Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ĜØŁĐ - Capítulo 15

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ĜØŁĐ
  4. Capítulo 15 - Capítulo 15: Capítulo 15 "El objetivo"
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 15: Capítulo 15 “El objetivo”

Nox permanecía de rodillas.

Su respiración era pesada, irregular. La sangre le corría por el rostro y caía al suelo en pequeñas gotas oscuras. Sus manos temblaban, no por miedo, sino por la furia contenida que lo mantenía consciente a la fuerza.

Apenas podía ver con claridad… pero podía sentirlo.

El jefe estaba furioso.

Tan furioso que ya no intentaba ocultarlo.

Su rostro estaba torcido por la ira; sus ojos ya no analizaban, solo buscaban destruir. En ese instante, su código, ese que le prohibía matar estudiantes, niños o ancianos, dejó de existir.

Sin decir una palabra más, sacó varios artefactos de su abrigo y los lanzó hacia sus hombres.

—Acaben con todos los presentes —ordenó con voz dura, sin emoción—. No dejen ni a uno vivo.

Hizo una pausa y miró directamente a Nox.

—Yo me haré cargo de este mocoso.

Los secuaces asintieron sin dudar.

Activaron los artefactos, que comenzaron a emitir un brillo tenue y extraño. El aire a su alrededor se volvió pesado, incómodo. Levantaron sus armas y comenzaron a avanzar hacia los estudiantes inconscientes… hacia Lilith, hacia Scarlett… hacia mí.

Mi cuerpo no respondió.

Quise moverme, gritar, hacer algo… pero no pude.

Y entonces—

Las cadenas se movieron.

Con un sonido seco y violento, las cadenas de Nox salieron disparadas como serpientes. Aun de rodillas, aun sangrando, aun medio consciente, reaccionó por puro instinto.

Las cadenas se enredaron en las armas de los secuaces.

—¿Qué…? —alcanzó a decir uno.

Las armas fueron arrancadas de sus manos y aplastadas contra el suelo con una fuerza brutal. Metal retorciéndose, piezas volando, disparos que nunca salieron.

—No… —murmuró Nox, con la voz rota pero firme.

Levantó la cabeza con dificultad.

—No van… a tocar… a nadie.

El jefe lo vio.

Y esa mínima resistencia fue suficiente para hacerlo estallar.

—¡¡¡BASTA!!!

En un instante estuvo frente a él.

Su puño se cerró y el golpe fue tan fuerte que el impacto resonó en toda la sección. Nox salió despedido y se estrelló contra el muro; el sonido seco de huesos golpeando piedra llenó el lugar.

El cuerpo de Nox cayó al suelo sin moverse.

Las cadenas se aflojaron y cayeron pesadamente a su alrededor.

El jefe respiraba agitado, con los puños aún tensos.

—No te metas donde no te corresponde —dijo con desprecio—. Ya te di demasiadas oportunidades.

Los secuaces retrocedieron un poco, dudosos, mientras el jefe avanzaba lentamente hacia Nox caído.

Yo apreté los puños.

Mi cuerpo estaba roto.

Mi sangre seguía cayendo.

Pero al verlos avanzar otra vez hacia los estudiantes…

Algo dentro de mí terminó de romperse.

Y entonces…

La risa volvió a escucharse.

—Jajaja…

No fue fuerte.

No fue exagerada.

Fue baja. Rasposa.

Como si saliera de alguien que ya había cruzado un límite del que no se vuelve.

Los secuaces se detuvieron en seco.

Uno de ellos giró la cabeza, nervioso.

—¿Escucharon eso…?

—Cállate —susurró otro, apretando el arma—. No mires atrás.

Pero todos lo hicieron.

Nox estaba riéndose.

Su rostro serio ya no existía. En su lugar había una expresión torcida, peligrosa. La sangre seguía cayendo de su nariz y orejas, manchando el suelo, pero él ni siquiera se limpiaba. Las cadenas a su alrededor vibraban suavemente, como si compartieran su estado.

Apoyó una mano en el suelo y comenzó a levantarse, con el cuerpo temblando… sin dejar de reír.

—Jajaja… jajaja…

El jefe frunció el ceño, dando un paso al frente.

—¿Todavía puedes moverte…? —gruñó.

Nox alzó la cabeza lentamente y lo miró directo a los ojos.

No había miedo.

No había dolor.

Solo desafío.

—No van a tocar a nadie.

La voz fue clara. Firme.

El eco de sus palabras recorrió la sección.

Uno de los secuaces tragó saliva.

—J-jefe… este tipo está mal…

—Concéntrense —ordenó el jefe, aunque por primera vez su voz sonó tensa.

Nox dio un paso al frente. Luego otro. Las cadenas se arrastraban por el suelo, dejando marcas profundas.

