Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ĜØŁĐ - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ĜØŁĐ
  4. Capítulo 12 - Capítulo 12: Capítulo 12 "El despertar en el Museo"
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 12: Capítulo 12 “El despertar en el Museo”

Apenas podía mantenerme de pie. El dolor en mis oídos era insoportable; sentía cómo algo caliente bajaba por mi cuello y sabía que estaba sangrando. La cabeza me daba vueltas, el mundo se inclinaba y regresaba, como si intentara derribarme.

Entre el mareo vi a mis compañeros tirados en el suelo. Algunos inconscientes. Otros moviéndose apenas. Busqué a Lilith; su boca se movía, parecía gritarme algo, pero no escuchaba nada. Solo un pitido lejano, ensordecedor.

Lilith me tomó de la muñeca con fuerza y me arrastró hacia la salida de emergencia. Sus pasos eran firmes; los míos, torpes. Cuando al fin pude reunir un poco de fuerza, me solté tambaleando, llevándome las manos a la cabeza.

—S-sé… lo que intentas hacer… —murmuré con la voz quebrada, respirando con dificultad.

Yo solo quería una vida tranquila… lejos de problemas… lejos de él.

Pero si escapo… me llevarán de vuelta con el señor de la casa.

No puedo volver. No puedo.

Y Scarlett… Scarlett sigue adentro. No puedo dejarla ahí. No puedo dejar a nadie ahí.

Levanté la mirada hacia Lilith, sintiendo mis piernas temblar.

—P-pero no puedo irme… —dije casi en un susurro—. Hay… hay personas que no han escapado… Tenemos que ayudarlos…

También… también es una excusa.

Cualquier cosa para no regresar con él.

Tragué saliva. Me costaba incluso hablar.

—P-por favor, Lilith… ¿me puedes… ayudar con esto?

Mi audición regresaba poco a poco, como si el mundo despertara lentamente junto conmigo. Finalmente escuché su voz, firme como siempre, pero ahora más suave… como si me hablara con cuidado.

—Su seguridad es primordial, amo… —dijo ella inclinando la cabeza—. Pero sus deseos son órdenes. Estoy dispuesta a seguirlo a donde sea.

—Bien… —respondí con un hilo de voz—. Por lo visto… los que entraron al museo llegarán aquí en poco tiempo. Así que… este será el plan.

Me acerqué a ella y bajé la voz.

—El museo está dividido en tres secciones. Y cada una tiene subpasillos. Eso los retrasará tanto a ellos como a nosotros.

Como estamos en la sección dos… necesito que levantes un muro de hielo en la entrada. ¿Cuánto tiempo crees que resista?

Lilith habló firme.

—Lo sentí cuando llegaron. Son muy peligrosos… además, es posible que tengan más artefactos como el que utilizaron. Por lo cual solo tenemos treinta minutos… pero si llegaran antes… se reduciría a quince.

—Ya veo… —dije, respirando lento, tratando de pensar con claridad—. No podremos evacuar a todos a tiempo. Aproximadamente somos doscientos estudiantes… y la mayoría está en la sección dos y sus subsecciones.

Pero la sección tres tiene menos gente… si rescatamos de una a dos personas por recorrido, tardaríamos… cuarenta y cinco a sesenta minutos. Eso solo en esta sección.

No nos da suficiente tiempo… nada nos da suficiente tiempo…

—Lo dejaremos así… ya veremos cómo nos las arreglamos. No tenemos suficiente tiempo. Pongamos en marcha el plan.

Lilith asintió y salió disparada hacia la entrada de la sección dos. Un viento helado recorrió el pasillo, congelando el aire mismo. Yo tomé a un compañero inconsciente y lo arrastré hacia la salida de emergencia.

Entonces escuché su voz, firme, resonante:

—¡Frost… Wall!

Cuando volteé, un inmenso muro de hielo se alzaba bloqueando por completo la entrada. Era gigantesco, brillante, casi vivo. No tuve tiempo de admirarlo más. Tenía que evacuar a mis compañeros.

Pronto Lilith también se unió al traslado. Mientras yo apenas podía mover a uno por viaje, ella —gracias al poder de su maldición— lograba llevar a tres personas al mismo tiempo.

Verla me dio fuerza. O quizá era la adrenalina… pero pronto yo también llevaba dos personas a la vez.

El tiempo pasó rápido.

Quince minutos. Solo quince.

Yo había logrado evacuar a veinticinco estudiantes.

Lilith, con una velocidad casi irreal, había sacado a cuarenta y cinco.

No era suficiente.

Pero seguíamos.

Mientras tanto, quince minutos antes.

—Jefe, el museo es demasiado grande. Solo nosotros tres no bastará para buscar en las tres secciones —dijo uno de los hombres armados, revisando el pasillo con cautela.

El jefe, un hombre robusto con una máscara táctica y un brazalete lleno de runas brillantes, chasqueó la lengua.

—Mmm… Tienes razón. Ve y dile a los otros tres de la segunda camioneta que bajen a ayudarnos.

El subordinado asintió y salió corriendo por el pasillo.

El jefe observó el interior del museo… sonrió bajo la máscara.

—Nuestro objetivo no está lejos —susurró, sin cambiar la expresión.

Unos segundos después, las puertas de la segunda camioneta se abrieron y tres hombres más bajaron.

Se reunieron con los primeros tres frente a la entrada de servicio del museo.

El jefe habló en voz baja, pero todos lo escucharon.

—Revisen toda la primera sección y sus subsecciones. Nos tomará quince minutos si se mueven como se les enseñó.

Sus hombres asintieron sin dudar.

Antes de que se dispersaran, el jefe se giró hacia uno de ellos.

—¿Desplegaste la barrera que te dije?

—Sí. Nadie entra ni sale sin que lo sepamos —respondió el subordinado, ajustándose un dispositivo en el brazo.

El jefe sonrió apenas.

—Tenía planeado hacer todo rápido… pero ahora podemos buscar con cuidado.

Muévanse. Regístrenlo todo.

Los seis intrusos se separaron, avanzando con precisión.

Dentro de la Sección 1

Los pasillos estaban en silencio, apenas iluminados por las luces de emergencia.

Uno de los hombres revisaba vitrinas con una linterna.

—Nada aquí. Solo chatarra vieja.

—No toques nada —respondió otro—. Ese maldito cilindro ya nos costó veinte mil créditos. No quiero activar nada accidental.

—Relájate. Yo sé lo que hago.

—Justo por eso no me relajo.

Caminaron más profundo.

Otro grupo inspeccionaba las puertas laterales.

—¿Ves algo?

—No. Pero hay huellas. Muchas.

—Debieron de ser de las personas que tienden a pasar por aquí.

—Tienes razón, continuemos buscando entonces.

Al fondo, dos hombres más desmontaban una rejilla de ventilación.

—Esto da a un pasillo interno.

—Vamos. Si hay escondites, estará ahí.

El jefe, a unos metros detrás, observaba todo con calma fría.

—Cinco minutos —avisó uno mirando su reloj.

—Aún falta la subsección 1-C —dijo otro—. Vamos rápido.

Revisaron casilleros del personal, almacenes, oficinas pequeñas, incluso el cuarto eléctrico.

Nada.

Todo lo hacían con precisión:

unos tomaban fotos, otros señalaban lugares sospechosos, uno llevaba un escáner portátil que emitía pitidos leves.

En el minuto doce:

—Jefe, primera y segunda subsección limpias.

—La tercera también.

—Además de personas inconscientes, no hay rastro del objetivo.

El jefe no parecía preocupado.

—Entonces está más adentro. Avancen.

Minuto quince exacto.

Los seis llegaron al final de la sección uno.

Y allí lo vieron.

Un muro de hielo enorme bloqueando la entrada a la sección dos.

El aire a su alrededor era tan frío que sus respiraciones soltaban vapor.

Uno de los intrusos silbó, sorprendido.

—¿Qué demonios…?

—Esto no es humano.

—¿O sí?

Uno de ellos tocó el hielo con la punta del guante.

—Está sólido. Demasiado. Esto no se rompería ni con un detonador normal.

El jefe avanzó hasta el frente.

Lo observó unos segundos… luego sonrió.

—Así que no somos los únicos que tienen el mismo objetivo…

—¿Y eso es malo? —preguntó uno.

—No. Solo lo vuelve mucho más interesante.

—¿Lo destruimos?

—No aún —dijo el jefe, levantando la mano—. Primero quiero ver qué lo generó.

