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ĜØŁĐ - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Mi primer día libre
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11: Capítulo 11 “Mi primer día libre” 11: Capítulo 11 “Mi primer día libre” Mientras miraba a Jay dormir tranquilamente, un pensamiento cruzó por mi mente, suave pero firme: Como su sirvienta… es mi deber tener toda la casa en orden.

Me acomodé el uniforme de sirvienta, ajustando el mandil con un leve tirón, y respiré hondo antes de ponerme en marcha.

El silencio de la casa me acompañó mientras comenzaba a limpiar.

Al entrar a su habitación, noté algo que me hizo sonreír por dentro: Jay realmente se esforzaba por mantener su cuarto ordenado… aunque había detalles que podía mejorar.

Aun así… se nota que intenta hacer las cosas bien.

Comencé barriendo el suelo; después lo trapeé con cuidado de no hacer ruido para no despertarlo.

Sacudí el polvo de los muebles, quité telarañas escondidas con mi plumero, ordené los sillones, enderecé las sillas y acomodé las almohadas del salón.

Luego pasé a lavar los trastes, hundiendo las manos en el agua tibia mientras escuchaba el goteo del grifo.

La casa, poco a poco, recuperó un brillo cálido, acogedor.

Finalmente, cuando fui a lavar la ropa, tomé una de sus camisas entre mis manos.

Era una prenda sencilla, suave por el uso… pero cuando la acerqué a mi rostro, algo dentro de mí se detuvo.

La olí con cuidado, apenas un suspiro.

El aroma de Jay aún estaba ahí.

Un perfume tenue, cálido… como él.

No era solo un olor; era una sensación.

Una calma que me envolvía lentamente, como si la tela guardara un pedacito de su presencia.

Sin darme cuenta, aferré la camisa contra mi pecho.

¿Por qué… me hace sentir así?

Fue un pensamiento suave, casi tímido, que me cruzó como un latido inesperado.

Mi corazón se apretó con delicadeza, no de dolor… sino de algo extraño, nuevo.

Algo que no sabía cómo nombrar.

Cerré los ojos, disfrutando ese momento que nadie más vería, un instante fugaz que hacía mi día un poquito más luminoso.

Después de ese instante, respiré hondo, me recompuse y terminé de lavar todo con dedicación.

Cuando dejé la última prenda colgada, miré el reloj.

Jay pronto despertará… Y sin pensarlo dos veces, me dirigí a la cocina.

Aún con el uniforme de sirvienta, me até el delantal y comencé a preparar el desayuno: huevos, pan tostado, café para él… todo con el mismo cuidado con el que había sostenido aquella camisa.

Quería que, cuando abriera los ojos, la casa estuviera tranquila, limpia… y que su primer aroma del día fuera algo rico, algo hecho por mí.

Después de un rato, Jay despertó.

Escuché sus pasos acercarse, pero no me giré; seguí enfocada en el desayuno.

—Lilith… ¿acaso dormiste anoche?

—me preguntó con esa voz suave que hacía difícil mentirle.

No lo miré.

Si lo hacía, lo notaría en mis ojos.

Sabía que descubriría que no había dormido ni un minuto por ocuparme de la casa.

—Mi trabajo es cuidarlo —respondí—.

No importa si duermo o no.

Continué moviendo la espátula, concentrada en la sartén para que él no viera cómo mis manos temblaban.

Jay se acercó más… demasiado cerca.

Podía sentir su presencia justo detrás de mí.

Entonces, con una sonrisa cálida que casi pude escuchar, dijo: —Hoy tienes el día libre.

Puedes descansar.

Eso me sobresaltó.

¿Un día libre?

La palabra me golpeó como un eco extraño, desconocido.

En mi vida nunca había tenido uno.

Recordaba lo que otras sirvientas susurraban en los pasillos: que cuando un amo daba un “día libre”, era para deshacerse de ellas, para despedirlas… para decirles que ya no las necesitaban.

Pensé que eran solo rumores.

Hasta que lo vi suceder.

Más de una vez.

Algo se apretó dentro de mí.

Una punzada aguda en el centro del pecho, como si una daga me hubiera atravesado sin aviso.

Di un paso atrás.

La voz se me quebró.

—Pero, amo, yo… yo no… nada.

Olvidé lo dicho.

Perdón por… molestarlo.

Me detuve ahí.

No quería seguir hablando.

Tenía miedo.

Miedo de que, esta vez, él también quisiera deshacerse de mí.

Miedo de volver a ser un estorbo.

Miedo de perder el único lugar donde, por primera vez, me sentía… bien.

Pero Jay me dijo: —Si quieres puedes quedarte aquí en mi departamento… o… si gustas puedes acompañarme a la escuela.

Hoy hay una excursión.