—Porque el único que puede hacerles algo… —continuó, inclinando un poco la cabeza— soy yo.

La risa volvió a escaparle, más fuerte.

—Jajaja…

Los secuaces sacaron sus armas de repuesto, pero ninguno disparó. Dudaban. Sentían esa presión en el pecho que no sabían explicar.

—¿Por qué no dispara nadie? —rugió el jefe.

Nox avanzó otro paso.

—La única razón por la que no dejaré que maten a nadie… —su risa se fue apagando, como si algo dentro de él se cerrara de golpe— es porque también matarían a mi objetivo.

El aire se volvió pesado.

Su voz cambió.

Fría. Vacía. Mortal.

—Y yo… soy la única persona que lo matará.

Giró apenas la cabeza.

Me miró.

No fue una mirada larga.

No fue intensa.

Fue suficiente.

Sentí cómo el frío me recorría la espalda, como si alguien hubiera deslizado una hoja por mi columna. No estaba protegiéndonos. No estaba salvando a nadie.

Solo estaba asegurándose de que yo siguiera vivo… para morir por su mano.

Uno de los secuaces dio un paso atrás.

—Jefe… este tipo no está bromeando…

El jefe apretó los dientes. Sus ojos ardían de rabia, pero también de algo más.

Cautela.

—Así que tú eres el problema… —dijo con voz grave—. Interesante.

Nox sonrió.

No fue una sonrisa de burla.

Fue la sonrisa de alguien que ya decidió matar…

y solo está esperando permiso.

Y por primera vez desde que todo comenzó, los intrusos entendieron una cosa:

No estaban cazando.

Habían despertado a algo que no debía soltarse.

El jefe dio un paso al frente; el suelo crujió bajo su bota. Su intención era clara: golpear a Nox otra vez, aplastarlo antes de que pudiera reaccionar.

Pero Nox levantó la mano.

—Tu furia hacia mí te está cegando —dijo con calma peligrosa—. Estás tan concentrado en querer matarme… que ni siquiera te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor.

El jefe frunció el ceño, confundido por un segundo.

—Así que no te sorprendas después —añadió Nox.

Entonces cerró la mano.

No tocó nada.

Solo apretó el aire, como si diera una orden invisible.

El suelo tembló.

De pronto, cadenas negras emergieron del piso, rompiendo el concreto como si fuera papel. Salieron bajo los pies de los secuaces, envolviéndose en sus armas y destrozándolas en segundos. Metales torcidos, piezas volando, chispas saltando por toda la sección.

—¡¿Qué demonios…?! —¡Mis armas!

Los secuaces retrocedieron, alarmados. En cuestión de segundos se quedaron solo con los artefactos que el jefe les había dado. Nada más.

Yo me quedé helado.

Entonces lo entendí.

Cuando el jefe había estrellado a Nox contra el muro… no solo lo estaba resistiendo. Nox había usado ese momento para mover sus cadenas bajo tierra, creando un camino oculto, preparándolo todo sin que nadie lo notara.

Había usado su propio dolor como distracción.

Eso dejó algo claro para mí.

Nox no solo era fuerte.

Era frío.

Calculador.

Y estaba acostumbrado a pelear en desventaja.

¿Cuántas veces tuvo que estar al borde de la muerte para aprender a pelear así?

—¿Sorprendido? —preguntó Nox, mirando directamente al jefe.

El jefe apretó los dientes con furia. Su orgullo había sido golpeado.

—Maldito… —gruñó.

Sin decir nada más, se lanzó contra Nox.

El choque fue brutal.

El impacto fue tan fuerte que ambos atravesaron un muro, luego otro, desapareciendo entre escombros y polvo mientras se adentraban más en la sección 3.

Solo pude ver cómo se perdían de vista, dejando atrás un silencio pesado… y destrucción.

Cuando el polvo comenzó a asentarse…

Me di cuenta.

Habíamos quedado solos.

Yo.

Los estudiantes inconscientes.

Lilith y Scarlett detrás de mí.

Y sus cuatro secuaces, aunque ahora sin armas, pero aún peligrosos.

Y sabía que el verdadero infierno…

apenas estaba comenzando.

El silencio duró apenas un segundo.

Uno solo.

Después, el infierno despertó.

Los cuatro activaron sus artefactos al mismo tiempo.

Un zumbido grave recorrió la sección 3, como si el aire mismo se quejara. Líneas de energía recorrieron sus brazos y piernas, iluminando sus siluetas en la penumbra.

Luces.

Chispas.

Intención asesina.

Forcé a mi cuerpo a ponerse de pie.

Mis piernas temblaban. Cada respiración era un cuchillo clavándose en mis pulmones, pero algo había cambiado.

Ya no había disparos.

Ya no había balas.

Nada que pudiera alcanzar a Lilith…

ni a Scarlett.

Eso bastaba.

Apreté los dientes.

Un solo toque.

Un maldito roce.

Si lograba tocar a uno… solo a uno… terminaría convertido en oro.

Mi mente intentó trazar un plan, cualquier cosa que me diera una mínima ventaja.

No me dejaron.

—¡Ahora! —gritó uno de ellos.

Los cuatro se lanzaron a la vez.

El mundo pareció acelerarse.

Pasos golpeando el suelo.

El aire cortado por puños envueltos en energía.

Sombras viniendo hacia mí desde todos los ángulos.

No llego…

Uno ya estaba encima. Su golpe venía directo a mi rostro.

No había tiempo para esquivar.

Me preparé para recibirlo.

Entonces—

¡CRACK!

El sonido fue seco. Brutal. Antinatural.

Vi cómo un rodillazo en el rostro ocasionaba que el cuerpo del secuaz saliera disparado en cámara lenta, girando en el aire antes de estrellarse contra una columna con un estruendo sordo.

El impacto sacudió el suelo.

Los otros tres se detuvieron en seco.

—¿Qué demonios…?

Mi vista estaba borrosa, pero enfoqué.

Y el mundo se me congeló.

Scarlett.

Ella estaba de pie entre ellos y yo.

Había sido ella.

Cuando giró lentamente el rostro hacia mí, sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Sus ojos ardían en un rojo carmesí, vivos, hambrientos.

Su sonrisa… no tenía nada de dulzura.

Era una sonrisa peligrosa.

Una que prometía violencia.

La misma mirada.

La del callejón.

Scarlett caminó hacia mí con calma absoluta, como si nada más existiera. Los secuaces retrocedieron un paso sin darse cuenta.

Se agachó frente a mí.

El sonido del combate pareció apagarse.

Tomó mi guante.

El que me había quitado.

Mi corazón dio un vuelco.

Scarlett llevó el guante a su boca… y bebió la sangre que había dentro. La vi deslizarse por las comisuras de sus labios. La vi cerrar los ojos un instante, saboreándola.

Se inclinó hacia mi oído.

—Tu sangre… —susurró— es muy rica.

Mi cuerpo se tensó.

Iba a decir algo más.

Pero entonces—

—¡Se levantó! —gritó uno de los secuaces.

El hombre al que había golpeado se incorporó, sacudiéndose el polvo como si nada hubiera pasado.

Scarlett chasqueó la lengua, molesta.

Antes de moverse, pasó un dedo manchado de sangre por mis labios.

Su voz volvió a rozarme el oído.

—Después de esto… me divertiré a solas contigo.

Juntos.

Los dos… sin que Lilith moleste.

Se relamió las manos, apretó el guante y lo llevó una última vez a su boca, succionando hasta la última gota.

Luego—

Desapareció.

Se lanzó contra el secuaz como una sombra roja. Su cuerpo se movía con una velocidad antinatural. Antes de impactar, giró la cabeza apenas un segundo…

Y me guiñó el ojo.

El choque fue brutal.

Yo me quedé inmóvil, en shock.

Scarlett… no solo estaba ayudando.

Estaba disfrutándolo.

Pero no podía quedarme ahí.

Apreté los puños.

Ella me había dado una oportunidad.

Y no pensaba desperdiciarla.

Levanté la mirada hacia los tres secuaces restantes, que ahora dudaban, divididos entre el terror y la furia.

Mi respiración ardía.

Mi cuerpo estaba al límite.

Pero mi decisión era absoluta.

—Ahora… —murmuré.

Me lancé contra ellos sin pensar más.

El dolor, el miedo, el cansancio… todo quedó atrás.

Solo existía una cosa: detenerlos.

Pero uno de los secuaces reaccionó antes que nadie.

—¡Ahora! —gritó.

El brazalete de su brazo brilló con fuerza y, en un instante, el espacio a nuestro alrededor se plegó sobre sí mismo. Una cúpula traslúcida se cerró como una trampa, aislándonos del resto.

El sonido del exterior se apagó.

Estábamos solos.

Intenté retroceder, pero choqué contra la pared invisible.

—¿Una barrera…? —murmuré.

El secuaz frente a mí no sonreía.

No parecía confiado.

Estaba preocupado.

Miraba constantemente hacia donde habían quedado los otros dos.

—Vayan —les gritó—. Yo me encargo de este.

—¿Estás seguro? —respondió uno de ellos—. Ese chico es peligroso.

—No importa —replicó, apretando los dientes—. Si no vamos, la chica nos va a despedazar.

Mi sangre se heló.

Scarlett…

Los dos secuaces asintieron y se dieron la vuelta para correr en su dirección.

