Fútbol: El Sistema del Renacer - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Primer Amanecer
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6: Primer Amanecer 6: Primer Amanecer El amanecer en el barrio llegó teñido de un frío húmedo.
Thiago se despertó antes que el sol, con la pregunta de su madre aún golpeándole en la cabeza: “¿Cómo me convences de que esta vez es diferente?” No tenía una respuesta en palabras.
solo acciones…
Llegó al campo de entrenamiento más temprano que todos.
El césped todavía estaba cubierto de gotas de rocío, y el silencio solo se rompía con el eco de sus zapatillas.
Colocó unas botellas como conos improvisados y comenzó a trabajar en lo más básico: control, pase, movimiento.
Cada toque era un recordatorio de lo que había perdido, pero también un ladrillo en el muro que intentaba reconstruir.
El entrenador llegó sorprendido.—¿A qué viene esto, Thiago?
—preguntó, apoyándose en la baranda.
—A mostrarle que puedo cambiar —respondió sin detenerse, sudando aunque el sol apenas despuntaba—.
Que esta vez no voy a esperar sentado a que confíen en mí.
El hombre lo observó en silencio, y por primera vez no vio a un chico roto, sino a alguien decidido a pelear.
Cuando llegaron los demás, se toparon con Thiago ya empapado de sudor.
Algunos rieron, otros lo miraron con desconcierto, pero el capitán murmuró para sí:—Tal vez no hablaba en vano… Durante la práctica, Thiago no buscó brillar.
No trató de encarar tres rivales ni de inventar jugadas imposibles.
Su estilo cambió: simple, ordenado, solidario.
Si el fútbol era un río, él no intentaba ser la cascada; quería ser la corriente que guiaba el cauce.
Al final del entrenamiento, el entrenador reunió al grupo.—Hoy vi algo distinto.
No sé si es suficiente todavía, pero si Thiago sigue en esta línea, más de uno tendrá que replantearse lo que piensa de él.
Las miradas ya no eran de desconfianza abierta.
Eran de intriga, como quien ve a un viejo árbol seco dar su primer brote verde después del invierno.
Esa noche, Thiago volvió a casa agotado.
Su madre lo esperaba en la mesa, como siempre.
Esta vez él no dijo nada.
Se sentó, sonrió cansado y dejó que sus manos marcadas por el balón hablaran por sí solas.
Ella lo notó, aunque no lo admitiera.
El cambio no era una promesa… era un inicio.
Y en el silencio compartido de la cena, algo quedó claro: Thiago había dado el primer paso para convencerla.
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