Podrías venir conmigo y… no sé, despejar tu mente.

Sentí algo encenderse dentro de mí.

No sabía qué era.

No tenía nombre para eso.

Pero calentaba mi pecho de una forma extraña, casi incómoda.

¿Realmente… quería que fuera con él?

¿De verdad me necesitaba?

Quizás sus palabras sobre “descansar” no eran un rechazo… sino una preocupación genuina.

O quizás era solo lo que mi corazón perseguía creer.

Así que respondí con una ligera inclinación: —Con gusto iré con usted, amo.

Él sonrió un poco y corrigió con suavidad: —Bueno, hay un pequeño detalle… cuando estemos allá, por favor no me llames “amo”.

Solo Jay, ¿sí?

No quiero llamar la atención.

Ah, y trata de usar ropa más… casual.

El uniforme de sirvienta llamaría muchísimo la atención.

“Ropa casual”… No entendía a qué se refería.

¿Una armadura distinta?

¿Algún traje especial?

No tenía idea.

—Como guste, amo… —me detuve, recordando lo que dijo—.

Digo… Jay.

Pero… ¿qué es ropa casual?

Hubo un pequeño silencio, y luego Jay chasqueó los dedos con una idea repentina.

—Ya sé.

Aún hay tiempo.

¿Sabes dónde vive Scarlett, verdad?

¿Por qué mencionaba ese nombre?

¿Por qué ahora?

Aquel nombre cayó sobre mí como una pequeña espina que no sabía cómo quitarme.

¿Qué quería él de ella?

Solo pude asentir.

Jay continuó: —Bien.

Iremos a su casa.

Ella podrá ayudarte a elegir algo.

Yo voy a cambiarme.

No queda mucho tiempo, hay que ser rápidos.

¿Elegir algo?

¿Eso tenía que ver con esa misteriosa cosa llamada ropa casual?

No quería acercarme a ella.

La despreciaba, aunque no sabía muy bien por qué.

O tal vez sí lo sabía… pero no quería admitirlo.

Quizás… quizás podría dejarle claro quién estaba más cerca de Jay.

Quién lo conocía más.

Quién estaba a su lado desde el inicio.

No dije nada.

Solo incliné la cabeza aceptando y me retiré para alistarme.

Sentía esa cosa tibia en el pecho otra vez, esa sensación sin nombre que me hacía caminar más rápido.

Cuando estuve lista, salimos rumbo a la casa de Scarlett.

Yo iba al frente, guiando el camino.

Pero mientras avanzábamos, una pregunta me rondaba la mente: ¿Realmente Scarlett querría ayudarnos… después de cómo la había tratado?

Tenía mis dudas.

Y aunque no entendía el motivo… esa duda me apretaba el pecho de un modo incómodo.

Finalmente llegamos a su casa y Jay tocó el timbre.

Una mujer abrió la puerta: tenía los mismos rasgos que Scarlett, los mismos ojos brillantes, la misma sonrisa odiosa que me irritaba sin razón lógica.

Por lo visto, era su madre.

Jay preguntó por Scarlett… todo iba bien hasta que la señora abrió la boca.

La mujer llevó una mano a la boca y sonrió con esa expresión que me recordaba demasiado a Scarlett.

—¡Scarlett!

¡Tu novio te busca!

—gritó con demasiado entusiasmo.

Madre e hija son igual de… desagradables, pensé, mientras mis dedos hormigueaban con ganas de convertir todo en hielo.

Scarlett llegó corriendo segundos después.

Ni siquiera presté atención a lo que hablaron; me daba igual.

Lo único que sentía era un impulso creciente y peligroso: quería congelar toda la casa de Scarlett, volverla un bloque de hielo brillante y silencioso.

Y lo que dijo su madre antes de irse casi hizo que diera ese paso.

—Bueno, me voy a hacer el desayuno.

Te dejo a solas con tu novio —repitió, recalcando la palabra con esa risa insoportable.

Estaba a un solo pensamiento de dejar que el frío hiciera su trabajo.

Pero no sé en qué momento pasamos de la entrada a la habitación de Scarlett.

Ni siquiera tuve tiempo de destruir nada, porque sentí una mirada extraña sobre mí.

No era una mirada asesina.

No era hostil.

Era… diferente.

Y venía de Scarlett.

—Muy bien, Lilith —dijo con un brillo peligroso en los ojos—.

Vamos a salvar tu vida social.

No sabía qué planeaba, pero una cosa era segura: no bajaría la guardia.

Entonces un montón de ropa empezó a salir volando por toda la habitación.

Al parecer, ponerme en guardia había sido innecesario… por ahora.

Scarlett tomó una prenda y se acercó a mí con aire profesional.

—Probemos con esto —dijo, entregándome una blusa blanca de hombros descubiertos y una falda negra ajustada, simple pero elegante.