No podía permitirlo.

—¡Esperen! —les grité con toda la fuerza que me quedaba—.

¡Vengan y peleen conmigo!

Pero fue un error.

El secuaz dentro de la cúpula aprovechó el instante.

Se lanzó contra mí como un misil.

El golpe me alcanzó antes de poder reaccionar por completo. Apenas logré cubrirme, pero la diferencia era clara: era más grande, más fuerte, más entrenado.

El impacto me sacó el aire de los pulmones.

Retrocedí tambaleándome.

—Concéntrate —me escupió—. No puedes salvar a nadie.

Desde el suelo, vi con desesperación cómo los otros dos se acercaban a Scarlett.

Mi cuerpo no respondía lo suficientemente rápido.

No llego…

Y entonces—

El aire cambió.

Un rugido helado atravesó la sección.

Una ventisca brutal explotó frente a los dos secuaces, levantándolos del suelo y lanzándolos varios metros atrás. El hielo se formó al instante, cubriendo el piso, las paredes, el aire mismo.

—¿¡Qué demonios fue eso!? —gritó uno mientras luchaba por mantenerse en pie.

—¡Es la chica de antes! ¡La del hielo! —respondió el otro, alarmado.

Levanté la vista.

Y la vi.

Lilith.

Se había puesto de pie.

Con dificultad.

Temblando.

Pálida como la nieve.

Cada respiración parecía costarle la vida.

Pero sus ojos…

sus ojos estaban firmes.

Clavados en ellos.

El viento helado giraba a su alrededor como si respondiera a su voluntad. Sangre seca manchaba su ropa, pero aun así levantó la mano, apuntándolos.

Cuando giró apenas el rostro hacia mí, nuestras miradas se cruzaron.

No dijo una sola palabra.

No hizo falta.

En sus ojos estaba todo.

Yo me encargo de ellos.

Tú sobrevive.

Sentí algo romperse dentro de mí.

El miedo.

La culpa.

La desesperación.

Todo fue reemplazado por una fuerza nueva.

Confianza.

No importaba cuál fuera el objetivo de esos hombres.

No importaba qué demonios vinieran después.

Las peleas ya estaban decididas.

Ella lucharía allí.

Yo lucharía aquí.

Y ninguno pensaba perder.

Apreté los puños, volví a ponerme en guardia y miré al secuaz frente a mí.

—Entonces… —dije con voz baja pero firme—

solo uno va a salir vivo de esta cúpula, y ese seré yo.

El hombre sonrió con violencia.

—Por fin dices algo interesante.

El hielo rugió a lo lejos.

El sonido atravesó la cúpula como un recordatorio cruel de todo lo que estaba en juego.

La tensión entre él y yo era absoluta, pesada, casi sofocante. Bastaba una mirada para entenderlo.

Yo tenía todo que perder.

Él estaba entero.

Músculos firmes.

Respiración estable.

Postura perfecta.

Un combatiente entrenado.

Yo, en cambio, apenas me mantenía en pie.

Débil.

Sangrando.

Con la visión borrosa y los brazos temblando.

Nunca había peleado de verdad.

No tenía técnica.

No tenía experiencia.

Pero tenía algo que él no.

Detrás de mí había vidas.

Personas que no podía abandonar.

Personas que confiaban en mí… aunque yo no confiara en mí mismo.

Apreté los puños hasta sentir que la herida ardía.

No importaba el método.

No importaba el precio.

No importaba si tenía que cruzar un límite del que jamás pudiera volver.

Debía ganar.

Aunque fuera lo último que hiciera.

Y mientras el hielo seguía rugiendo a la distancia,

di un paso al frente.

Listo para pagar cualquier costo.

Nox y Scarlett brillan en este capítulo con una ferocidad brutal que redefine sus personajes. El protagonista, al límite físico, encuentra fuerza en la confianza de Lilith y Scarlett, elevando la tensión a un clímax de supervivencia pura.

El desarrollo de Nox él pasa de vulnerable a depredador calculador, usando su dolor como arma. Su risa oscura y las cadenas subterráneas muestran un lado maquiavélico, protegiendo solo para reclamar su “objetivo” después.

Con Scarlett ella revela su lado sádico, bebiendo sangre del guante con un guiño provocador. Su promesa de “divertirse a solas” añade erotismo oscuro y celos con Lilith.

Y con Lilith al frente, la forma en que ella emerge del coma con una ventisca letal, simbolizando su crecimiento. Su mirada silenciosa al protagonista forja un lazo de confianza inquebrantable.

¡El infierno apenas comienza con estas peleas individuales! ¿Quién creen que caerá primero? Esperen con ansias el próximo capítulo porque ¡Será épico, papus!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo