ĜØŁĐ - Capítulo 10
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10: Capítulo 10 “Excursión al Museo” 10: Capítulo 10 “Excursión al Museo” A la mañana siguiente me levanté y lo primero que vi fue a Lilith preparando el desayuno.
Su figura estaba recta, impecable, moviéndose con la precisión de alguien que jamás se permite fallar.
Me acerqué y pregunté: —Lilith… ¿acaso dormiste anoche?
No se detuvo.
Ni siquiera volteó a verme.
Solo respondió con ese tono frío que la ha acompañado desde que tengo memoria: —Mi trabajo es cuidarlo.
No importa si duermo o no.
Eso bastó para confirmarlo.
No había pegado un solo ojo.
Conozco a Lilith desde que éramos niños.
Y aunque nunca expresa cansancio, sé leer el silencio detrás de su mirada.
Ella lo da todo por mí, incluso lo que nadie le pidió.
Y mi deseo —por más simple que parezca— siempre fue verla sonreír de nuevo… como aquella única vez en nuestra infancia.
A veces me pregunto qué tan hermosa se vería ahora si lo hiciera.
Sabía lo mucho que se esforzaba por mí, así que me acerqué con una leve sonrisa y le dije: —Hoy tienes el día libre.
Puedes descansar.
Por primera vez, Lilith me miró sorprendida.
Pero en lugar de aceptar, bajó la cabeza.
—Pero, amo, yo… no… nada.
Olvide lo dicho.
Perdón por molestarlo.
Había algo más en su voz.
Algo que no dijo.
Quizás no quería quedarse encerrada todo el día aquí.
Quizás estaba… triste.
Así que, antes de pensarlo demasiado, solté, algo nervioso: —Si quieres puedes quedarte aquí en mi departamento… o —tragué saliva, sintiéndome ridículo— si gustas puedes acompañarme a la escuela.
Hoy hay una excursión, podrías venir conmigo y… no sé, despejar tu mente.
Fue sutil, casi imperceptible… pero vi cómo se iluminaban sus ojos.
No sonrió, pero pude sentir emoción en ella.
Tal vez era la idea de salir, o simplemente estar cerca.
—Con gusto iré con usted, amo —respondió, inclinando la cabeza.
Me rasqué la nuca, tratando de parecer casual.
—Bueno, hay un pequeño detalle… cuando estemos allá, por favor no me llames “amo”.
Solo Jay, ¿sí?
No quiero llamar la atención.
Ah, y trata de usar ropa más… casual.
El uniforme de sirvienta llamaría mucho la atención.
Lilith parpadeó como si hubiera escuchado un idioma nuevo.
—Como guste, amo… digo, Jay.
Pero… ¿qué es ropa casual?
Me quedé en silencio unos segundos, procesando lo que había dicho.
¿En serio no sabía lo que era ropa casual?
Respiré hondo.
Por supuesto que no lo sabía.
Su vida siempre ha girado únicamente alrededor de mí y de su deber.
Ni ropa, ni amigos, ni costumbres simples.
Nada le pertenece.
Entonces una idea cruzó por mi mente.
Chasqué los dedos.
—Ya sé.
Aún hay tiempo.
¿Sabes dónde vive Scarlett, verdad?
Ella asintió.
—Bien.
Iremos a su casa.
Ella podrá ayudarte a elegir algo.
Yo voy a cambiarme.
No queda mucho tiempo, hay que ser rápidos.
Lilith inclinó la cabeza en señal de aceptación.
Y mientras se alejaba, noté algo en su expresión.
No era frialdad.
No era obediencia.
Era emoción… contenida.
Y con eso bastó para hacer que mi mañana valiera la pena.
Una vez que Lilith estuvo lista, salimos rumbo a la casa de Scarlett.
El camino fue tranquilo… aunque no dejaba de pensar en cómo demonios iba a explicar todo esto sin parecer un completo idiota.
Al llegar, respiré hondo, toqué el timbre y esperé.
La puerta se abrió, y quien apareció fue la madre de Scarlett, con la típica sonrisa que demuestra que sabe más de lo que debería saber.
—Hola… soy Jay… ¿está su hija?
—pregunté, intentando sonar normal y no como si estuviera cometiendo un crimen.
La señora se llevó la mano a la boca y sonrió con esa expresión que anuncia problemas.
—¡Scarlett!
¡Tu novio te busca!
—gritó con voz cantarina.
Yo me quedé paralizado.
Siento que dejé de respirar dos segundos.
Scarlett salió corriendo, en shock absoluto.
—¡Mamáaaa, qué dices!
—reclamó, y luego me vio—.
¡Jay!
¿Qué haces aquí?
—Vine porque necesito de tu ayuda —respondí, intentando ignorar que mi alma estaba abandonando el cuerpo.
Antes de que pudiera explicar algo, su madre volvió a intervenir: —Bueno, me voy a hacer el desayuno.
Te dejo a solas con tu novio —dijo, recalcando la palabra con esa risa que daba miedo.
Y desapareció, aún riendo.
Scarlett suspiró, avergonzada.
—Discúlpala… mi mamá es… bueno, así es ella.
Me encogí de hombros, sonriendo.
—No te preocupes.
Por lo visto, también tu mamá es alegre y enérgica como tú.
Scarlett se sonrojó y miró hacia otro lado.
No sé si para desviar el tema o porque se puso nerviosa, pero soltó una risa torpe.
—Jajaja… bueno, sí… pero… ¿para qué necesitas mi ayuda?
Y ahí fue donde recordé el motivo de mi visita… y el caos que estaba a punto de desatar.
Con nerviosismo le dije, intentando que mi voz no sonara exigente: —Verás, Scarlett… Lilith nos va a acompañar a la excursión y… no sabe qué es la ropa casual.
Y yo… bueno… no tengo la menor idea de cómo explicárselo.
Si no es mucha molestia… ¿puedes ayudarla?
Scarlett me miró en silencio.
Un silencio que duró demasiado.
Su cara decía “¿por qué siempre termino metida en tus problemas?”, pero también “no puedo decirte que no”.
Se cruzó de brazos, suspiró… y finalmente respondió: —…Está bien.
Pero solo porque me lo pides tú.
Y ahí, en ese instante, supe que no estaba enojada.
Solo… ligeramente resignada.
Scarlett nos hizo pasar a su habitación y abrió el clóset como si acabara de invocar un portal a otra dimensión.
—Muy bien, Lilith —dijo con un brillo peligroso en los ojos—.
Vamos a salvar tu vida social.
Lilith solo la miró con su expresión calmada de siempre, sin entender del todo.
Scarlett empezó a sacar ropa como si estuviera en una competencia de moda extrema.
Prendas volaban, otras eran descartadas como si representaran una ofensa personal.
Estaba más emocionada de lo que pensé que estaría.
—Probemos con esto —dijo al fin, entregándole una blusa blanca con hombros descubiertos y una falda negra ajustada, simple pero elegante.
Lilith tomó la ropa entre sus manos con cuidado.
—¿Me la pongo aquí?
—¡No!
¡En el baño!
—respondió Scarlett tan rápido que casi gritó.
Cuando Lilith desapareció, Scarlett soltó un suspiro.
—Nunca pensé que terminaría enseñándole qué es ropa casual… —se rió para sí—.
Pero debo admitir que esto es divertido.
Yo solo asentí, sin saber qué cara poner.
Entonces la puerta se abrió.
Lilith salió.
Y la habitación se quedó sin aire.
La blusa realzaba la forma delicada de sus hombros, la falda le quedaba perfecta y, aunque ella no reaccionaba, era evidente que ese tipo de ropa estaba hecha para su cuerpo.
No hizo ningún gesto… pero pude ver que entendió que sí le gustaba cómo se veía.
Sus ojos lo dijeron todo.
Yo me sonrojé al instante.
—Te queda… muy bien… —logré decir, tratando de sonar normal.
Se volteó hacia mí.
No dijo nada, pero esa quietud suya ahora tenía un impacto que no podía ignorar.
Scarlett observó en silencio y entonces murmuró: —Bueno, eso… quedó mucho mejor de lo que imaginaba.
Pero su tono tenía esa ligera tensión… ese toque de celos que trataba muy mal de ocultar.
—Ahora me cambio yo —añadió enseguida, como si se negara a quedar atrás.
Se metió a su clóset y salió al poco rato con una camiseta ajustada beige y un short negro a media pierna que le quedaba perfectamente.
Era sencilla, pero ella sabía lucirlo.
Y sí.
Me sonrojé otra vez.
—¿Q-qué?
—dijo Scarlett al notar mi reacción—.
Es ropa normal.
—S-sí, normal… —respondí, mirando a otra parte.
Ya listos, salimos rumbo a la escuela.
Caminábamos juntos y, mientras más nos acercábamos, más miradas recibíamos.
Las chicas se quedaban viendo a Lilith como si fuera modelo de revista.
Los chicos… bueno, se les notaba que el cerebro les dejó de funcionar.
Y lo peor es que nadie sabía que era mi empleada.
Parecía simplemente… una chica nueva.
Una demasiado perfecta.
Al entrar, el grupo entero se quedó congelado.
Se escucharon murmullos, susurros y un par de “¿quién es ella?”.
Incluso llegó un momento incómodo en el que algunos nos miraban a mí y a Scarlett al mismo tiempo, como comparando.
Yo solo me aclaré la garganta.
—Vamos, el autobús ya llegó.
Subimos y nos sentamos juntos.
Ni bien nos acomodamos, varios estudiantes se acercaron a Lilith.
—¿Eres nueva?
—¿De qué salón vienes?
—¿También vas al museo?
Lilith solo los observó sin saber qué responder.
No estaba acostumbrada a ese tipo de atención.
Ni siquiera entendía que la consideraban parte de la clase.
Y aun así… no se veía incómoda.
Solo… confundida.
Yo me apoyé en el asiento, la vi desde un costado y pensé: Con uniforme parecía alguien fuera de lugar.
Pero así… en ropa casual… parece alguien que puede cambiarlo todo sin decir una sola palabra.
Y mientras el autobús arrancaba hacia el museo… no podía sacar esa imagen de mi cabeza.
El autobús avanzaba entre risas, conversaciones y emoción por la excursión… pero alrededor de Lilith reinaba un tipo distinto de energía: silencios incómodos, miradas insistentes y un montón de chicos armándose de valor para hablarle.
Un grupo de tres se acercó primero.
—Oye… tú eres nueva, ¿verdad?
—dijo uno, apoyándose en el respaldo con pose “cool”.
Lilith solo lo miró.
No respondió.
Ni siquiera parpadeó.
Él se aclaró la garganta.
—Gusto en conocerte… soy— Antes de que terminara, Lilith volteó hacia mí y se cambió de asiento sin dudarlo, sentándose a mi lado como si fuera lo más natural del mundo.
El chico quedó congelado.
—Wow… eso fue… frío —murmuró su amigo.
—Oye, Jay —susurró Scarlett desde el asiento de enfrente—.
Creo que tu amiga les acaba de romper el ego.
Sin querer, sonreí.
Lilith permaneció recta, sus manos sobre su regazo.
No hablaba, pero se notaba que prefería estar conmigo.
Sus ojos fríos se alzaron hacia mí apenas un segundo, como confirmando: aquí está bien.
El autobús siguió su camino y otros dos chicos lo intentaron.
—Hola… ¿cómo te llamas?
—¿Quieres sentarte con nosotros?
Lilith ni los miró esta vez.
Simplemente se acomodó un poco más cerca de mí.
Y ahí entendí algo que los demás no: Lilith no era antisocial.
Era selectiva.
Brutalmente selectiva.
Yo… era su punto seguro.
Cuando llegamos al museo, el grupo se dispersó como siempre: los más aplicados al frente, los desinteresados atrás y los que solo querían fotos, pues… ya estaban posando.
—Jay, iré con mis amigas —dijo Scarlett mientras saludaba a un pequeño grupo que ya la estaba llamando.
—Está bien —respondí.
Ella se acercó un momentito más, como buscando algo.
—Si pasa algo, me avisas, ¿sí?
—Claro.
Scarlett sonrió, pero esa sonrisa se desvaneció un poco al mirar a Lilith.
Tal vez porque Lilith, incluso sin proponérselo, imponía presencia.
O tal vez porque… se veía demasiado bien.
Luego Scarlett corrió hacia sus amigas.
Escuché que una de ellas dijo: —¿Quién es la modelo que venía contigo?
—¡No es modelo, es amiga de Jay!
—respondió Scarlett—, pero… no sé de dónde salió.
La conversación se fue perdiendo mientras se alejaban.
Lilith y yo entramos al museo.
Ella observaba todo con la misma seriedad de siempre, pero noté un detalle: sus pasos eran muy controlados.
Como si no quisiera llamar la atención… aunque ya la llamaba de todas formas.
Varios estudiantes murmuraban al verla.
Algunos chicos se acercaron de nuevo.
—¿Quieres ver la exposición con nosotros?
—preguntó uno, sonriendo demasiado.
Lilith lo miró directamente a los ojos.
Ese tipo de mirada que te atraviesa como hielo.
—No —respondió ella.
Seca.
Directa.
Sin una pizca de duda.
El chico solo dijo: —Ok… respetable.
Lilith caminó conmigo hacia la primera sala.
Una vitrina enorme mostraba una antigua estatua dorada, y ella se detuvo frente a ella como si estuviera analizándola.
—Jay —dijo de pronto, apenas en un susurro—.
Este lugar tiene objetos peligrosos… lo percibo.
—¿Objetos peligrosos?
¿A qué te refieres?
Sus ojos miel oscura se movieron lentamente entre las vitrinas.
—Energías antiguas.
Peligrosas… Sentí un escalofrío.
—No te alejes de mí —dijo de pronto, como si diera una orden.
Me quedé en silencio, sorprendido.
—No pienso alejarme —respondí al fin.
Lilith asintió levemente.
En la siguiente sala, Scarlett y sus amigas estaban tomándose fotos.
Ella volteó, nos vio juntos y por un instante su sonrisa titubeó.
—¡Jay!
¡Lilith!
Vengan, esta parte está genial —dijo mientras avanzábamos con el recorrido.
Lilith permanecía a mi lado, observando cada vitrina como si buscara algo… o como si temiera encontrarlo.
Scarlett, desde unos pasos atrás, nos miraba alternando entre curiosa, celosa y preocupada.
Y ahí, mientras avanzábamos por la galería, tuve un pensamiento que no pude evitar: Esto no será una simple excursión.
Porque entre Lilith, Scarlett, mi maldición… Y ese extraño presentimiento que flotaba en el aire… Algo estaba por pasar.
Y todos íbamos a quedar marcados.
Mientras nuestro grupo avanzaba a la última sala del museo, nadie se dio cuenta de que, afuera, dos camionetas negras sin placas se estacionaban en silencio junto a la entrada de servicio.
Tres hombres bajaron de la primera.
Vestían ropa común, pero sus movimientos eran demasiado precisos, demasiado calculados.
Uno llevaba un maletín metálico.
Otro, un dispositivo extraño que emitía un leve zumbido.
El tercero… solo observaba.
Sus ojos eran como los de un depredador.
—Está aquí —dijo el del maletín—.
No puedo creer que una reliquia de ese calibre la tengan en un museo escolar.
—Los humanos son idiotas —respondió el de los ojos oscuros—.
Esta pieza… si cae en las manos correctas, puede despertar cosas que llevan siglos dormidas.
El tercero revisó su reloj.
—Tenemos diez minutos antes de que el sistema se reinicie —dijo—.
Entramos, tomamos el artefacto y nos vamos.
No dejen cabos sueltos.
Los otros dos asintieron sin dudar.
Lo que ninguno de ellos sabía… Era que Lilith, desde el interior del museo, había sentido algo.
Se detuvo de golpe.
Yo choqué ligeramente contra su hombro.
—¿Lilith?
¿Qué pasa?
Ella no respondió.
Sus ojos fríos se clavaron en la puerta trasera del edificio, como si pudiera ver más allá de las paredes.
—Algo viene —susurró.
Y justo en ese instante… El hombre del maletín abrió su caja metálica, sacó un pequeño cilindro negro y lo lanzó contra una de las entradas laterales del museo.
El objeto rodó apenas un segundo… Y explotó en silencio.
Una onda expansiva invisible atravesó el edificio como un rugido sordo.
El suelo vibró.
Las luces titilaron.
Un zumbido perforó mis oídos.
Varios estudiantes se llevaron las manos a la cabeza antes de desplomarse.
Otros cayeron de rodillas, completamente aturdidos.
Yo mismo estuve a punto de desmayarme.
El mundo me dio vueltas.
La vista se me nubló.
Para no caer, me mordí el labio con fuerza hasta sentir el sabor metálico de la sangre.
Cuando logré enfocar, miré a Lilith.
Ella también estaba tambaleándose.
Su respiración era agitada, sus pupilas dilatadas.
Incluso su equilibrio —siempre perfecto— falló por un instante.
—L-Lilith… —murmuré, sosteniéndome como pude.
No sabía quiénes eran esos hombres… Pero por la expresión de ella, por esa tensión helada en su rostro… Sabía que no venían por nada bueno.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Agente000 Este capítulo profundiza en la relación entre Jay y Lilith, mostrando su lealtad y la lucha interna de Lilith por descubrir una vida más allá de su deber.
La transformación de Lilith con ropa casual simboliza un paso hacia su libertad, justo antes de que la amenaza externa irrumpe con la llegada silenciosa de los hombres y el misterioso artefacto en el museo.La tensión crece y el peligro se hace palpable, marcando el inicio de un conflicto que cambiará todo.
La historia avanza hacia un punto sin retorno, con piezas que se mueven y emociones a flor de piel.Prepárense, porque el siguiente capítulo no solo será largo… será reveladoramente épico, papus.
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