Los hombres prepararon sus armas especiales.

—Cuando usted diga, jefe.

—Bien —respondió él, acercándose más al hielo—. Analicen puntos débiles. Esto no aguanta para siempre.

Apoyó una mano contra la superficie fría.

—Sea quien sea…

—…está intentando ganar tiempo —completó uno de sus subordinados.

El jefe sonrió aún más.

—Entonces vamos a arrebatárselo.

Mientras cargaba a un compañero, le pregunté a Lilith:

—Lilith, ¿cómo vas?

—Si seguimos así… podríamos terminar en treinta minutos.

—Eso es bue—

No alcancé ni a terminar cuando Lilith giró hacia mí con los ojos completamente abiertos.

—¡¡¡JAY, ABAJO!!!

Su grito fue tan violento que mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Me tiré al piso. Un instante después, un estallido gigantesco reventó del otro lado del muro de hielo. El sonido era tan fuerte que sentí cómo me vibraban los huesos.

Luego vino otra explosión.

Y otra.

Y otra.

Como si algo allá afuera estuviera arañando la realidad para abrirse paso.

El muro tembló, agrietándose.

—El muro no va a aguantar… —murmuré, sintiendo la presión en el pecho—. No puedo creer que hayan llegado tan rápido… Lilith, ¿puedes repararlo?

—Sí —respondió, pero su voz… su voz sonó como si se estuviera rompiendo por dentro—. Pero con el daño constante… no podré mantenerlo por mucho…

La miré.

Se veía pálida. Demasiado pálida.

Y aun así se obligaba a mantenerse firme.

—¿Cuánto tiempo puedes resistir?

—Quince minutos… tal vez menos.

—Entonces… por favor —respiré hondo, sabiendo que le pedía lo imposible—. Aguanta esos quince minutos.

Lilith no respondió.

Solo bajó la mirada, tragó saliva y fue hacia el muro.

Apoyó la mano y el hielo volvió a brillar, pero su cuerpo temblaba como si cada segundo le arrebatara un pedazo de vida.

No podía perder tiempo.

Empecé a arrastrar a los demás hacia la sección tres.

Uno a uno.

Cargando sus cuerpos inconscientes mientras el eco de las explosiones seguía retumbando.

El suelo vibraba.

Mi respiración ardía.

Mis músculos gritaban.

Cada vez que volteaba, veía a Lilith peor.

Su sangre manchando el hielo.

Sus piernas doblándose.

Sus ojos nublándose.

Escupiendo sangre.

Y aun así… seguía de pie.

Resiste… por favor, resiste…

Era en lo único que podía pensar.

El tiempo dejó de existir.

Solo quedaba mover cuerpos y rezar para que el muro no colapsara encima de nosotros.

Cuando finalmente solo quedó Scarlett, la subí a mi espalda, agotado, y grité:

—¡¡Lilith, ya está!! ¡Tenemos que mover—

La voz se me cortó.

Lilith ya no estaba de pie.

Estaba arrodillada frente al muro, la mano aún apoyada… pero su cabeza colgaba hacia un lado.

Inconsciente.

Totalmente vencida.

Y aun así el muro seguía regenerándose.

Lilith… incluso sin estar consciente… seguía protegiéndonos.

Mi corazón se detuvo.

Literalmente sentí un vacío en el pecho.

Si le hubiera hecho caso… si no me hubiera aferrado a mi maldito ego… ella no estaría así…

—No… no, no, no… —murmuré, apretando el puño—. Esto es culpa mía… mi culpa…

Y justo cuando la culpa me aplastaba, el mundo volvió a rugir.

Otra oleada de explosiones.

Más fuerte.

Más cercana.

El muro se estremeció.

Pedazos de hielo volaron.

El aire se cortó como vidrio.

No tuve tiempo de pensar.

Me lancé hacia Lilith.

Con Scarlett en mi espalda, la levanté como pude.

No sé cómo mis piernas no cedieron.

No sé cómo mis brazos no se rompieron.

Solo sé que grité.

Que empujé mi cuerpo más allá de lo posible.

Y cargando a ambas… tambaleándome… respirando sangre… las llevé a la sección tres.

No por fuerza.

No por valentía.

Sino por puro terror de perderlas.

Apenas entré a la sección tres, sentí cómo toda mi fuerza me abandonaba.

Mis piernas fallaron y caí de rodillas… luego al suelo.

Exhausto.

Rendido.

Cada respiración me quemaba los pulmones y cada movimiento me hacía sentir que mis extremidades estaban a punto de romperse.

Un poco más y quedaría inconsciente.

Una punzada aguda me atravesó el costado.

Al principio pensé que solo era el cansancio… hasta que noté esa sensación húmeda dentro de mi guante izquierdo.

No era agua.

Era sangre.

Mi sangre.

La herida de la apuñalada… estaba completamente abierta.

Había perdido mucho más de lo que imaginaba.

Toqué mi abdomen y mis dedos regresaron empapados.

Genial… hasta aquí llegué…

Y justo cuando la idea de rendirme comenzaba a formarse en mi mente…

—…frost… wall…

La voz fue apenas un susurro.

Delicada.

Débil.

Volteé de golpe hacia Lilith.

Y entonces lo vi.

Un nuevo muro de hielo se levantaba bloqueando la entrada de la sección tres.

Ella lo había creado.

Así, inconsciente, rota, desangrada… aún peleaba.

Inspiré con dolor y me arrastré hacia donde estaban Lilith y Scarlett.

Cada movimiento era como clavarme agujas en las costillas, pero no me detuve hasta llegar a su lado.

Busqué con la mirada alguna salida de emergencia.

Nada.

Era obvio: la sección tres guardaba objetos demasiado valiosos.

No podían arriesgarse a tener más de una salida.

Me acerqué a Lilith para revisar su estado y, apenas la toqué, lo sentí.

Estaba helada.

Mucho más de lo normal.

Su cuerpo estaba pagando el precio de usar su maldición más allá de sus propios límites.

No podía dejarla así.

La tomé entre mis brazos y la abracé, intentando pasarle un poco de mi calor corporal.

Aunque apenas podía sentir mis propios dedos, me negaba a soltarla.

El silencio duró solo unos segundos.

Una explosión retumbó desde la distancia.

No era como las anteriores.

Esta… era diferente.

Marcaba la caída del muro de la sección dos.

Lo sentí en los huesos.

Respiré hondo.

No podía seguir huyendo.

No podía seguir deseando una vida tranquila… si no era capaz de protegerla.

No quería usarlo…

No quería depender de mi maldición…

Pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos.

—Interrumpieron la vida tranquila que tanto deseo… —susurré entre dientes—. Y ahora van a pagarlo.

Clavé la mano en el piso.

Sentí cómo mi energía se concentraba en mis dedos, cómo ese poder que tanto detestaba empezaba a despertar bajo mi piel.

Mi cuerpo temblaba.

Mi visión se oscurecía.

Pero mi decisión era firme.

—Vengan… —murmuré.

Miré el muro de hielo que nos separaba del enemigo.

—Acérquense… toquen este muro…

Y cuando lo hagan…

—Conviértanse en oro.

Mi maldición estaba lista.

Y yo también.

Por primera vez en mucho tiempo.

Aquí tienes un comentario de autor al estilo de una nota al final del capítulo: directo, emocional y con un toque dramático acorde a tu historia:

—

✦ Comentario del Autor

En este capítulo quise mostrar el punto exacto donde Jay se rompe… y renace.

Hasta ahora había evitado su maldición, había huido de todo lo que lo obligaba a usarla. Pero cuando ve a Lilith caer —cuando siente que fue su culpa llevarla más allá de sus límites— algo dentro de él cambia.

No porque se vuelva más fuerte.

Sino porque ya no tiene otra opción.

Lilith, incluso inconsciente, sigue protegiéndolo; levantando muros que desgarran su cuerpo por dentro. Y Jay, con una herida abierta, sin fuerzas y con la muerte respirándole en la nuca, decide hacer aquello que más teme: desatar su verdadero poder.

Este capítulo marca un antes y un después para ambos personajes.

Jay, por fin empuja la puerta que siempre evitó abrir.

Lilith, incluso rota, demuestra por qué su lealtad es tan peligrosa como admirable.

Y ahora, con el enemigo a un paso de entrar a la sección 3, nada volverá a ser igual.

Prepárense.

Porque lo que viene será mucho más épico papus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo