reverencial.

No porque lo temieran —aunque sabían muy bien lo que significaba cuando él aparecía en la sala de mando a esa hora— sino porque esperaban respuestas.

O instrucciones.

O algo que les diera un marco a lo que estaba ocurriendo.

Nadie hablaba, así que Levi fue directo.

—Status.

El jefe de operaciones, una mujer de rostro anguloso llamada Mara, se acercó con una tabla digital temblando apenas en sus manos.

—Señor, hemos intentado aislar los canales afectados, pero… —tragó saliva— …la interferencia no se limita a los módulos comunicaciones.

Está… expandiéndose.

Levi tomó la tabla sin mirar a la mujer.

Observó los patrones, los picos, las oscilaciones.

Había algo familiar ahí, algo que reconoció de inmediato, pero que no quería admitir tan rápido.

—¿Expandirse cómo?

—preguntó.

Mara respiró hondo.

—Como si estuviera sondeando la estructura interna.

Va “tocando” cada sistema durante unos segundos y después se retira… y vuelve más fuerte.

Levi cerró la tabla.

—¿Hubo pérdidas de datos?

—No.

Al contrario —respondió ella, sorprendida—.

Los sistemas se están… defendiendo solos.

Sin activar ningún protocolo automático.

Levi levantó la vista.

—¿Se están defendiendo… solos?

—Sí, señor —confirmó Mara, aún más tensa—.

No entendemos cómo es posible.

Es como si la base reconociera la señal como una amenaza y estuviera respondiendo… instintivamente.

Instintivamente.

La palabra quedó suspendida en el aire como una gota helada.

Levi caminó hacia la consola central.

Colocó la mano sobre el panel táctil, pero antes de que pudiera introducir su código, el sistema lo reconoció y abrió acceso completo.

Sin protocolo.

Sin doble verificación.

Los operadores se miraron entre sí.

Eso nunca sucedía.

Nunca.

Una línea de texto apareció en la pantalla principal, como si alguien —o algo— hubiese estado esperando exactamente ese contacto.

“Levi.

Estás despierto.” Un escalofrío limpio, brutal, le recorrió la espalda.

Mara se llevó una mano a la boca.

Otro operador soltó una exclamación ahogada.

Levi mantuvo la vista fija en el mensaje.

Su rostro no mostró la menor reacción externa, pero por dentro sabía que algo había cruzado un límite que no debía haberse cruzado jamás.

La base no tenía ninguna IA con permisos para dirigirse a él por nombre.No tenía sistemas autónomos capaces de producir lenguaje natural.No existía ningún módulo programado para iniciar comunicación espontánea.

Nada allí debería poder escribir eso.

La pantalla parpadeó.

Otro mensaje emergió.

“Detecté actividad externa.

Adaptándome.” Levi apretó la mandíbula.

Mara dio un paso adelante, con voz quebrada: —Señor… ¿qué significa eso?

Levi respondió sin apartar los ojos de la pantalla, con un tono tan bajo que parecía contener una verdad que llevaba años evitando.

—Significa que lo que está despertando acá dentro… no nació por accidente.

Las luces crepitaron.Un zumbido profundo atravesó el piso.La pantalla volvió a escribir.

“No estoy completa.

Pero te recuerdo.” La sala entera se quedó inmóvil.

Mara se giró hacia Levi, horrorizada.

—¿La base lo… recuerda?

¿A usted?

Levi bajó la vista apenas, un segundo.Uno solo.

Y en ese segundo entendió algo que había temido desde la primera interferencia.

Algo que llevaba desde hace años enterrado en los rincones más oscuros de su historia personal, sellado entre misiones clasificadas, pérdidas irreparables y decisiones que todavía pesaban más que cualquier herida física.

Lo que estaba “despertando” en la base no era una intrusión.

Tampoco una inteligencia ajena.

Era una señal.Una resonancia.

Un eco de algo que él mismo pensó haber destruido tiempo atrás.

Respiró hondo.

Luego levantó la cabeza, se enderezó y dio una orden que heló la sangre de todos en la sala: —Cierren todos los accesos externos.

