Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ĜØŁĐ - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ĜØŁĐ
  4. Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 El chico nuevo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Capítulo 5 “El chico nuevo” 5: Capítulo 5 “El chico nuevo” Oscuridad.

Eso fue lo primero que recordé.

No era un sueño común: entre la negrura veía destellos dorados, cadenas que me perseguían, sangre cayendo como si el tiempo se detuviera.

Intenté correr, pero sentía mi cuerpo pesado, atrapado, como si alguien me arrastrara hacia un abismo sin fin.

Cuando finalmente abrí los ojos, me encontré recostado, con la cabeza apoyada en algo suave y cálido.

Parpadeé varias veces antes de entenderlo: eran las piernas de la chica.

Ella me miraba con un gesto sereno, aunque en sus ojos había un brillo extraño, como si algo la preocupara.

Intenté incorporarme, pero el dolor en mi costado me obligó a desistir.

Ella habló, aunque apenas recuerdo sus palabras; mi mente estaba nublada, concentrada en no desmayarme otra vez.

Aun así, había algo reconfortante en su presencia.

Una parte de mí, contra todo instinto, quería confiar en ella.

Con un hilo de voz le pedí que me recostara en el sillón y que usara mi cama para dormir.

Insistí hasta que aceptó.

Cuando vi cómo se acomodaba, sentí un peso extraño en el pecho, pero me obligué a cerrar los ojos.

Necesitaba descansar, al menos unas horas.

La mañana siguiente fue dura.

El simple hecho de ponerme el uniforme parecía un suplicio; cada movimiento reabría un poco la herida.

Pero no podía quedarme en casa.

No quería dar explicaciones a nadie, ni mucho menos a ella.

Así que apreté los dientes, ajusté mis guantes y salí.

Caminamos juntos hacia la universidad.

El silencio entre nosotros no era incómodo, pero sí pesado, como si ambos guardáramos secretos demasiado grandes.

Sentía su mirada de vez en cuando, preocupada, y eso solo hacía que mi pecho ardiera más.

Al llegar, nos separamos en el salón.

Yo me acomodé en mi asiento, intentando aparentar normalidad, pero por dentro, cada fibra de mi cuerpo gritaba de dolor y cansancio.

Entonces el profesor entró, serio como siempre, y anunció: —Hoy tendremos un nuevo compañero de clase.

Al escuchar esas palabras, levanté la vista sin interés… hasta que lo vi.

Un chico de mi edad, de complexión similar, caminaba hacia el frente con pasos firmes.

Su expresión era fría, su mirada inexpresiva.

Y mi cuerpo reaccionó de inmediato.

Ese rostro… Lo había visto antes.

Era el mismo que, en medio de la pelea del hospital, apareció bajo aquella máscara dorada.

El chico del ataúd.

Mis ojos se abrieron de par en par y mi cuerpo entró en alerta sin que pudiera evitarlo.

El recuerdo de las cadenas, del humo, de los pacientes convertidos en marionetas… todo volvió como una oleada.

El profesor señaló al frente y le dijo: —Preséntate.

El chico nuevo avanzó hasta quedar frente a todos.

Su uniforme estaba impecable, su postura erguida, como si estuviera hecho para destacar… pero yo no podía apartar la vista de su rostro.

Ese perfil, esa mirada fría e inexpresiva… lo había visto.

En medio de aquella noche de locura, bajo la máscara que convertí en oro.

Mis manos temblaron bajo el pupitre.

Traté de cerrar el puño para ocultarlo, pero sentí el roce áspero del cuero desgarrado.

El guante izquierdo aún seguía roto por donde la daga lo atravesó.

Ese pequeño hueco, ese recordatorio, ardía contra mi piel como si me gritara la verdad: es él.

El chico del ataúd.

El mismo que convirtió un hospital entero en su campo de batalla, el mismo que me obligó a luchar hasta casi morir.

Ahora estaba ahí, frente a mí, fingiendo ser un simple estudiante más.

Mi respiración se agitó.

Me obligué a apartar la vista, a disimular.

Pero sentía sus ojos recorrer el salón, y por un segundo… juraría que se detuvieron en mí.

Cuando, por un instante, nuestros ojos se encontraron.

Fríos, calculadores… y reconocedores.

Él también me había identificado.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Quise mantener la calma, pero mi herida ardía bajo la camisa, recordándome que no estaba en condiciones de volver a pelear.

Si algo se desataba aquí, en medio del salón lleno de estudiantes, yo no tendría la fuerza para detenerlo.

Me obligué a apartar la mirada, a fingir normalidad, aunque el sudor frío comenzaba a recorrer mi frente.

El chico del ataúd estaba aquí.

Y sabía exactamente quién era yo.

Vi cómo empezó a dirigirse hacia mí.

Las chicas a mi alrededor no paraban de murmurar lo guapo que era; algunas incluso suspiraban al verlo, pero esas voces se apagaban en mi cabeza.

Yo solo podía pensar en lo que había pasado aquella noche.

Mis músculos se tensaron al instante; el sudor frío recorrió mi espalda.