La observé con cuidado.

¿Esto era “casual”?

Parecía más bien algo… vulnerable.

Pero si Jay quería que lo usara, lo haría.

—¿Me la pongo aquí?

—pregunté mientras empezaba a levantar la blusa.

—¡NO!

¡En el baño!

—respondió Scarlett tan rápido que casi gritó.

No entendía por qué tanto escándalo.

Si me cambiaba allí mismo, podríamos irnos más rápido.

Pero obedecí.

Entré al baño y empecé a intentar ponerme la ropa.

Pero era rara, complicada… los agujeros no tenían sentido.

Mientras luchaba con ella, pensé en Scarlett.

A pesar de cómo la había tratado, me estaba ayudando.

La sensación que eso provocó dentro de mí era… desagradable, como un peso en el pecho que no sabía cómo quitarme.

Y al recordar cómo había llegado corriendo hacia Jay… eso generó otra sensación distinta, punzante, difícil de ignorar.

Una sensación que tampoco tenía nombre.

Con esa mezcla extraña en la cabeza, intenté ponerme la blusa.

Primero, mi cabeza salió por la manga.

Luego, me puse la falda al revés.

Después, la blusa quedó del revés también.

Hubo un momento en que quedé medio enredada y golpeé mi cabeza contra la puerta.

—…Esto es absurdo —murmuré mientras intentaba liberarme.

Finalmente, después de una batalla ridícula contra la ropa, lo logré.

Respiré hondo, abrí la puerta… y lo primero que hice fue mirar a Jay.

Él se quedó completamente quieto.

Ojos muy abiertos.

Rostro rojo.

Sorprendido de una manera que nunca antes había visto.

Esa reacción… hizo que por primera vez me gustara la ropa que llevaba.

—Te queda… muy bien —fue todo lo que alcanzó a decir.

Esas palabras resonaron en mi cabeza.

Era la segunda vez que me decía algo así.

La primera fue dos días después de conocernos, cuando elogió mi uniforme de sirvienta… por eso nunca dejé de usarlo.

Cuando regresé del recuerdo, me di cuenta de que Scarlett también se había cambiado.

Se notaba que Scarlett y Jay habían tenido una conversación, pero no me importaba; solo pensaba en lo que Jay me había dicho.

Ya listos, salimos rumbo a la escuela.

Caminábamos juntos, y a cada paso podía sentir cómo las miradas se clavaban en mí como agujas curiosas.

Las chicas me observaban como si fuera una pintura fuera de lugar; los chicos… ni siquiera parecían capaces de recordar cómo se respiraba.

Patético.

Tan débiles, tan simples.

Ninguno de ellos importa.

Mi único lugar está al lado de Jay.

Solo él.

Siempre él.

Al entrar al edificio, los murmullos se encendieron como un enjambre.

Comparaciones inútiles.

Comentarios vacíos.

¿Compararme con Scarlett?

Qué absurdo.

Qué irritante.

Qué insignificante.

Jay habló con una calma que cortó el ruido como una corriente suave: —Vamos, el autobús ya llegó.

Lo seguí y me senté a su lado, porque así debía ser.

Porque ese era mi sitio natural.

Pero los estudiantes se acercaron: —¿Eres nueva?

—¿De qué salón vienes?

—¿También vas al museo?

Sus voces eran como mosquitos.

No entendía por qué me hablaban.

¿Qué esperaban de mí?

¿Qué querrían del lugar que solo le pertenece a Jay?

Pude sentir la mirada de él sobre mí.

Serena.

Aceptándome.

Y aunque no entendía sus pensamientos… era suficiente.

El autobús comenzó a avanzar y entonces llegó lo más molesto: sonrisas idiotas, intentos torpes de parecer interesantes, miradas que pretendían compararse con la grandeza de Jay.

Ridículo.

Mi corazón —aunque roto, aunque extraño— no tenía espacio para nadie más que para él.

Un grupo de tres chicos se acercó.

—Oye… tú eres nueva, ¿verdad?

Lo observé.

Nada más.

Él no merecía ni una sílaba mía.

—Gusto en conocerte… soy— Antes de que soltara su nombre, me levanté y me senté junto a Jay sin pensarlo.

Mi lugar está aquí.

¿Era tan difícil de entender?

El chico se quedó paralizado.

—Wow… eso fue… frío —dijo su amigo.

“Frío”.

Me lo habían dicho tantas veces que ya sonaba como mi verdadero nombre.

Scarlett susurró: —Creo que tu amiga les acaba de romper el ego.

Ego.

Esa frágil ilusión que los humanos defienden tanto.

Otros dos se acercaron: —Hola… ¿cómo te llamas?

—¿Quieres sentarte con nosotros?

Ni siquiera giré la cabeza.

Solo me acomodé más cerca de Jay.

Dejé claro que él era mi único refugio, mi único eje, el único ser cuya existencia me importaba.

Los demás son prescindibles.

Él no.

Cuando llegamos al museo, el grupo se dispersó.

Scarlett se aproximó: —Jay, iré con mis amigas.

—Está bien —respondió él.

—Si pasa algo, me avisas, ¿sí?

Jay asintió.

Su sonrisa se mantuvo solo hasta que me vio.

La de ella se deshizo.

Quizá porque sabía que, estando junto a él, nadie podía opacarme.

No importaba.

Ella era apenas ruido de fondo.

Entramos al museo.

Vitrinas de cristal.

Reliquias.

Objetos que parecían murmurar.

Y entonces, en lo más profundo de mí, algo despertó.

Un eco.

Una advertencia antigua.

—Este lugar tiene objetos peligrosos… lo percibo.

—¿Objetos peligrosos?

¿A qué te refieres?

—preguntó Jay.

Mis ojos recorrieron cada relicario como si pudiera ver más allá del cristal.

—Energías antiguas.

Peligrosas… No quería que él se acercara demasiado.

Nada de ese lugar debía rozarlo.

—No te alejes de mí —le ordené sin pensar.

—No pienso alejarme —respondió él.

Su respuesta… me sostuvo más de lo que esperaba.

Seguimos avanzando.

Scarlett posaba para fotos.

Sus amigas reían.

—¡Jay!

¡Lilith!

Vengan, esta parte está genial —dijo.

No me separé.

No ahora.

Las reliquias parecían exhalar presagios.

Y entonces lo sentí.

Un movimiento.

Una vibración.

Una intención hostil que atravesó las paredes como un cuchillo helado.

Me detuve.

Jay chocó contra mi hombro.

—¿Lilith?

¿Qué pasa?

No respondí.

Mi mirada se clavó en la puerta trasera del museo.

—Algo viene —susurré.

Lo supe antes de que ocurriera.

El cilindro rodó.

Tocó la pared.

Y entonces… silencio.

Un parpadeo después: la explosión sin sonido.

Una onda expansiva barrió el museo como un aullido invisible.

Las luces parpadearon como si estuvieran agonizando.

Un zumbido brutal atravesó mis sentidos.

Estudiantes cayendo.

Otros desplomándose.

Gritos que ni siquiera podían escucharse bien.

Jay tambaleó.

Se llevó una mano a la cabeza.

—L-Lilith… —susurró.

Yo también fallé.

Mi visión se oscureció.

Mis piernas temblaron.

El mundo se volvió incierto y distante, como si alguien quisiera arrancarme de él.

Mi pecho ardió.

Mi respiración se quebró.

La inconsciencia me rozó los bordes del alma.

No.

No puedo caer.

No aquí.

No frente a él.

Jay sigue aquí.

Jay está vivo.

Jay me necesita.

Me mordí la lengua.

La sangre llenó mi boca, cálida y metálica.

Ese dolor me sostuvo.

Un hilo diminuto, pero suficiente.

Mantente en pie.

Mantente en pie.

No caigas.

No ahora.

Mi cuerpo gritaba por rendirse.

Mi mente luchaba por aferrarse.

Toda yo era un temblor contenido.

Pero aun así… aunque mis rodillas temblaban… aunque el mundo giraba como si colapsara… permanecí en pie.

Porque proteger a Jay no es solo un deber.

Es mi propósito.

Mi razón.

Mi promesa.

Y aunque el enemigo se acercara… aunque mi cuerpo estuviera al borde de romperse… me negué a caer.

Porque si él vive… yo lucharé hasta mi último aliento.

Yo seré su escudo.

Su guardiana.

Su sombra fiel.

Y esta vez, juro por todo lo que soy… no permitiré que nadie le haga daño.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Agente000 Este capítulo revela la profunda dedicación y vulnerabilidad de Lilith, mostrando su vida entregada al cuidado de Jay y el peso emocional que carga.

A través de sus acciones cotidianas y sus pensamientos, se humaniza a un personaje que hasta ahora parecía solo frío y eficiente.

La escena en la que Jay le ofrece un día libre y su posterior transformación simbolizan un punto de inflexión, una apertura a nuevas experiencias y emociones.

El ambiente cambia bruscamente cuando la amenaza externa irrumpe, colocando a Lilith y Jay en peligro inmediato.

La determinación de Lilith para protegerlo, incluso frente al desgaste físico y emocional, establece la intensidad y el compromiso que marcarán los próximos conflictos.Este capítulo combina intimidad, crecimiento y tensión, preparando el terreno para una narrativa cargada de desafíos.

Espero que les haya gustado este capítulo porque el siguiente será más épico papus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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