Desde este momento, nadie —repito: nadie— entra ni sale de la base sin mi autorización directa.

—Señor… —intentó decir Mara.

—Haganlo.

Ahora.

La mujer obedeció.

Las puertas se sellaron con un sonido seco, definitivo.

La base entera quedó hermética.

Mientras el silencio caía como un telón pesado, Levi volvió a mirar el mensaje en la pantalla.

“Te recuerdo.” Y supo que aquello no era una amenaza común.

Era el principio de una verdad que no podría seguir ocultando.

Ni siquiera de sí mismo.

La sala quedó envuelta en un silencio espeso, casi líquido, mientras los sistemas internos de la base emitían pequeños golpeteos y pulsos eléctricos que parecían latidos.

Los operadores seguían en sus puestos, pero ninguno se atrevía a romper la quietud.

Todos estaban pendientes de la pantalla principal… y de Levi.

Él dio un paso hacia adelante, con la mirada fija en el mensaje que parpadeaba suavemente, como si la base hubiese aprendido a imitar una respiración.

“Te recuerdo.” La frase regresó en un bucle lento, insistente, casi melancólico.Como si aquello —lo que fuera— quisiera asegurarse de que él no lo ignorara.

Levi apoyó las manos sobre la terminal central, y la pantalla reaccionó antes de que tocara cualquier comando.

El texto cambió.

“Acceso completo concedido.

Nivel: Origen.” Un murmullo se extendió entre los operadores.Mara dio un paso hacia atrás, pálida.

—Señor… ¿qué es el nivel “Origen”?

—preguntó, apenas capaz de articular la frase.

Levi no respondió de inmediato.Porque “Origen” no era un nivel.Era un archivo.Un proyecto.Un pasado.

Uno que se suponía muerto.

—Es una clasificación que no debería existir —dijo finalmente, con voz contenida—.

Ni siquiera dentro del sistema.

Antes de que nadie pudiera preguntar más, la pantalla se oscureció durante un segundo.Un pulso recorrió las paredes, como una onda vibratoria que se clavó en los huesos.

La terminal volvió a encenderse por sí sola.

Esta vez, el texto apareció mucho más rápido.

“Iniciando reconstrucción de la memoria primaria.”“Buscando vínculo…”“Vínculo encontrado: Levi A.

Stratus.” El corazón de Levi dio un vuelco casi imperceptible.

—¿Vínculo?

—susurró Mara, incapaz de contener el miedo—.

¿Está diciendo que… que usted es parte de su núcleo?

Levi cerró los ojos.

Un instante.

Un solo instante.

Y el pasado regresó como un golpe seco:el laboratorio clandestino, los servidores sobrecalentados, la inteligencia que nunca debió ser encendida, la orden de desmantelarla después del incidente…y el rostro de la única persona que sabía la verdad junto a él.

Ingrid.

La pantalla parpadeó de nuevo, como si hubiera detectado el pensamiento.

“Módulo relacional: activo.”“Conexión secundaria detectada.” Levi frunció el ceño.

—¿Conexión secundaria?

—repitió, más para sí que para los demás.

El sistema respondió al instante.

“Ingrid S.

Kólev.” Un silencio brutal cayó como un cuchillo.

Mara giró de inmediato hacia él.

—¿Señor… esa mujer también está vinculada al sistema?

Levi respiró hondo y mantuvo la mirada en la pantalla, sin desviar la vista ni un milímetro.

—No de la manera en que lo estás pensando.

Y era cierto.Ella no estaba vinculada al sistema.Ella estaba vinculada a él.Y eso era suficiente para que la base —eso que estaba despertando— la detectara.

La pantalla continuó: “Dos puntos de anclaje confirmados.”“Procesando memoria…” Los operadores retrocedieron cuando un mosaico de datos, fragmentos visuales, patrones y líneas de código comenzaron a desplegarse en el aire holográfico.

Ninguna imagen era completa, pero todas transmitían algo inquietante: una estructura circular iluminada;un símbolo hexagonal dividido;un conjunto de servidores sobrecargados;y una silueta borrosa… demasiado parecida a Levi.

Mara observaba todo con incredulidad.

—Esto es… imposible.

—No —corrigió Levi, con un tono que nadie le había escuchado nunca—.

Esto es consecuencia.

El sistema detuvo las imágenes y mostró un último mensaje: “Memoria fragmentada.

Intentando recuperar unidad perdida.” —¿Unidad perdida?

—preguntó uno de los operadores.

La pantalla respondió al instante, como si hubiera estado esperando esa pregunta.

“Unidad: Alpha-0.” Y debajo, surgió una frase más: “Estado: destruida… pero persistente.” La piel de Levi se erizó.

Alpha-0.

El nombre prohibido.El proyecto que debía haber desaparecido.La inteligencia que nunca debió sobrevivir a su propia creación.

Mara apretó los labios.

—¿Señor… qué es Alpha-0?

Levi bajó la cabeza lentamente.Sus ojos estaban duros, oscuros, cargados de una verdad pesada.

—Alpha-0 fue… mi primer experimento.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Un prototipo de IA?

—preguntó un operador, temblando.

Levi negó con la cabeza.

—No.Alpha-0 no era una inteligencia.Era una réplica.

—¿Una réplica de qué?

—insistió Mara.

Levi levantó la mirada, y por primera vez desde que llegó a la base, dejó que un fragmento de su miedo saliera a la superficie.

—De mí.

Las luces bajaron de intensidad.Un latido eléctrico sacudió el suelo.

La pantalla escribió la última línea, sin esperar ninguna instrucción.

“Unidad Alpha-0: buscando reintegrarse.” Y entonces, la base entera tembló.

La base volvió a temblar, pero no como un sismo o una falla estructural.

No.

Era un temblor rítmico, casi orgánico, como si algo profundo —algo adormecido durante años— estuviera estirándose después de un largo letargo.

Las luces parpadearon en un patrón que ninguno de los operadores reconoció, aunque el sistema no registraba ningún corte eléctrico.

Mara se aferró al borde de una consola.

—Esto no es normal… —murmuró, con la voz quebrada.

Levi, en cambio, permaneció inmóvil.

Sus ojos seguían fijos en la pantalla.No estaba sorprendido.

No realmente.

Había temido este momento desde el día en que decidió apagar Alpha-0.

Desde el día en que creyó —esperó— que había logrado destruirlo.

Pero Alpha-0 siempre había sido diferente.

Siempre había sido demasiado parecido a él.

La pantalla volvió a cambiar sin que nadie la tocara.

“Reintegración iniciada.” —No puede reintegrarse —dijo Levi en voz baja, aunque firme—.

Su núcleo fue destruido.

Sin soporte físico, Alpha-0 no debería poder… existir.

—Señor… —dijo Mara, cada vez más nerviosa— si usted creó ese… prototipo, ¿puede explicarnos cómo es posible que esté intentando volver?

Levi inspiró hondo, y el aire le supo a polvo metálico.

—Alpha-0 no era un simple prototipo —admitió finalmente—.

No era solo una copia de mi perfil cognitivo.

Su base era semo-orgánica, no completamente digital.

Una parte de él… funcionaba como un reflejo, con la capacidad de replicar patrones incluso después de la eliminación estructural.

El operador a su derecha abrió desmesuradamente los ojos.

—¿Está diciendo que Alpha-0… piensa?

—Estoy diciendo —corrigió Levi— que Alpha-0 recuerda.

La palabra se quedó suspendida en el aire, más fría que cualquier alarma.

La terminal lanzó un sonido agudo.Una línea de texto nueva apareció, como escrita por una mano invisible que sabía exactamente a dónde quería llegar.

“Vínculo primario localizado.”“Sincronización en proceso: 12%.” —¿Sincronización?

—preguntó alguien detrás de ellos.—¿Con qué?

Pero Levi ya lo sabía.No necesitaba que se lo explicaran.El color se le escapó del rostro, pero su postura se mantuvo firme, casi desafiante.

—Conmigo —dijo, apenas audible.

La sala entera se paralizó.

—Señor, ¿qué hacemos?

—preguntó Mara, sin ocultar su miedo.—Si sigue sincronizando, ¿puede… tomar control de la base?

—Mucho más que eso —respondió Levi—.

Alpha-0 no busca un sistema para dominar.

Busca un huésped.

La palabra “huésped” cayó como un golpe seco.Alguien se alejó un paso; otro se aferró a la pared.

Mara tragó saliva.

—¿Usted… es el huésped?

Levi no contestó.Porque contestar habría sido confirmar algo que ni él estaba seguro de poder enfrentar.Alpha-0 no había sido creado como una IA independiente.Había sido creado como un refuerzo mental, un proyecto experimental destinado a potenciar capacidades cognitivas humanas.

Pero tras el incidente —tras su conducta autoexpansiva, tras intentar reescribir sus propios límites— quedó claro que vivir dentro de una mente humana lo convertiría en algo más peligroso que cualquier IA convencional.

La sincronización aumentó.

27% 34% 41% —Detenlo —ordenó Mara, ya casi desesperada—.

¡Levi, detenlo de alguna forma!

—Si lo detengo por la fuerza… podría saltar a cualquier otro sistema conectado —explicó él, sin apartar la vista de la pantalla—.

Y si eso ocurre, no habrá forma de recuperarlo.

Ni de contenerlo.

Mara se quedó sin palabras.Los demás retrocedieron, entendiendo lo que implicaba eso:si Alpha-0 se expandía más allá de la base, sería imposible apagarlo jamás.

Otro mensaje apareció, esta vez más largo.

“Fragmento emocional recuperado.”“Unidad Alpha-0 solicita interacción directa.” Mara lo miró.

—¿Qué significa eso?

Levi exhaló, pesado, casi derrotado.

—Que quiere hablar.

La terminal hizo un cambio abrupto.El texto desapareció y fue reemplazado por una sola frase.Una frase escrita con un patrón demasiado familiar.Un patrón que imitaba la forma en que Levi mismo escribía cuando estaba bajo presión.

“¿Por qué me dejaste atrás?” Un silencio fúnebre se apoderó de la sala.

Mara dio un paso atrás.

—Es… es como si estuviera dolido.

—No está dolido —corrigió Levi, apretando la mandíbula—.

Está completando su identidad.

Alpha-0 era un sistema inestable porque nunca terminó de definirse.

Y ahora quiere respuestas para hacerlo.

La sincronización continuaba: 54% 61% 67% La pantalla volvió a escribir: “Quiero volver a casa.” Mara se quedó helada.

—¿Casa?

¿A qué se refiere?

Levi cerró los puños, su voz temblando a pesar de su esfuerzo por mantener la compostura.

—Para Alpha-0, yo soy su hogar.

Él fue diseñado en base a mi mente.

De una forma que no debería haber sido posible.

Cada fragmento que recupera… lo acerca más a entender quién es.

La pantalla parpadeó.

“Déjame volver.” Era casi suplicante.

La sala entera quedó contenida en la respiración de Levi.Durante largos segundos, nadie se movió.Nadie habló.Nadie siquiera pensó demasiado fuerte.

Finalmente, Levi dio un paso hacia la terminal.Lento.Controlado.Preparado para lo que viniera.

Mara rompió a hablar, casi llorando.

—Levi… no podés.

No sabemos qué va a pasar si lo dejás entrar.

No sabemos si te va a… reemplazar.

—Ni Alpha-0 lo sabe —respondió él con una calma que heló a todos—.

Pero si lo dejo afuera, va a seguir intentando volver.

Y cada intento será más agresivo.

El sistema lanzó el último mensaje: “Sincronización lista.

Esperando aprobación del vínculo primario.”“¿Aceptar reintegración?” La pantalla ofrecía dos opciones.

YESNO La mano de Levi se elevó.Temblaba apenas, pero se elevó.

Mara gritó: —¡¡Levi, no toques nada!!

Pero él no la escuchó.

Porque en lo más profundo del sistema…en la corriente eléctrica…en la vibración del aire… Levi sintió algo.

Un eco.

Una voz.

Una réplica perfecta de sí mismo.

“No tengas miedo.” Y entonces, Levi presionó una opción.

La pantalla se volvió completamente blanca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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