Él… ¿qué pretende al venir hacia mí aquí, en medio del salón?

Cada paso suyo resonaba en mis oídos como una amenaza.

Me preparaba para lo peor, listo para pelear, aunque sabía que mi cuerpo aún no se había recuperado.

La herida seguía ahí, recordándome que no estaba en condiciones de enfrentar a nadie.

Entonces, ocurrió algo que no esperaba: extendió su mano hacia mí.

Me quedé helado.

Por un instante dudé si era una trampa, pero todas las miradas estaban fijas en nosotros, esperando.

Apreté los dientes y, sin poder evitarlo, le estreché la mano.

—Me llamo Nox —dijo con una sonrisa que me resultó insoportable—.

Un gusto… espero que nos llevemos bien.

Esa sonrisa no era natural, estaba cargada de un mensaje oculto, uno que solo yo entendía: sé quién eres, y tú sabes quién soy yo.

Se sentó justo a mi lado, como si nada.

Las chicas comenzaron a hablar de él, emocionadas, riéndose y elogiando su aspecto.

Pero pronto susurraban también mi nombre, cuestionando qué relación podía haber entre nosotros.

Genial… lo último que necesito es que empiecen a atar cabos.

—Así que Nox, ¿eh?

—pensé para mí, con la mirada fija en el pizarrón—.

¿Será su verdadero nombre o solo otra máscara?

La incomodidad era insoportable.

Sentía la tensión clavada en la nuca, como si en cualquier momento pudiera estallar una pelea.

Intentaba concentrarme en la clase, pero mi mente se llenaba de imágenes de esa noche: su rostro en las sombras, la fuerza con la que peleó, la sangre.

Me ardían los puños de solo recordarlo.

Las horas se hicieron eternas.

Ni él ni yo dijimos una sola palabra.

Pero cada segundo de silencio se sentía como un duelo invisible entre nosotros.

Finalmente sonó la campana del almuerzo.

Tomé mi bandeja y subí al techo de la escuela, buscando aire, un lugar donde pudiera pensar sin sentir tantas miradas encima.

Pero cuando abrí la puerta, la vi.

Scarlett estaba allí, sentada sola, comiendo en silencio mientras la brisa jugaba con su cabello.

Me quedé quieto unos segundos, dudando si debía interrumpirla o no.

Desde aquel día en el callejón apenas habíamos cruzado palabras, y sin embargo, había algo en ella que me atraía, como si estuviéramos unidos por un secreto que nadie más podía entender.

Respiré hondo y me animé: —¿Te parece si te acompaño?

Ella levantó la vista.

Nuestros ojos se encontraron, y por un momento pensé que iba a rechazarme.

Pero entonces sonrió levemente y asintió.

Sentí un peso desaparecer de mis hombros y me senté a su lado, aunque mi corazón no dejaba de latir como loco.

El silencio se volvió incómodo.

Me mordí el labio y, antes de perder la oportunidad, hablé: —Sé que… debí hacerlo antes.

—Me rasqué la nuca, nervioso—.

Mi nombre es Jay.

Y, bueno… la verdad es que no esperaba relacionarme con nadie.

No conmigo… no con lo que soy.

Scarlett me observó en silencio.

Por dentro, sin embargo, su corazón latía tan fuerte que creía que él podía escucharlo.

Por fin… estoy hablando con él, pensó.

Tanto tiempo esperando este momento, y ahora que está frente a mí, siento que las palabras se me escapan.

Bajó la mirada y murmuró, con una voz temblorosa pero firme: —Yo tampoco pensé que llegaría este momento… —suspiró—.

He querido hablar contigo desde hace tiempo, pero nunca tuve el valor.

—Se llevó una mano al pecho, como si buscara fuerzas—.

Mi nombre es Scarlett.

Al escucharla, sentí un vuelco en el pecho.

No era solo una presentación; sus palabras sonaban como una confesión, como si hubiera estado guardándolas por mucho tiempo.

—Scarlett… —repetí su nombre en voz baja, probando cómo sonaba—.

Es un nombre muy bonito.

De inmediato me sonrojé.

Genial, Jay, ahora pareces un idiota enamorado.

Ella desvió la mirada, pero pude ver cómo sus labios se curvaban apenas en una sonrisa tímida.

En ese instante, el ruido del mundo desapareció.

No había heridas, maldiciones ni secretos oscuros, solo ella y yo, compartiendo un pedazo de cielo en lo alto de la escuela.

Por primera vez en mucho tiempo, pensé que quizá… solo quizá… no estaba condenado a vivir solo con mi maldición.

Estaba a punto de preguntarle más sobre ella cuando esa sensación volvió.

Esa presión sofocante que ya conocía demasiado bien.

Mi estómago se encogió.

Miré hacia las escaleras y lo vi.

Nox.

Venía caminando con calma, como si nada, pero sus pasos me pesaban como cadenas en el pecho.

El corazón me golpeaba con fuerza, mis manos temblaban.

¿Por qué aquí?

¿Por qué ahora?

Me puse en guardia sin pensarlo.

No sabía si mi cuerpo aguantaría otra pelea, pero estaba decidido: si se atrevía, lo daría todo.

Se detuvo frente a mí, clavando sus ojos en los míos.

—No estoy aquí para pelear —dijo, como si pudiera leer mis pensamientos—.

Solo vine a charlar.

Lo miré en silencio, sintiendo que la rabia me quemaba por dentro.

¿Charlar?

Después de todo lo que hiciste, ¿esperas que crea que esto es un simple juego?

Suspiré con resignación, no porque confiara en él, sino porque sabía que si me negaba, todo podía estallar ahí mismo.

Nos sentamos, aunque la tensión en el aire era tan densa que apenas podía respirar.

Scarlett, ajena a lo que pasaba, siguió comiendo con tranquilidad.

Apreté los puños bajo la mesa y decidí ser yo quien rompiera el silencio.

—Nox… —lo miré directo a los ojos—.

¿Por qué me atacaste aquella noche?

Nox no apartó la mirada ni un segundo.

Esa sonrisa suya, tan calmada y cargada de misterio, me taladraba la mente.

El silencio se hizo tan espeso que incluso Scarlett levantó la vista de su comida, confundida por la seriedad de mi tono.

Nox inclinó un poco la cabeza; sus ojos brillaron con un fulgor extraño.

—No lo hice porque quisiera matarte… —dijo al fin, con voz tranquila pero peligrosa—.

Lo hice porque tengo un propósito, y planeo cumplirlo a toda costa.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Scarlett frunció el ceño sin comprender, mientras yo, con la herida aún latiendo bajo mi camisa, entendía que esto apenas estaba comenzando.

El sonido de la campana retumbó, rompiendo la tensión como un golpe seco.

Pero en mi mente, las palabras de Nox no dejaban de repetirse.

¿Un propósito que debe cumplir a toda costa?

¿Y qué tiene que ver eso con intentar matarme?

Esas preguntas no me dejaban en paz.

Ni siquiera la voz del profesor lograba atravesar la tormenta en mi cabeza.

El resto de las clases pasaron como una tortura: Nox sentado a mi lado, serio, inmóvil, pero con esa presencia que me hacía sentir como si en cualquier momento pudiera clavarme un cuchillo por la espalda.

Cuando al fin sonó la campana, me apresuré a guardar mis cosas.

Scarlett se me acercó con cierta timidez, dudando antes de hablar.

—Oye… —dijo, bajando un poco la voz—.

¿Podrías acompañarme a casa?

No me gusta regresar sola, y… además, quería hablar contigo.

Me sorprendió, pero asentí.

La verdad es que también necesitaba despejar mi mente, y ella parecía tener algo importante que decir.

Pero antes de que pudiéramos dar un paso, escuchamos una voz detrás: —¿Ya se van?

—era Nox.

Su tono era tranquilo, pero cada palabra se sentía como una amenaza disfrazada.

Nos giramos al mismo tiempo, y él dio un par de pasos hacia nosotros, clavando la mirada en mí.

—No terminamos de hablar —añadió—.

Así que los acompañaré.

Un silencio incómodo se extendió mientras caminábamos por la calle.

Scarlett intentaba mantener una sonrisa ligera, como si quisiera quitarle peso al ambiente, pero yo no podía apartar los ojos de Nox.

Al final, reuní valor.

—Nox… —dije con voz baja, casi como un desafío—.

Ese “propósito” del que hablas.

¿Qué significa?

¿Por qué intentaste matarme?

Él se detuvo.

Por un instante, la máscara de chico nuevo y sonriente desapareció, dejando ver un rostro serio, frío.

—Porque tú eres… —empezó, con un tono tan bajo que parecía un secreto que no debía existir.

Pero no pudo terminar.

—¡¡Jay!!

—una voz gritó mi nombre con desesperación desde la distancia.

Me giré y sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Mis manos comenzaron a temblar, y el aire se me quedó atascado en los pulmones.

Frente a mí estaba alguien que no debía estar allí.

Un fantasma de mi pasado.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Agente000 Este capítulo fue muy especial de escribir porque marca un antes y un después en la historia.

La llegada de Nox no solo añade misterio, sino que también pone a nuestro protagonista contra la cuerda floja: herido, vulnerable y con la amenaza de un enemigo que ahora se sienta a su lado como si nada.

Quise transmitir esa sensación de incomodidad constante, esa presión silenciosa que hace que cada palabra pese más que un golpe.

Además, la caminata junto a Scarlett y Nox refleja algo importante: no todo lo peligroso son las peleas espectaculares, a veces lo más aterrador es la tensión contenida, lo que no se dice, lo que podría ocurrir en cualquier momento.

Y claro, el final…

un rostro del pasado aparece para rematar la incertidumbre.

Les prometo que lo que viene será aún más intenso.

Prepárense, porque a partir de aquí la trama empieza a escalar y los secretos comenzarán a salir a la luz.

Esto apenas comienza, papus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo